IV

Memorias Caídas

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Él lo había notado. La tensión del ambiente, la forma en la que la luz era absorbida por la presencia tétrica y siniestra que me rodeaba, un aura en la que se podía escuchar muy tenuemente los gritos de las almas que a lo largo de mi existencia, se cruzaron en mi camino y que ahora gritaban pidiendo ayuda. Sí, uno podía escucharlas si el silencio de la curiosidad estaba presente.
-¡Victoria! Debes ver esto... -ella se acercó con normalidad hasta ver la escena. Las runas desaparecieron sin dejar rastro.
-¿Qué sucede? -me miró con intranquilidad.
-"Dime, ¿dónde está Scarlet?" -dije con voz chillona -¿Eso ibas a preguntar? -reí descaradamente mientras pasaba las manos sobre toda mi cara. Al quitarlas, grandes ojeras negras tomaron lugar en mi rostro.
-Debe de ser su otra personalidad. -dijo Victoria.
-¿Su qué? -reí nuevamente -Ustedes no saben el peligro que corren estando conmigo. Ella no acepta lo que somos.
-¿Qué quieres? No necesitamos problemas con ningún demonio. - Victoria estaba seria, sin duda alguna, la preocupación afloraba en su mirada.
-¿Qué les hace pensar que soy un demonio? Podría ser un pobre ángel atrapado. -jugué con mechones de mi cabello a la espera de una respuesta.
-No tienes cara de angelito -afirmó Caleb.
-Y tú, no tienes cara de ser el bueno en esta historia. -Me miraron. Reí.
-Está desquiciada.
-Prefiero estarlo a tener que aceptar vivir en esta asquerosa y horrible vida de mierda. -Mi rostro dejó de sonreír y fue consumido por la seriedad y el odio. Miraba todo con los ojos bien abiertos. -Ustedes no quieren matarme... -susurré -¿Qué quieren? No. ¿Están seguras? Ja, ja, ja. Muy bien. Sí.
Caleb y Victoria no sabían que hacer. Un paso en falso y podría ocurrir cualquier cosa en ese salón.
-¿Con... quién hablas? -Victoria le indicó a Caleb que se fuera. Al escuchar eso, la risa desapareció y mis ojos se tiñeron completamente de negro.
-¿Por qué preguntas? -Me acerqué lentamente, como si estudiara cada uno de sus movimientos. Tori no se inmutó, se limitó a responder mi pregunta:
-Porque al igual que tú, también tengo miedo. -Me elejé. La oscuridad en mis intenciones, desapareció en un segundo al escuchar esa palabra.
-¿Miedo? -la tristeza inundó mi mirada, pero aún así, por dentro estaba asombrada. No entendía el concepto de esa palabra, pero cada vez que alguien se me acercaba, podía sentirlo, olerlo en ellos. Era una sensación inexplicable -quiero ser libre y soñar como los demás.
-¿Nos ayudarás?
-El miedo es humano, el problema es que yo no lo soy. -susurré en su oído.
-¿Eso qué significa? -contestó sin esperanza.
-Eran las voces quienes hablaban. -la ignoré por completo. -A veces es necesario escucharlas y dejar a la razón de lado. Ayuda a respirar.
-¿Lo harás? -gritó, pero al hacerlo, se controló nuevamente y bajó el tono de voz. Sí, ella me temía. -¿lo... harás?
-Las aconpañaré... quizás necesiten de mi colaboración -sonreí -pero ustedes también lo harán o lamentarán haberme conocido. -reí -Deben convencerla a ella para que se decida a hacerlo, no está muy segura. Mata al cuervo -reí desaforadamente mientras jalaba mi cabello. Me callé. De repente, la oscuridad y pesadez en el ambiente, regresaron a su dueña y con ella se llevaron quizás a un demonio enfurecido o a un pobre ángel perturbado ¿cómo saberlo?
