V

Memorias Caídas

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-Los pájaros cantan. Son hermosos.
-Sí, aunque por la noche solo queda un ave gritando y no es de mi agrado.
-Tranquila, no sabe que estás aquí.
- Él siempre sabe a donde voy. Me encontrará y cuando lo haga, alguien morirá. No me sorprendería si algo pasara en este instante... -¡que me parta un rayo! Ese inquietante presentimiento que me perseguía hace horas por fin se manifestó.
Un pequeño temblor hizo que la copa del árbol y las flores se mecieran suavemente. No había viento. El silencio tomó lugar en nuestra pequeña conversación y el pájaro menos deseado graznó. ¡ave estúpida, lo arruinas todo!
Sabía que vendría... tanta calma me costaría una vida.
Eruca bajó lo más rápido posible y corrió hasta la puerta principal; yo por otro lado, permanecí tranquila... o por lo menos lo aparentaba muy bien. Escuchar ese sonido significaba un desastre. Cuando entré al salón, todos se encontraban en el suelo a excepción de Caleb que apenas podía mantenerse de pie. Verlos de ese modo, hizo que mi piel se erizara por completo y mi corazón se acelerara. Se me dificultaba respirar. Las voces volvían, sí, lo hicieron al ver a Victoria y a las gemelas muertas frente a mi. Creí que tenía la fuerza y esperanza necesaria como para soportarlo, pero no... otra vez, de nuevo... tal vez ya era hora de que me hundiera en la desesperación y aceptara el final que otro había escrito para mi. El tiempo se aletargó para mí, ignoraba los gritos de Eruca Educa y Caleb, no oía nada más que mi respiración.
-¡Scarlet, ayúdame a cargar a Victoria! Está inconsiente y mal herida -dijo Eruca muy nerviosa -No. Mejor ayuda a las gemelas... y yo me encargo de tori.
Están vivas... Suspiré.
Nos dirigimos a la enfermería del primer piso. Me quedé con Aquila y Ceres toda la madrugada hasta que despertaran, pero los humanos tardan en sanar. Necesitaba verlas jugando o sonriendo como lo hacía un niño de su edad. No podía esperar, debía hacer algo.¿desde cuándo siento empatía con las personas?
-Caleb, ¿qué demonios sucedió? -gritó Eruca, muy preocupada.
-Estábamos en el jet, a punto de separnos para comenzar a patrullar... Azar apareció frente a nosotros y nos atacó. -se levantó de la camilla y se dirigió hacia mí... -nos dejó un mensaje para ti, Scarlet.
-¿Te parece buena idea decirlo en este momento? -estaba furiosa, deseosa de gritar y matar. Me di la vuelta y lo vi con ojos de demonio. -¿cómo los atacó? -era la primera vez que él me veía de esta forma. No me importaba.
-Simplemente no lo recuerdo. Dijo algo y de repente todo se puso borroso.
-El temblor, ¿qué fue?
-Las gemelas lo hicieron, luego te contaré, pero debes calmarte, Scarlet. No obtendrás nada presionándolo. -Eruca me tomó del brazo y me llevó fuera de la habitación. -escucha, será mejor que te quedes aquí hasta que despierten. Estás muy alterada y ya sabemos lo que puede pasar.
-Ella te lo contó.
-Sí, me dijo lo que sucedió en el salón principal.
Pasaron las horas y ya casi eran las ocho de la mañana. Estaba cansada y necesitaba saber si se encontraban bien.
Yo podía curarlas. El miedo, sí, el miedo a que se repita el pasado. Un demonio conoce mejor que nadie la pesadez de ese sentimiento, si es que eso era, un horrible sentimiento. Necesitaba liberarme de Alair de alguna forma, podía escucharlo revolotear por la ventana a mi derecha, graznando. Ya no quería vivir de esa forma.
Me puse de pie y golpeé la puerta. Caleb abrió.
-Yo puedo sanarlas... Sé que puedo hacerlo. Solo denme una oportunidad. -miró a Eruca y aceptó. Me dejó pasar.
Fui hasta las camas donde las gemelas se hallaban reposando en un largo sueño. Cerré mis ojos y mis alas aparecieron. Extendí el ala derecha un poco y tomé de ella dos plumas que coloqué en el pecho de cada una. Al abrir los ojos, estos se fueron tiñiendo de negro al igual que las plumas en su totalidad. Ambas, habían sanado. Decidí acercarme a Victoria y volver a hacerlo, pero una vez que terminé, perdí el equilibrio y antes de caer, Caleb me sostuvo.
