Memorias Caídas

Géneros: Ciencia ficción, Espiritual, Fantasía

Nadie sabía que el cielo se abriría y de él caería como agua la ardiente lava del infierno; que de los confines más profundos de la tierra los muertos se levantarían a pelear y los gritos de los demonios, en busca de la proclamada clemencia y redención de su padre, se escucharían por doquier resonando en el mal para proteger el bien; que la voz de los ángeles acogería a quienes pelearan por la paz y acompañarían a un merecido descanso a las almas caídas en el intento. Ningún libro pudo contener lo que se vio aquella tarde donde las estrellas cayeron en picada de su tranquilo sueño en el firmamento tras sentirse apenadas ante lo que me quedaba por sacrificar. Realmente nadie supuso que había implorado a Evren una última oración... un pacto de salvación. Cuál costo me fijó a la tierra y me quitó los cielos hasta que su ira por mis malas decisiones se apaciguara. Me desterró del inframundo y me sujetó entre retoños de flores a contemplar la suave brisa de verano. Me desterró de los cielos, pero me concedió el permiso de cantarle para jamás olvidar de nuevo. Evren se cobró mis pecados, cada uno de ellos... desde mi pobre "alma" escrita en la roca de una cueva olvidada hasta la que él mismo me cedió en busca de ayuda. Todos pagan sus deudas. Todos pagan sus pecados... Y para hacerlo, a veces se necesita de un monstruo para combatir otro.

Un cielo escarlata

Memorias Caídas

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La caída, las flores... su perfume impregna el viento.
Las nubes suaves y esponjosas se volverían rojas y ardientes.
Se tiñó en el cielo el color de las llamas...
Sí, se tiñeron como advertencia de que una criatura había caído del cielo.
 
-V.
 
Muy bien, ¿por dónde comienzo?
Allí estaba yo, en el suelo, como de costumbre, herida y a punto de perder la consciencia. Tan débil. Frágil como siempre, lo odiaba.
Toda mi vida he creído... en nada. No sé en qué he creído o soñado en mis diecisiete años de vida por una simple razón: No lo recuerdo.
¡Maldita sea! Estoy en el suelo, sin fuerzas para levantarme. Mierda. Parece que me rompí una costilla y de seguro la mayoría de mis huesos... Siempre es lo mismo.
 
Decidí rendirme a la intemperie y dejar de pelear contra todo lo que me rodeaba. Si tenía que morir, moriría a pesar de no ser mi decisión, así es, jamás era mía porque quien decidía mi destino era una estúpida ave, más bien un cuervo. Lo llamé Alair. A veces, hablábamos de tantas cosas y luego, había otras en las que ni siquiera nos mirábamos. Cosas de la vida... si tuviera una. Pff. Creo que debería levantarme...
 
Alair ya me estaba jodiendo con su estúpido graznido, como lo odiaba.
 
-¡Ah! No me apures, ¿no ves que tengo los huesos rotos? -me enderecé lentamente mientras acomodaba mi brazo derecho que estaba dislocado, ni hablar de mi pierna, parecía un siete invertido. -Por fin todo está en su lugar. -el cuervo seguía haciendo ruidos mientras aleteaba- ¡ya cállate! Molestas. Estúpido cuervo. -Cuando intenté pararme, caí en cuenta de que una de mis alas se hallaba desgarrada de mi espalda. Ahora entendía por qué Alair estaba insoportable... -Espero que no duela demasiado. -Las mantuve entreabiertas. Necesitaba salir de esa mierda de cráter. -Esta vez me pasé con el estúpido cráter. Muy bien, Scarlet, a ti te encantan las cosas difíciles. Idiota. ¿por qué no despertaste en la caída? Podrías haberte detenido lo suficiente como para no quedar en un océano de tierra... -caminé hasta la orilla y empecé a escalar. El ala me dolía y no podía guardarlas hasta que sanaran. Alair se posó sobre el borde del agujero. -¿Qué sucede? No te has ido esta vez... no me digas que algo malo está por pasar, por favor. -Exacto, Alair siempre permanecía un rato conmigo y luego se iba no sé a dónde, pero lo que sí tenía en claro es que no deseaba que regresara; si lo hacía, podía significar un par de cosas interesantes:
 
-Muerte para mí.
-Muerte para ti.
-Muerte para todos.
-O ganas de molestar.
 
