IV

Memorias Caídas

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Rendida con ambos brazos abiertos y mirándola, permanecí callada sin apartar la vista. Por otro lado, impulsada por el odio, me apuñalaba, pero el vidrio se desviaba de mi cuerpo y a pesar de que lo intentara repetidas veces solo conseguía herirse a sí misma. Su mano sangraba por sostenerlo con tanta fuerza.Continuaba sin hacer nada, simplemente recibía lágrimas que caían de los ojos de Victoria directo a mi rostro.
-¿Crees que esto lo va a solucionar? Reginna no volverá. -susurré.
-¡No te atrevas a mencionar su nombre! -su voz lucía sin fuerzas y agotada.
-¡Realmente piensas que esto lo solucionará! ¡Que me mates no te devolverá todo lo que perdiste! -grité. Debía mantener el control aunque sentía que lo tenía porque no había ruido de ningún tipo en mi cabeza y ella no deseaba salir.
De repente alguien tomó por detrás a tori y la quitó de encima. Eruca y Caleb lo vieron todo. No dejarían que esto avanzara a mayores.
-¿Qué demonios sucede contigo, Victoria? -Chispitas estaba molesta.
-¡Por su culpa lo perdí todo! Antes de nacer ya creabas miseria en el mundo. Dime ¿crees que tú podrás repararlo?
-El plan de Tori era traer de vuelta a Reginna... por eso me preguntaste si lo había visto antes y no dejabas que nadie más lo tocara. Dime que venir hasta aquí para solucionarlo todo no es una cruel mentira... -desvió su mirada y mi corazón sintió la decepción nuevamente. -Como siempre, nadie escucha las palabras de un muerto. No puedo revivir a nadie ¡por qué demonios no logras entenderlo! Tuve que quemar el estúpido libro para que nadie más muera.
-¡Es mentira! Sí puedes, pero no quieres hacerlo. -estaba descontrolada. Los fragmentos de vidrio y rocas del suelo comenzaron a levitar. -mejor muérete de una puta vez -Auch. No había otra forma de calmarla. Tenía una sola opción a menos de que quisiera a Eruca y a Caleb heridos. Mis ojos brillaron de rojo.
-Ya basta. -Y todos los objetos que flotaban cayeron instantáneamente. Victoria no podía usar sus poderes ni tampoco moverse. -ahora, escucha. Reginna se apareció frente a mi durante la noche y me enseñó que el libro muestra a quien lo lee un futuro perfecto lleno de soluciones mágicas y felicidad absoluta.Tú lo leíste y en él aperecí yo, dándote lo que buscabas... pero en realidad lo único que pude hacer era darle descanso a su caminante y triste alma. Eso fue lo que viste y lo transformaste en tu mente. No fui la única a quién se le manifestó, contigo también lo hizo, pero ignoraste su último deseo y la dejaste vagando años en casa sin dejarla ir por tu avaro intento de mantenerla a tu lado para siempre.
-Pajarito... tú puedes hacerlo. -susurró. Al parecer no soy la única con una mente frágil en este lugar.
-No. No sé como es que el libro llegó a manos de tu familia y por qué te mostró aquello. Estoy harta de repetirlo.
-Si a ti te ocurriera lo mismo que a mi, lo intentarías. -sus palabras parecían no tener vida.
No lo soporté más. Una larga y sincera carcajada llena de odio salió de mi boca, me reía sin parar. Esta estúpida piensa que viví en un campo de flores. JA,JA,JA,JA,JA. Idiota.
-Me estás causando repulsión y eso que empezabas a agradarme. -dije con ironía. -despierta de una vez... -cerré los ojos y volví a la normalidad.
-No pretendas entender mi dolor. No sabes lo que es perder a alguien que amas más que a tu propia vida -se levantó de a poco sin apartar la mirada de las flores del jardín.
-Tienes bastante suerte tori, ella te dio otra oportunidad. Estás perdonada. Eres prueba de ello. Lo has perdido todo de una sola vez, no tienes que llorar hasta la muerte. -caminé en dirección a la ventana rota y por allí, entré a la fortaleza.
Ambas teníamos el corazón destrozado por las acciones y el cruel destino que nos tocó vivir. Algunas decisiones estaban acortando el camino... y no eran las mías.
Me dirigí al baño del primer piso, era el más cercano. Mientras caminaba me topé con las gemelas a mitad de pasillo. Se preocuparon al verme llena de tierra, con moretones y los brazos chorreados de sangre. Algo normal en un día común de mi vida. Sin duda Victoria golpeaba fuerte. Vieron el vestido roto y sucio, me llevaron al baño lo más rápido posible.
-¿Acaso nunca escuchas las advertencias? Casi te mata.
-Son un par de raspones y cortes, no pasa nada. Sé defenderme. Ella no puede matarme aunque lo intente...
-Aquila tráele una muda de ropa de donde sea -Dijo Ceres -Métete a la bañera en este preciso instante. Te lavaré el cabello -Genial, lo que me faltaba, una niña de diez años dándome órdenes. Esbozó una gran sonrisa -Gracias por querer ayudarla.
-No me agradezcas. Por lo menos ahora entiende que no me importan las órdenes -dije con ironía.
-Ya veo por qué te llevas tan bien con Eruca.
-Aunque mi intención no fue ayudarla. -dije en voz baja.
-Aquí tengo la ropa -dijo Aquila al entrar. Cerró la puerta.
Las tres nos quedamos hablando un buen rato hasta que una pregunta transformo el buen momento que estabamos teniendo en un asqueroso silencio:
-¿Por qué están aquí? - me vestía. Las miré esperando una respuesta. Conseguí un portazo por parte de Ceres que se había ido a diferencia de su hermana que permaneció quieta sin apartar la vista del suelo.Aquila y yo, en el baño, sin cruzar miradas. Mierda. Eran las dos de la tarde. Las respuestas no llegaban por lo que abrí la puerta del baño para ir a almorzar. No había desayunado. Ser la buena en el cuento da hambre.Victoria se hallaba encerrada en su habitación y no quería salir.
Toqué la puerta y como era de esperar no hubo respuesta alguna del otro lado. No me importó. Entré. Wow... Victoria fue quien inventó el orden. El lugar estaba impecable. Tirada en su cama con los ojos hinchados por haber llorado, así creía que la encontraría, pero no había nadie allí. La intuición me guió a aquella habitación que inició el conflicto y las heridas que ya habían sanado. Ella estaba acostada en el suelo junto al ropero, hice lo mismo y coloqué su plato de comida sobre su estómago. Ambas comíamos sin hablar...
-¿Qué quieres? ¿No te alcanzó con anular mis poderes?
-Quiero disculparme por lo que hice... y luego de una hora tus poderes se normalizan -dejé el plato en el suelo -Volviendo a lo otro, lo siento -me levanté. -Atrápalo... -dejé caer la orquilla y esta se detuvo antes de tocar el suelo de madera. Quise irme de allí...
-Siempre supiste que te mentía... No hiciste nada.
-Nunca confío en nadie, pero dar oportunidades para hacerlo, a veces, es bueno.
-Voy a tratar de cumplir mi palabra. Te ayudaré. -¡bingo!
El tiempo avanzaba rápido, Eruca y yo, buscábamos leyendas mientras que Caleb leía sobre Anzús. Las gemelas jugaban.La puerta de la biblioteca se abrió permitiéndole el acceso a tori. Nos quedamos perplejos al verla.
-Muy bien, ¿qué han averiguado?
-Al parecer la biblioteca está en Anzús, es el único país con un desierto tan extenso y con leyendas sobre dicha biblioteca que aparece a determinada hora en alguna parte sobre él -dijo Eruca con felicidad.
-Eso es obvio, soñé con el lugar. -o mas bien con una anciana que mencionaba dicho lugar  -Lean cosas útiles como la composición del suelo, el viento, animales, historia, algo que no sepan.
-¿Leer por placer? ¿qué sigue, dar de comer a los derterios? -dijo Eruca.
-Dices eso porque no puedes cambiar las páginas del libro debido a tus gigantescos guantes y si te los quitas, las hojas, se harían cenizas. -contesté con burla.
-Okey, me atrapaste genio. Uso tableta para leer.
-Caleb, ¿tenemos permisos para entrar al desierto? -tori estaba activada y de un interesante y falso buen humor. Sé que me odia, lo veo en sus ojos.
-Sí. -respondieron las gemelas.
-Excelente. Ahora, ¿cuál es la ubicación exacta de la biblioteca? -preguntas, preguntas y más preguntas, por esa razón odiaba liderar. Gracias tori, que bueno que llevas en mando.
-Aún no lo sabemos -dijo Ceres -pero al parecer la respuesta no está en un libro.
-Está en la cabeza de Scarlet. -afirmó Victoria -Intenta concentrarte, si es que quieres realmente saber lo que nos espera allí. Los demás preparen suministros para el viaje y un mapa.
-Pero si busco en el pasado habrá... dolor.
-No te importó cuando te corté ambos brazos.
-Es diferente. Los golpes o heridas físicas son una cosa insignificante al dolor que proporcionan las cadenas. Queman mi piel y cuando desaparecen a la vista del ojo humano realmente no lo hacen, continúan con cada uno de mis sistemas hasta llegar a algo no físico... el alma. Tan pronto ardor alcanza al nervioso... pierdo el poco control que queda de mis pensamientos. Y solo va a mitad de camino. Pensar en el pasado es más fácil que proyectarse en el futuro.
-No se detiene hasta tocar fondo, el centro de todo. Quien te maldijo debió tener buenas razones para hacerlo. -Caleb se mantenía pensante.
-Debes hacerlo. A veces no hay que pensarlo mucho. Además, no tenemos otras opciones. -la voz de Eruca me daba un poco de seguridad.
-Así que no te dolió cuando te golpeaba...
-De hecho, sí dolió. Me sorprendí, no te mentiré. -reí con sinceridad.
Cerré los ojos y busqué en mi pasado. Comenzaron a llegar imágenes de un reloj de arena el cual dejaba caer los últimos granos. Cuatro de ellos no lo hicieron, solo se mantenían sin moverse. El reloj desapareció y los cuatro granos de arena se alinearon de manera horizontal bajo el sol. Una gran torre de arena se levantó en cuanto estos cuatro se enfilaron. Volví en sí.  Abrí los ojos, sentí un gran dolor de cabeza junto con un ardor que marcaba mi piel de rojo vivo... Perdí el equilibrio. Estaba mareada. Caleb me sostuvo para que no cayera y al apoyarme en él, mi cuerpo se llenó de runas y el brazo de Caleb también. Se escuchaba el fuerte sonido de metal cada vez que movía los brazos o pisaba, sin duda eran los grilletes de la última vez, cuando me enfrenté a Azar. Estaba perdiendo el control y se aproximaba la posibilidad de atacarlos nuevamente. No quería eso.  Nadie sabía que hacer hasta que se escuchó la voz de una niña entonando una canción muy familiar. Ceres, trataba de calmarme. Lentamente la respiración y el su dolor disminuían con eficacia. Logré calmarme y las marcas de mi piel desaparecieron.
-¡Sé dónde está! Debemos ir al desierto de Anzús y luego les mostraré el resto.
-Caleb, ¿tenemos los permisos para patrullar libremente por el desierto o tendremos de hacer una parada sorpresa como las de siempre? -dijo Victoria mientras hojeaba un libro.
-Te digo que sí. Confía en mí.
-Preparen su equipaje chicas y un vestido. Haremos una parada.
Todos sabían que es lo que debían hacer por lo que a la mañana del día siguiente ya estábamos listos. Antes de partir hacia Anzús, primero debíamos pasar por la mansión de Caleb para retirar los papeles y una nave especial que no levantaría sospecha alguna. Su gran fortaleza se encontraba al norte del país justo a unos kilómetros antes de llegar al puerto. Para ir teníamos que aguantar un viaje aproximado de cinco horas, desde una casa a la otra. No podíamos ir demasiado rápido por el simple hecho de que había un límite de velocidad que respetar como cualquier otra persona ya que no estábamos patrullando ningún área y era un espacio público a pesar de no estar tan concurrido. Leyes... las odio. No se utilizaban vehículos terrestres con energías no renovables. Todos funcionaban con energía solar o magnética. Los más pequeños que trasladaban a pocas personas podían volar a medio metro del suelo, es decir, eran magnéticos; mientras los que llevaban objetos de carga, fuerzas armadas o si eras millonario, funcionaban a base de energía solar.  Los paneles solares fueron reemplazados ya que era demasiado difícil incorporarlos y darle la forma adecuada. En su lugar, se colocaron prismas especiales, que ocupaban menos de la palma de la mano y al tener un costo bastante alto eran inaccesibles a las clases bajas.
Fuimos hasta allí en el jet de rescate que tori tenía en su poder gracias a Caleb. Se la regaló hacía dos años atrás, pero una vez en su casa, debíamos de reemplazarla por una nave más pequeña y cautelosa. El trayecto fue bastante tranquilo, Eruca escuchaba música mientras tocaba una guitarra imaginaria, las gemelas dormían, Tori manejaba y Caleb yacía sentado a su lado.
Yo leía un libro de geografía y vi una isla llamada Tábita... no deseaba buscar más allá de lo escrito. Odiaba mi piel con ampollas luego de las quemaduras. Terminé de leer y me enfoqué en el bello paisaje que se hallaba del otro lado de la ventana... había cambiado del todo desde como lo recordaba. Me sentía muy a gusto en el aire aunque no fuesen mis alas las que acariciaran las nubes y sintieran el refresco del viento. Caleb se levantó de su asiento y se sentó a mi lado.  -Te ves muy nostálgica.
-Sí... ¿hay algo que quieras preguntarme? Por tu cara de patata se nota que tienes dudas de algo.
-¿Le temes a algo?
-Mmm... no lo sé, ¿tú? -lo miré a los ojos.
-Igual.
-¿Qué hiciste para que ella cambiara tan rápido? -mierda.
 

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