II

Memorias Caídas

visibility

81.0

favorite

0

mode_comment

0


-Rub, hemos venido a buscar un libro especial... ¿Hay alguno por aquí? Si sabes a lo que me refiero. -Como siempre Victoria no quería revelar nada de información al desconocido, pero las palabras fueron más rápidas que el pensamiento. -Es el libro de ella -Me señaló con el dedo.
-Pues... -comenzó a dar vueltas a mi alrededor. A decir verdad, dicho felino me resultaba bastante conocido, era similar a un Chita sin cola y bastante grande, de casi un metro de alto, tranquilamente podría matarnos sin esfuerzo; y entre sus ojos poseía un pequeño Rubí... tan familiar. -Puede que sí haya algo que desconozca en esta inmensa biblioteca, a lo cual, no puedo acceder, pero si logras hacerlo, obtendrán una recompensa.
-Me parece perfecto -dijo Eruca sacándose los guantes. -¡Me gustan las recompensas!
-Como deseen. Sólo dos personas pueden venir conmigo, es un lugar estrecho, si gustan pueden recorrer mi enorme conocimiento e investigarlo...
-(¿su conocimiento?) Yo iré con Scarlet, los demás diviértanse y no rompan nada. Hablo por ti, Eruca. Ponte los guantes, el fuego y el papel no son amigos.
Todos tomamos rumbos diferentes atraídos por lo desconocido. Mientras más avanzaban, más se sorprendían con lo que veían. Hasta que las imágenes de los pasillos más profundos los trajo de nuevo a la oscura realidad. Por otro lado, tori y yo habíamos llegado a las puertas de una cripta de piedra gris con inscripciones de runas opacas que al parecer fueron talladas a mano por alguien a los costados dejando un gran espacio sin nada, la puerta, no estaba.
-Ignorante condenado al conocimiento -pasaba mi mano por la pulida piedra gris. Necesitaba abrir esa cámara, ya no soportaba esa sensación tan placentera en mi cuerpo, demasiada información.
-¿Puedes entender lo que dice? -preguntó Rub sentado mientras se lamía la pata delantera.
-De alguna manera lo hago -toqué el centro del espacio sin tallar y la piedra comenzó a moverse hacia atrás dando origen a una puerta secreta. -espérenme aquí -Entré.
Todo a mi alrededor se volvió tranquilo, después de tanto tiempo, mi mente estaba en paz. La sensación es mi piel aumentaba con cada paso, me sentía indescriptiblemente bien, gemía de placer. -Podría quedarme aquí toda la vida, pero no es el momento de descansar con ellos a mi lado. -La habitación dejó de ser blanca para convertirse en la misma piedra pulida y gris tal cual la puerta. A lo largo de un extenso pasillo había más runas talladas en las paredes que me contaban una historia de una guerra. No le di importancia y seguí hasta el final para encontrar en una mesa un libro de cuero hecho a mano con un Rubí de gran tamaño incrustado en el centro de la portada.
-Lo hizo de nuevo. Nunca presta atención a los detalles...
-¿No te das cuenta que lo ignora porque no quiere recordar? Prefiere ser su propia esclava que enfrentar la realidad de las cosas.
-¡Tú, no sabes nada, maldito ángel!
-No sabía que los "ángeles" podían maldecir, aunque no seas uno. -comenzó a reírse.
-¡Ya cállense! No es fácil pensar con claridad... ¿Qué demonios me pasaba?
-¡Scarlet! ¿Te encuentras bien? Te escuché gritar -Victoria parecía asustada, sin duda, esta vez se había preocupado por mi.
-Diles la verdad.
-¡No!
-Esta es nuestra última oportunidad o ¿prefieres quedarte encadenada por siempre?
-¡Hagan silencio! ¡ah!
-¿Qué te sucede? Maldición, justo en este momento. Tenemos que salir de aquí cuanto antes.
-¡Ellas hablan y no me dejan pensar con claridad! ¡Me vuelven loca! Y este lugar... me está violando.