Por suerte esta vez, tenía ganas de molestarme.
 
-¿No tienes un itinerario que los cuervos deban cumplir o algo así? -trepaba por unas rocas -No lo sé, como buscar ratas para comer, sacarle los ojos a algún pobre imbécil de por ahí. Cosas de cuervos. Tú me entiendes. -casi resbalé. Alair agitaba sus alas y graznaba nuevamente. -¡no te rías! Si muero ahora, se te acabará la diversión. Gracias por ayudarme a trepar, pájaro tonto. -había logrado llegar a la cima.
 
Muy bien, sigamos con otra cosa... ¿En dónde estoy? ¡Cómo si me importara! No me interesa saberlo y ya. -giré para saber si había algo más que un ave de mierda o un hueco de tierra gigante.
¡SÍ! una granja. Quizás allí alguien me pueda ayudar.
 
-¿Ya te vas? Procura jamás volver. Ojalá te coma un gato. -y así fue, Alair salió volando... hacia la granja. Este día no pudo ser peor.
Debí de haberlo sabido.
Cuando finalmente llegué, me di cuenta de que el lugar se hallaba descuidado, no había animales y los vegetales crecía sin orden. Pensé en tocar la puerta, la educación, ante todo.
 
 -¡Hola! ¿Hay alguien? -la puerta estaba abierta. Entré con cuidado y cautela. Jamás confío en nadie.
 
En efecto, sí había alguien, pero estaba muerto. Un viejo granjero de color verde. Aún sostenía una guadaña con sus manos. ¡el olor! Las moscas... qué asco.
-¿Tú sabías que estaba muerto? -Alair se encontraba posado en su hombro. -mírame cuando te hablo. ¿Por qué no te vas de una maldita vez y me dejas en paz? Sería genial si me dejaras socializar ¡con gente que no sea un cadáver! -Tomé la guadaña y la partí a la mitad, era muy grande como para pasarla desapercibida. Eso, y una capa para la lluvia... negra, que tétrico, me gustaba. No deseaba ser vista con ojos de tesoro encontrado. No sabía que tan sanguinarios eran los humanos, me sentía segura con la media guadaña y mi puñal. Siempre tenía mi puñal de plata con incrustaciones de rubíes, nada fuera de lo normal, para mí.
 
El problema no era el puñal, sino las manos que lo sostenían.
Vi una carreta por la ventana que se dirigía hacia quién sabe dónde. La seguí sin que se dieran cuenta los jinetes.
Al parecer había un pueblo a no más de dos kilómetros.
¡Mis alas sanaron! La alegría ocupó mi cuerpo, aunque nunca mi cara. Al fin podía guardarlas en paz.
Al llegar al pueblo, que se encontraba en el medio de la nada, me di cuenta de que su gente era extraña. Al verme, todos se adentraron a sus casas, otros rezaban e incluso gritaban plegarias. No entendía lo que pasaba. Vi un bar y se me dio por tomar algo fuerte. Entré en él y todos me miraban fijamente, excepto el cantinero, él parecía desinteresado o quizás desconectado de todo mientras limpiaba sus vasos con un trapo.
 
-Será mejor que te quites esa capa si no quieres que te quemen. Aquí las cosas son más... conservadoras. -por fin alguien con quien hablar.
 
-No entiendo por qué me temen tanto. No soy la muerte.
 
-Pero lo pareces. Y más con esa guadaña en tu mano. ¿De qué granja vienes?
 
-Ah... estoy con mi tío en la granja del Norte... él se fue de viaje y yo la estoy cuidando por un tiempo.
 
-¿Eres la sobrina de Sam? Dile que me debe un favor y un saludo. Hace dos semanas no sé nada de él. -así que ese viejo está muerto hace tan poco tiempo...
 
-No sabía que él tuviera familia. -me dio un vaso de licor. Lo tomé y bebí hasta la última gota.
 
