Una llama eterna

Memorias Caídas

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Las cenizas que caen del cielo aparentan ser gotas de lluvia. En mi pasado y en mi presente, me recuerdan el peso que llevo atado a mi espalda, que nunca podré soltar. Si pudiera regresar en el tiempo, mi más grande anhelo, sería abrazarte y despedirme de la manera correcta porque quien soy ahora te lo debo a ti.
Feuer es un pequeño pueblo obrero de Carmo. Está rodeado por volcanes, la mayoría inactivos luego de quinientos años de formación, excepto el que se encuentra en el centro, el cual le da nombre a nuestro pueblo. Es el más imponente de todos, aunque su nombre sea muy poco original para mi gusto... Su lava nos proporciona la energía necesaria que permite la producción de prismas solares y armamento para las fuerzas armadas del gobierno. Lo complicado de vivir en un sitio como este, es el medio en donde está ubicado exactamente el pueblo, ya que la zona verde y próspera se encuentra entremezclada con la zona volcánica. El suelo pierde color y se cuartea hasta dejar ver magma a través de sus grietas, no hay animales como antes debido a la sobreproducción. Cuando las fabricas se instalaban, los trabajadores necesitaban alimento y este era proporcionado por los animales de la zona.
Mi familia era grande y muy amorosa a pesar de estar ocupados con el trabajo debido a nuestra pobreza, pero eso no nos impedía pasar los ratos juntos durante la cena, donde contábamos historias sobre lo que hacíamos o sucedía en horas laborales. Reíamos y festejábamos en familia como si solo eso nos hiciera totalmente felices. Tenía cuatro años cuando mi hermano mayor murió en un accidente en la fábrica, explotó por negligencia de sus compañeros. Ese fue un duro golpe para mis padres quienes comenzaron a controlar a donde salía o lo que hacía mucho más de lo que realmente debían de hacerlo. La muerte de mi hermano me afectó demasiado, pero no podía ser una carga más para mis padres. No tuvieron de otra que aumentar sus horas de trabajo para poder traer suficiente comida a la mesa. Sí, éramos potencia mundial, una potencia con pobreza extrema... Era ilógico, ellos no estaban pero cada vez que intentaba escabullirme de casa, los vecinos al verme, me enviaban nuevamente a ella.
Un día logré escapar de casa sin que nadie me viera. Corrí hacia el prado, cerca del límite donde comenzaba la zona volcánica. Las mariposas revoloteaban de un lado a otro... Una llamó mi atención por su color azul intenso y gran tamaño. Deseaba atraparla. Iba detrás de ella sin parar, pero nunca llegaba lo suficiente como para tomarla entre mis manos. No me percaté de que ya no me encontraba en ese verde prado con pastos altos, sino en un lugar muerto y tétrico. La temperatura era bastante elevada, aún así no me importaba hasta que el suelo comenzó a dejar ver el magma, brillando por debajo de las grietas que lentamente se cuarteaban con cada pisada que daba.La mariposa se había alejado a lo más alto del cielo dejándome volver a la realidad de lo que sucedía a mí alrededor. Entré en pánico al instante. Estaba parada sobre un pequeño trozo de piedra que se hundía segundo a segundo. El miedo no me dejaba moverme y cuando creí que ya no habría salida de allí, él, apareció: Un niño de unos ocho años saltó a la lava y tomó con su mano un extremo de la piedra que flotaba evitando que me quemara. Atónita, sin habla y paralizada al ver que él no estaba muerto al contacto con el líquido anaranjado no me quedaba de otra que continuar observando incrédula la situación.
Cuando llegamos a la orilla pude verlo mucho mejor, era más alto que yo y sus ojos eran verdes como los míos y su cabello era negro. Llevaba puestos unos guantes muy grandes para el tamaño de sus manos:
-¿Estás bien? Ten más cuidado la próxima vez. Las niñas son tan distraidas.
-Lo siento, no me dejan salir mucho. ¿Cómo te llamas?
-Ah... -suspiró al ver que no le haría caso a nada de lo que dijera -Mi nombre es Zhaid, ¿tú eres?
-Eruca. Llévame a casa, tengo miedo de quemarme. -que mentira tan cruel dije aquel día en que lo conocí. Miedo a quemarme, que ridículo.
Resultó ser que el padre de Zhaid era compañero de papá en el trabajo por lo que al vernos llegar juntos no les sorprendió aunque me hayan regañado medio siglo por irme sin avisar.Desde ese día todo comenzó a ser distinto para mí, Zhaid, se había convertido en mi mejor amigo luego de pasar por diferentes travesuras juntos. Pasaron años y nunca me pregunté cómo es que podía tocar el fuego sin quemarse hasta que tuve doce y la curiosidad me venció. Ambos estábamos en el prado, acostados en el suelo mientras mirábamos las estrellas y algo cambió:
-¿Qué eres realmente? -volteé a verlo -¿por qué no te quemaste aquel día? -abandonó la vista de las estrellas para verme directamente a los ojos. Me incomodaba, y no pude mantener la mirada fija por lo que volví la vista al firmamento.