-Tranquila... tan sólo diles que lo solucionarán cuando estemos en casa. -la voz de Victoria comenzaba a sonar más intranquila, pero su idea mágicamente funcionó. -Debemos salir de aquí antes de que decida entrar. ¿Violándote? Tus ojos son diferentes, me percaté antes de entrar, pensé que era algo normal. ¿Cómo te sientes?
-Se siente tan bien... pero lo odio. Necesito salir de aquí. Rub, ¿qué pasa con él?
-Es un animal que está extinto por buenas razones. Aparenta no tener cola, pero está ocultándola para poder atacarnos luego. Si no nos vamos de aquí, nos matará a todos.
Salimos de la cripta con toda la seguridad del mundo, rogábamos que no notará nada extraño en nuestras miradas. Mis mejillas estaban rojas y mi respiración rápida. Cuando nos dirigíamos a buscar a los demás, ellos, llegaron a nosotros agitados, pero cuando quisieron hablar de lo que ocurría allí dentro, Victoria aclaró la garganta:
-Muy bien, ya tenemos lo que buscábamos, por lo que debemos irnos. Muchas gracias por la ayuda.
-¿Ya quieren irse? Pues déjenme acompañarlos hasta la salida... La verdad me entristece ya que no tengo visitantes muy seguido.
La puerta por la cual habíamos entrado aún continuaba abierta y parecía tan cerca que aceleramos el paso. El destino decretó que las gemelas saldrían primero, luego Eruca, Caleb... pero tori me tomó del brazo y decidió hacerme avanzar delante pero todo fue en vano. Rub me empujó con su pata delantera. Victoria estaba en el suelo cubriéndose el cuello con ambas manos.
-Olvidé mencionarles algo con respecto al conocimiento que los intrusos vienen a buscar. Lancé el libro hacia el portal asegurándolo de cualquier peligro.
-Abres las alas y tu amiguita se muere. -colocó una de sus patas sobre la espalda de tori con gran parte de su peso. Su cuerpo se descontracturaba lentamente aumentando su tamaño dejando ver una cola de Escorpión amenazante, y garras que sobresalían de sus patas.
-Una mantícora... -susurró tori.
-Déjala ir, te daré lo que quieras. -protesté con debilidad en la voz.
-Él los mató a todos... -le faltaba el aire. -los pasillos están repletos de esqueletos y cuerpos... no es el bibliotecario.
-Señorita ¿puedo ayudarla en algo? -preguntó con amabilidad.
-Estoy buscando un libro sobre maldiciones ¿tendrá alguno? -los nervios me revolvían el estómago.
-Sígame por aquí. Piense bien lo que hará con este conocimiento -dijo con gracia.
-No, es para un amigo... para investigar y... posiblemente ayudar.
-Pues en ese caso no hay ningún problema, venga, acompáñame a mi escritorio, allí tengo lo que está buscando.
-Y esa cosa ¿qué es? -mostré desagrado con el gesto.
-Es mi mascota, se llama Ruber-Ahir, es una cría de mantícora, están en peligro de extinción y me di el trabajo de criarlo. Aquí tienes tu libro.
-Muchas gracias, señor...
-Tarjaman.
-Tú... lo mataste, al bibliotecario. A todos los que venían, todos por igual y sin una razón. Eres un enfermo. -la ira me consumía y lo peor de todo era que aquel placer no me abandonaba. Necesitaba matarlo y no lograba concentrarme.
-Gracias por el cumplido, pero no he comido en un largo tiempo y tengo mucha hambre -elevó su cola con el aguijón apuntando al cuello de Victoria listo para picarla, pero un golpe que no le causó ningún daño, le obligó a voltearse y perder la atención de su pobre víctima. Detrás estaba Caleb con una pala. Le dio el tiempo suficiente a tori para poder escaparse de las garras de dicha criatura. Los tres nos encontrábamos rodeando a la mantícora sin perder de vista la monstruosa cola que elevaba a ese aguijón que nos paralizaba de miedo. Victoria no había dudado en usar todo su poder para levantar los estantes junto con los preciados libros de Ruber-Ahir. Cayeron fuertemente sobre él.
