Militia: La chispa de la revolución

Géneros: Acción, Aventura, Ciencia ficción

Siglo XXVIII, la humanidad lleva 400 años recluída en una ciudad amurallada protegida por un escudo debido a que el planeta es inhabitable. Militia, se siente hundida en la rutina que le oprime el corazón en el sector B. Al cumplir la mayoría de edad a los 25, va al sector A de la ciudad con su padre. Desde ese momento, su vida dará un giro y todo se tornará oscuro, algunos intentarán capturarla y arrebatarle las piedras que recolecta en una extraña habitación a la que solo ella puede acceder sin saber por qué. Deberá resolver el misterio de las piedras y averiguar quién es realmente. El libro lo tengo escrito completo, pero iré publicando los capítulos poco a poco :) No olvideis votar y comentar qué os parece, siempre se agradece :) Fotografía de portada: Sara Gil Tormo Modelo: Marina Lobato Brotons Historia dedicada a mi amiga Eliana, que ha hecho que esta novela sea posible, gracias :) Esta obra está inscrita en el registro de la propiedad intelectual, por lo que queda completamente prohibido el plagio :D Disfrutad de la lectura ;)

La habitación

Militia: La chispa de la revolución

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Antes de empezar, espero que os guste lo que vais a leer. Agradecería vuestro voto en caso de que así sea
Iré publicando un capítulo al día, no olvides seguirme para no perderre nada
Ahora sí, disfruta de la historia ;)
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Allá donde mirara, todo era azul hasta donde alcanzaba la vista, incluso ella misma. Tenía miedo, no sabía dónde se encontraba ni por qué. En ese momento apareció una criatura de aspecto humanoide de gran estatura y piel azulada, se acercaba y no podía hacer nada, estaba paralizada por el miedo.
–Militia, despierta –escuchó una voz de mujer en su cabeza.
Se despertó de forma sobresaltada, entre sudores fríos. Nunca había tenido una pesadilla semejante. «Era tan… real», pensó aún con la carne de gallina mientras se miraba las manos, asegurándose que su piel siguiera como siempre, algo que pudo afirmar al momento.
Abrió la ventana y se tapó la cara debido a la intensidad del sol, creía haber escuchado lluvia por un momento entre la confusión y así poder librarse un día de trabajar, pero no era así, debía resignarse a que había pasado otro día y aquel sería igual al anterior, una fotocopia. Vio a la gente ya levantada y trabajando. Su madre la había dejado dormir una hora más debido a que el día anterior había hecho trabajo extra y debía de estar más cansada. Aunque estaba bien, siempre había sido fuerte, podía soportar todo lo que fuera.
Se dirigió a la cómoda de madera que tenía en el cuarto y del cajón superior sacó su colgante, tenía forma de corazón y este al igual que la cadena era de oro, un regalo de su padre años atrás, lo conservaba con especial cariño, como un recuerdo y una promesa de que siempre volvería junto a ella. El corazón se podía abrir, aunque siempre lo mantenía cerrado, además nunca la registraban ahí. Se miró en el espejo que tenía en la cómoda y observó sus ojos marrones claros, sus delicadas facciones y sus sucios cabellos color negro azabache, pensó en ducharse una vez acabara la jornada. Entonces fue al salón donde su madre se preparaba para salir.
–Buenos días, mamá, desayunaré rápido e iré con los demás –le dijo con entusiasmo y una gran sonrisa, intentando disimular su nerviosismo debido al sueño.
–Tómate tu tiempo, te lo mereces –dijo mientras se hacía una coleta en su moreno cabello, aunque no lo necesitaba ya que tenía el pelo corto, pero le gustaba aun así.
Cumplió con su palabra y se incorporó junto al resto de compañeros. Realizó sus tareas como siempre, la misma rutina de cada día. Su consuelo era que al día siguiente tenía libre, podría salir a la ciudad o al campo para disfrutar la naturaleza, prefería eso al agobiante ambiente de la ciudad, aunque no podía ni imaginarse cómo sería entonces el ambiente del sector A. Por lo que había escuchado, en aquel sector solo habían grandes edificios, se imaginaba todo aquello hasta donde alcanzaba la vista de metal, sin cabida para alguna planta, donde la belleza residía principalmente en la metalizada arquitectura. Por lo que se consideraba afortunada, pero aquella rutina la mataba, sentía que había algo más allá de su pueblo y quería descubrirlo, pero no tenía cómo salir de allí, además su parte del sector era la más pobre, falta de recursos, por lo que no se hacía nunca demasiadas ilusiones al respecto.
Una vez estuvo en casa se descalzó y se tumbó en la cama, agotada.
–Has hecho un buen trabajo hoy, mañana te toca descansar, Militia –le dijo su madre desde la puerta, orgullosa de ella. Aunque la vio decaída, sabía que no era por el agotamiento–. ¿Es por él, verdad? –dijo mientras se sentaba a los pies de la cama.
–Tendría que haber venido, pero no… tendrá asuntos más importantes que atender –respondió mientras se daba la vuelta algo molesta.
Su madre comprendió su descontento y se fue sin decir nada. Al salir por la puerta suspiró y miró la foto del salón.
–Te entiendo, no pasa nada. Te perdonará, siempre lo ha hecho. Pero por favor, no tardes…
 
