IV

Memorias Caídas

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-¡Aramis! -grité furiosa con todas mis fuerzas. La soltó de inmediato y su mirada se enfocó en mí -busquen lugar seguro, él... -apareció frente a mí y me golpeó en el estómago.Esta sensación de peligro, tan satisfactoria, absorbió mi cuerpo. Sabía que hacer frente a un atacante, lo recordaba a la perfección... Abrí mis alas y la adrenalina se apoderó de mi cuerpo. Volé tratando de no sobrepasar mi límite, no muy alto o las consecuencias serían obvias. Lo esperé, cerré mis ojos tratando de concentrarme, no había voces ni guerra de ningún tipo por el control, solo yo. Los abrí, y él estaba frente a mí con una sonrisa psicópata y ojos muertos que buscaban atraparme a toda costa. Se lanzó a mí con gran velocidad y comenzamos a pelear en el aire. Me golpeaba en la cara.
-¡Alto! -grité mientras me cubría el rostro. El tiempo se letargó y logré darle un rodillazo en la cara.
Me tomó del cabello y sacó un cuchillo de su pantalón. Me quería cortar el cuello...
-¡Ah! -grité. El canto de un ángel es hermoso, pero los demonios no tienen buena voz y cuando gritan, todo vuela en mil pedazos. El domo de tori casi se desmorona y los oídos de Aramis comenzaron a sangrar. Por otra parte, Caleb preparaba una jaula de contención mientras las gemelas creaban un muro circular de gran amplitud para evitar que fuéramos hacia la ciudad, Victoria se aseguraba de que Eruca estuviera bien. Luego de verla, se concentró nuevamente en el viento y lo utilizó para reforzar el enorme domo que nos cubría. No había forma de salir.
-¡Esa hija de perra! - gritó Victoria. Su poder disminuía con mayor velocidad por mi culpa. Aplausos para mí, me ayudan y la cago. Era gritar y salvarme el cuello o debilitar su cúpula cristalina.
Él no hablaba, tenía algo diferente... Aramis no era así. Simplemente reía. Tomé distancia y me preparé para gritar. Una simple palabra que acabaría con todo. De repente, Alair se mostró revoloteando no muy lejos de mí; me rasguñó la cara con sus pequeñas garras dejándome casi ciega de mi ojo izquierdo. Tardaría en sanar...
-Ayúdame. -dijo. Sus ojos mostraban sinceridad... Fui una idiota.Un segundo después y él, se percató de que Caleb se hallaba debajo nuestro, en el centro de la circunferencia preparando la trampa.
-Es tan divertido. - abrió bien sus alas y estiró sus brazos. Se dejó caer hacia atrás en picada con gran velocidad. Caleb.
-¡No!
Lo seguí desesperada y tomé una de sus alas con mis manos, y la quebré con mi pie. Gritó del dolor. Caíamos del cielo sin orden ni sentido, golpeándonos e hiriéndonos a muerte. Lo quería muerto, sí, deseaba facturar su cuello y dejarlo sin vida.Nos desplomamos en el suelo con gran fuerza, una enorme nube de tierra se levantó y nos cubrió, no se distinguía nada. Aleteé y se dispersó. Allí me encontraba, sobre Aramis con una mano en su cuello y la otra lista para partirle el rostro.
-¿Por qué haces esto? -dije con la voz entrecortada. Él continuó riendo. Apreté mi agarre en su cuello. Ayúdame¿Qué estoy haciendo?
-Fue divertido, pero debo irme. -rió desaforadamente. Me lanzó tierra a la cara y desapareció. Limpié mi rostro y me puse de pie de inmediato. Observé a mi alrededor buscando señales de él, pero nada...Caleb, ¿dónde estás? Pensé al recobrar la noción de lo que había pasado, giré y lo vi a la distancia. Corrí hacia él y lo abracé con fuerza, no quería soltarlo. Aquí vamos de nuevo, las cadenas hicieron su trabajo, pero algo fue distinto, una de ellas comenzó a desaparecer lentamente aún así, no lo haría tan fácil, debía hacer algo. El dolor fue menor a todas aquellas veces.Caminamos hasta casa y tori limpió mis heridas.
-Necesito hacer un expediente de ti. -dijo. -todos aquí tenemos uno. No conocemos tus poderes y eso puede implicar un peligro para todos. -sacó un cuaderno de un cajón.
-Bien, pero no me hagas más preguntas, por favor...
-No podré cumplir esa petición, ¿quién es Aramis? Entró a nuestro lugar, si alguno se quedaba...
-Lo sé. -suspiré -en mi vida pasadaAramis... - mi mirada se hallaba perdida en el suelo -él y yo vivimos juntos. Eso pasó.
-No te creo.
-Lo sé. Alguien con problemas jamás dice la verdad a la cara.
-¿Qué harás para salvarte?
-Escribiré tu maldito expediente. -agarré una lapicera y huí hacia el árbol del jardín que me esperaba para ver un nuevo atardecer.
Siglo X.Año, 927.