-Dime que la casa invita porque no tengo dinero para pagarte...
 
-Si no conociera a Sam diría que él no descuidaría su granja y tampoco la dejaría en manos de cualquiera.
 
-Así que te diste cuenta. -apoyé mis brazos sobre la mesa y sostuve mi cabeza con mis manos -yo sólo quiero ropa y ganas de vivir. Si ves un cuervo por aquí, dile de mi parte que se vaya a la mierda. -me levanté y salí caminando.
 
-Espero que Sam esté bien...
 
-Está muerto. -dije.
 
Era un día bastante ventoso, pero con un sol abrasador. No había nadie como cuando llegué, ahora sí estaba preocupada. Mierda. Caminé por la calle principal y a unos pocos metros había un hombre rezando en un idioma que no entendía. Gente rara. Me di la vuelta y esta vez, aparecieron unas chicas diferentes a todo este lugar. Eran cuatro.
 
-¿Quiénes son...
 
-¿Podrías dejar el arma a un lado y quitarte la capa negra? Asustas a los pueblerinos. -habló una niña de unos diez años. Me acerqué rápidamente a ella sin parpadear. No mostraba miedo, ninguna. Estaba de cuclillas frente a ella.
 
-¿Te doy miedo? -sentía sus miradas en mí. Ninguna de ellas hablaba o nos interrumpía.
 
-No, pero ellos sí. -señaló hacia un grupo de personas a lo lejos.
 
-¿Tú me protegerás si ellos intentan hacerme daño? Llevo la capa para que no me vean y esta cosa para defenderme. Las personas no me quieren. -los niños son lo más cercano a la vida misma... Se llevan tan bien con la muerte, la entienden mejor que los adultos, pero cuando crecen se pelean con ella y dejan de ser amigos. -¿Lo harás?
 
-No tengas miedo, mis amigas y yo te cuidaremos. -me puse de pie e inmediatamente lancé la guadaña lo más lejos posible y me quité la capucha. Si en algo podía confiar, era en un niño.
 
-No puedo ir sin la capa, me quemaré la piel, soy albina y el sol me hace mal. -protesté.
No las conozco, pero mi cuerpo sí. Reconoce sus voces y miradas como algo de toda la vida. Debo seguirlas...
 
-Yo tengo una ropa mejor, ven conmigo. -las demás no se opusieron en ningún momento... permanecieron en silencio durante todo el camino hasta llegar a una especie de nave gigante que jamás había visto.
 
-¡Oh! Un cuervo en el techo del jet ¡Hola, amiguito! -por primera vez hasta ahora, la otra niña, habló.
 
Alair estaba allí y eso no era nada bueno.
El viento soplaba con fuerza...
 
-No iré con ustedes -graznó odiosamente... -No las conozco. ¿Qué quieren de mí?
 
-Mi nombre es Victoria, soy la que está a cargo de esta misión. Detectamos una anomalía en nuestro satélite. Creíamos que era un meteorito cayendo y desintegrándose, pero resultó siendo que eras tú. -su voz me recuerda a Alair, es irritante, pero hay algo en ella... miente.
La analicé de arriba a abajo con la mirada, era de altura promedio; su cabello, negro como la noche, y de ojos negros.
 
-¿Cuántas vidas crees que he vivido como para caer en un truco tan viejo como ese?
 
-Las suficientes como para saber que es hora de comenzar a cumplir con tus responsabilidades y vivir. -me ganó. Me golpeó tan bajo que cuando levanté mirada me estaba riendo.
 
-Ja... buen intento. Ahora, ¿quiénes son y qué quieren? o las mato a todas. -esbocé una gran sonrisa. Ellas se miraron seriamente. -al parecer no puedo confiar ni en un niño.
  • Catycat-image Catycat - 17/09/2019 place

    Bum

  • Dalas-image Dalas - 28/04/2019

    Felicidades! Acabo de destacar tu obra. Eso sí, revisa un poco la ortografía, pásalo por algún corrector, tienes algunos fallos de no dejar espacio después de los puntos y esas cosas. ¡Ánimo y sigue trabajando en ello! ^^

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