Cap 39

Averno (YAOI)

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Dan se despertó por el dolor de sus incómodos hombros, seguía en la misma posición con los brazos atrapados bajo su propio cuerpo sobre la cama. Ladeó su cuerpo en el colchón para comprobar que el dolor en sus costillas había desaparecido y rápidamente se incorporó en la cama. Estaba empapado de sangre al igual que las revueltas sábanas y nada más levantar la vista se encontró con el desorden de la habitación, parecía que había pasado un huracán por ahí... Era una situación extraña pero no podía quedarse esperando a que alguien llegara, debía encontrar algo para liberarse y salir de allí.
 
Dan abría los cajones como podía pero no había nada útil ni cortante y cuando estuvo a punto de rendirse se tropezó con algo en el suelo cayendo dolorosamente sobre algunos trocitos de un jarrón roto que había en el suelo que rápidamente se clavaron en su piel.
 
-¡Me cago en la...!- Dan estuvo a punto de arrearle una patada al lo que le había hecho caer pero se detuvo en el último momento al ver a Shun sepultado bajo el pesado cuerpo inerte de Mat.- ¡Mierda, Shun!
 
Dan apartó a Mat de un empujón, ambos estaban muy heridos pero a Dan le importaba un pimiento la seguridad de Mat, acercó la oreja al pecho ensangrentado de Shun para comprobar si seguía vivo y por suerte lo estaba, su latido era débil y si no recibía asistencia médica enseguida seguramente moriría... pero Dan dudaba mucho que allí tuvieran los recursos necesarios para tratarlo, así que era inútil gritar por ayuda.
 
-¡Joder...!- Dan retiró la mirada de su amigo, dolido y a punto de echarse a llorar de la rabia.- Si no hubiera sido por mí... esto jamás habría pasado.- Apretó los dientes hasta hacerlos rechinar en el silencio de la habitación.
 
Dan notó un débil agarre en su pierna, Shun estaba consciente y había reunido las fuerzas suficientes como para llamar la atención de Dan.
 
-Dan...- Shun respiraba entrecortadamente y con mucho esfuerzo- Tu no hiciste... nada malo...- le apretó un poco la pierna mientras hacía una mueca de dolor.- Es mi culpa... no me merezco que me llames amigo.- empezó a toser hasta salpicar su propia sangre.- Espero que algún día... puedas perdonarme...
 
-¡Shun!- Dan ya no podía contenerse apenas, las lágrimas rodaban por sus mejillas por la impotencia de no poder salvarlo.-¡Maldita sea, no te mueras!- Estaba empezando a sollozar, Shun apenas podía mantener los ojos abiertos y poco a poco había comenzado a cerrarlos.- ¡Tenemos muchas cosas que hacer, no puedes dejármelas a mí... sabes que jamás las terminaré por mi cuenta, soy demasiado vago! ¡Por favor, te perdono así que no te vayas!
 
Nada más terminar de decir esas palabras notó como la mano de Shun caía por su propio peso al suelo, Dan enterró el rostro entre los pliegues de la camisa ensangrentada de Shun como único recurso para ahogar sus gritos y llantos de dolor por su único amigo que lo había acompañado desde que tenía memoria.
 
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Edgar había terminado su pequeña lección no del todo satisfecho, le habría gustado utilizar otros métodos más dolorosos pero no debía herir a ese malnacido, una promesa era una promesa... Y siempre las cumplía.
 
Edgar cruzó rápidamente el edificio hasta el despacho de Aaron, se acomodó la corbata de forma desinteresada y llamó a la puerta con los nudillos.
 
-Adelante- L a voz tranquila de Aaron podía escucharse perfectamente desde el otro lado. Edgar entró sin saludar siquiera.- ¡Oh, Edgar! ¿Qué te trae por aquí?- la cara de Aaron se iluminó como un árbol de Navidad.
 
-Venía a cumplir la otra parte del trato... pero si no quieres vuelvo por donde he venido...- Edgar se dio la vuelta hacia la puerta.
 
-¡NO! No, no, no, no te vayas...- Aaron se levantó de su sitio atropellándose a sí mismo en su pequeña carrera hasta Edgar.
 
-Bueno.- Edgar se sentó en el pequeño sofá que servía como zona de negociaciones en aquel enorme despacho.- ¿Y qué es lo que quieres?
 
-Ah, no será algo lo suficientemente sencillo como para resolverlo con dinero... sería demasiado fácil y como puedes ver dinero no me falta.- Aaron se sentó a su lado, demasiado cerca para el gusto de cualquiera.
 