 
Al día siguiente Militia quiso levantarse temprano para que su día libre durara más tiempo, decidió calzarse de forma adecuada para ir a la parte superior del pueblo, le gustaba contemplarlo desde arriba, se sentía mejor, más grande, lo que la consolaba dentro de aquel reducido espacio que la tenía atada.
Al abrir los ojos, todo aquello que la rodeaba era de color azul claro, se asustó por un instante, pero al parpadear todo volvió a ser del color correspondiente a cada objeto. «Otra vez…», su corazón latía a gran velocidad, no sabía qué le pasaba. Recordó la figura humanoide de su sueño, la voz, pero nada tenía sentido. Nunca le había pasado eso hasta entonces, aunque pensó que habría sido una mala pasada por el cansancio. No le dio importancia y se despidió de su madre que se preparaba para otra dura jornada.
Se paró a ver las casas desde aquella altura, se sentía como una gigante.
Para ir a la ciudad había que ir andando durante un buen rato, o ir en coche, aunque no todos podían disponer de uno en una parte tan pobre. Además, a la entrada de la ciudad el cacheo por parte de los guardias la incomodaba, por lo que evitaba ir allí.
Siempre había trabajado la tierra junto a su madre. Nunca había hecho otra cosa, aparte de clases de defensa con su tío de vez en cuando. Él le enseñaba que el mundo era peligroso, bien lo sabía al haber tenido la oportunidad de trabajar en la ciudad del sector B, donde la avaricia, el ansia de poder y la maldad anidaban en los corazones de los incluso más humildes, que se volvían codiciosos y peligrosos tanto para aquellos que los rodeaban como para ellos mismos.
Daban las clases una vez al mes en el granero de su casa, cuando su tío podía ir de visita. Dann le había enseñado bien, había tenido que meterse en alguna pelea aunque ella no quisiera y siempre había salido vencedora, tras ello siempre recibía el respeto del perdedor. No era algo que le sentara bien, pero parecía necesario para vivir a veces, ganarse el respeto a la fuerza de aquellos que la consideraban inferior, además de por el simple hecho de ser mujer, parecía mentira para ella que a aquellas alturas de la vida la pudieran discriminar por ser mujer, por aquel motivo se mantenía cerrada sentimentalmente, no esperaba mucho de aquel mundo.
Llegó al límite del sector, recordaba cuando aún no lo tenía bien posicionado y corría pensando que había más campo y se daba de morros contra la pared. Era una gigantesca pantalla que simulaba la vista de la continuación del campo, para que así no se viera que era un muro gigante, desde cerca podía distinguir que era una pantalla, aunque no sabía dónde estaba la cima, ya que se sincronizaba con el clima. La muralla se encontraba a diferentes alturas, según el relieve del suelo, pero la altura era la misma. La simulación se utilizaba para que la gente no se sintiera asfixiada, aunque no conseguía ese efecto en ella. Se apoyó en la pared, daba a impresión de que hubiera algo invisible tras ella que la sujetaba.
Suspiró y decidió continuar el paseo. Bajó un poco para ir hacia la cueva a la que solía ir de pequeña, le traía buenos recuerdos y le gustaba estar allí sola con sus pensamientos. Aunque para su sorpresa algo la detuvo de golpe, no sabía lo que era, quizás una sensación, o sentía que era observada. No lo sabía a ciencia cierta, intentó caminar, pero tras unos pocos pasos su colgante se iluminó e hizo un destello azulado que salió del mismo colgante y se puso delante de ella. La luz empezó a moverse de arriba abajo y luego se adelantó poco a poco entre las piedras.
«¿Quiere… que lo siga?», pensó ella asustada. «Pero esa luz debe de venir de…», intentó abrir su colgante, pero la luz emitió una mayor intensidad de luz por un momento, parecía decirle que no lo tocara, al menos por el momento, esta lo siguió hacia la cueva donde ella se dirigía en un principio.
Una vez la visualizó, vio que la cueva tenía una puerta sencilla azulada con un pomo del mismo color.
«Eso nunca había estado ahí…», pensó nerviosa. Luz se detuvo frente a la puerta y desapareció, entonces su colgante brilló ligeramente de por un momento, la luz se había metido de nuevo allí. Lo abrió y cogió el objeto que conservaba en su interior, era una pequeña piedra azulada romboidal que había encontrado de una niña, aunque no recordaba cómo la había conseguido, debía tener cuatro o cinco años cuando la cogió. De algún modo la atraía. La metió de nuevo y se puso frente a la puerta. Puso la mano en el pomo un poco indecisa en un principio, pero lo abrió y en el interior vio una habitación. Entró y cerró la puerta tras de sí, dejando que el ambiente la invadiera por completo, aquella cálida y familiar sensación.