Tenía dieciséis años, la esperanza de ser felíz aún no se extinguía, seguía allí, en mi interior.El destino me condujo a una sublime biblioteca, buscaba una salida fácil a mi pequeño problema. Alair había desaparecido y hasta casi el final de la historia no apareció para molestar. En ese entonces no entendía que es lo que deseaba de mí.Por las noches no lograba dormir en paz, mis ojos se marcaban de unas prominentes ojeras negras... ese fue el comienzoEl amable bibliotecario había adoptado a una pequeña mascota que me causaba miedo e inseguridad, una mantícora. Había olvidado esa parte de la historia. Leí y leí sin encontrar una respuesta a mi búsqueda. Quería dormir...A los pocos días de dejar el lugar, fui al pueblo, allí un hombre me cautivó, me prometió libertad a cambio de mi enlace. Iba acompañado de un chico dos años menor que yo, parecía no hablar.
-¿Por qué una hermosa damisela se encuentra vagando por aquí? -Me preguntó. -le invito a cenar en mi humilde morada.
-¿Quién es?
-Mi nombre no importa, ¿aceptará o dejará un exquisito plato de pato a la naranja enfriar?
-Aceptaré. -sí, acepté de la manera más incrédula posible, confiar en los humanos fue un gran error del cual me arrepentiré para siempre.
-¿Dónde está el chico de piel blanca?
-En su habitación, a él no le gusta cenar. -sonrió -dígame, ¿qué se siente ser un ángel sin poder volar?
Me levanté de mi asiento nerviosa. ¿Cómo lo supo?
-¿Qué quiere? -estaba mareada.
-Dime tu prueba y te haré libre.
-Debes quitar lo que mujer posee solo una vez en la vida. -dije con pocas fuerzas. Perdí la consciencia.Idiota. Me violó y obtuvo mi enlace. Tanto los ángeles como demonios, no podemos negarnos a quienes quieran obtener nuestra cadena.
Luego de eso, mi vida se volvió un infierno... Aquel chico se llamaba Aramis y era lo único que me sostenía. Él nos encerraba en un calabozo donde el único rayo de sol entraba por una pequeña grieta entre las rocas. No nos alimentaba ni daba suficiente agua, éramos sus mascotas. El siglo X lo recuerdo como la era del hierro y de cambios en diferentes dinastías; con la aparición y uso de la pólvora como arma, las guerras entre reinos aumentó considerablemente por la codicia de tierras y cabezas con coronas. Fui usada para asesinar, para matar a inocentes y culpables.
-Corderito, ya sabes que hacer -me decía. Algo me pasaba porque lo comencé a disfrutar y a desearlo más... mis alas se opacaron y ennegrecieron, mi cabello se manchaba de rojo. Olvidé mis principios y mi identidad.
En un mundo en el que la violencia se volvió rutina, me acostumbré a ello e incluso lo comencé a anhelar... Me estaba perdiendo en la locura.
Mi amo era una sicario cuyo nombre jamás supe... él odiaba el ruido y yo cantaba para sobrevivir, me mantenía cuerda. Una vez no nos dio de comer por una semana, Aramis estaba muy débil, él bajó con un trozo de pan y lo arrojó al suelo. Grité suplicándole que no lo dejara morir y cuando quise tomar la comida, me golpeó brutalmente, y finalmente me violó. Me levanté del suelo con las pocas fuerzas que me quedaban... Aramis se recuperó al poco tiempo.
-No tenías que hacerlo... si moría, tú tendrías más comida y podrías sobrevivir a esto.
-Si me dejas, yo me volveré loca.
A veces el amo bajaba solo para torturarnos en especial al pobre chico que unos pocos días antes se había recuperado. No entendía por qué lo hacía... los humanos por fin ganaron mi odio. 
-Cuando salga de aquí, volaré tan alto como pueda y regresaré a casa. -me dijo con una sonrisa en su cara -¿tú qué harás?
-Probablemente te acompañe -que gran mentira dije aquel día.
-Prométeme que no me abandonarás, que seguirás a mi lado hasta la muerte.
-Lo prometo-mentir a los ojos es lo más sencillo de todo.
Ambos teníamos la costumbre de hablar sobre lo que haríamos una vez fuésemos libres. Estupideces de niños.
Nunca sentí tanta humillación como cuando me ató de manos y me llevó a la aldea con mis alas abiertas, me encadenó y dejó que todos me cortaran la piel y arrancaran mis plumas una por una.Lloré y lloré mientras cantaba, pero a cambio recibía más golpes y continuaba siendo violada. Aramis no tenía permitido hacer nada más que mirar. Nos obligaba a hacer cosas impensables. Jugaba con nuestra mente.
-¿Qué quieres de mí? ¡Ya mátame si no tengo propósito!
-Nada. Me divierto con tanto poder a pesar de que te continues negando. Sabes, encontré un libro en el aparecía la majestuosa imagen de un ángel capaz de quitar la vida con su voz. Su raza es conocida por tener habilidades únicas, pero tú no has mostrado ninguna.
