III

Memorias Caídas

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-¡Comida! Hace tanto tiempo que no disfruto de una cena tan grande.
-Sí, somos muchas esta noche. -dijo Aquila.
-No me refería a personas. -tengo pequeños fragmentos de ser golpeada por un mugroso pedazo de pan. ¡Ah! Relaja la mente Scarlet, eso ya es pasado. -pero lo importante es agradecer siempre lo que uno tiene y jamás bajar la cabeza por algo que no. Si realmente quieres una cosa, hay que buscarla con todas tus fuerzas. -mata al cuervo. Suspiré.
Nos encontrábamos cenando alrededor de la fogata en medio de la noche. Mis ojos brillaban de un color Rubí intenso y mi blanco cabello era elevado por la suave brisa. El viento había parado su curso. Todo era calma y paz, para mi, era inquietante.
-Antes de hablar, quiero aclarar algo: si ven que pierdo la cabeza más de lo que ya la perdí y no pueden calmarme, corran. No estoy bien y escucho voces que me gritan todo el tiempo, pero las ignoro... aunque no siempre. -seh, lo decía en serio. Quizás sí esté loca y no me importa estarlo.
Ellas simplemente asintieron. Algo me decía que no harían caso a mi advertencia.
-¿Por dónde inicio? -ese es el problema, todos somos víctimas de nuestra propia mente -Estoy maldita... No sé de dónde vengo. Mis recuerdos de la infancia, familia, de todo, desaparecieron el día en que me caí. -señalé a las nubes. -Cuando desperté estaba herida, me dolía la cabeza y Alair, ese maldito cuervo, apareció a mi lado. Una voz retumbaba en mi mente sin frenar repitiendo una y otra vez "Te pesarán las alas para que no puedas volver, olvidarás todo lo que fuiste y no tendrás permitido recordar; tu cuerpo permanecerá sujeto a cadenas que no podrás quitar, arderán como el infierno si intentas desobedecer; y cuando desees beber agua, esta se teñirá del color de mis entrañas ". Eso es lo poco que recuerdo siempre. Sé que hay una parte que me falta, pero continua borrosa.
-¿Y qué hiciste luego de entender que no podías volver? -Victoria dejó su plato en el suelo - ¿A dónde fuiste?
-Desde ese día todo se volvió una agonía. Incluso respirar. -centré la mirada en el fuego de la fogata queriendo encarnar cada detalle de lo sucedido aquel día -Encontré una biblioteca -Tarjaman, que bella era. Libros y conocimiento por doquier. Perdía la preocupación y los problemas siempre que leía. -Allí descubrí que los ángeles tanto como los demonios tienen una persona a la que están destinados a obedecer sin siquiera pensarlo. -Que inocente fui. -Era un lazo que no podía quebrantarse si el ángel era correspondido a la persona, si no lo era, el lazo podría romperse fácilmente por otro hasta que encontrara a la persona correcta. El problema era que cada ángel tenía una condición para aceptar a esa persona y la mía me condenó a sufrir.
El haber ido a esa biblioteca me abrió los ojos, pero al mismo tiempo me quitó la esperanza.
-¿Por qué cuentas esto si supuestamente no recuerdas nada? -dijo Aquila muy curiosa.
-Porque no tengo mucho que contar. Con el paso de los años olvido quien fui y que he hecho en mi vida anterior. Lo poco que recuerdo es que fui a la biblioteca de Tarjaman y otras cosas que me gustaría olvidar...
-Tus ojos son rojos -Ceres se sentó a mi lado -¿te gustan?
-No mucho. Cada noche se tiñen de rojo. -que niña inteligente. Es cierto, no puedo confiar ni en su dulzura... -¿por qué preguntas, Ceres?
-Entonces no eres un ángel. Los demonios tienen ojos color sangre. Hay algo que nos estás ocultando.
-Hay cosas que prefiero guardar en mi mente. -ella lo sabía. No era un ángel al cual empujaron de las alturas... Era un demonio disfrazado con plumas blancas. -el viento ya ha cesado. Deben apresurarse antes de que Alair vuelva en la mañana. Si esta cosa puede volar sobre las nubes, él no nos alcanzará.
-¿Tanto le temes a un ave? -la voz de Eruca no se entendía muy bien, estaba atragantada con comida en la boca.
-No le temo al ave, me temo a mi. Ese pájaro saca lo peor de mi interior, y si ella sale, todos estarán en peligro. -ella o yo, yo o ella.
-De acuerdo, nos vamos. En el camino te diremos algo más.
Ignoró lo que dije, ¿qué clase de persona lo haría?
Allí estábamos, en ese pájaro de metal. La tecnología avanza mucho. En fin, me estaba impacientando con "te diremos algo más" Esas palabras nunca son buenas. Espero que no deba enfrentarme a pájaros de metal como estos, no creo que pueda salvarlos de estas cosas, son enormes. Ojalá que sea algo de chocolate porque tengo hambre...
