VI

Memorias Caídas

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Pasaron los días y nadie habló de lo ocurrido. Me molestaba. Lo odiaba. Desde el incidente no volví al área de entrenamiento y cada noche tenía pesadillas, con gente sin rostros que no lograba ver, en donde una laguna de sangre los tragaba mientras gritaban mi nombre, pedían ayuda desesperados, pero jamás llegó... estaba demasiado asustada.
-Scarlet necesito preguntarte algo -Eruca me hablaba desde la biblioteca.
En la mesa había un globo terráqueo. La Tierra había cambiado tanto, ya no la reconocía.
-Te dije que no me hablaras de lugares...
-Esto no puede seguir así. Azar vendrá en cualquier momento. Necesitamos...
-¿Qué necesitan? Yo no puedo enfrentar a un ser que controla el destino. Alguien maldito que no puede defenderse, no puede hacer nada. Solo porque un libro diga que mi destino es ayudar, no significa que lo logre.
-Acompañame. -la seguí sin protestar -Ponte estos -me entregó unos guantes de goma.
-¿Para qué los necesito?
-Solo hazme caso y ya.
-Son un tanto apretados.
-El látex se adhiere a la piel, casi todo lo que tocas se siente natural. Abre el grifo del agua y tócala.
Lo hice. Sentía el agua en mis manos aunque no fuera real, sentía que sí. Estaba tan feliz que una lágrima cayó por mi mejilla acompañada por una sonrisa.
-Tú puedes dar vuelta el tablero y jugar con tus propias reglas. Se cumple al pie de la letra, pero tú decides de que forma se hará. Cuando quieras comenzar a mover tus fichas será el momento en el que quién te haya hecho esto se moverá e intentará tirarte al suelo nuevamente.
Ella tenía razón... en cada vida, cuando el valor y la esperanza me acompañaban, era el momento en el que la muerte me acechaba.
Bajé al salón principal y me encontré con Caleb:
-Disculpe señorita, pero le he traído esta bella rosa para usted, pero me he percatado en este preciso momento que su belleza es superior a dicha flor. -me entregó la rosa con una reverencia.
-¡Oh, que interesante detalle el suyo! Pero lamento tener que rechazar dicho regalo, puesto que odio las rosas.¿Y por qué me das una para empezar?
-Dijiste que no te gustaba Romeo y Julieta, pero nada con respecto a las flores, así que te traje una.
-Buen intento, pero te costará encontrar mi flor favorita. En ninguna de mis otras caídas nadie  lo ha logrado.
-Muy bien, un beso por tu flor favorita. Si la encuentro, me debes uno.
-Aceptaré, ya que jamás lo lograrás. Ustedes los humanos no comprenden que la belleza es un concepto muy subjetivo.
-A mi me parece que comprendí dicho concepto con tan solo verla, aunque no entienda del todo aún a qué se refiere con caer una y otra vez. -balbuceó haciéndose el importante.
Antes de que pudiera responder, las puertas de la entrada principal, se golpearon violentamente hasta partirse en mil pedazos dejando el paso libre para dejar entrar un fuerte viento oscuro que pudría los objetos a su alcance. Tal era su potencia, que nos derribó a ambos y al hacer contacto con nuestra piel, esta se agrietó, causando un insoportable dolor. La gravedad había aumentado de manera brusca y no permitía levantarnos, sentíamos muy pesados nuestros cuerpos. Caleb arrastró con dificultad su brazo acercándolo a su mano contraria, en ella, lucía un brazalete metálico, era un comunicador. Presionó un botón y gritó el nombre de Eruca que se encontraba en el segundo piso hablando con Victoria. Un zumbido proveniente de arriba tomó lugar repentinamente, haciéndose más fuerte a cada segundo. En el techo, se formó un círculo naranja fuego que hizo ceder la madera y se derritió. Generó una nube de humo con la cual no se podía ver a la perfección. Paradas en el centro de ella, ambas, observaban el panorama de la situación. Al mismo instante las gemelas bajaron saltando por las escaleras hasta quedarse detrás de ellas.Una voz se alzó entre el silencio a carcajadas. Las luces se encendían y apagaban. El aire estaba pesado y no dejaba pensar a nadie con claridad. Una sombra distorsionada entró por la puerta como si danzara con el viento hasta tomar forma frente a mí con una voz cargada totalmente de ironía, de cuclillas agarrándome del mentón y esbozando una sonrisa muy fría:
-¿A qué se refiere con seguir cayendo? Pues es muy obvio mi querido y odiado Caleb, piensa, el "ángel" más poderoso de toda la existencia cae del cielo y aparenta ser una completa debilucha con poderes sanadores que, frente a ti, pretende solucionar las cosas antes de que su tiempo se agote y engañándolos con "Los ayudaré" sabiendo que su padre la encontrará las veces necesarias hasta que pueda asesinarla de la manera más cruel y satisfactoriamente posible para obtener su poder y así desaburrirse -se echó un paso atrás y con su bastón me señaló. Levite frente a todos -¡Admiren a la hibrida perfecta! Que no les engañe su apariencia demoníaca porque también hay un demonio oculto en ella -cerró su puño con fuerza como si sujetara algo, automáticamente sentí un agonizante dolor en todo el cuerpo. Comencé a retorcerme. Gritaba de dicha tortura.
