VI

Memorias Caídas

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Los invitados comenzaron a presentarse siendo las diez en punto el horario acordado en la tarjeta. Un hombre había llegado en un carruaje tirado por dos caballos, muy extravagante para algunos o muy anticuado para otros. Llevaba un bastón y un sombrero de copa bastante peculiar. Se acomodó el saco y ambos caballos se soltaron causándole problemas al cochero que bajó a toda velocidad y fue a buscarlos. Iba muy elegante con un estilo que no avanzaba, pero incluía modernismo; en el siglo XXI fue nombraron "Steampunk", para él, era su propio estilo copiado por el hombre, tomado como admiración a su poder. Llevaba puesto un chaleco debajo de su saco, pantalón de vestir y unas botas con suela un tanto grandes. Su vestuario admitía una que otra pieza de metal como un reloj de bolsillo que miraba cada cinco minutos. Las diez y once minutos marcaron las manecillas, en ese momento dio un paso hacia delante. Quién diría que por cada uno, se cruzaría a diferentes personas que sufrirían caídas o alguna desgracia les rodearía aquella noche despejada. Se detuvo a oler unas rosas que se encontraban a un costado del sendero. Tomó una y le causó un estornudo. Quién diría que al alejarse se marchitarían. Nadie se percató, nadie. Alguien que no estaba en la lista, al parecer lo estaba. Todos los invitados festejando dentro, comiendo aperitivos servidos por los mozos, charlando, saludando conocidos. Se escuchó una voz masculina que logró hacer que se callaran. Daba la bienvenida al invitado principal, Caleb, que no deseaba estar en ese lugar. Descendió por las escaleras y saludó obligadamente a otros funcionarios de gobierno como el primer ministro y su esposa.Algo llamó su atención a la lejanía, era una chica con un vestido rojo carmín, Scarlet. Se vio cautivado e ignoró a todos los demás solo para hablar con ella. Ese es mi muchacho... fue su único pensamiento acompañado de una sonrisa oscura.
-Estás, estás... muy hermosa -aclaró la garganta - ¿quieres beber algo?
-Feliz cumpleaños número veinte. No, gracias. -esbozé una gran sonrisa.
-Ahora se transformó en el mejor. ¿Me concede esta pieza? -hizo una reverencia invitándome.
-Con mucho gusto.
Era la primera vez que Caleb me veía sonreír tan abiertamente, no podía dejar de mirarla. El tiempo pasó volando, eran las once, la cena estaba servida y todos los invitados comían tranquilamente, pero me sentía un poco mareada. Me levanté de prisa y caminé hasta el balcón más lejano para que nadie la viese. Caleb me siguió con preocupación en su rostro.
-¿Estás bien?
-No mucho, pero lo estaré -estaba sin aire.
-Al parecer sí. Ven siéntate -me ayudó a caminar - ¿te duele la cabeza?
-Sí. No sé qué me sucede. Tengo una sensación de miedo en mi estómago.
-¿Qué significa eso?
-Algo malo sucederá -sujeté mi cabeza con ambas manos.
Me abrazó tratando de calmarme. Pasamos juntos el resto de la fiesta allí, sin que nadie nos viera.
-Te contaré el pasado de las gemelas, quizá eso te distraiga un rato.
-Supongo que lo hará...
-Ellas vivían en Anzús. Un grupo de contrabandistas las habían capturado junto con otras personas para hacer trabajos de fuerza como esclavos. Sus días eran una agonía. Se tenían solo a ellas es por eso que incluso a estas alturas no se separan demasiado.
-Pero ¿no eran pacifistas?
-Correcto. Los contrabandistas no eran de Anzús sino de Cambria. Intentaban robar materia prima y venderla en su territorio. Es más conveniente que desgastar sus recursos.
-Y luego ¿qué sucedió?
-Trabajos forzados, golpes, nunca deseé imaginarme que otras cosas les habrían hecho. Antes de ser secuestradas, los monjes del templo al cual fueron llevadas cuando eran bebés, les habían enseñado a sentir el palpitar de la tierra. Nunca entendí a qué se referían con eso, pero si comprendí que les ayudaba a sincronizarse para pelear, a leer los movimientos de sus enemigos. Con eso ya incorporado les sería muy sencillo heredar pronto el poco poder de un anciano.
-Sentir ese palpitar es como si te fusionaras con lo que te rodea, en su caso, la tierra funciona como su corazón o un sistema nervioso. Muchos ángeles utilizaban esa técnica para encontrar "su poder"...no recuerdo más que eso.