Levanté la vista, y ella junto con las ojeras... ya no estaban. No sabía lo que les había dicho, pero si no estaban muertas, fue por una buena razón.
-¿Qué sucedió con ella? -pregunté con una gran vergüenza. La seguridad en mis palabras me abandonó momentaneamente...
-Nada que desconozcas. Sube las escaleras, y pídele a las gemelas que te muestren tu habitación. -dio la vuelta y con paso firme se marchó.
No sabía si su respuesta me causaba rabia, frustración o era el simple hecho de no poder recordar nada sobre lo sucedido en este salón que provocaba en mi un fuerte sentimiento de inseguridad.Subí las escaleras y allí estaban... De seguro lo vieron todo.Aquila y Ceres, ambas calladas, ni una palabra salía de sus bocas. Las seguí por un extenso pasillo que en sus paredes pintadas de blanco, se encontraban colgados diferentes cuadros y pinturas al parecer antiguas. Ellas se detuvieron al final del corredor y me indicaron abriendo la puerta, la habitación en la que me hospedaría por tiempo indefinido.
Me quedé allí, todo el día hasta incluso después de la cena. Pensé, pensé y pensé sobre la misión que había aceptado cumplir. ¿Cómo podría yo hacer semejante hazaña? Aún no comprendía nada... ¡Qué tonta e ingenua fui!
La madrugada me tomó por sorpresa. El reloj marcaba las tres y cuarto. Decidí salir a explorar el lugar...De alguna manera, la noche era agradable y tranquilo. Bajé las escaleras sin hacer un solo ruido. La "fortaleza" contaba con tres plantas, era gigante, mucho más de lo que vi en mi anterior viva... si es que así podría llamarla.Las primeras dos se dividían en extrañas salas de máquinas, equipamiento, enfermería; y diecisiete habitaciones en ambos pisos. Lo sé, las conté a cada una de ellas. También había dos salas comedor y una gran cocina. El subsuelo, destinado simplemente a entrenamientos:
En él, se encontraban cuatro áreas separadas entre sí, cada una con diferentes instrumentos. La primera: puntería.Contaba con blancos móviles o rígidos; la segunda: a defensa y contrataque, donde se enfrentaban a diferentes autómatas que podrían reproducir cualquier arte marcial sin generar patrones; la tercera: ejercitación física; y por último, la cuarta zona, la más grande que se hallaba apartada de las demás: un campo que podía adaptar las dificultades de diferentes terrenos poniendo a prueba todo lo anterior combinando los sentidos.Cada uno de estas áreas portaba una pantalla que les permitiría determinar el nivel deseado... Era una monstruosidad, ¿a qué le temían? ¿a qué me enfrentaba?
El sol se apropió de la noche lentamente iluminando todo a su paso. Las aves cantaban en una mañana despejada, serena que aparentaba muchas cosas...En el salón principal caminaba admirando los cuadros de distintos artistas hasta que me topé con el libro quemado que Victoria me había mostrado, estaba un poco arruinado, pero todavía se podía leer. Apunto de tocarlo se alzó una voz de entre las escaleras:
-No lo hagas. A tori no le gusta que jueguen con recuerdos del pasado. -Dijo tranquila, Eruca mientras se colocaba sus guantes de cuero marrones un poco más grandes que de su talla -Si te quedas tendrás que aprender un par de cosas sobre nosotras. Por tu cara de muerta supongo que viste toda la casa a escondidas durante la noche. No te preocupés, la primera vez que vine también hice lo mismo -me llamó para que le siguiera.
-¿Recuerdos del pasado? -necesitaba respuestas, tal vez así podría recordar algo sobre la mujer que me lo enseñó.
-Ese libro representa lo más doloroso que tiene y el más fuerte. No eres la única que ha tenido una pasado diferente al de la felicidad. -Se detuvo mientras abría la puerta del subsuelo.