La habitación no era muy grande, era de un tono azulado, tanto como lo había visto aquella mañana. Había ventana con una cortina, de la cual procedía la luz. También algunos muebles; como un gran reloj de péndulo que estaba parado y sin agujas, una mecedora, una vitrina con algunos objetos y una cómoda con tres cajones. En el techo había una bonita lámpara circular con muchos cristales, aunque no iluminaba y no había ningún interruptor.
 «He estado aquí antes…», se dijo para sus adentros. Entonces apareció un holograma, donde se vio a ella misma con cinco años cogiendo el cristal que ella tenía en su colgante del suelo de la habitación. «Ven, Militia, cariño, eso es, tráemelo». Se asustó y se apegó a la pared.
–¿Mamá? –dijo ella al escuchar la voz de su madre al otro lado de la puerta, la Militia pequeña salió contenta de la habitación, entonces se acabó la visión.
Se asustó, no entendía aquello y tampoco quería hacerlo. Se dispuso a salir, pero algo la asustó, escuchó un ruido dentro de la misma habitación. Esperó unos segundos y escuchó el ruido de nuevo, era como si algo golpeara un cristal, una serie de golpecitos, no sonaban con mucha intensidad. Quiso averiguar qué era aquello, no había nadie allí por lo que no pensó que nada pudiera hacerle algún daño. Se acercó a la vitrina, pero volvió a escuchar el sonido y no estaba allí, se acercó al reloj y escuchó que de ahí venía el ruido. Lo abrió y el ruido cesó, aunque entonces la asustó un ruido metálico. Miró la esfera del péndulo y vio que se podía abrir por un lado con un sencillo cierre. Una vez lo hizo, un cristal igual al suyo cayó al suelo, aunque por suerte no se rompió.
–¿Pero qué…? –lo examinó.
Era igual o al menos muy parecido al que ella tenía consigo. Una extraña sensación la invadió y salió disparada de la habitación, estaba muy asustada como para pensar con claridad, además no quería seguir allí dentro por más tiempo. Una vez salió se encontró en el mismo sitio que antes, pero la puerta no estaba tras de sí. Aquello la sorprendió y asustó. Se miró la mano y allí tenía la piedra. Se fue a casa, no quería más sorpresas.
Su madre estaba sentada a la mesa del salón pelándose una manzana mientras descansaba un momento. La vio y sonrió.
–Qué pronto has vuelto de tu paseo –observó ella.
Sin pensarlo puso con un poco de brusquedad el cristal sobre la mesa, aún estaba algo alterada, pero no quería hacerlo denotar.
–Es muy bonito. ¿Es el que tienes en tu colgante verdad? –le preguntó ella.
Ella sin decir palabra lo abrió y sacó la otra piedra, entonces la colocó al lado de la otra.
–Vaya, ¿y dónde has conseguido esa? –preguntó extrañada.
–¿Sabes lo que son estas piedras? –le preguntó intentando no decirlo de forma alterada.
Su madre frunció el ceño, pensativa, pero no conseguía encontrar una respuesta que pudiera satisfacerla, lo único que sabía era que un día su hija apareció veinte años atrás con la piedra azulada y se la quedó.
–No lo sé, ni siquiera tú supiste decir de dónde sacaste la primera. ¿Dónde has encontrado la segunda? Esta clase de minerales no es común en esta zona –observó.
–La… la he encontrado por ahí –mintió.
–Pues la puedes añadir a tu colección junto a la que tienes –dijo su madre sonriente.
Militia fue a su habitación para inspeccionar las piedras, aunque no eran exactamente iguales. Su madre no le había mentido, además. ¿Por qué iba a mentirle? No tenía motivos para ello, confiaba en su madre por encima de todo. Se dio cuenta de algo, las dos piedras juntas brillaban con una mínima intensidad. ¿O lo imaginaba? Estaba demasiado cansada como para pensar con claridad. No metió la segunda piedra en el colgante ya que solo cabía la primera, guardó la otra en la cómoda escondida tras la ropa y se sentó en la cama a pensar en aquello que había visto.
«Ya había estado allí, pero mi madre no sabe nada aunque aquella era su voz… quizás me hicieran pensar que era ella. ¿Pero quién? ¿Pero qué estoy diciendo? Esto es de locos. Mejor paso de esto por ahora», pensó alterada. Pero se tumbó en la cama y se relajó.
 
