III

Memorias Caídas

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Desperté a las diez de la mañana desnuda en la cama. Nick se estaba vistiendo. Miré hacia la ventana y allí estaba el estúpido cuervo mirando desde otro techo a la distancia. Me enfermaba, me enfurecía ser controlada.
-La pasé genial anoche, conejita. Espero algún día repitamos. -dijo prendiendo los botones de su camisa.
-No pasará porque estarás muerto. -reí mientras me levantaba de la cama.
-¿Cómo lo sabes? -preguntó con gracia.
-Porque no saldrás de este cuarto con vida. -reí nuevamente. Tomé la daga de mi bota. Ambos nos mirábamos con diversión. Reíamos, sí, como drogados. Lancé el cuchillo y se clavó en su ojo derecho. Cayó muerto de rodillas y luego al suelo. La sangre derramada dio lugar a un gran charco que me veía tentada a tocar, pero debía irme antes de que me encontraran. -Te dije que no me llamaras conejita. -tomé mis cosas y me fui.
Volví a la nave. Para mi sorpresa, no había nadie más que Aquila... odiaba a los niños.
-Fueron a buscarte.
-¿A mi? -sonreí -hoy me siento buena. Te contaré una historia sobre una niña que no tenía rostro. Ella no tenía nada, pero muchos la quisieron ayudar, pintarle una cara, ojos, boca... ¿cómo crees que termina el cuento?
-¿Ella... se transformó en un monstruo?
-¡Correcto! Se convirtió en un asqueroso monstruo, ¿y por qué?
-¿Porque todos pintaban diferente y al mismo tiempo?
-Nop, porque todos deseaban pintarla a su manera. Se peleaban por dibujar su rostro y terminó siendo un poco de toda la pelea y nada de toda la ayuda que le ofrecieron.
-¿Eso fue lo que pasó contigo?
-Eso fue la primera gota que llenaría el vaso.
-¿Por qué creaste esta personalidad? Dices que ella no acepta lo que son, pero tú hablas de eso como si tampoco te aceptaras.
-Eres molesta. Te mataría si no fuera que ya asesiné a un idiota hace veinte minutos.
-¿Cómo recupero los recuerdos que perdiste? -tanta ternura acumulada en una niña usada para manipular.
-Eso es muy fácil... ¿qué gano a cambio?
-Un día de libertad.
-Sabes lo que pasará si no cumples. El libro no debe ser leído por otros ojos. Eso será todo por ahora. -cerró los ojos. Las ojeras y la penumbra desaparecieron.
-¿Hice algo malo? -entrecerré los ojos.
-Solo me contó un cuento. Los demás están buscándote, les avisaré que regresaste.
No sabía que explicación dar o inventar... La dejé salir... Quería más... sangre, placer, hacer daño. Había olvidado de que se trataba ser un demonio. Los papeles se invirtieron en algún punto de mi vida.
-¡Encontraron un cadáver, con una herida de cuchillo, para ser más exacta, de una puta daga! ¿qué hiciste anoche? -La voz de Eruca era un millón de veces peor que la de tori...
-Seré breve, me escabullí para acostarme con un tipo al cual maté por diversión. ¿Y? Te dije que podía hacerlo en cualquier momento.
-Esto está mal. Necesitas ayuda con tu problema de personalidad. No puedo estar tranquila sabiendo que un día...
-Podría matarlas. -comencé a entrar en razón ¿Lo bueno y lo malo, qué significaban para mí realmente?
Recordé la primera misión que me había impuesto cuando las conocí: Alair.Mis sentidos recobraron un orden. Eruca tenía razón... necesitaba ayuda ¿por qué jamás la pedí? ¿realmente la necesitaba? Volábamos de vuelta a casa, nos encontrábamos sentados en nuestros respectivos asientos. Miraba el cielo mientras dormitaba entre la realidad y la fantasía hasta que Caleb lo evitó.
-¿Es cierto?
- Sí, me acosté con un extraño y lo asesiné. ¿Algo más? -me juzgan como ángel, pero olvidan que soy un demonio. Puedo hacer lo que quiera y no lo hago...
-Me dolió. -rió irónicamente. -Pensaba darte esta flor. -La sacó de su bolsillo. -se llama...
-No me olvides. -cayeron lágrimas de mis ojos. No encontraba respuesta de por qué lloraba. Mi pecho dolía, me gritaba "recuerda y ayúdame a soportarlo".
-Pero no lo haré. Quisiera que a pesar de ser quien eres, aprendieras que todo tiene consecuencia. No me importa la razón de tu llanto, no preguntaré. Ese hombre al cual mataste, tenía dos hijos.
-No me sermonees, si tan buen padre fue ¿por qué se acostó con la primera que vio?
-Su mujer lo engañó, lo que el haya hecho no importa, lo que tú hiciste es mucho más grave. Dejaste una familia rota.