La cabeza me daba vueltas. Sanar es más difícil que morir. Había perdido la costumbre. No entendía el por qué me importaban tanto en poco tiempo...
-Siéntate aquí -murmuró Caleb. Me acercó un taburete. -parece que ocupas mucha energía en salvar a otros.
-Ni me lo digas... -suspiré - en unos minutos podrán pararse. No te me acerques tanto, no quiero que ocurra lo de la última vez.
-Luego hay que hablar de eso.
Me sentía adolorida, en especial la espalda. La cabeza me punzaba y eso provocaba que las voces dejaran de ser ignoradas de a momento. ¿por qué las salvé? No tenía obligación de hacerlo.
-Sabes, creo que si dejaras de luchar contra ella, quizá, no te dolería tanto. -la voz de Aquila me hizo levantar la vista del suelo rápidamente.
-Lo intentaría... si realmente funcionara. No es así de sencillo.
-Yo quiero intentarlo. -Eruca se acercó entusiasmada.
-Están dementes. Me voy al jardín...
Al parecer la negación que expresé de otra manera no fue suficiente como para dejar en claro que no deseaba participar en semejante locura ya que detrás de mí se encontraba Eruca sin perderme el paso. Habíamos llegado hasta el gran árbol donde hacía unas horas atrás, ambas estuvimos relajadas por un momento.
-¡Ya deja de seguirme! -exclamé con poca paciencia.
-No hasta que lo intentes ¿Nunca has pensado que ella tiene el mismo derecho que tú a salir o sentirse libre?
-Lo único que quieres es verla porque no pudiste cuando salió y asustó a Victoria.
-Sólo déjame intentar... Si te sientes atrapada siendo libre en este mundo, ¿cómo crees que ella se siente atrapada en ti?
-Va a matarte.
-Puedo defenderme. -suspiré. Definitivamente no comprendo como es que consiguió que le hiciera caso...
-Una vez que salga, ella decidirá cuando volver. Ten mi puñal, ¡no se lo des aunque ruegue! Hará lo que sea para recuperarlo si se lo enseñas...
-Tranquila, lo guardaré en mi habitación.  -se lo entregué. Ella fue con la daga hacia su cuarto y al regresar se sentó en el suelo.
-¿Estás segura de esto?
-Es de día y tengo mucho sueño, me dormiré si no te apresuras.
Asentí. Me moví dos largos pasos hacia atrás. Cerré los ojos. Tomé aire. Allí estaba ella. Grandes y oscuras ojeras tomaron lugar en mi rostro, una sonrisa gigante que daba impresión, el cabello despeinado y la increíble aura tétrica y negra que provenía de esa persona le pusieron la piel de gallina a Eruca. Aunque era diferente... en ella no se reflejó el pánico sino un asombro peculiar, como si le hubiesen dado un helado a un niño.
-¿Quién eres? -ella se le acercó de a poco y la rodeó con sus alas. La miraba analizando sus gestos y movimientos. No entendía por qué le había permitido salir.
-Soy Eruca. Yo quería conocerte... -se puso de pie - ¿podrías quitar tus alas de encima?
-¿Qué quieres? -estaba impaciente, forzaba más y más su loca sonrisa. Sus manos temblaban y el espacio personal no parecía importarle. Cerró sus alas.
-Necesito que me des información.
-¿Sobre como liberarnos? Creí haberlo dicho con anterioridad -rió -pero nadie escucha las palabras de un loco. -sonreía, aún así, Eruca sabía que el peligro no estaba lejos.
-¿Cómo mato al cuervo? -mi rostro se contrajo. El día era cálido siempre y cuando Eruca se mantuviera dos pasos atrás, si no lo hacía, sus demonios se reflejarían en los ojos de ella.
-Nadie puede matar al cuervo. A menos de que te llames Scarlet y... me entregues el puñal.
-Me advirtió que no te lo diera y cumpliré. Sé que piensas que el mundo está podrido, pero aquí estás bien. Te protegeremos como una familia...
-¡Ustedes no entienden nada! Cuatro días y me quieren como a una hermana menor. No estoy para juegos.
-Lo sé, estás cansada, tienes miedo a pesar de que no entiendas lo que es y quieres la paz que se te ha arrebatado de las manos. No somos muy diferentes...
-Hay una maldición de diferencia entre nosotras.
-Exacto, ya perdiste muchas veces.
-No.
-¿Qué más puedes perder?