-Las personas sufren mucho últimamente. -eso es porque aman destruir todo a su alrededor... -Caminaba en la noche. Vi a un espíritu andante, me pidió si podía decirle algo a ella y también enviarla con sus amados.
-No tengo idea de lo que hablas, pero sonreiré para que pienses que sí -esbozó una gran sonrisa. Al parecer lo "paranormal" le asustaba.
Nos adentramos. Solas en ese gran lugar hasta la tercer área.A decir verdad, no había conversado con alguien en mucho tiempo... Tomé un arma del armario ubicado a un costado de las escaleras que llevaban al primer piso.Preguntas comenzaron a adueñarse de mi en tanto practicaba tiro al blanco.
Era cierto, los puños de Eruca estaban ardiendo, deseosos de poder golpear algo. Me observaba mientras se quitaba los guantes. Una vez en su bolsillo estaría lista para entrenar. Marcó en la pantalla la opción "sorpresa/móvil", de la cuarta área. Antes de entrar al cuadrado esperó a que este tomara la forma de un suelo volcánico con pequeños autómatas esféricos que se movían aleatoriamente.
-Muy bien, si te sigues mordiendo la lengua, jamás podrás averiguar nada. -estiró sus brazos antes de comenzar ¿Acaso lee la mente?
-¿Dónde están todos? ¿Por qué tienen todo esto? ¿Qué quieren de mí? ¿Cómo terminaron aquí? -disparé sin ver al blanco. Acerté al centro.
-Sí que no pierdes tiempo. ¡Uno! Todos están patrullando distintas áreas -saltó hacia arriba para golpear con sus piernas a un autómata -desde que tengo conciencia el mundo está siendo atacado por distintas criaturas creando caos, dolor y angustia. ¡Dos! -Sujetó con sus manos a uno y lo lanzó hacia otro -Lo tenemos para proteger a quienes no lo pueden. ¡Tres! -Codeó a otro que se aproximó por su derecha -Ya te lo hemos dicho. También necesitamos saber qué es lo que está pasando realmente entre los tres mundos. -¿qué está pasando? Pero si... No lo sé, nunca he estado allí. No puedo ayudar con eso ¡Mierda! -Y cuatro...Todos...tuvimos accidentes en la vida, sí, accidentes. -levantó ambos brazos lo más alto que pudo, con toda su fuerza, arremetió contra el suelo dando como resultado una onda expansiva que derritió a las esferas restantes.
No sabía que responder. Jamás soy así de imprudente con mis pensamientos... decirlos en voz alta, hablar sobre ellos con extraños. siguí disparando una y otra vez sobre el mismo blanco, sobre la misma flecha con una puntería impecable.Eruca quedó asombrada al ver como cada flecha era partida a la mitad por la siguiente para tocar el centro.
-¿Me harías un favor? ¿Me lavarías el cabello?, no puedo hacerlo sola -lancé la última rompiendo el blanco. Creo que no me queda alternativa, ya no puedo fingir desinterés.
-Sí, claro. No hay problema.
Nos encaminamos hacia el baño, pero antes vimos que Caleb al parecer seguía allí. Estaba en una sala de máquinas revisando el "radar". Inmediatamente Eruca me dijo que la esperara allí para ir a ver qué es lo que hacía.
-¿No te ibas? Pensé que patrullabas con Aquila. -Eruca se apoyó en el marco de la puerta esperando una respuesta -Sabes que si Ceres se entera que la dejaste sola te matará a piedrazos. -se corrió hacia un lado para dejar pasar a Caleb.
-Y es por eso que no le dirás nada. -tomó el casco de la moto de Victoria y con una gran sonrisa forzosa en su rostro salió de la habitación -Estaba revisando el radar y ya me iba. Adiós -dándole la espalda a Eruca levantó su brazo en forma de saludo hasta encontrarse en el pasillo conmigo en la puerta del baño. Nuestras miradas se encontraron mientras él pasaba frente a mi. Caleb que había quedado cautivado por los ojos que tanto odiaba, tan pálidos, que aparentaban pureza y amabilidad. Se detuvo. -Tienes muy bellos ojos. Nunca vi unos de ese color.