-¡Corran! A la puerta, rápido. -tori gritaba mientras sus pies corrían y era seguida por Caleb y yo. Todo parecía tan sencillo pero ninguno de había percatado de la cola que se acercaba a Caleb. Victoria había saltado por el portal, y yo era la siguiente. Mi corazón se aceleró más y más al ver que el aguijón se aproximaba a la nuca de él. Salté con mis alas abiertas para cubrirme, ya no me importaba si dejaba de volar, de igual forma no podía hacerlo.
-¡Ah! -Me fue imposible callar el dolor. El veneno, me quemaba las alas y los grilletes no tardaron en escucharse. Mis ojos dorados se hundieron en un completo negro que parecía vaciar mi alma. El placer se convirtió en un dolor agobiante.
-Scarlet... ¿por qué? -caí sobre él sin fuerzas. Me ardía todo el cuerpo y mi piel mostraba una reacción alérgica insoportable. Me quedé sin aire, sentía que iba a morir.
-Y pensar que te creía una leyenda, pero resultó ser que no puedes ni siquiera defenderte.
-Cuando leas el libro, asegúrate de no rasgar ninguna página.
-¿Qué sucedería si lo hago, señor?
-Todo lo que ves se volvería polvo y caería sobre nosotros. Ten cuidado cuando leas, el conocimiento puede ser muy peligroso...
-Caleb... corre, sal de aquí mientras puedas... -tomé un libro del suelo que estaba junto a mi.
-No me iré. Debemos pensar en cómo escapar.
-Te vas ahora - y lo abrí - o te hundes conmigo -lo partí con la poca energía que me quedaba.
La biblioteca comenzó a temblar, los libros caían desde el piso más alto, Ruber-Ahir intentaba evitarlo a pesar de no poder tomarlos a todos. Era en vano. Las voces no estaban, era yo quien decidía. Me levanté tambaleando sin percatarme del estado de mis alas... Junté mis manos rogandole a mi cordura mantener la calma mientras invocaba mi arma para acabar con esto. Quería gritar de odio, pero mis palabras, condenaron a todos sin darme cuenta. Miré mis manos, en las cuales, había una extraña fecha de plata y mi viejo arco... un tiro más y se quebraría.
-Tu error, el de los ignorantes... -Azar sabía que esto sucedería -te condenó a tu biblioteca. -murmuré -sin comprender el mundo, sin permitirle a nadie más contemplar este conocimiento. Tú, estás condenado.
-¿Cuál crees que ha sido dicho error? Que yo recuerde, leer no es pecado.
-Fue creer que lo sabias todo. -apunté. -leer no es malo, pero asesinar por avaricia lo es. -disparé. La fecha se clavó en el ojo derecho de la bestia. Murió en el acto. Disfruté el escuchar como lentamente se partía su globo ocular y daba un último grito de clemencia.Lo admito, aunque sea "buena" lo malo me supera.Me acerqué a él sin importar que los simientos de la inmensa torre se cuartearan y no quedara tiempo para salir.
-Tienes algo que me pertenece. -tomé el Rubí de su frente. Sí, no había tiempo de salir, me quedé observando la puerta aún abierta. Mi corazón se aceleró y la adrenalina dominó mi cuerpo entero... quería vivir. Corrí hacia el otro extremo, pero no llegaría. Abrí mis envenenadas alas y en un deseo de no terminar como el libro que rompí, aleteé. Mis ojos se tiñeron de rojo...