-Es increíble. Yo pensé que era algo un poco más metafórico.
-Al parecer no. -sonreí.
-Poco tiempo después conocieron a un hombre de avanzada edad que las protegía. Ese anciano era un ángel que ya estaba muy enfermo y pronto dejaría este mundo. Su último deseo era liberarlas, pero el plan falló y como resultado ocurrió una masacre. Se interpuso cuando les iban a disparar a las gemelas. Las protegió hasta el final. Antes de irse les dijo que les dejaría un regalo para seguieran avanzando, para que sean libres y felices una vez más. Sacó un frasco que había transformado en un collar o algo así. Dentro contenía dos pequeñas rocas del tamaño de la arena para que se las tragaran junto con una gota de su sangre. Pronto las cubrió una enredadera que nos las dejó salir hasta el día siguiente. Cuando las liberó sintieron que una voz les decía que buscaran a Victoria en El Rey de las Espadas, Najiv. Desde ese día le temen a la arena.
Desde el otro lado del salón, los invitados disfrutaban los últimos momentos de la tranquila velada, incluso quienes no lo estaban...
-Bella celebración -dijo el hombre de galera sofisticada. Quería iniciar una conversación con Augusto que se encontraba observando con malicia a su hermano siendo feliz. Tomó un trago de champán. -sería más interesante si por lo menos el anfitrión festejara, pero a usted no le importa su amado hermano menor, después de todo... él es la pobre alimaña recogida en una puerta.
-¿Qué quiere y cómo sabe de mi familia? -Augusto respondió con interés.
-Un rumor por aquí, otro por allá. Y pensar que él obtendrá toda la herencia que por derecho le pertenece a usted.
-Dígame qué quiere de una maldita vez.
-No quiero nada. La pregunta correcta es: ¿qué desea realmente? Le tengo una propuesta, a cambio le daré la oportunidad de destruir al adoptado y tomar lo que le pertenece.
-Todos tienen un precio, supongo que el suyo tiene bastantes dígitos. No gracias.
-De hecho, solo costará un apretón de manos. -dejó la copa en la mesa y con su otra mano tomó el reloj de plata. -Vamos, le sorprendería lo que puede hacer el azar en estas situaciones.
Estrecharon la mano y trato cerrado. En el balcón todo parecía tranquilo, pero de pronto se escucharon los gritos de la gente al ver una criatura tan horripilante surgir en el salón. Mi cuerpo se marcó con runas azules que brillaban y provocaban un ardor soportable. Ambos nos levantamos con rapidez quedando impactados por la escena de adentro: Un enorme derterio de unos cinco metros de alto y dos de ancho se hallaba descontrolado, tragándose a los invitados.
Victoria hizo levitar todas las mesas y muebles más cercanos alrededor de la gran monstruosidad creando una especie muro que le impidiera avanzar dando tiempo al resto de las demás personas para huir; mientras las gemelas evitaban que la estructura del salón colapsara debido a los movimientos violentos de dicha cosa. A mi parecer, diría que es una estructura muy exagerada. Parece un palacio de lo alto que es el techo.
-¡Eruca, haz algo! -gritó Caleb que ayudaba a los pocos que quedaron dentro .
-¡No puedo, si lo quemo, se vendrá abajo el lugar!
Contemplé todo a mi alrededor analizándolo, tratando de encontrar una solución, hasta que:
-¡Eruca, lánzame tu estuche de pólvora! Tengo un plan. -sin más que poder hacer, chispitas me tiró sus estuches. Corrí hacia Ceres inmediatamente sin darle importancia al ardor que cubría mi piel en forma de runas - ¿puedes crear alguna especie de liana directamente de la tierra? Pienso hacer explotar esto, pero debajo de todo.
Ambas gemelas estaban alineadas, una en cada extremo del salón, con sus brazos levantados y sus pies clavados en el suelo.
-¿Te parece que estoy en condiciones como para crear una liana? Espero que funcione... ¡Aquila, aguanta un momento sin mí! -Levantó su pierna y arremetió una patada contra el suelo partiéndolo. De él, comenzó a brotar una enorme enredadera bastante gruesa - ¡¿Estás bien?!
-¡Podría continuar toda la noche sosteniendo el edificio! -ja, el sarcasmo en ella es extraño. -¡Apresúrate!