-No te parece que deberías de avanzar el "te diremos algo más" -hice burla en sus palabras, ¡qué madura! A la mierda con todo.¿por qué las estoy acompañando? No tengo nada mejor que hacer. Pff. Por lo menos debo de esperar a que un evento inesperado para ellas suceda y tengan que pelear, como siempre ocurre. Me pregunto qué podrá ser esta vez ¿una guerra? ¿terroristas? ¿bandidos? Lo que fuera, espero sea interesante. Me estoy aburriendo de este silencio y su misterio. La nave estaba siendo pilotada por Eruca, las gemelas jugaban entre ellas y Victoria tomaba un extraño dispositivo en sus manos que no dejaba de mirar.
-¿Qué es esa piedra cuadrada?
-Es un celular, sirve para comunicarte con otras personas, escuchar música, sacar fotos, etc.Mira, este es el libro de los lamentos ¿lo reconoces? -Me mostró su piedra tecnológica, y en ella había una imagen del dichoso libro el cual lucía muy maltratado y quemado.
-Sí, lo he visto.
-¿De verdad? ¿Quién te lo enseñó?-Su rostro casi muestra una ténue sonrisa.
-No. Tengo fragmentos de estar leyéndolo y hablando con una pareja sobre su contenido. Lo demás no existe.Ahora, dime por qué necesitan mi ayuda.
-Eres impaciente.
-¿Piensas que puedo ser paciente con un trastorno de doble personalidad con rasgos de esquizofrenia? Muy inteligente de tu parte. Si quieres paciencia puedo dejar que ella tome las decisiones... -ella tenía menos paciencia que la mía. Las estaba amenazando con verdades. Quiero respuestas.
-¿Cómo sabes que tienes esos problemas?
-Lo acabo de leer en uno de esos libros de allí -señalé al estante detrás de mi. Pero en parte es cierto. -Ya no sé qué estoy haciendo.
-Te lo diré. -su mirada me chocó con mucho odio, divertido. Ya nos estamos conociendo. -Desde que tengo memoria, criaturas a las cuales llamamos Derterios, están llenando de miedo y discordia al mundo entero. Todo es culpa de un problema de "Azar" -otra vez con eso ¿Qué es un problema de "Azar"?
-¿Azar? -algo me dice que cometí un error al venir con ellas... mierda.
-Es un ser capaz de mover los hilos del destino de la forma en que desee, a su antojo, sin necesidad de pensarlo. -su voz de se volvía insegura con cada palabra. ¿Qué debería de hacer yo con todo esto?
-¿De dónde proviene? Qué criatura es? -Aprende, todo lo que puedas y sobrevivirás me dije una y otra vez. Las voces en mi mente gritaban que me encontraba en peligro. Por primera vez, concordabamos en algo.
-No es ninguna criatura vista a lo largo de la historia. Sólo hallamos una leyenda de una tribu desconocida que hablaba sobre un hombre llamado Pillqu. Él no entendía la razón por la cual sucedían las cosas. Decidió crear una, este era un dios hecho por el hombre. El Azar, formado por dos caras diferentes en una misma moneda. Uno controlaba la buena suerte y el otro la desgracia. Con el tiempo la desgracia se enamoró de la fortuna, pero esta no le correspondió, era muy caótico para algo pacífico. La infortuna furioso por poseerla decidió matarla y con ello, absorber todo su poder para así, poder estar juntos toda la eternidad. Fueron uno.Un mismo ser que decidía las cosas de una manera diferente. Se sentía completo, lo estaba, pero tanto poder en sus manos lo aburría. Podía hacer lo que quisiera: matar, cambiar la historia, dar vida, todo. Pero se sentía vacío... Quería más y necesitaba algo distinto y superior a lo conocido. Te necesita a ti. -sus ojos me mostraban furia al contarme esa historia. Me observaba esperando una respuesta.
-¿Y? -dije desinteresada.
-Él ya se ha aburrido de controlarlo todo y quiere...
-Mi poder. Lo sé, no soy tan idiota como para no entender lo que sucede. -Aunque había una sola cosa que no comprendía. -¿Cómo es que nunca lo vi antes?
-Puede tomar cualquier forma a su voluntad.
-¿Por qué el hombre de las nubes no lo detuvo antes? -pensé seriamente.
-¿Quién? Te estás burlando de algo tan serio. La vida de todos en este mundo, el tuyo y el de los demonios está siendo arrasado por Azar y a ti no te importa. -quebró en furia y todas voltearon a ver.