-Creo que cuando nos conocimos olvidé contarte un gran detalle... No le digas a nadie de esto, sino papá me matará -dijo un poco molesto consigo mismo.
-Está bien. No diré nada...
-Promételo con el meñique.
-Está bien. -le di mi meñique y juré -Yo, Eruca, prometo jamás revelar el secreto que me confió mi mejor amigo Zhaid. ¿Contento?
-Mucho mejor. -esbozó una tierna sonrisa. -Mi familia es descendiente de ángeles que habitaron esta tierra junto con los humanos, pero luego de la guerra todo se vino abajo y los pocos que decidieron quedarse se vieron obligados a abandonar sus alas y poderes. En mi familia, el único que presentó esas habilidades fui yo. Mi familia siempre me advierte de tener cuidado con Azar y sus monstruos.
-¿Qué es Azar? No entiendo quien querría hacerte daño siendo que tienes únicas habilidades.
-Ese es el problema, él, desea caos y destrucción. No quiero que por mi culpa... te lastimen.
-No te preocupes, sé cuidarme sola. -me levanté del suelo y le di un suave beso es los labios -Debo irme a casa o se preocuparán. Nos vemos mañana.
Zhaid no reaccionó hasta después de que mi silueta se borró por completo de su vista. Al día siguiente papá había mencionado que debíamos tener cuidado con unas criaturas llamadas Derterios. A partir de ese momento, nuestro pueblo y los más cercanos, se vieron rodeados de incidentes con ellos. Deseaban llegar a Feuer. Cuando tuve catorce ya le había confesado mis sentimientos a Zhaid, y éstos correspondieron. Nos conocíamos prácticamente desde hace una vida y a los dieciséis me propuso matrimonio, él tenía veinte para ese entonces. Todo parecía hermoso y brillante como un cuento de hadas. Para la cultura de mi pueblo, casarse a esa edad estaba permitido y mis padres no se opusieron en ningún momento a pesar de no tener el anillo en mi mano, era tan feliz que me encontraba ciega.En una noche de verano como cualquier otra, los derterios, nos atacaron.
Esa noche comprendí que los cuentos de hadas no existen y que cualquier historia de amor se puede convertir en una tragedia. Todos corrían desesperados mientras intentaban huir de esas criaturas que los tragaban y dejaban sin vida lentamente, el cielo estaba de color rojo y caían cenizas como si fuesen pétalos. Busqué a Zhaid por todos lados y no lo encontraba, mi familia me pedía a gritos que cerrara la puerta de casa...
-Quédense aquí, iré a buscarlo, tengo que hacerlo. -cuando abría el pórtico, mi padre me detuvo con fuerza.
-No vayas...
-Papá, suéltame. Debo ir a buscarlo, si algo le pasa yo...
-Prométeme que te mantendrás con vida, por favor. No sé que haría si algo te sucediera. Cuando lo encuentres, huyan al prado, allí estarán a salvo.
Antes de salir, los abracé tan fuerte como pude y salí corriendo hasta la orilla del volcán activo. Allí pude verlo, con sus guantes en el bolsillo y sus puños encendidos fuego, nunca antes había sentido tanta ansiedad y alivio al verlo.Me oculté detrás de una gran roca para evitar a los Derterios de adelante. Ellos al tocar el fuego explotaban, pero a mi prometido no le hacía efecto ni lo quemaba la expansión de la explosión. Podía ver en la mirada de Zhaid cansancio y miedo que no deseaba mostrar a nadie, pero no quería verlo así y por un impulso salté por sobre la roca y caí a su lado.
-¡Qué demonios haces aquí, Eruca? ¡Es demasiado peligroso! Ve a casa...
-Si vuelvo... ellos ya no estarán y lo sabes. Quiero estar contigo hasta el último momento -dije con lágrimas en los ojos.
Comencé a trepar la orilla del volcán para que no pudieran alcanzarme. Lanzaba piedras como intento de distracción. Quería alejarlos de Zhaid. Aprobé una roca, pero al hacerlo pisé mal y resbalé cayendo al suelo. Estaba rodeada por ellos. Cerré los ojos con la esperanza de que desaparecieran y al no sentir nada, los abrí. Zhaid estaba delante de mí, siendo absorbido lentamente mientras me lanzaba sus guantes con algo dentro. Grité desesperada y toda mi vida se derrumbó en un instante. El ruido de una explosión acabó con todos los Derterios, pero el sonido me había dejado aturdida y atontada, estaba herida y la cabeza me daba vueltas. Podía distinguir algo en el suelo, no muy lejos de mi... intenté ponerme de pie y luego de algunos tropiezos logré llegar hasta el cuerpo de Zhaid. Mis ojos se llenaron de lágrimas al verlo moribundo...
