II

Memorias Caídas

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-Tranquilas, nadie quiere pelear.
-Yo hice una pregunta y quiero una respuesta.
-Está bien, yo te diré todo. Me llamo Eruca -se señaló con una simpática sonrisa en el rostro. No le doy más de unos diecinueve o veinte años. -Hemos venido a buscarte porque te estuvimos esperando por un largo tiempo. -creo que ya he escuchado esto en otro lugar... nunca quiero cambiar la puta historia ya que nunca hay nada interesante que cambiar. -Tenemos el libro de los lamentos y a ti te menciona como a alguien que puede salvarnos a todos solo que... jamás quieres hacerlo.
-No puedo protegerme de mí misma y pretenden que cuide a otros. Ridículo, pero interesante. -me gustaría saber hasta qué punto pueden sobrevivir a mi lado. -Hace tanto que no me divierto así. Iré con ustedes, las escucharé, pero yo decidiré que hacer luego de eso.
-Entonces está arreglado. Vamos...
-No. El viento es peligroso y ese estúpido cuervo sigue allí parado, ¿por qué será? 
-El viento no lo deja volar... Victoria, tiene razón, será mejor que nos quedemos en tierra por esta noche.
-Está bien, Eruca... De todas formas hay tanto que debemos hablar.
El sol estaba siendo tragado por la noche y con cada segundo que pasaba me sentía más inquieta. Quería saber cuando sucedería algo, un rasguño, asesinato, muerte súbita, lo que sea. Alair seguía incomodándome y las voces en mi cabeza se comenzaron a adueñar de mí poco a poco mientras observaba el fuego de la leña.
-¿Estás bien? -la niña de nuevo.
-¿Cómo te llamas?
-Ceres y ella es mi hermana mayor, Aquila. ¿Cuál es el tuyo?
-Scarlet. -algo va a pasar, algo malo, lo sé. Sin darme cuenta fui tomando con lentitud el puñal que tenía guardado en mi bota.
-¿Estás bien? -Eruca me tomó del brazo. -hablemos un poco...
-Tú empiezas. -concentrate. No las escuches.
-¿Quién eres? -de todas las preguntas, la peor. Las voces fueron ignoradas paulatinamente.
-Soy Scarlet. -miré mis manos llenas de marcas y cicatrices por un momento, parpadeé y ya no estaban. -tengo diecisiete años... soy albina, y estoy condenada a morir. -cerré mis puños con fuerza. A decir verdad sí, lo estaba, lo estoy... estoy maldita y no sé por qué. Lo peor de cometer un error, pecado, lo que sea, es no poder recordarlo y lamentarse día tras día. Al comienzo da miedo, cada una de las palabras se cumplen al pie de la letra. Pero después de años y años, se vuelve aburrido, monótono, sin salida y más cruel.
-Que pregunta tan difícil, sí... yo siempre intento responderla y jamás lo logro. ¿Cómo es arriba? -señaló al firmamento.
-Si lo supiera, te lo diría con mucho asombro.
-¿No lo sabes?
- No tengo recuerdos de nada, tampoco puedo volar a pesar de que mis alas lo anhelen tanto.
-Me cuesta entender. -A todos por igual. Es estresante tener que explicar la historia desde el inicio.
-Ese cuervo asqueroso de allí, decide cuando moriré. Siempre que aparece ocurren cosas malas y muchas vidas se pierden. ¿Por qué crees que no se va?
-Esa es la razón por la que no querías que voláramos... -miró al suelo pensativa -¿alguna vez has decidido cambiar las cosas? -jamás lo haría... es una pérdida de tiempo y sangre.
-No. ¿Por qué usas guantes? No pude dejar de notarlo en todo el día. Usas ropa muy corta, pero vas con ellos. Es extraño.
-Pues, mi cuerpo siempre irradia calor, en especial mis manos. Todo lo que toco con ellas, descubiertas, lo queman o derriten. Estos guantes eran de un amigo muy especial y me los entregó para que no le haga daño a nadie. No tengo idea de que animal son, pero eso no importa.Ninguna de nosotras somos normales aquí.
-¡Ahora todo tiene sentido! Estaban muy tranquilas cuando me acerqué a Ceres. -esto se pone mejor con cada segundo. Lástima que morirán más adelante. Estúpido Alair.
-No son ángeles, demonios, ni ninguna otra criatura que conozca. Pero tienen un poco de olor a plumas. ¿Qué son con exactitud?
-¿Olor a plumas? -esbozó una sonrisa -Es un poco más complicado que eso. Victoria es descendiente directo de tu raza, mientras que las gemelas y yo, nuestro poder, nos fue "obsequiado" de alguna manera.