-Ustedes no saben nada de mi al igual que yo de ustedes. Sólo acepté por diversión. No tengo nada interesante que hacer y me entretiene ver como uno por uno va cayendo ¿Por qué me molestas? No es para tanto. -Odié cada palabra que salía de mi boca. Esta vez la muerte no arruinó nada, fui yo.
-Realmente no puedo verte a la cara sin desear golpearte.
-Si lo haces, todas mueren -sonreí. Tomé el puñal de mi bota y lo miré detalladamente. Me puse de pie. -Atrévete si no temes a la muerte.
Victoria no lo pensó dos veces, cerró su puño e intentó golpearme la cara, pero yo fui más rápida. La tomé del brazo y le golpeé en el diafragma con fuerza. La inmovilicé y puse el puñal en su cuello.
-¿Sabes cuántas vidas arrastro con cada paso que doy? Es una pesada carga que odio llevar. Y tú vienes y me pides que salve a todos cuando no puedo salvarme a mi misma de mis propios pensamientos porque un puto libro quiere decidir mi futuro ¡Que se sume al montón que quiere controlarme, no cambiaría nada!  -apreté con fuerza el puñal en su cuello.
Mátala, mátala, mátala, mátala...
-¡Detente! -Ceres gritó llorando. Solté la daga al darme cuenta de lo que hacía.
-Yo... no sé que me pasó. Estás sangrando. -me sentía culpable de nuevo. Ponerme nerviosa provoca todo esto, me hace escuchar las voces que tanto ignoro.
Aquila buscó el botiquín de primeros auxilios de una manera muy tranquila. Se sentó al lado de Victoria y comenzó a limpiar la herida con cuidado. Fue un corte superficial que al parecer le dolía mucho. Una parte de mi pensaba que el color de su sangre se veía hermoso, necesitaba verlo brotar; mientras que el otro rogaba por su salud y bienestar. Un demonio y un ángel peleando por el control de todo. Una vez finalizó el vendaje me miró.
-No quiero que demuestres tus problemas, quiero que pidas ayuda por ellos. Nada cambiará si tú no deseas que cambie. -ella tenía razón. Decidí esperar para contarles todo de mi una vez aterrizáramos quién sabe dónde.
 La vista a través de la ventanilla era preciosa, me sentía feliz por "surcar" el cielo. Añoraba tanto poder estar en él que cerré los ojos y sonreí por primera vez en esta vida.Pasaron cuatro horas hasta tocar tierra y Victoria en ningún momento me dirigió la palabra, ninguna de ellas.
-Muy bien, llegamos. -dijo Eruca. Se abrió la escotilla trasera del jet y pudimos descender. A unos metros había un joven esperándonos...Bajé, y al cruzar miradas, algo en mi interior era diferente. Me dolía la cabeza a tal punto que perdí el equilibrio. Todos me miraban extrañados.
-Scarlet ¿Te encuentras bien? -Eruca estaba alarmada, sabía lo que podría ocurrir. Yo se los había advertido.
-Sí, sólo es un mareo. No se preocupen. Ellas se emocionaron un poco. -¡cierren la puta boca! No ahora. No ahora. Shh... Mis pobres intentos por acallar las voces había funcionado momentaneamente.
Me puse de pie y caminé junto a Eruca por un camino de piedra gris hasta llegar a un galpón con muchas extrañas máquinas que reparaban al jet para tomar una carroza eléctrica. Nos dirigimos a una gran fortaleza rodeada por un inmenso jardín real.
Se me está partiendo la cabeza y no sé por qué. Mi cara está probablemente mostrando muecas de dolor. Ya pasará.
-Sea lo que sea que te esté molestando, recuerda, que todo está en tu mente. No hay nadie más que tú. -dijo el chico que nos había recogido. Sus palabras fueron sinceras y algo en mi estaba feliz de haberlas oído.
-Gracias...
Al bajarnos del "auto" entramos a la gigantesca "mansión" de Victoria.Pero al bajar de él, ya no tenía control de nada, ella me controlaba. Caminamos hasta el salón principal de la fortaleza y allí, él sé me acercó, no a mi, a ella. Uno frente al otro con la sensación de ser algo normal en mi vida. Desde siempre. El silencio intentó ser cortado por él, pero ella fue más rápida.
-Lo siento, no me presenté anteriormente. ¿Cómo te... -su habla fue tragada por un demonio.
-¿Caleb? -Se escuchaba el sonido de grilletes arrastrándose en el suelo. -Te he estado esperando. -Lo besé. Todo era extraño, las voces, ella y yo, estábamos en calma.
Mi cuerpo se marcó con runas azules que quemaban mi piel al igual que a Caleb. Esto se convertía en algo más complicado  con cada segundo que transcurría.
-¿Quién eres tú? -nuestras respiraciones se encontraron por un segundo.
-Mi nombre es Scarlet -Se tiñó en mi rostro una fría sonrisa.
 

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