-¿Haces esto por lo que un libro dijo?
-Sí y eres tú.
-No.
-Voy a quebrar tu mente y espíritu hasta que me des lo que busco.
Siempre era la misma charla, un libro y las cadenas.
Nuestra rutina básicamente era ser contratados e ir a diferentes aldeas o castillos a matar. Nunca olvidaré aunque mi maldición no me lo permita, aquel desafortunado día.Un pueblo agricultor que no cedía sus tierras al poderío de un rey.Llegamos a pie como siempre, no nos dejaba usar las alas.
-Vayan y diviértanse por una hora, socialicen, tengan un poco de dinero y compren algo de comer. -esta vez fue diferente.
Caminé por el lugar y conocí a una amable familia que me alimentó a cambio de todo el dinero que el amo nos había entregado. Aramis caminaba detrás mío, pero al momento de estar allí, almorzando, en un ambiente tan familiar y amable... él se quebró. No soportó verme sonreír con extraños, lo enfureció.
-¿Qué hora es? -preguntó con una sonrisa quebrada.
-Las dos en punto -dijo el padre de la familia.
Parpadeé y al abrir los ojos el hombre tenía la garganta cortada. Aramis no estaba.Tomé el cuchillo de la mesa con fuerza y odio, mis ojos reflejaban tristeza...
-No lo hagas -dijo la pobre mujer con lágrimas de miedo, pero fue en vano y la apuñalé.
La familia entera murió y mis manos se marcharon de rojo una vez más. No registré la casa.Masacré a doscientas catorce personas ¿para qué? Quería vivir, ser libre y me dispuse a hacer lo que sea para conseguirlo... a lo que me llevó. ¿Lo disfrutaba? Esta vez no. Volví a la casa donde tuve una comida con gente amable que no merecía derramar sangre. Me encontré con una niña de cuatro años... la hija más pequeña, me vio a los ojos cuando dejó de contemplar los cuerpos sin vida su familia.
-¿Me matarás?
-No. -la vi, me reflejé en su mirada tan indefensa. ¿Qué estaba haciendo? Tenía que salvarla. -quédate detrás de mí. Volteé y Aramis junto con mi amo se encontraban mirándome con desprecio.
-Mátala o él lo hará. Nadie vivo, esa fue su orden.
-No. -abrí las alas y mis ojos de tornaron rojos. El bolso de aquel hombre cuyo nombre jamás supe se agitaba y de él, salió mi preciada daga que me fue arrebatada el día en que caí en sus manos. Vino hacia mi, lo tomé y mi seguridad volvió dándome un poco de fuerza.
-Si me desobeces, morirás. -mi enlace, la estúpida cadena que me unía y me obligaba a cumplir cada pedido, estaba sujeta a mi cuello y cada vez que no las acataba correctamente... Me ahorcaba hasta que dejara de intentarlo.Había comenzado. Sujeté el aro que rodeaba mi cuello y con todas mis fuerzas lo rompí, era libreNunca creí ser capaz de hacerlo.
-Aramis, no tienes que hacer esto, podemos irnos, regresar con tu familia -pero él no contestó. Tomé a la niña en brazos y salí volando por el techo. La resguardé del peligro que mis manos ensangrentadas generaban con cada paso que daba. Para liberar a Aramis debía matar a ese animal de amo que teníamos.Al parecer no se habían ido cuando regresé. El cielo temblaba, se oscurecía, nos avisaba que se acercaba el final... el coraje usurpó mi cuerpo, tenía la piel de gallina.
-¿Qué piensas hacer? -me dijo con odio. Gotas comenzaron a caer del cielo y empaparon a un pueblo muerto.Aramis se aproximó volando rápidamente cerca del suelo e intentó atacarme con su mano. Lo tomé del cuello y lo comencé a ahorcar sin piedad alguna. Sus pies no tocaba el suelo, su cuerpo convulsionaba en busca de liberarse y encontrar oxígeno, pero era inútil, ya había comenzado... mi deseo por matar.
-S...carlet -sus ojos se iban hacia atrás y los míos estaban llenos de odio y venganza. ¿Qué estoy haciendo? No, esto está mal. "Quiero continuar" me gritaba una parte de mí.Lo solté inmediatamente, estaba inconsciente. Ese hombre me observaba con pavor, jamás me había visto hacer algo a sangre fría. No me importaba, logró su cometido, me quebró por completo.Avancé lentamente hacia Él con mis alas cerradas.Una palabra no sería suficiente para acallar el odio en mi interior.
-Magnífico. -ojeras prominentes y de color negro tomaron lugar bajo mis ojos. -muéstrame que más puedes hacer.
-Muere... -susurré. El hombre presionó su pecho.
-A... que este...
-¡Muere, muere, muere, muere!
-Tu... poder. -su cuerpo quedó sin vida.
-¡Muere, muere, muere, muere, muere! -grité una y otra vez sin conseguir calmar ese hambre de venganza.Diez repeticiones, diez fueron suficiente y solo con cinco logré mi cometido.
 

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