No lograba liberarme y nadie se movía por miedo a que me matara. No aguanté más... él logró que mostrara mi verdadero ser. La aparición de unas enormes alas en mi espalda y unas cadenas que rodeaban mi brazo izquierdo, ambas piernas y el nacimiento de las alas en mi espalda. Lo único que pensé fue "¿Cuánto más planea humillarme?"
-¡Ya basta! ¿Quién eres? -Rechisté furiosa -¿Crees que me interesa si ven lo que realmente soy?
-No me detendré hasta obtener lo que quiero. ¿Acaso no escuchaste cuando hablé con Caleb, hija? -remarcó con una deslumbrante sonrisa la última palabra. -El poder del caos hace que todo se vuelva entretenido, a pesar de que luego de un tiempo, se transforme en algo aburrido y caer para vivir en su monotonía, termina por sorprenderte nuevamente.
No, no, no, no, no, no. No puede ser mi padre. Mi daga, necesito mi daga... Alair, cuervo estúpido ¿dónde estás?
Tomó el bastón con ambas manos apoyando todo su peso en él mientras le daba la espalda a Victoria -Eso es muy cruel de tu parte tori, no le has contado a mi propia hija de mí. En fin, soy el famoso "Azar" del que seguro todos habrán mencionado temerosos. También te preguntarás que quiero, así que permíteme contarte. Lo que deseo es poder. ¿Cómo lo obtendré? Da igual, ¿Cómo te obtendré a ti? Eso lo veremos pronto -caminaba de lado a lado sin desviarme la mirada -Así que mejor espérame aquí, no creo que puedas ir muy lejos después de haber curado a estas personas, ocultar tus alas e incluso esas benditas cadenas si ya sabes a lo que me refiero -vociferó burlándose a carcajadas. Se dirigía hacia las gemelas -Tengo que encargarme de un par de mosquitos molestos.
Los recuerdos comenzaron a tomar lugar en mi mente... logró hacer que algo en mi interior se quebrara, algo se había liberado... y no era un simple ángel.
Un grito de demencia detuvo el paso de Azar ocasionándole un poco de diversión el haber logrado su cometido.La daga salió de mi bota y se colocó a medio metro frente a mí... La observaba con odio, quería venganza, deseaba sangre. Se clavó con fuerza en el centro de mi pecho y, al hacerlo, el tiempo se detuvo. Todos estaban petrificados excepto Azar, Caleb y yo. Mi apariencia había cambiado completamente a la de costumbre.  Las alas en mi espalda se tornaron opacas, mis ojos eran rojos como la sangre y brillantes como un rubí, mi cabello se oscureció a la vista. Las cadenas vibraban golpeando al suelo, liberaba una incontrolable energía que me dominaba. Caleb trató de acercase, pero en cuanto lo intentó, Azar se interpuso, le tocó el hombro petrificándolo lentamente en piedra grisácea.  Sin apartar la vista de lo que había ocurrido ante mis ojos, la ira me consumió al presenciar como paulatinamente detuvo sus movimientos dejando solo a una estatua que estiraba su mano queriendo alcanzar a un ángel.
No podía controlarme, no había voces, pensaba con claridad todo lo que pasaba por mi mente, en tanto tiempo... no había dos bandos que peleaban por el control, ahora éramos una sola parte. Sujeté las cadenas extendiendo y lanzándolas para atrapar a Azar de tal manera que le fuese imposible liberarse, estaba enredado en ellas. Abrí a medias las alas elevándome a unos dos metros del suelo provocando un viento cortante que destrozó todo frente a mí a excepción de las gemelas que se encontraban detrás de Azar. No funcionó, no le generé daño alguno, pero sin perder tiempo tensé las cadenas con tanta fuerza hasta desmembrarlo por completo. Azar no era una persona y tampoco un monstruo, era algo diferente... que al ser dividido de cada parte de su cuerpo, estas se reagruparon hasta componerlo de nuevo como una masa negra y viscosa. Repugnante, era Azar.
