VII

Memorias Caídas

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Allí de nuevo, había caído por segunda vez en esta vida y por primera vez frente a él. Caleb corrió desesperado hacia mí, la preocupación le invadió, sintió como si una parte importante de él le desgarrara el corazón. Le faltaban un par de metros para llegar, pero se detuvo de inmediato al notar que algo extraño, una imagen que quedaría en su mente por siempre a partir de ese momento. El descontrol dominaba mi cuerpo, jalaba de mi cabello como si quisiera arrancarlo, gritaba rascuñándome los brazos y piernas, hiriéndome de tal manera, que sobresalía el color rojo de mi piel blanca. Mi respiración iba rápida y se entrecortaba.El sonido de metal, que me recordaba cada día de mi miserable vida que estaba maldita, se dignó en aparecer, pero ya no se observaban las cadenas ni los grilletes. Estiraba y retraía las alas aleatoriamente, no las controlaba.Me percaté de que Caleb estaba a unos metros de mí y lo miré con frialdad... Los ojos de una bestia salvaje que se preparaba para atacarlo. Sabía quién era, pero necesitaba matarlo, las voces me pedían a gritos su muerte.Caleb caminó hacia mí sin demostrar temor alguno y en cuanto estuvo a unos pasos, me levanté a toda velocidad en dirección a él para atacarlo con mis manos arrebatadamente. En cuanto lo intenté me sujetó de ambos brazos y buscó desesperado mis ojos. No sé lo que me ocurrió al verlo, automáticamente fui reduciendo la velocidad de mi respiración; mis ojos dejaron de ser rojos, cambiaron al color natural de siempre junto con mi cabello. Las alas se desvanecieron y el ruido que tanto miedo me causaba desapareció.Dejé caer todo mi peso sobre él que me tomó suavemente entre sus brazos.
-No eres un monstruo -Y las palabras calmaron a la bestia... Me acariciaba el cabello y la mejilla -todo está bien, tranquila ya estoy aquí. No estás sola. Ya no más...
levanté la vista hacia él y con la poca voz que tenía me acerqué a su rostro:
-¿ahora comprendes... por qué anhelo la muerte? -sonreí tristemente. Mantuvimos la mirada por un segundo y de repente sentí un dolor en el interior del pecho que me hizo retorcer hasta perder la conciencia.
Victoria, acompañada de las gemelas, se aproximaron una vez quedé inconsciente. Habían comprobado que era la criatura que tanto deseaba Azar. A pesar de lo ocurrido, quedaban muchas dudas con respecto a todo lo que había sucedido, y estando dormida no obtendrían respuestas. Ceres tomó el comunicador de su cinturón para preguntarle a Eruca si ya se hallaba lista la enfermería y por fin dirigirnos allí.En la mente de Caleb retumbaba un pensamiento sin parar. Nunca creyó que las palabras de alguien le hicieran quebrar en un llanto silencioso... sí, mi pregunta ocasionó un desastre en su cabeza.
-la vida es un regalo tan hermoso, pero a ti te lo están robando...

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