III

Memorias Caídas

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La noche dio inicio y todos estaban muy cansados. Las luces se apagaron lentamente dejando solo dos de ellas encendidas. Caleb no podía dejar de pensar en esa oscuridad llena de luces en el cielo por lo que se quedó en su balcón admirándolas. Golpeé la puerta.
-Adelante, puedes pasar -dio la vuelta, parecía sorprendido al verme.
-No podía dormir, al igual que tú. ¿Cómo estás? -me paré a su lado mientras observábamos el cielo.
-Tratando de no pensar en ti. Me resulta imposible -ambas miradas se encontraron.
-¿Por qué? No es más fácil estar con Eruca, realmente le gustas...
-¿Estás celosa de ella? A quien yo quiero es a ti. -me cuesta encontrar qué quiere de mí. Siempre buscan algo de mí, tarde o temprano me desechará como a una perra.
-No tengo idea. -contesté pensativa. -Creo que no puedo evitar estar cerca de ti aunque lo intente. Inconscientemente termino en tus brazos como si fuera una princesa de cuento de hadas y eso me molesta -toqué mi frente con la mano. Esto de confesar los sentimientos... Me resultaba extraña la sensación de poder contarle lo que sea y no tener miedo ¿qué es este sentimiento tan raro? Es diferente al cariño que les tomé a ellas.
-Me encanta cuando te presionas a ti misma, mantenerte indiferente, pero por dentro estás nerviosa cuando te toco o molesto. -Se acercó a mí. Me lee por completo... NO. -Todas quieren protegerte, deberías mostrarles una que otra sonrisa por su esfuerzo ¿no crees?
-La vida es muy generosa. No necesitas a nadie más que a ti mismo y sin embargo siempre terminas encontrando manos que te sostienen.
-Lo haces de nuevo. -contestó un poco molesto.
-¿Qué cosa? -Pregunté con indiferencia.
-Esa forma de pensar, no eres tú. Estás diciendo algo realmente equivocado, nadie puede vivir sin nadie. Dime, ¿estarías viva en este momento si no te hubiéramos ayudado? -acarició mi mejilla -No me esquives. Mírame a los ojos y dime que puedes estar sola.
-Las estrellas están brillantes esta noche ¿verdad? -di un paso hacia atrás -sin importar que mundo sea o donde uno se encuentre parado, siempre, miraremos al firmamento con asombro -salí de su habitación, tomé el picaporte y antes de cerrar la puerta por completo me detuve a escuchar las últimas palabras provenientes de su boca.
-Al igual que tus ojos escarlata. -suspiró.
-Ja... Si piensas que caeré tan fácil con esos encantos de príncipe azul, te cuento que odio a Cenicienta. -salí.
-Pero te pareces mucho a ella -dijo en la soledad de esa noche.
Volviendo a mi habitación sentí que algo me llamaba desde el salón principal. Caminé hasta allí sin preocupación alguna, ya conocía la voz por completo.Una luz tenue apareció al lado del libro quemado de Victoria. Era el espíritu de una chica de unos quince años de edad. Su cabello era dorado al igual que sus largar y risadas pestañas, sus ojos eran celestes y transmitían una paz al mirarlos, no era muy alta y usaba el mismo estilo de vestimenta que Victoria.
Estábamos enfrentadas, ambas, observando el libro casi incinerado en el pasado. Sabía que tarea debía llevar a cabo luego de mirarlo, pero me rehusé en silencio.
-Debes quemarlo -susurraba la voz de esa chica - si no lo haces, ella nunca podrá avanzar. Es crucial su ayuda para ti. Tu vida vale más de lo que todas ellas entenderían. 
-Sé qué debo hacerlo, pero no es el momento. ¿Quién eres? -hablaba en voz baja -la primera noche me diste un buen susto y luego desapareciste.
-Entiendo. Mi nombre es Reginna y soy la razón de que ella se tortura constantemente. Ayúdala, solo así, podrá tener un nuevo motivo por el cual vivir.
-Ya lo tiene, solo que no se ha dado cuenta...¿Podrías contarme qué fue lo que realmente sucedió aquel día? -Reginna asintió con la cabeza y comenzamos a caminar.
-Es una noche tranquila, pasará volando.
Pero fue lo opuesto, la noche transcurrió tan lenta como si me jugara a favor. Escuchaba la historia atentamente mientras caminaba imaginando todo lo contado por Reginna. El silencio y la soledad de esa noche pronto llegarían a su fin, ya estaba por terminar su historia así que decidimos ir hasta la puerta de mi cuarto. Pronto los primeros rayos iluminarían la ventana de la habitación tocando el cuerpo translucido del espíritu andante que al parecer ya había podido cumplir con su última misión, la cual le impedía volver a ver a sus amigos. Un círculo de luz dorada la rodeó de repente, poseía runas en su interior que cambiaban constantemente de lugar.Tomé su mano y de mi boca salieron un par de palabras en un idioma antiguo que hicieron que las runas dejaran de moverse abruptamente produciendo que el cuerpo de Reginna flotara hacia arriba lentamente.
