V

Memorias Caídas

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-¿Te refieres a Victoria? Le quite algo que le estorbaba y no le permitía continuar caminando hacia delante o eso creo.
-¿Y qué fue?
-Su pasado... No se daba cuenta de lo que tenía en frente porque estaba tan pendiente de lo que le sucedió, de lo que perdió que no volteaba la mirada a verlas y agradecerles por darle una segunda oportunidad.
-Por suerte no estas herida de gravedad -me agarró del mentón y tocó un moretón en mi labio inferior
-Estábamos en la sala de máquinas cuando se escuchó el vidrio roto. Tienes agallas para enfrentarte a ella.
-Odio pelear.
-¿Por qué las atacaste aquel día? -qué vergüenza... mierda. ¿qué demonios le digo? La verdad. Supongo que tienes razón...
-Tardé en comprenderlo al inicio. Perdí el control de mi poder porque consideré a las demás como una posible amenaza para mi "amo". Ataqué a todos aún sabiendo quienes eran...
-Ten una amapola. ¿Ya tengo mi beso?
-No.
-¿Cómo funciona eso de tener un ángel a mi disposición la cuál se ve obligada a llamarme "amo"?
-Aún no lo eres. Odio las amapolas. Dudo que llegues a serlo, pero si lo fueras, debería obedecer todas tus órdenes y protegerte a muerte e incluso si tengo que sacrificar la mía.
-¿Cuál es la prueba?
-Es la segunda flor que me das y tus neuronas no son suficientes como para entender cual es mi prueba.
-Eres mala.
-De lo peor. -ambos reímos -Yo le tendría miedo a las gemelas. Tienen diez años y manejan ese tipo de técnicas, son impresionantes.
-Sí, lo son.
-¿Por qué ustedes tienen estas habilidades? Yo recuerdo que los humanos no las poseían, es decir, otras criaturas sí. ¿Qué sucedió?
-Eso es un poco difícil de explicar. ¿No te contaron de sus poderes?
-Mencionaron algo. No sació mi sed de conocimiento.
-Las personas que poseen este tipo de destrezas son descendientes directos de esas criaturas como es el caso de Victoria. Su madre era un ángel que murió cuando la dio a luz. Otra forma sería como la de Eruca, ella no los heredó via sanguínea, sino que se volvió guardiana o protectora. Para saber bien sobre eso debes preguntarle a ella. En Ceres y Aquila fue un poco distinto de lo normal porque se les enseñó a controlarlos como a Tori, pero se les entregó como a Eruca.
-Los juzgué mal. Te pido disculpas por haberme comportado como una idiota aquella vez en la biblioteca.
-Está bien... No hay de qué preocuparse. ¿Cuándo podré besarte? Mira, -señaló hacia la ventana -ya llegamos -se levantó del asiento y abrió la escotilla de la nave. No me dejó responder.
-Puedo acostarme contigo cuando quieras y también gritar como una perra en celo. ¿Creíste que sería así? ¡Mira, ya llegamos! -el sarcasmo estaba en mi sangre y con él se potenciaba.
-Bajen con cuidado. No queremos ningún herido o lesionado, eso va para ti, Caleb -dijo Victoria mientras bajaba. - Tú también, pajarito. No pierdas el equilibrio o podrías caer en sus brazos.
-Creo que se refiere a ti, Scarlet -Eruca me dio una palmada en el hombro.Estábamos en un gran domo de metal con muchas máquinas que reparaban las naves o simplemente las guardaban. La mansión estaba a cuatro punto cinco quilómetros de allí. Una vez en tierra usamos los vehículos magnéticos para trasladarnos. Un enorme jardín lleno de arbustos bien podados junto con unos rosales rodeaba el gran terreno que ocupaba la mansión de Caleb.
Poseía un diseño renacentista y era mucho más imponente que la fortaleza de Victoria. Sin duda la curiosidad invadió a cada parte de mi cuerpo una vez parada frente al pórtico. Caleb abrió la puerta y nos hizo una señal para que entráramos. El salón principal contaba con el mismo diseño que el de la casa de Victoria, el estilo de arquitectura interna era idéntico. Sus padres aparecieron tan pronto pasamos. Eran muy simpáticos y cariñosos. Su padre era funcionario del gobierno, tenía una altura promedio, el cabello canoso y sus ojos eran negros; por otro lado su madre era muy hermosa, poseía unos ojos celestes, el cabello ondulado y no era muy alta. Ambos los recibieron con mucha alegría como si fuéramos parte de la misma familia.
-¡Hijo! Que alegría que por fin hayas llegado. -le dio un fuerte abrazo -Vengan. Pasen, pasen, tienen mucho que contarnos antes de la gran fiesta.