-Esta enredadera seguirá brotando. Toma la que necesites. -Ceres volvió a clavar sus pies en el piso y levantó ambos brazos compartiendo la carga que llevaba su hermana.
-No te preocupes. Cuando llegue a tu hermana deberás de sostener el edificio sola por más cantidad de tiempo. Contaré hasta tres y soltaras la estructura. Ayudarás a Aquila para cerrar el agujero... -Abrí mis enormes alas. Sabía que arderían como el demonio, pero no había opción. Mis ojos brillaban más que nunca, quizá por el extraño azul de mi cuerpo. Desplegué vuelo hasta el otro extremo del  lugar.
-¡Espera! ¡¿Qué agujero?! -gritó -Ojalá tengas un buen plan...
Me dirigí a Tori diciéndole que era lo que tenía pensado hacer, ella, sin más opciones no tuvo de otra que confiar en las extrañas habilidades de un ángel o demonio. Ya me encontraba a unos metros de Aquila y de repente la situación que aparentaba estar bajo control se convirtió en un desastre. El derterio comenzó a absorber los muebles que Victoria empleaba lo que le obligo a usar más energía para evitar que se los tragara dando como resultado un ser que aumentaba su tamaño, y golpeaba las columnas y paredes del edificio. Las gemelas, estaban exhaustas pero no estaban listas para rendirse; Eruca simplemente contemplaba el desastre que ocurría delante de sus ojos. Una mesa, salió despedida en el aire por un abrupto golpe de la inmensa viscosidad, impactó contra mí derribándome.Estaba mareada en el suelo, todo a mi alrededor se movía, y aún así, me levanté caminando como pude hasta que una voz, la de Aquila, me hizo reaccionar:
-¡Scarlet, no es hora de desmayarse! -sacudí la cabeza para aclarar mi mente y recobré el paso de mi misión: destruir al derterio.
-Debes hacer un agujero debajo de esa cosa lo más profundo que puedas y a la cuenta de tres retener la explosión debajo de la casa.
-Estás loca.
-¿Tienes otra idea? -me sentía tan bien en este ambiente de vida o muerte. Me daba la sensación de estar en el campo de batalla peleando por algo que consideraba indispensable "libertad".
Sujeté la liana a mi hombro y me elevé hasta el techo para ver en donde se encontraba Eruca, que una vez en la mira, me vio obligada a extender las alas y dejarme caer en picada. La sujeté del brazo y la llevé hacia arriba, la senté en un candelabro, lista para seguir mis órdenes.
-¡Uno! -Ambas niñas sacaron sus pies uno a la vez del suelo - ¡Dos! -Victoria miró hacia ambos lados para divisar si las gemelas estaban percatadas del loco plan que había ideado. - ¡tres! -Tori dejó que todos los muebles cayeran. Su tarea no finalizaba allí, debía sostener el edificio con toda su energía. Su cabello levitaba y sus ojos tornaron blancos, cayó automáticamente de rodillas pero no se rendía; Aquila desocupó todo el peso del edificio en las manos de quien una vez salvó su vida. Sus movimientos fueron seguidos por su hermana de manera idéntica, juntas crearon un enorme hueco en el suelo estirando sus brazos hacia delante y luego, como si jalaran una cuerda imaginaria hacia ellas, ambas, enfrentadas la una de la otra, levantaron su brazo derecho y con gran fuerza golpearon al piso. La tierra se derrumbó debajo del derterio que arrebataba movimientos sin orden ni sentido alguno.Parecía desesperado. La inmensa criatura caía inevitablemente por el agujero. Observaba lo ocurrido desde la comodidad en el aire, lista, preparando la enredadera con toda la pólvora y querosene vertida en ella. Una vez la criatura se encontrara dentro del hoyo, lanzaría un extremos de la liana que sería absorbida lentamente por el derterio.
-¡Cierrenlo! -grité y las gemelas, como si empujaran algo hacia delante con fuerza cerraron el agujero.
Uno de los extremos de la liana quedó fuera preparado solo para Eruca.
-Chispitas es tu turno -dijo Aquila, que ahora enterraba sus manos en el suelo siendo imitada por su hermana, listas para contener la llamarada de la explosión.
Eruca se quitó los guantes y al tocar la enredadera, esta, se encendió siguiendo todo el trayecto hasta pasar por debajo de la tierra. Unos segundos después de que el fuego descendiera no se sentía temblor ni ruido alguno.
 

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