-Dile que los lirios han florecido y se ven tan hermosos como cuando ella sonreía -la solté y desapareció.
Sentí que había dejado un objeto mi mano, una horquilla, con un delicado Lirio de adorno. El tiempo volvió a correr normalmente y las puertas de las demás habitaciones se abrieron y comenzaron a salir uno por uno para desayunar o ir al baño. El reloj marcaba las nueve de la mañana con la luz del sol sobre el pasillo. Escondí mi mano con la horquilla detrás de la espalda viendo que Victoria pasaba caminando frente a mi. Nuestras miradas se encontraron, pero por primera vez, la evadí. Todos estaban sentados en la mesa desayunando, por otro lado, yo, me levanté de la silla y me fui sin decir nada. Eruca estaba preocupada por lo que fue a buscarme.
-¿Sucede algo? No has comido bien desde que llegaste, ¿crees que vas a ser de ayuda si estás flácida y debilucha? -se echó a reír.
-¿Me prestas ropa? Creo que a pesar de las que llevo puestas... se reparan solas... ya no me gustan. Antes de venir aquí, Ceres me ofreció algo para ponerme, pero al final no lo hice. -me cubrí la cara con ambas manos. -necesito encontrar el vestido de Reginna. Si alguien sabe, es Eruca.
-Ya comenzaba a preguntarme como es que siempre lucían nuevas y limpias. ¿Eso era lo que realmente te preocupaba? Te prestare algo luego, ahora vamos a desayunar porque después hay que ver las rutas para encontrar esa biblioteca rara de la que todos hablan. La verdad no entiendo nada de lo que está pasando.
-Eruca.
-¿Sí?
-Necesito cambiarme, ahora.
-Mejor vamos por la ropa primero...
Fuimos hasta una habitación apartada de las demás, al fondo de un pasillo. Allí habían muchas cosas de todo tipo; desde jarrones, valijas, percheros viejos con abrigos tapados por el polvo, unas cajas apiladas en una esquina al lado de un bellísimo espejo y hasta en un costado había un gran ropero viejo tallado a los costados. Eso fue lo que más llamó mi atención. Eruca abrió las puertas del viejo mueble y comenzó a sacar ropa de todo tipo para que pudiese probarme. Desde que se mudaron a esa gran fortaleza todos han llevado parte de sus pertenencias y demás objetos personales, pero al darse cuenta de que no les serian útiles lo dejaron todo en esa abandonada habitación.
-Toma lo que sea de tu agrado, nadie utiliza esto, por lo menos hasta que podamos comprarte algo mejor. -sacó una manzana de su bolsillo.
-Gracias -agarré lo que más pude con ambos brazos y me cambié detrás del ropero - ¿Cómo es que Caleb terminó viviendo aquí? No entiendo muy bien lo que sucedió, mas bien, no encaja en lo que sucede. ¿Este me queda bien? - posé y di una vuelta mostrando un vestido rosa con unos bordados de Lirios.
-Ese vestido no puedes usarlo. Victoria no puede verlo. Ponte otra cosa. -le dio un gran mordisco a la fruta roja en su mano. -Caleb está aquí solo porque nos provee los fondos que necesitamos para las armas y los permisos para poder entrar a ciertas áreas que son privadas. ¿No te lo dijo? Él es hijo de una de las familias más ricas que trabaja para el gobierno.
-Si uso el vestido que no me dejas ponerme ¿podré hacer que se enoje?
-¿Quieres morir realmente? Como desees. Fue tu idea después de todo. -lo notaba en su mirada, el nerviosismo, la tensión que significaba ver el vestido. Trataba de fingir no darle importancia... inteligente Eruca...
Nos fuimos de la habitación y al bajar las escaleras nos encontramos con las gemelas saltando la soga en el salón principal. Y los gritos de Eruca no tardaron en salir de su boca. Las había regañado por casi tirar un jarrón, aún así, seguía siendo indiferente para mí todo tipo de acción que realizaran hasta cumplir con mi misión. Divisé que al otro lado del salón, Caleb, me estaba mirando y aproveché la oportunidad para hablarle.
-Dijiste que desde que Azar está aquí todo se volvió una desgracia: ¿Por qué es que ellas están juntas? ¿Qué les hizo?
-Es muy hermosa...
-¿Me estás escuchando? -sé que te gusto idiota, pero tengo cosas más importantes de momento.
-Sí, por supuesto. -contestó aclarando la garganta. -Ese vestido, si lo ve Victoria te matará...
-Lo sé. Ahora dime, ¿Por qué?