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Hasta aquí el primer capítulo, espero que os haya gustado
Tengo la novela escrita completa, pero iré publicando poco a poco
No olvidéis valorar, compartir y comentar qué os va pareciendo
Sino quieres perderte nada, sígueme :)
  • Zega-image Zega - 09/09/2019

    muy interesante sigue asi

  • edgargso-image edgargso - 20/06/2019

    Cuando describiste esa puerta azulada, por un momento pensé en Kingdom Hearts y sus puertas a otros mundos. ¿Estará relacionado que ella vea por momentos las cosas de azul claro y las gemas? Interesante historia, seguiré leyendo ¡Gracias!

  • Bycharly-image Bycharly - 05/06/2019

    muuy interesante, sigue asi, narras muy bien

  • Dylan la papa-image Dylan la papa - 31/05/2019

    Interesante sin lugar a dudas, esto merece mucho la pena, sigue así! : )

  • Qarosilva-image Qarosilva - 28/05/2019

    Me encantan las historias futuristas, me dan mucha curiocidad.:) El capítulo 1 me atrapo. Seguiré leyendo.

  • Frank268-image Frank268 - 19/05/2019

    Muy buena historia, ¡Felicidades!

  • Cleo-image Cleo - 01/05/2019

    ¡Que interesante historia distópica! La voy a añadir para seguirla leyendo. Me encantó, felicidades.

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