Lo que nadie comprendió en ese momento fue que él había ido con la idea de provocar caos, lo cual no hacía falta aclarar, estaba aburrido y necesitaba hacer daño como el de liberar algo que no debía ser liberado jamás: la demencia de un ángel demoníaco. La masa viscosa y negra me envolvió en su viento asfixiante, me despistó escapando ileso de allí. El tiempo volvió a correr con total normalidad al distraerme con ese torbellino de aire negro y venenoso. Las gemelas se acercaron con prisa a la puerta, donde yo hallaba, y al ver en lo que realmente me había convertido detuvieron el paso ya que eso que habían salvado, ahora quería asesinarlas.Era cierto, quería matarlas y ver brotar la sangre, pensaba con claridad lo que iba a hacer, lo reconocía, sabía era una atrocidad, pero no me importaba... Yo quería destruirlo todo.Eruca percibió el peligro en el que se encontrarían sus amigas si continuaban quietas, reaccionó con lucidez. Decidió tomar pólvora de su estuche ubicado de lado izquierdo del pantalón. Se apresuró lo más rápido que pudo hasta estar a un metro de mí. Frenó de una manera abrupta delante de las gemelas rompiendo el suelo de madera. Lanzó al aire el explosivo directo a mi cara.Inmediatamente con sus manos formo un círculo delante de su boca y sopló una llamarada de color azul a través de él, que al hacer contacto con la pólvora generó una explosión inmensa que quemó las paredes. Negras y muertas, así quedó una arquitectura de más de doscientos años, quizá un poco más, quien sabe... Derritió el candelabro que cayó causando un gran estruendo. Me vi en medio de ese gran estallido, no logró herirme, mis alas estaban intactas, pero desprendían plumas que al caer se incineraban sin dejar rastro antes de tocar el suelo.No me inmuté, entré en razón de la atrocidad que iba a cometer. Contemplé semejante desastre. Eruca me miró directo a los ojos, estaba sin aliento, pero aún lista para defenderse. Las niñas no reaccionaron hasta un segundo después del estallido y Victoria trataba de volver a la normalidad a Caleb mientras Eruca ganaba algo de tiempo. Descendí del aire e hice un paso hacia atrás, mis ojos se profundizaron en una triste mirada. Tomé una de las plumas que caían y con mi mano izquierda la presioné con fuerza.Dentro de esta, comenzó a salir un resplandor que cegó a todos. No me afectó aquella intensa luz que duró un segundo.Todas abrieron sus ojos.Observaron a su alrededor y la destrucción regresó a su orden natural, como antes, nada lucía quemado, el candelabro seguía colgando y el suelo estaba limpio. Miré a la distancia... Caleb seguía petrificado y ellas corrieron hacia él.
Permanecí quieta en el mismo lugar sin apartar la vista de mi mano. No tenía expresión alguna. Victoria observó que en realidad él se hallaba bien y que solo era una cascara de roca polvorienta lo que lo cubría. Sus ojos brillaron, su cabello levitó y la piedra comenzó a despegarse del cuerpo de Caleb quedando estática en el aire, flotaba al igual que el cabello de Victoria.
-¿Estás bien? Creíamos que te quedarías como una piedra fea para siempre -bromeó Eruca mirándolo de arriba a abajo, burlándose como de costumbre.
-¿Qué pasó con Azar? ¿Scarlet, dónde está? -balbuceó angustiado sin prestar atención al mal chiste de Eruca.
-Tranquilo enamorado, ella está por allí -Victoria señalo a la puerta principal.
-¡Espera! ¿A dónde vas? -vino hacia mí, rápido, pero no me atreví a mirarlo a los ojos y salí volando al exterior. Quería alejarme de todo.
A medida que me iba, volaba más alto. Mis alas pesaban como si por cada aleteo que diese tuviera una persona sobre la espalda. A los diez metros del suelo sentía un ardor insoportable.
Desde tierra, él, se hallaba a unos cincuenta metros de donde estaba. En un atardecer como el de ese día, en el cielo, solo se podía distinguir la figura de un ángel que abrió en totalidad sus alas para dejarse caer en picada hasta tocar el pasto, permitiendo escuchar el sonido de un golpe y un grito ahogado.
 

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