-Vamos a otro lugar, si ella te llega a ver con eso... ¡¿Por qué?! Porque ese era el vestido de su mejor amiga que poco tiempo después murió -me llevó a su habitación -ella está enojada con la vida desde mi punto de vista. -susurrabamos. Nadie debía oírnos. -Azar le arrebató todo, su familia, a la persona quien más amaba y a su mejor amiga. Poco tiempo después de su muerte, quiso quitarse la vida pero no pudo, entró en razón y esperó por ti para que por fin pudieses solucionar las cosas.
-Yo no puedo revivir a nadie, pero si puedo decidir una sola cosa. -Dilo... quieres decirlo, se siente tan bien cuando usas tu poder. Una sola palabra y adiós problemas... "muere". -Gracias por la información. Más tarde cuéntame lo que les sucedió a las gemelas y a Eruca -corrí al pasillo, necesitaba salir con urgencia. Si continuaba a su lado les haría caso... Pero algo me jalaba hacia el cuarto.
-No vayas con ese vestido. He visto a Aquila jugando con él y Eruca tuvo que interferir para que no la hiriera.
-Confía en mí, debo hacerlo, sino lo que le prometí a Reginna jamás podré cumplirlo... Si no me dejas ir a ella...
-Quieres que comience a darse cuenta de lo que es la vida realmente. -me alejé al escucharlo hablar, sabía lo que él diría. No Caleb, no era eso. Jamás pensaré como tú. Pasarán cosas peores de las que sufrió ella.
¿Realmente era lo que yo quería? En mi mente las voces gritaban diferentes opciones y ninguna alcanzaba para expresar el por qué lo hacía. Me sentía vacía y a la vez completa al pensar en esa palabra "vida"; su significado es tan profundo que no habrían suficientes sensaciones, lágrimas o definiciones para entender su complejidad... y aún así, yo anhelaba morir. ¡No lo entiendo! ¿por qué? ¿por qué si lo deseo tanto y poseo la oportunidad de realizarlo no puedo? ¿cuál es la única razón por la que estoy viva? ¿qué me mantiene aquí?
Corrí hacia el salón principal y tomé el libro que estaba sobre un mueble tallado que lo sostenía con fragilidad, inmediatamente lo conseguí, fui hasta la cocina en busca del mechero. Tuve bastante suerte de no toparme con Victoria. No podía pedirle ayuda a Eruca ya que no deseaba involucrarla en una pelea. Una vez teniendo ambas cosas pude por fin dirigirme al patio trasero junto al árbol y las flores. Arrojé el libro al suelo y lo prendí fuego. Me había asegurado de que Victoria estuviera en su habitación en el momento adecuado; siempre a las diez en punto se acercaba a ver las flores por su ventana, pues allí estaba ella, observando a través del cristal como ardía en su totalidad aquel libro que la cegó. Di la vuelta y para concluir mi acto, la miré con ojos desafiantes... tomé el vestido y lo rasgué. Estaba roto.
Tori desde el otro lado del vidrio parecía tranquila y serena, no hizo nada, no se inmutó de donde estaba, solo me miraba fijamente.La ventana de la habitación comenzó a agrietarse lentamente. Sabía cómo seguiría esto. El cristal cedió y se rompió en pequeños fragmentos que detuvieron su caída, manteniéndose estáticos, en el aire para dirigirse a toda velocidad hacia mi. Protegerme era lo principal, desconocía su poder y fuerza. Hice aparecer mis alas para cubrirme de los objetos punzantes que venían a gran velocidad. Todos ellos quedaron clavados en mis alas que se abrieron velozmente para que abandonaran el lugar donde estaban incrustados. Victoria saltó a través de la ventana y corrió a hacia mi, me derribó, y comenzó a golpear en la cara. Solo podía cubrirme con los brazos. No quería herirla. Decidí que lo mejor sería ocultar mis alas ya que estando desplegadas en el suelo, tori podría cortarlas o hacer cualquier tipo de locura. Ya estaba cansada de ser golpeada en el rostro, mis brazos estaban sangrando. Esperé al momento indicado para dar un puñetazo e invertir la situación, ahora era Victoria quien estaba debajo de mi, pero cometí el error de mirarla a los ojos... Su interior gritaba con odio "¿Por qué lo hiciste Scarlet? Era todo lo que me quedaba de ella" Nadie quiere entender cuando saben que no hay solución. Volví a la realidad de la situación cuando me hizo una llave de piernas que me dejó boca abajo. Realmente dolió, grité y traté de liberarme arrastrándome por el suelo. Pero ella, me dio la vuelta... ambas cara a cara, yo sin ninguna defensa o contraataque, simplemente continuaba mirando sus ojos tratando de entender lo que ocurría en su mente. Tomó un pedazo de vidrio del tamaño de su mano. Comenzó a apuñalarme.
 

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