-Papá, ¿qué fiesta? -¡que mala cara de un chico bueno! Voy a disfrutar esto.
-Pero qué pregunta es esa Caleb. La de tu cumpleaños por supuesto. -me sentía nerviosa, esa palabra me alteraba. Me perdí estática mirando el suelo, recordando lo que me quedaba.
-Eruca, ven un segundo por favor -dijo la madre de Caleb -¿Quién es esa bellísima joven? -ella lo notó, algo me sucedía.
-Buenas noches, señora Wilde. ¡Ella es Scarlet, la nueva integrante de la familia! -me trajo a la realidad con sus gritos disfrazados de alegría. Gracias.
-Es una albina muy hermosa. Parece de porcelana. ¿Por qué no se incorpora a la charla?
-Ella... es... un poco tímida. No lo hace a propósito, discúlpela señora Wilde.
-No hay nada de que disculparse, Eruca. Voy a conversar con ella un momento mientras tanto desempaquen -se dirigió a mí. Admiraba un cuadro de la pared.
-¿Qué tal joven? -me interpeló con amabilidad.
-Buenas noches.
-¿Cómo te llamas? -No quiero mandarla a la mierda por molesta, es que no estoy de buenas... aaah... tranquila.
-Scarlet. ¿Cómo debo de llamarla? -me mostré indiferente como de costumbre.
-Dime Señora Wilde. ¿Por qué estás tan seria mi niña?
-No lo estoy. Disculpe, ¿dónde está el baño?
-Scarlet ven un minuto -dijo Eruca -no seas tan fría con ellos. Son muy buenas personas.
-Lo sé, pero no me forzaré a una charla que no me interesa cuyo tema principal es saber qué hago con ustedes y de seguro una que otra pregunta sobre mis parientes los cuales no sé si existen o alguna vez existieron. Lo siento, ahora con su permiso, señora Wilde -hice una reverencia -me retiro al baño. -miraba al suelo. Debía evitar el contacto visual.
-Es una chica complicada. Por mi experiencia no tuvo una vida feliz. Y la manera de pararse, responder, saludar es como si la realeza la hubiera educado.
-¿Cómo lo sabe?
-Sus ojos la delatan. Parece tan cansada con esas ojeras... y lo otro, es etiqueta pura.
-¿Ojeras? -caminaba en silencio por el inmenso pasillo. Todos estaban en la mesa cenando a excepción de nosotras. Eruca permaneció intranquila luego de eso. No se atrevió a decirle a Caleb que mi otra parte estaba suelta por el lugar.
Luego del comer, Caleb, quiso negociar con sus padres por todos los medios posibles su partida con los papeles. No funcionó a lo que nos vimos obligados a presentarnos a la fiesta y pasar la noche en ese lugar.
-Tori... -aún permanecían sentados esperando el postre. Chispitas la pateó por debajo de la mesa.
-¿Qué quieres? -susurró Victoria.
-Ella está aquí. Ella. Aquí. -susurraba tapándose la boca.
-¿Qué? -No entendía lo que trataba de decirle.
-Ojeras. -tori abrió los ojos del susto y se levantó con prisa de su silla.
-Con permiso, debo ir al baño. -dijo un tanto agitada. Salió corriendo del comedor dejándo a los demás comensales extrañados por su comportamiento, pero cuando se fue todo volvió a la normalidad y Caleb continuaba pidiéndoles a los señores Wilde los papeles.
No fui a comer, ella prefirió curiosear por los pasillos, la mantenía relajada. Apareció un joven de unos veintitres años, alto, bien vestido y con una mirada arrogante a mi lado, pero el ángel ya se había percatado decidiendo no darle importancia alguna. Él insistía acercándose paso a paso y sin dudarlo me tomó por la cintura.
-Lo siento mi lady he quedado cautivado por su innovadora belleza y elegancia. Permítame preguntarle ¿Cuál es su nombre?
-No te soporto -lo empujé para liberarme de sus brazos - ¿Quién eres tú? Un egocéntrico y arrogante. No me toques. -sonreía como de costumbre... La única vez en la que no destruía el lugar y aparece un idiota tratando de que lo haga.
-Pues al parecer no sabe quién soy yo -su actitud mostraba desprecio hacia mi, se creía superior. -Mi nombre es Augusto, hermano mayor de Caleb. -me sostuvo la mano y la besó -Ahora que me he presentado, le sugiero que se presente ante mí, mi lady.
-Soy Scarlet -ambas habíamos coincidido en lo mismo por lo que dimos la vuelta para ir al comedor.