-Alto. -la caída de la torre se letargó. No podía detener el tiempo, es y será imposible. Salí a gran velocidad destruyendo los objetos que se interponían en mi camino. Traspasé la puerta y caí en el desierto. Ceres se acercó a mi con miedo, verme en ese estado... que patética resulta ser el arma más poderosa de todas. Las plumas enfermas de mis alas caían, casi no tenía, muy pocas de ellas permanecían aferradas a mi piel; las ampollas que me cubrían cuerpo parecían sincronizarse con las quemaduras de las cadenas. Me volvía loca. El dolor era insoportable.
-¡Por favor, mátenme! -gritaba desesperada. ¿Esta era la consecuencia de querer vivir, de desafiar lo que uno eligió para mí? -No lo soporto más.
-¡Tori, ¿qué hacemos?! El veneno seguirá avanzando hasta llegar a su corazón.
-No lo sé. -parecía un fantasma de lo asustada que estaba, aún así, permanecía estática, mirándome fijamente mientras tomaba la mano de Sira.
-Desde que te conozco he deseado escuchar esas palabras salir de tu boca, pero no precisamente en este momento. -Eruca tartamudeaba sin parar. La situación iba más allá de lo que esperaba.
Caleb sacó de su bolsillo la pluma que le di y sin aclarar la voz ni decir su plan... Me salvó.
-Vive. -la pluma se convirtió en una luz blanca que los cegó. Las heridas, el dolor, mis gritos, cesaron. Comencé a toser sin parar y escupí el veneno amarillo que se había mezclado con mi sangre. Me recordó al arsénico.Limpié mi boca. Caleb me ayudó a incorporarme.
-Gracias... -fue todo lo que pude decir.Las demás suspiraron del alivio.
-No me vuelvas a asustar de esa forma... -Ceres me abrazó fuertemente.
-Debiste ver tu cara -reí -fue horrible.
-Ten. Cuidé el libro, pero no pude abrirlo. Vamos a descansar, luego vemos lo que hay dentro. No quiero que otro caos se desate y no estar al ciento cincuenta por ciento. -la voz de tori sonaba agotada. Tenía razón, hace días no descansábamos bien.
-Un amigo vive cerca de aquí. Me debe favores y puede comenzar a devolverlos -dijo Sira.
-Entonces no es tu amigo -dije con seriedad.
Fuimos hacia un pueblo más al norte de donde nos encontrábamos. El hombre fue muy generoso, nos dio comida, agua y una cama cómoda en la cual dormir.
-¿Sabes lo que te ocurrió allí? -tori me interpeló.
-Todo el conocimiento se estaba pasando a mi cabeza. La biblioteca está en mi ahora. Esa sensación me dejó aturdida, no me percaté. Quien diría que ese lugar tenía mente propia y que preferiría que yo cuidara su conocimiento...
Todos dormían pacíficamente mientras me miraba frente al espejo del baño. Ella me observaba. Coloqué el Rubí en mi frente y ella salió. Salimos a un bar a las dos de la mañana sin que nadie sospechara. Yo lo permití, que ella saliera, matar a la mantícora me hizo desear más... Quería sangre, placer, caos y ella podía dármelo.
Entré al lugar. Pedí un trago y un hombre de treinta años se me acercó. Ambos sabíamos lo que queríamos. Nos fuimos de allí a una habitación que el mismo lugar tenía para los encuentros de una noche. Era apuesto, alto y bien vestido.
-¿Cómo te llamas cazador? -entramos al cuarto besándonos desesperadamente.
-Soy Nick, ¿y tú conejita? Tocaba mi cuerpo con brutalidad. Era excitante.
-Ah... Scarlet. -lo tomé de los brazos y lo empujé contra la pared. - no soy una conejita, prefiero ser un cuervo. -desprendí su pantalón, bajé su boxer y me puse de rodillas. Quería su pene en mi boca. Lo lamí de la forma más obscena posible. Estaba tan húmeda de hacerlo solo con la boca que cuando se vino en mi cara gemí pidiendo más. Me levantó con ambos brazos. Al parecer no le gustaba ser dominado...  contra la pared y me penetró una y otra vez. Dos completos desconocidos dándose placer para olvidar sus problemas.
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo