II

Memorias Caídas

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-¿Qué son los Derterios y por qué debo matarlos?
-Debería comenzar por explicarte un poco qué es sonreír, pero sé que me golpearías. De igual modo, no le sonreirías a un extraño que evitó que te descontrolaras y empezaras a matar todo lo que se movía -se me acercó muy bruscamente -¿por qué estas nerviosa? -soltó una carcajada al ver que estaba inquieta y colorada por su comentario, sin embargo no cambiaba mi rostro de indiferencia -Ya... me rindo, no puedo evitar molestarte -juntó aire una vez que paró de reír, se puso serio y abrió el libro -Desde que todos tenemos memoria, el mundo ha sido atormentado por una fuerza que solo desea la desgracia, tú lo conociste hace dos días. No le importa nada más que el caos y la destrucción de todo -se sentó junto a mí y marcó con el dedo un párrafo - tori te lo dijo cuando te encontró.
-Realmente se enfrentan a una fuerza superior... son unos idiotas.
-Sí... Cambiando de tema, estamos en el siglo XXI y por lo tanto ya no peleamos con catapultas de madera o espadas y armaduras de metal, todo ha cambiado. Vivimos en una era que progresa en el campo tecnológico y al mismo tiempo retrocede debido al miedo. En la mansión hay solo una sala de máquinas con la cual monitoreamos toda la superficie de este extenso país; también se detecta Derterios, criaturas creadas por Azar para mantenernos al margen de la desgracia. Son espantosos. Están formados de una gran masa de algo viscoso como el petróleo o querosene y lo absorben todo. Realmente no sabemos su composición, es un elemento desconocido aunque se asocia con el petróleo. Caminan muy lento y al ver a una víctima se mueven con gran velocidad, se infiltran en la tierra y aparecen a centímetros de ti para tragarte.Todo lo que atrapan pasa a formar parte de ellos incluso personas que han muerto al ser tragadas vivas -pasó de página y me miró fijamente - ¿en tus vidas anteriores, no habías visto algo como esto?
-Jamás, es impresionante -miré la foto de la página - ¿Qué otro tipo de criaturas hay en este tiempo? -Mostraba fascinación al hablar de ellas -en algunos de mis pocos recuerdos hay criaturas totalmente libres como ángeles, demonios, árboles, rosetas y otras que se volvieron borrosas con los años.
-Es raro porque aquí sólo estamos los humanos y el tener un ángel a plena vista es muy extraño. No queda casi ninguno en este tiempo. Me atrevería a decir que eres la última y la más bella -Caleb devolvió el libro al estante para sacar otro. Cuando regresó, me levanté y salí de allí.
-¿A dónde vas? Todavía no te explico la división territorial y los tratados.
Lo ignoré. Me fui caminando sin decir una palabra. Me dirigí a la puerta de salida, lista para ver el atardecer como acostumbraba desde siempre... hasta que Caleb apareció corriendo para detenerme. Mierda. Sin embargo, no escuché y salí...
El cielo era rojo y anaranjado como el fuego, caían cenizas de él y el ambiente era muy tenso. Me paralizó del miedo, sentía tan familiar ese tipo de paisaje caótico y el olor a combustible quemado era tan fuerte que no se podía respirar sin hacer arcadas, esto hizo que retrocediera hacia dentro y cerrara la puerta con fuerza.
Caleb me tomó del brazo y me llevó nuevamente a la biblioteca, donde me sentó en la silla y tiró un par de libros. Había un silencio frio hasta que...
-Ellas están allí afuera y nosotros sentados estudiando. ¿No te da vergüenza? -¿de dónde provenía ese sentido del deber? Nunca pensé que diría algo como eso y sobre todo cagarla al mismo tiempo. Soy fascinante, única para cagarla. Mierda.
-Suficiente -golpeó la mesa. Se enfadó -Anda, ve y "sálvalas" -No me gustaba su tono de voz. Se burlaba de mí -si es que antes tus alas no se pegan, incendian, te absorben o mueres, ¿conoces el mito de Ikaros?
-Sí, lo conozco... -la neutralidad de mi voz demostraba que él tenía toda la razón. Ikaros no es un mito... idiota, lo tienes en frente.