Era extraño que ella estuviese tan calmada. Su sonrisa no parecía forzada y el aura oscura que emitió la última vez no se manifestó. Hice un trato con ella... lo admito. Una hora de libertad a cambio de cero destrucción. Por el momento funcionaba. Eruca tenía razón, quizá estaba siendo injusta con ella, después de todo, ella era yo.
Victoria estaba buscándome por todas partes hasta que por fin me vio caminando hacia ella con una expresión diferente a la de costumbre, estaba enojada y las ojeras no ayudaban a que tori tomara confianza. Automáticamente cruzamos miradas y corrí tomándola del brazo para esconderme de Augusto en una de las habitaciones.
-¿Qué te sucede? ¿eres tú o ella? -sus ojos ya no mostraban miedo.
-Shh... te va a oír. No lo soporto. Intentó besarme sin saber quién era -murmuré cerrando la puerta. -Hice un trato justo con pajarito. -sonrió exageradamente.
-Eres ella. Estás diferente... Esa actitud es normal en él. ¿Por qué no comiste con nosotros? Me está molestando que no comas, luego estarás sin fuerzas. No es la primera vez que lo haces sea quien sea la que tenga el control.
-Sí comemos, en nuestro cuarto -inclinó la cabeza de lado.
-Pero ¿por qué?
-No me siento cómoda con ustedes. Ella lo hace por mí.
-No debes desconfiar de nosotras. -lo dijo con sinceridad -nadie te está forzando a nada, no tienes de que preocuparte. Te lo dice quien hace un día quería matarte -rió.
-No me temes. Debo hablar contigo, pero antes quiero ir a un lugar más tranquilo como el jardín.
Victoria se asomó para observar si Augusto aún seguía por ahí. Al comprobar que no había nadie fuimos tranquilas hasta el inmenso jardín de flores. Se aproximaba la madrugada y todos los criados de la gran mansión acomodaban y limpiaban el poco desorden que quedaba para ir a dormir. Aseguraban que los preparativos estuvieran listos antes de la mañana. Vi una gran movilización de gente en tanto nos dirigíamos al patio, se sentía tan familiar como en una de mis tantas vidas.
Por fin llegamos... el césped olía delicioso y la Luna brillaba más que nunca.
-¿Qué querías decirme?
-Éramos felices cuando no había nada. Los humanos respetaban a la naturaleza y a cada criatura que habitaba en ella. Los gigantes eran muy sabios y admirados por todos. Nos contaban historias de como se creó lo que nos rodeaba. Me adoptó uno hasta los cinco años.
-¿Qué pasó?
-Morí. Continué cayendo. La parte faltante de la maldición es muy clara.
-Dime, sino no podré ayudarte.
- "Mi descendencia estará destinada a darte final. Estás maldita". Cada vez que las cadenas la queman quiero salir y sentir el dolor que ella siente porque ambas somos una. No me deja, lo soporta todo, sola. 
-¿Sabes quién es esa persona?
-Yo lo sé todo. Cada vida, cada segundo de cada tragedia y felicidad está en mí. Hasta que ella no decida entender que soy una parte suya, que somos una mente, jamás diré el nombre del culpable. Ese será su castigo.
-Le haces lo mismo que una maldición.
-Lo sé, pero es la única forma... -el tiempo se agotó. Las ojeras y la triste sonrisa forzada desaparecieron. Tenía nuevamente el control de todo. -¿causó algún problema mientras no estaba?
-De hecho, se parecen demasiado una vez la conoces. -esbozó una sonrisa. -vamos a dormir. Es muy tarde.
A la mañana siguiente conocí a Augusto... Si ella lo hubiese asesinado quizá podría soportarlo un poco. Pasamos la tarde tomando el té. Aburrido. También me recosté en el césped durante dos largar horas, miraba con atención las nubes en el cielo, me parecía divertido hasta que se aproximó el atardecer. 
En la recámara que nos tocó pasar la noche había un montón de vestidos de diferente color que la señora Wilde pensó que me quedarían. No tenía mucha ropa. Tomé uno de color rojo carmesí, lo sabía, era bastante obvio, pero en ese color me veía hermosa. Era un vestido largo hasta el suelo cuyo escote en forma de corazón estaba bordado a mano.Según Eruca, la señora Wilde había escogido ese ya que pensó que el rojo haría resaltar mi figura y piel. Esa señora era realmente sabia.Aquila se encargó de maquillarme.
-A media noche mis ojos cambiaran de color. No puedo estar mucho tiempo aquí.
-Tú solo baila con Caleb y ya. Nosotras te indicaremos cuando sea la hora y saldrás al balcón. La fiesta terminara como a las dos de la madrugada.
 

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