-Bueno. Tengo hambre. Me pregunto si el cantinero tendrá algo de alimento.
-Sabes que la gente de ese pueblo te teme y por buenas razones.
-¿Cuáles?
-Jamás hubo un cantinero. La hija de ese hombre cuida el lugar y en el momento en que estaba sirviendo en una de las mesas apareciste, te sentaste en la barra y comenzaste a hablar con él.
-¿El problema?
-Él murió hace dos años, pero todos te vieron con él en ese instante. Imagínate tus ropas, la guadaña y un muerto...
-¡Viejo estúpido! Sólo debía decirme que necesitaba irse y yo lo haría. -como odiaba que me tomaran el pelo, en especial los muertos.
-¿A dónde vas?
-A hacer mi trabajo... después de todo para él, soy la parca.
Me dirigí inmediatamente hacia el lugar. No necesitaba usar esa vieja capa ni la guadaña aunque hubiese sido genial poder asustarlos un poco más. El bar estaba a buenas vibras, había luz y se escuchaba como celebraban... al parecer era porque ya no estaba allí. Me importaban una mierda sus oraciones o su miedo, tenía trabajo que hacer. Era lo único divertido cuando no había nada que torturar o ver morir. Entré. Todos me observaron de nuevo, la música se detuvo.
-¿A quién buscas? -habló una mujer.
-Al viejo.
-Está muerto.
-Yo hablé con tu padre hoy. Todos lo vieron y si no aparece ahora... Me llevaré más de un alma esta noche. -Nadie se movía. Me miraban atentamente y a cada uno de mis movimientos como si fuera el enemigo. 
Abrí las blancas alas que poseía y tomé mi puñal. Lo lancé al suelo con fuerza y este se clavó en él. -Sé que tu hija te preocupa, pero ya no perteneces aquí. Debes irte... tienes la oportunidad que tanto anhelo. -suspiré con un falso dolor en el pecho.
Mis ojos brillaron de color rojo, el reloj marcaba las doce en punto, y alrededor de la daga, se formó un círculo de luz.
-Si no sales ahora... -tomé a la mujer del cuello -ella lo pagará -poco a poco le faltaba más aire para respirar. -tú decides.
-Detente. Iré, pero prométeme que lo intentarás. Ve con ellas y te juro que podrás ser feliz. Mata al cuervo, por favor, mátalo por ti y vive. -se manifestó justo al lado de su hija. Sé que te preocupas por ella, pero tu trabajo terminó el día en el que se convirtió en mujer.
-No tengo toda la noche, ni ella todo el aire del mundo. -Me reí. Ignoré sus palabras, no puedo cambiar la historia sin una razón. Nunca la hay. Jamás es suficiente. Además a los muertos se los conoce por no hablar. -al círculo de luz.
El espíritu del cantinero avanzó hacia el lugar indicado y se transformó en un rayo de luz que se dirigió al firmamento. Solté a la chica, casi pierde la consciencia, que divertida mujer. Cerré mis alas y al darme la vuelta todos me miraban atónitos. No podía dejarlo pasar.
Sabía que me había prohibido a mí misma jamás volver a usar un poder tan grande y peligroso, pero...
-Olviden.
Era necesarío. El poder de las palabras puede matar el alma. Jamás lo haré de nuevo. Salí del lugar y todo volvió a la normalidad, continuaban celebrando y cantando segundo tras segundo sin recordar nada.¿por qué lo hice? No debí de usarlo. Juré por ello.
-Deja de torturarte. -Victoria estaba detrás de mi -Lo hiciste por ellos, para que siguieran viviendo sin miedo a lo desconocido. No eres tan mala después de todo. -Ni siquiera me conoce y ya me está juzgando. Que persona tan llamativa. -vamos, nos están esperando para cenar. Tengo mucho de qué hablarte.
-¿Tienen comida y no me lo dijeron? Ustedes son siniestras. Por cierto, ¿en qué año estoy?
-Te fuiste sin darme tiempo. -rió -Estamos en el dos mil diecisiete y ahora mismo nos encontramos en...
-La verdad no me interesa saber donde estoy, ustedes los humanos siempre cambian las cosas, nombres, territorios, y me marea. Imagina que he estado en más de diecisiete siglos diferentes, -exageré. -Mi cerebro explotaría.
-Eso debes contárnoslo a todas cuando lleguemos...
Perfecto, Scarlet. Ahora debo dar explicaciones de por qué ocurren las cosas... Alair, sería interesante que alguien muera ya. ¿Qué estoy diciendo? Me quejo de la vida. Me quejo de todo. En especial de que no puedo vivir como quiero... esto es una mierda.

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