-No, no, no, no, no ¡no se trata de mí! Se trata de todo lo que nos rodea -dio un giro con los brazos abiertos -¿cómo voy a tener paz sabiendo que el fin de todo es mi culpa?
-El fin... ¿qué sabes?
-Alair no está aquí... ese cobarde desaparece. No se atreve a enfrentar sus demonios.
-¡Responde! -las voces de callaron, mi sonrisa desapareció dejándole espacio a la cruel seriedad. Los ojos negros opacaron el suave clima.
-¿Quieres saber? Entonces haz que asesine al cuervo. Por cada lugar y nombre que le des, un recuerdo vuelve a su memoria. 
-Pero tú recuerdas ¿por qué no me dices y ya?
-Porque cuando las voces en mi cabeza hablan deben ser escuchadas y tú no quisiste. Deseaban contarte todo. Paga el precio por tu mala educación. Tu vida será mi regalo esta vez por permitirme ver el sol.
Cerró los ojos y nuevamente como en el salón, las ojeras, el ambiente tétrico y los ojos negros como el infierno habían desaparecido. Volví, yo, no ella. La necesidad de saber que había dicho me cegó tanto que no me percaté que desde un inicio Victoria planeó que Eruca se quedara conmigo y me manipulara para dejar a esa cosa salir de mi interior.
-Lo siento. Si no lo hacíamos no nos dirías nada. -se lamentó.
Estábamos en la cocina discutiendo mientras que Caleb y Ceres se mantenían al margen sin decir una palabra.
-Váyanse a la mierda. -me levanté y salí corriendo hacia la habitación de Eruca -al que me siga, lo mato.
-Yo voy por ella... -dijo Caleb.
Busqué desesperada en los cajones y estantes ¡ella era muy desordenada!
-No hallarás nada si continúas revolviendo más este desorden. -Caleb ingresó al cuarto y se puso a buscar a mi lado.
-El lugar es grande, no necesito que estés a mi lado.
-¿Ya me dirás que fue lo que ocurrió en el salón?
-¡Aquí está! En el suelo... para variar. -Se me acercó por detrás y tocó mi hombro. En ese intante me di la vuelta y reaccioné lista para clavarle la daga. Me sostuvo la muñeca.
-¿Tanto le temes a lo que hay por detrás?
-Oh, lo siento, es la costumbre. -permanecimos un instante de esa forma, mirándonos a los ojos y con la mente en blanco. -eran runas... -susurré.
-¿Y qué hacen? -me soltó.
-Preguntas demasiado. -guardé la daga en mi bota -Pensé que eras solo una cara bonita, pero al parecer tienes un poco de cerebro. Victoria te contó todo por teléfono durante el viaje hacia acá. De seguro quieres saber si esas runas me convierten en tu ángel guardián. Te contaré un secreto, un simple beso no es un requisito tan único.
-Así que es cierto. Estamos destinados a una larga vida juntos ¿Tengo que darte flores y llamarte Julieta?
-¿Acaso sabes cómo termina esa historia?
-Lo siento... no quise ofenderte.
-No te preocupes, ya me acostumbré al filo de las palabras.
Salimos del cuarto y Caleb continuó siguiéndome y haciendo preguntas estúpidas que al decir verdad jamás esperé contestar en mi vida.Nos sentamos en la rama del árbol mientras comíamos unas manzanas.
-¿Cómo es? -me interpeló.
-Si no te expresas mejor, no sabré responder.
-Morir, ¿cómo es? -esa pregunta podía responderla con mayor facilidad que a todas las anteriores. De algún modo, recordar cada una de mis muertes, era tan sencillo, podía verlas en la lejanía del paisaje, pero el miedo me alejó de las imágenes.
-Sientes adrenalina, miedo y fuerza, todo a la vez. Al comienzo te resistes a lo desconocido... de repente ves los pocos recuerdos buenos que logran apaciguar el dolor de irte y dejar a tantas personas solas. Al final no escuchas más ruidos, ni tus propios pensamientos, solo queda paz. Estás muerto.
-¿Nunca has intentado romper la maldición? Me resulta un poco imposible creer en ese tipo de cosas, pero viendo que hay un bellísimo ángel mitad demonio frente a mí, puedo hacer una excepción.
-¿Cómo supiste que era mitad demonio?
-Pensé que era obvio... el cambio en ti era muy fuerte incluso para alguien con problemas de doble personalidad. Cuando ella aparece todo se vuelve oscuro, frío y tétrico... la luz del ambiente se distorsiona y en cuanto la miras a los ojos puedes ver a tus demonios acercarse mientras suplican que los liberes.