-Sabes que la verdad no me importa. Jamás diré "tienes razón, la culpa es toda mía" porque no lo es. La gente que muere, lo merece y ya. Quienes me importaban ya no los recuerdo y aunque lo hiciera ya no están. Nadie asumió la culpa de lo que me sucedió. No tengo ganas de continuar con el papel de niña buena.
¿Qué me pasaba? Quería esto. No. Sí. ¿No? Mis principios se estaban manchando.
Ambos nos ignoramos el resto del viaje. Por fin logré dormir... preferiría estar despierta a tener que soportar una pelea nuevamente.
-¿Qué se siente ser tú? -rió.
-Me ayudarán... a vencerte. -dijo con nerviosismo.
-No puedes destruir lo que eres. Anda, dilo, te encantó soltarme y echarme la culpa de algo que pudiste detener desde que toqué la daga. -estiró sus brazos encadenados. La miraba tratando de entender su preocupación, buscar un punto débil al cual atacar. -No me digas que no sabes la diferencia entre lo bueno y lo malo.
-Lo bueno... blanco; negro, malo.
-Que no se te olvide que el blanco se puede manchar de tantos colores como pasó conmigo.No hallas el equilibrio, no lo hay porque...
Cierra la boca! -cubría sus oídos. No quería escuchar nada... faltaba casi nada para quebrarla y perder el control de la poca razón que las mantenía hablando de manera distanciada.
-Plumitas, despierta. Hemos llegado. -dijo Eruca en voz baja. -recoge tus cosas, hay que entrar.
Tomé el libro y bajé de la nave. Entré sin hablar, el remordimiento, NO, era algo diferente, cuando uno hace algo malo y no sale de su cabeza... Fui hasta mi habitación, me tiré en la cama y abrí en la soledad de dicha noche el libro. Para mi sorpresa, estaba en blanco, no había ni una palabra escrita en él.
-¿Qué demonios? Esto debe ser una broma... -pasé las páginas de lado a lado y nada. -Por favor, dime algo importante, lo que sea.
Las páginas comenzaron a moverse solas, se detuvieron en la primera hoja. Ironía pura. Tinta negra emanó de las hojas escribiendo:
Perdón, perdón... No es tu culpa, no lo fue. Nuestra ignorancia arruinó tantas cosas, pero de todas ellas, la única que me importa, es tu vida. Quiero contarte la verdad de quien eres, lo que ocurrió aquel desafortunado día. Te obligué a encontrar el amor en otro lugar. Para saber la verdad, debes vencer a las palabras que te apartaron de mis brazos, mi niña.Te provoqué tanto sufrimiento que no me atrevería a escribir sabiendo que recordarás algo que te hará sufrir.
No temas a lo que eres sino de lo que puedas llegar a hacer.
¿Qué demonios significa esto? Esta impotencia, odio. Tantos años vagando en la inmundicia humana. Dejé que me marcaran de formas inimaginables para sobrevivir... mi cuerpo lo recuerda todo, esas sensaciones sobre mi piel. Aramis.
Sujeté mi cabeza, hundida en pensamientos que jugaban con la poca capacidad de discernir entre lo bueno y lo malo que me quedaba. Mis ojos se aguaron y las náuseas me obligaron a bajar de la cama con rapidez. Que horrible sensación, era peor que sentir los últimos momentos de vida. Vomité de los nervios, mis manos temblaban y tenía frío ¡Lágrimas, como las odiaba! ¿por qué salían? ¿Tengo familia? Sí. No, aguanté sola por mucho tiempo sin nadie. Una familia no me salvó de las manos que me tocaron y golpearon brutalmente hasta la inconsciencia, una madre no me rescató de las malas decisiones que me llevaron al infierno de ida y vuelta, no me dio nada. Es demasiado.Tenía que salir a tomar aire.
Pasaron tres días y no lograba dormir con tranquilidad sin que aquellas últimas palabras retumbaran en las paredes de mi mente. Tres días de paz mental, sin voces, sin peleas ¡tortura en su máximo esplendor!
-Toc-toc -Eruca golpeó la puerta de mi habitación -Scarlet... No puedes continuar así. No comes bien, ni hablar de las noches de insomnio. ¿Qué sucede?
-"No temas a lo que eres sino de lo que puedas llegar a hacer". Ella lo dijo. -Tenía la mirada perdida en el paisaje.
-Eso es extraño viniendo...
-Mi madre -dije con odio en la garganta -Diecisiete años tratando de aceptar lo que soy y sus palabras lo destruyen... No logro entender lo que dijo, no quiero hacerlo porque... -¿qué demonios?
-Significaría tomar la responsabilidad de tus actos.
-Explícame...
-Bien. Un círculo es una figura geométrica, sabe sus orígenes, no le teme; aún así, le da pánico ser un círculo porque el miedo de no ser aceptado junto con la presión del futuro y las decisiones que involucran a otros le aterra.