-Tú puedes hacer lo que quieras, pero los demás tenemos obligaciones y órdenes que seguir. Hay más vidas que merecen... vivir. Déjame cumplir con ellas y cuando regresen, podrás salir en paz.
-De acuerdo. -fue justo, tenía buenos argumentos, la verdad no sabía por qué le obedecía.
Nos centramos en la lectura nuevamente.
-Los países que se consagraron como puntos claves luego de La Primera Guerra Mundial -los recuerdos, algo que no se me permitía buscar, prohibido para quien había sido condenada por las palabras, se filtraron en mi mente todos a la vez. No podía controlarlos ni detenerlos. Las lágrimas salían sin mi permiso, brotaban sin tener final alguno; el dolor de las cadenas era insoportable, ardían y en mi piel se marcaban las quemaduras como un recordatorio de lo que sucedería si lo intentaba de nuevo. Caleb no sabía que hacer, se quedó a mi lado observando, impotente.
-Continúa... leyendo ¡Hazlo!
-Emselení, conocido por... -pensó con mayor claridad por un segundo y decidió dar nombres. Él tenía la corazonada de que de alguna forma yo ya sabría toda esa información. -Carmo, país vecino; Cordilleras del Silencio ;Ansúz que...
-Significa "palabra... hablada con gran sabiduría" -podía verlos, a cada uno de sus rostros... todas las víctimas de mi camino - ¡No pares de leer!
-Correcto -continuó - el proveedor de conocimientos, leyendas de una biblioteca en el desierto; Cambria; por último, Najiv... -acertó con su idea. Las palabras claves me ayudarían más rápido de lo que él pensaba.
Ese nombre quebró un último grito en mí.
-¡Detente! -No soportaba más el calor de las cadenas, mis heridas no sanaban. No faltaba mucho para perder la consciencia. Llorar, ya no quería.El dolor se detenía en tanto ya no pensara en lo que había vuelto a mí. Sabía que estaban en mi mente y que nadie podía arrebatármelos, solo debía buscar.
-¿Te encuentras bien?
-Sí... No te preocupes... algo normal en un día normal de mi vida -sonreí. Mi piel estaba marcada. Me percaté de que no estaba sanando tan rápido como de costumbre. Extraño.
-Increíble -estaba atónito y no entendía por qué.
-¿Qué sucede? ¿Mis alas están quemadas?
-¡La roca puede sonreír!
-Idiota. -me levanté del suelo con prisa. -Caleb, siento olor a quemado... y se intensifica.
-Es cierto. Puede significar dos cosas, un Derterio está en la casa o ellas han regresado. Hay que ir a ver. No saques tus alas, pueden quedar pegada.
Me dirigí hacia el pasillo con normalidad a diferencia de Caleb, lento como caracol detrás de mí, al parecer no tenía poderes, aunque su cautela a la hora de caminar indicaba que sí sabía defenderse.Estábamos por bajar las escalaras, pero detuvimos el paso al ver que la puerta de entrada principal estaba abierta y el suelo lleno de pisadas con algo negro y muy viscoso. Se escuchó un ruido en el primer piso, desde el pasillo que daba a la cocina. Caleb quiso bajar para ver que era. No se lo permití. Interpuse mi brazo en su camino como advertencia. Decidí que debíamos permanecer allí. De la nada apareció Eruca sin aire, parada en la puerta mirándome, haciendo una señal de silencio con su mano. Parecía exhausta. Me hizo señas para que bajara despacio y sin hacer ruido. Nos murmuramos para atacar a un Derterio que se le escapó a chispitas.
-Haz una bola de fuego y espera mi señal -extendí ambas manos y al separarlas apareció un arco junto con una flecha atada a él.Colgué el arco en mi hombro y unté la punta de la flecha en una de las pisadas viscosas. Lo tomé y apunté al pasillo oscuro que daba a la cocina - ¿lista?
-Sí. Son malditamente rápidos, tendrás tres segundos para disparar luego de que encienda la flecha - Lo hizo y al pie de la letra, en tres segundos, el derterio apareció a cinco metros de nosotras.