Quedé inmóvil por un segundo. ¿Acaso olvidó todo lo sucedido el día anterior? Mis labios estaban sellados como para responder algo, por lo que simplemente entré al lavado. Eruca caminó hasta la puerta del baño y antes de ir conmigo dejó salir una carcajada burlona a Caleb. Cerró la puerta, dejándolo solo en el pasillo.
-Mujeres, ¿quién las entiende? -dijo con resignación mientras se colocaba el casco y dirigía hasta el final del pasillo.
La chispa de Eruca se apagó por un momento para entablar una conversación, pero al parecer mis ancias ganaron de ante mano:
-¿Cómo se fueron sin que me diera cuenta?
-Estabas hurgando en una de las habitaciones del segundo piso. Te vi entrar. Me trajiste muchos recuerdos de mí al llegar aquí. Normalmente el segundo piso tiene muy buen aislamiento por lo que ningún sonido llega.Ahora comprendo el odio de las gemelas al subir aquí. -¿por qué no puedes lavarte el pelo? -Eruca mojaba mi largo cabello.
-Toma ese jarro y derrama el agua sobre mi mano -siguió las órdenes que le indiqué. -Ya les había dicho sobre mi maldición...
El agua comenzó caer sobre la palma y esta con el más mínimo roce se transformó en sangre. Eruca permanecía en silencio. Lo sé, le daba lástima, sus ojos lo gritaban.
-Tranquila, tan pronto deja de hacer contacto con mis manos cerca del rostro vuelve a su estado natural.
-Creí que solo se transformaba cuando quisieras beberla... Esto es muy cruel.
-El deseo de querer tomarla cada vez que toca mis manos es tan grande, que a pesar de no hacerlo se vuelve sangre.
-Entonces debes aprender a no quererla. Si todo se cumple al pie de la letra, sería bueno que tú hagas lo contrario.
-Me encantaría intentarlo... -sería una nueva esperanza.
-¿Para qué es la daga? Entiendo que hayas estado en peligro, pero está en muy buen estado. Nunca la has usado.
-Espero jamás sepas para qué funciona. Solo trae desgracia. Y sí, la he usado más de una vez.
-Con respecto al agua... ¿Nunca has intentado beberla? Quizás es una ilusión o algo así. -No se resigna a la realidad de los hechos... Parece que sí le agrado.
-Muchas veces. Es una agonía que juega con tu mente. No podía morir por deshidratación, la locura aumentaba. Lo intentaba una y otra vez, pero se teñía de rojo. Todo. -inundada en un mar de recuerdos, sequé mi mano con una toalla.
Las horas pasaron sin piedad y nadie había vuelto de su misión. Estábamos en el jardín del patio trasero, sentadas en la rama de un enorme árbol, acompañadas por Lirios de Valle. Me recordaban al espíritu que había visto caminar por los pasillos. Mirábamos el bello atardecer. Cada vez que tenía la oportunidad de hacerlo, lo disfrutaba como si fuese el último.
-Hay una pregunta que todas hemos tenido desde que viniste con nosotras, ¿a dónde están tus alas? Cuando volviste con tori del pueblo ya no estaban.
-Mmh... Te diré la verdad, no lo sé. Aparecen cuando las necesito y se van cuando ya no. Hasta ahora no he requerido de su presencia, pero aunque las usara, dolería demasiado una vez que mis pies toquen el suelo.
-Las cadenas ¿verdad?
-Sí, arden y no puedo controlarlo hasta que pago el precio por desobedecer. Es un mierda, pero no me quejo.
-Ya encontraremos una solución. Te prometo que podrás volar y regresar a casa.
Sus palabras me daban seguridad... aunque en el fondo sabía que no iba a ser posible.

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