-Es el ejemplo más idiota que escuché, pero cumplió su función. Gracias...
Lo raro fue que me haya tranquilizado un poco. Desde esa noche logré dormir más tranquila.
A la mañana siguiente todos nos dirigimos a testificar lo ocurrido en la casa de Caleb. No quería. El silencio en la nave era inminente y aunque quisieran aparentar felicidad, las miradas transmitían tristeza. No tenía intenciones de disculparme, no me importaba, pero si a él le hacía falta que admitiera un error, no sé por qué lo haría sin pensarlo.
-Lo siento -dije. -fue mi culpa. Eso diría si realmente lo fuera. Caleb, no me hablas ni me miras. -¿por qué estoy tan enfadada? -¿qué más quieres tomar de mí? -grité. Él simplemente me miró de reojo.Llegamos al lugar y las preguntas comenzaron; respondí a todas con sinceridad. Al parecer, a las personas de ese lugar poco les importó la muerte de esas personas, estaban más interesados en mí al decirles quién era. Me generaba intranquilidad... Al salir de allí, me fui al pasillo, a pensar y él se me acercó.
-Sé que no es tu culpa, nunca lo fue. No sé que me pasó... reaccioné con todo mi odio enfocado en ti, no soy así. Te miraba y me decía "¿cómo hace ella para no sentir nada?" Creo que fue envidia. Siempre supe lo de mi hermano y jamás lo acepté. Desde que llegaste has cambiado las cosas para todos, Eruca está feliz, las gemelas hablan con más frecuencia y Victoria puede dormir por las noches.
-¿Y tú? -dije con sinceridad. No comprendo lo que me sucede... No quiero acceder, lo necesito.
-Yo no puedo dejar de mirarte. El día en que te vi por primera vez, me volvía loco por tocarte sin saber quien eras. Me alejé de ti estos días porque me daba miedo lastimarte. Quiero ayudarte, pero a la vez siento que tal y como eres te...
-Dilo... -esas palabras fueron mi ruina.
-Te amo.
-No. Es mentira. Nadie puede amar a una persona en un mes de apenas conocerla... -Me besó. Quise resistirme, pero al demonio con eso -Caleb, ¿qué quieres? Sabes que tengo una visión distorsionada de los sentimientos. Si tengo que herirte para cumplir mis metas, lo haré.
-Pues, me adaptaré a tu distorsionada forma de dar amor ¿trato?
-Trato.
Sentí que un enorme peso se hubiera quitado de mi espalda. Suspiré con una sensación de intranquilidad...La paz definitiva en vida no existe. Subimos a la nave, pensando en lo que dijo Caleb sobre nosotros. Mis manos temblaban de los nervios, ya lo tenía decidido, me arriesgaría a amar a pesar de los obstáculos. La verdad, eso sonó como diálogo de novela dramática, pero era cierto. Me levanté de mi asiento y fui hacia él, le hice una señal para que me siguiera a los asientos del fondo.
-¿Qué sucede? Jugar a las escondidas en un jet no termina bien, pregúntale a las niñas.
-Ven -dije dando palmadas al asiento junto a mí. -necesito hacer algo -me hizo caso. Lo besé y él respondió a mis labios. Mi corazón se aceleraba con fuerza. Se sentía tan bien.
-Espero que quieras continuar -rió. Nuestras respiraciones se cruzaban deseosas de más.
-No voy a complacerte tan rápido -sonreí.
-¡Hey! Tortolos, es hora de bajar ¿o quieren que apague las luces? -dijo tori con burla.
Caminamos hasta la casa con lentitud, felices, riendo, no recuerdo otro día tan alegre como este. Estábamos a dos metros de la entrada y notamos que la puerta se hallaba entreabierta. Sin pestañear, miré en todas las direcciones buscando un indicio de quien podría usurpar el lugar donde me dieron la oportunidad de vivir... una pluma seca y opaca en el suelo. Avancé lentamente y abrí la puerta dejando escuchar su rechinar al hacerlo, el lugar estaba oscuro y la luz del sol que entraba por la puerta iluminó los pies que me daban la espalda.Se dio la vuelta y logré distinguir a dicha figura... Me petrifiqué al verlo. Aramis.
-Corderito, te he buscado por todos lados -dijo con esa sonrisa, la cual conocía a la perfección.
-¿Scarlet, quién está ahí? -Caleb pasó el umbral de la puerta y me tocó el hombro. No podía hablar, ¿qué me pasaba?
-No la toques -Aramis cambió su rostro y la ira lo consumió. Eruca se paró a mi lado sin sus guantes.
-¡Cómo odio que extraños se metan a casa! -y al parpadear, Aramis estaba frente a ella. La golpeó en el estómago, pero al reaccionar, ellos desaparecieron. Salí corriendo hacia afuera y vi que a diez metros de donde estábamos, él la sostenía del cuello. La asfixiaba.
 

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