-Escúpelo de una vez, no tengo tiempo para tonterías.- Edgar lo miró de reojo con algo de pesadez.
 
-Mmmm por este tipo de cosas es que me encantas...- Aaron sin cortarse un pelo se subió a horcajadas en las piernas de Edgar y se acercó a susurrarle en la oreja coqueto.- Creo que la respuesta es obvia... Divirtámonos.
 
-Si eso es lo que quieres...
 
Edgar lo agarró por las nalgas y lo llevó hasta el inmenso escritorio de caoba, sentándolo encima de documentos, papeles y otras cosas que no tardaron en hacer un viaje rápido al suelo. Aaron le besaba el cuello casi con necesidad mientras Edgar hacía su tarea, muy poco a poco le fue quitando los pantalones para dejar al descubierto la creciente erección de Aaron bajo su ropa interior. Edgar no tardó en notar como Aaron se frotaba contra su abdomen inconscientemente, lo había rodeado con los brazos y seguramente le estaba dejando el cuello hecho un cuadro... Metió su mano en su ropa interior, tanteando su entrada y poco después introduciendo sus dedos para comenzar a acostumbrarlo pero tal como estaba el panorama no necesitaba esa preparación realmente... Edgar se desabrochó el cinturón y bajó sus pantalones lo suficiente como para dejar salir su miembro, levantó las piernas de Aaron obligándolo a tumbarse en el escritorio y se introdujo de una estocada. Aaron gemía en voz alta con un placer envidiable, extendía sus brazos, alcanzando las piernas de Edgar y clavando sus uñas pidiéndole un ritmo más duro, Edgar se lo concedió sin rechistar y no paró ni disminuyó el ritmo hasta que Aaron se corrió.
 
Entre jadeos Aaron se incorporó buscando el calor de los labios de Edgar que todavía no había probado... pero en cuanto Edgar vio sus intenciones se retiró negándole el beso.
 
-Debes estar de broma- Aaron se echó el pelo alborotado hacia atrás mientras se le quedaba mirando.
 
-No.- Edgar se apoyó en el escritorio y se encendió un cigarro.
 
-Venga ya- Aaron se sintió herido en su orgullo, no podía creer que después de todo no fuera a darle un triste beso, se levantó del escritorio y se puso frente a él.- No pienso dar por zanjado este asunto hasta que me beses.- Aaron se dejó llevar por aquel impulso infantil.
 
-Eres más estúpido de lo que creía...
 
Edgar lo agarró por la cadera y lo atrajo a su cuerpo para darle un profundo beso. Aaron estaba feliz por salirse con la suya... pero sintió que algo andaba mal. Poco a poco iba perdiendo las fuerzas y el agarre de Edgar era lo único que lo sostenía, se sentía muy cansado y con ganas de hacer nada, miró los penetrantes ojos color ámbar del que había sido objeto de su deseo por tanto tiempo... Ese brillo peligroso que tanto le gustaba... por fin comprendió lo que realmente significaba. Quería separarse pero no podía, no tenía fuerzas y el propio beso le hacía imposible gritar. Edgar terminó el beso, dejando que el exhausto Aaron descansara en su pecho y lo llevó al pequeño sofá donde se recostaron en esa posición tan íntima.
 
-Por alguna razón todos termináis pidiendo lo mismo... jamás lo entenderé, esa necesidad de besar a las personas, todos mis amantes, esclavos, tú... incluso mi esposa.- Edgar le acarició el pelo a Aaron pero no cariñosamente sino como quien acaricia un peluche.- Ya me preguntaste hace unos años varias veces sobre mi esposa y jamás te contesté, ¿verdad?- Apagó el cigarro que colgaba de sus labios en un cenicero de una mesilla cercana.- Mi matrimonio fue arreglado pero a mí no me importó en absoluto siempre y cuando mi pareja no se metiera en mis asuntos... Y así fue, era una esposa perfecta, humilde, servicial, discreta... Pero poco después de tener a mi hijo cambió un poco, quería estar más conmigo, tener más citas, situaciones familiares... jamás había pedido nada en lo que llevábamos de matrimonio pero un día, al igual que tú y todos mis amantes... me exigió un beso.- Edgar soltó una pequeña risa seca y carente de sentimiento.- Verás Aaron, yo soy igual que esa mercancía de la que te sientes tan orgulloso... yo soy un daemon.- Edgar sonrió sutilmente de una forma escalofriante.- Es más, yo me alimento de la fuerza vital de las personas a través de los besos...
 
Aaron ya no podía escucharle, su cuerpo había empezado a enfriarse.

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