-Eruca... yo...
-No hables, por favor.
-Lo intenté y fallé. -giró su cabeza hacia el pueblo -Ellos seguirán hasta llegar... a la ciudad... estarán en peligro muchas más vidas.
-No me dejes... por favor...
-Quisiera haber podido quedarme más tiempo contigo... -su voz perdía más y más fuerza.
-Debe haber algo que pueda hacer, por favor, Zhaid, sin ti no me queda nada... -pero aunque mis plegarias fueran lanzadas al cielo, él, cerró sus ojos y me dejó.
Zhaid había muerto.
Necesitaba sentir sus labios por última vez. Le di un suave beso como cuando éramos niños con grandes sueños. Algo en mi interior se había quebrado dando lugar al odio.
Se encendió una llama eterna de dolor...Un ardor tomó lugar en mi estómago mientras me retorcía por todas las emociones que sentía. Mi piel sintió que algo líquido lo rozaba y al bajar la mirada di un sobresalto tras la sorpresa, el magma no me quemaba. Volteé la mirada al pueblo y me lamenté una y otra vez por la idea que había tenido.
"Destruye lo que ves para salvar a lo que no"
La voz de Zhaid me daba impulsos para terminar con esta pesadilla. Comencé a trepar el volcán hasta llegar al borde superior. Había guardado los guantes en el bolsillo de mi pantalón y una vez en la orilla podía ver el anaranjado color en su interior. Di media vuelta tratando de apreciar el panorama del lugar que me vio nacer por última vez, tomé con ambas manos los guantes y me lancé de espaldas al abrasador líquido.Dos segundos de silencio y luego una gran onda expansiva de lava ardiente se aproximaba a las casas y personas que todavía trataban de huir. Todo, quedó bajo el color naranja que pronto se endurecería dejando al pueblo completo en un sueño de piedra eterno.Sin fuerzas me levanté del suelo con la piel quemada y desnuda, mi ropa se había consumido en las llamas, solo tenía en mis manos sus guantes con algo dentro. Saqué lo que había guardado en él con las manos descubiertas. Era una pequeña cajita de cuero rojo... los nervios y la ansiedad de la situación me llevaron a tocarla con las manos y esta se quemó. La arrojé al suelo e intenté apagar el fuego con sus guantes. Funcionó. Gracias a ese pequeño percance comprendí por qué los siempre los usaba. Me los coloqué y pude ver que dentro había un anillo de casamiento, el que me iba a dar esa noche para oficializar nuestro compromiso...
"Camina y no te detengas. Ya no tienes nada por lo que quedarte"
Era cierto, caminé en línea recta, descalza, desnuda y sin fuerzas. Mientras atravesaba el pueblo de piedra, veía figuras petrificadas de gente que había intentado huir. Sabía que jamás lograría volver a dormir una noche completa al ver sus rostros petrificados.Faltaba poco para llegar a al límite. En el camino, noté que unos metros más adelante estaría mi casa, no quería mirarla porque significaría recordar el día en que asesiné a doscientas cuarenta y nueve personas.Caminé y caminé sin detenerme por nada de nada, día y noche durante ocho largos días. A medida que atravesaba aldeas y ciudades, la gente me miraba y ofrecía ayuda, intentaban detenerme, pero al tocarme se quemaban. Yo simplemente los ignoraba y seguía caminando... hasta que mi cuerpo no logró vencer la sed, el hambre y el cansancio. Caí cerca de una ciudad y antes de poder cerrar los ojos divisé una figura femenina que me decía:
-Ya estás a salvo.
Luego de una semana en coma, desperté en un lugar muy frío donde una joven llamada Victoria me había curado... creó ropa y cosas especiales para mi cuerpo y tipo de temperatura, me dio una nueva vida y jamás preguntó por lo que ocurrió aquel fatídico día. No quiero que me malinterpreten, no estoy bien ni tampoco mal. Maté a muchos amigos cercanos, vecinos e incluso a mi familia. Cargo un peso que jamás podré quitarme incluso con el perdón de Dios, gané una enorme responsabilidad al "heredar" los poderes de Zhaid. Lo amo, lo amé y espero en un futuro que este dolor desaparezca para poder sonreír sin miedo. Aquel día arriesgué mucho y perdí todo, pero ya no lo permitiré. Juré encontrar a Azar y detenerlo aunque eso signifique dar mi propia vida. No importa lo que suceda, una llama eterna, es lo que es... eterna, a pesar de que su impulso sea el odio y la tragedia.
 

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