Divisé a la asquerosa criatura. Su tamaño era imponente, tenía una cabeza de muñeca antigua, de porcelana, incrustada en el centro de su cuerpo; uno de los brazos era de la muñeca aunque más grande y deforme. Frente nuestro había una criatura de unos dos metros de altura y bastante gorda. La cabeza que tenía en el pecho solo poseía un ojo intacto que parpadeaba mientras movía la mandíbula que goteaba lo mismo de lo que estaba hecho. Salió desde el fondo del pasillo a gran velocidad pero cuando estiró su brazo pegajoso preparado para absorberme, este se vio impactado por la flecha encendida. Su extremidad comenzó a prenderse fuego hasta llegar a la cabeza que una vez rodeada por la llamarada emitió un llanto de un bebé que lentamente se reducía como si se quedara sin baterías.El derterio se extinguió poco después de haberse expandido el doble de su tamaño al tener contacto directo con la flecha. La onda que generó al explotar salpicó las paredes.
Eruca se alejó del enchastre que quedo en todo el pasillo lo más que pudo.
-¿Cómo es que esto sucedió? ¿acaso dijiste malditamente? -dije.
-Había muchos de ellos rodeándome y de repente perdí a uno de vista. Discúlpenme por haberlos puesto en peligro, esto es muy raro que ocurra.
-No hay problema. Sentí el olor y vinimos de inmediato. Nunca imaginé verte de esa forma... me recuerdas a alguien -unas imágenes llegaron a mi mente junto con la quemadura de mi brazo. Caleb bajó las escaleras y se acercó a ver el panorama.
-¿De qué forma?
-Tu mirada mostraba terror y brutalidad. ¿No tienen miedo a morir? -la interpelé con curiosidad.
-Scarlet, eso no es algo que ella deba decirte, creo... -dijo Caleb tomándome de la mano para evitar que pisara esa cosa viscosa.
-¿Miedo a morir? Todos le tememos a algo, pero jamás a la muerte. Es el único regalo que jamás se devuelve -subió las escaleras y su imagen se perdió al girar hacia la derecha.
Pasaron tres horas hasta que las demás llegaron muy cansadas y sucias de esa cosa. Todas comprendieron lo que había sucedido al entrar. Seguido de eso, Victoria utilizó su poder para hacer levitar toda la masa de Derterio que había quedado desparramada por las paredes y conducirla hacia fuera de la casa.
Las habilidades de Victoria le permitían controlar la materia a su gusto, desde deformarla hasta destruirla, incluso hacerla perder peso para que esta flote y manejarla o simplemente volverla tan pesada para que nada pueda moverla. Era sin duda un poder único que nadie en el mundo poseía desde que la tragedia la hundió en la soledad.
-¿Dónde está Eruca? Tiene que incinerar estos restos para que nadie quede pegado.
-Se debe estar bañando como de costumbre. Scarlet ve a buscarla, por favor -dijo Caleb.
Fui como me lo ordenó. Una vez en la puerta del baño, entré, pero no había nadie. Se escuchó un ruido en la habitación de Eruca y rápidamente sin pensarlo dos veces ingresé. Allí la vi, enojada golpeando su almohada.
-¿Qué haces? El enojo nunca se irá de esa manera. La almohada no tiene la culpa.
-¿Cómo supiste que estaba aquí? Deje la ducha abierta...
-¿Vas a llorar? Aún no entiendo por qué te molesta tanto no haberte percatado de ese Derterio, los errores son algo natural, nadie se salva de ellos.
-Si no hubiese llegado y algo les pasaba... yo no sé qué haría -sus ojos se llenaron de lágrimas.
-Puedo defenderme sola. -se me aceleró el corazón de repente. Idiota, no es por mí, es por él. -¿Acaso te gusta Caleb?
-Debes odiarme. Él realmente está loco por ti y ni siquiera lo intentas, como me enferma.
-Que bueno que estés llorando así la almohada permanecerá en una sola pieza -cerré la puerta de la habitación y volví al desastre.
-No ha bajado. ¿Desea que me enoje? -dijo Victoria.
-Yo me encargaré del resto. Denme un mechero y acabaré con esto rápido.
-Estás loca, no se puede hacer eso y ya, el fuego se expandirá hasta alcanzarte y quemarte sino ya lo hubiéramos hecho -protestaron las gemelas al unísono.
-Solo denme el maldito mechero -una mirada furiosa ocupó mi rostro.
Como lo pedí, ya tenía el mechero. Volví a sacar el arco y nuevamente unté en los restos del Derterio la flecha. La encendí y disparé a la distancia. Explotó.
 

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