-Ella da miedo, lo sé. Nadie me creería si dijera la verdad.
-¿De qué? ¿Sobre todas las cosas que te niegas a contestar?
-De que a quien miras no es más que que un lobo disfrazado de cordero.
-Entonces el ángelito está loco y el demonio cuerdo.
-Ustedes tienen un mal concepto de mi raza.
Pasamos horas y horas en ese árbol hablando. No habíamos almorzado. Sentía que podía contarle todo. Alair había desaparecido y por primera vez alguien había logrado sobrevivir a su presencia.La noche devoró al atardecer, dejando al miedo, de si a la mañana siguiente, yo tendría la oportunidad de abrir los ojos nuevamente.
-Azar vendrá por ti. Eso dijo cuando nos atacó... "díganle a esa asquerosa abominación que la encontraré y arrancaré cada una de sus plumas si no me da lo que quiero".
-No creo que sea el primero en llamarme de ese modo.
-Yo tenía que decírtelo. Todo ha estado muy tranquilo desde que llegaste. No hay problemas ni lugares siendo destruidos por derterios, es muy extraño. Alejaste todo con tan solo aparecer.
-O solo los alerté y se preparan para atacar de manera inteligente -dije pensativa. Era cierto, todo estaba demasiado tranquilo. Debía comenzar a entrenar y aprender sobre el lugar en donde me encontraba. -Ya me voy adentro. Iré a ver a las gemelas y a Victoria o quizá incendiar el lugar.
-Ese es el trabajo de Eruca -rió con mi absurdo comentario.
Fui al subsuelo. Ellas estaban allí. Quería disculparme y llorar como una niña. No comprendía el por qué aún. Ignoré todo a mi alrededor y decidí tomar un arco e ingresar al cuadrado, precioné toda la pantalla a la vez, no tenía idea de que significaban todos esos números.
-Está loca -balbuceó Aquila -presionó la pantalla completa. Ni siquiera Victoria pudo controlar a todos los Bots.
-Veamos que pasa, tal vez te sorprenda, hermana.
El suelo se tiñó de color negro y gris. ¿Tablero de ajedrez?Observaba todo con mucha atención, el lugar estaba muy silencioso. De repente, un cubo de metal salió de él, se encontraba estático en el aire. Al no haber movimiento decidí acercarme y en cuento lo toqué, comenzó a sacudirse y deformarse liberando de su interior una incontable cantidad de pequeños Bots que giraban a su alrededor protegiendo al cubo principal. Patrón de vuelo.
-¡Tienes que destruir el cubo! -gritó Victoria a través del vidrio que nos separaba -Pero no te mueras en el intento...
Apunté con el arco y disparé. A tan solo cinco centímetros del objeto, un Bot se interpuso destruyendo mi flecha...
-Casi lo logra -Caleb bajó las escaleras sin dejar de mirar el espectáculo. 
Esa estúpida idea produjo una reacción en cadena. Estudiar al objeto.Uno por uno se alertaron y comenzaron a titilar una luz roja. Sus movimientos se volvieron más agresivos. El cubo generó un impulso electromagnético hacia los pequeños autómatas que lo protegían. Se expandieron y coordinaron en forma de anillos directamente hacia mí. Venían de todas partes, no podía atacar, estaba demasiado ocupada con defenderme de los pequeños cortes en la piel al rozar con ellos. Se aproximó otro impulso que me hizo caer al suelo.
-Deberíamos apagar el sistema. Ya no se podrá levantar Victoria.
-No... quiero ver hasta dónde puede llegar.
Me cubrí la cabeza con ambas manos. Los cortes cada vez eran más profundos y la sangre ya estaba manchando mi cabello. Apuntaban directamente a mis brazos. El dolor aumentaba y ella no salía para salvarme... Era irónico, parecía una damisela en peligro cuando en realidad el peligro estaba dentro de mí.
-¡Ah! -grité y grité cada vez más alto.
-¡Al suelo! -chilló Victoria.
Mi voz, la fuerza en ella... el sonido tan potente de un demonio no era comparable con la bella voz de un ángel. Fue un desastre. Los pequeños Bots a mi alrededor se desintegraron, el cubo hizo cortocircuito y explotó, luego siguieron los vidrios del cuadrado y finalmente se cortó la luz.
Miré a mi alrededor, había olvidado la destrucción que podía causar un simple demonio...
 

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