V

Memorias Caídas

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¿Esto era lo que buscaba? Sí, ¡no!Permanecí contemplando el cuerpo sin vida una última vez... Un cuervo que reconocía donde fuera rondaba por el aire chillando, me reclamaba, me recordaba lo que era.Avancé unos pasos dejando el cuerpo de aquel despiadado ser que me había arrebatado la sonrisa atrás.El cielo decidió llorar conmigo en busca de algún tipo de consuelo que lograra limpiar mis manos. Dejé caer mis rodillas al suelo, estaba tres metros más adelante del cuerpo, el pueblo se hallaba a mis espaldas. Tomé la daga de mi bota y la clavé en el suelo con ambas manos... El cielo crujió con furia y desde donde una vez personas vivían en paz, luces azules, se elevaron paulatinamente danzando como luciérnagas hasta tocar el cielo y desvanecerse entre las nubes grises.
Pasaron dos semanas y no tuve noticias de Aramis. Sabía que me buscaba, pero no podía concentrarme en él, debía ocuparme de la niña. Huímos hacia el norte de la actual Cambria, un lugar con muchos problemas. No podía mostrar mis alas ni por un segundo. Encontramos una casa abandonada donde nos quedamos allí una semana... Alair se posaba en la ventana todos los días hasta que la razón de su aparición se hizo presente.Ella enfermó.
-Tranquila, te recuperarás - estaba postrada en la cama, su piel se tornó pálida y casi sin vida, la muerte la reclamaba.
-¿Veré a mamá? - dijo con una sonrisa en el rostro.
-Solo si tú lo quieres. -mi voz temblaba y mis ojos se empaparon.
-Sí, los extraño.
-¿Me perdonas? Lo siento tanto. - lloraba porque no había solución a esto, se aproximaba su hora.
-No te culpo... La Parca tiene que hacer su trabajo... -cerró los ojos.
-Descansa. -su respiración se detuvo y una luz azul se dirigió al cielo.
Luego de eso, pasaron dos días y Aramis me encontró, yo estaba en la orilla de una laguna bebiendo un poco de agua, me vio hablando sola.
-Ella se fue y todo es tu culpa... -la voz de alguien, no sabía de donde, me acechaba.
-¿Quién eres? -pregunté con miedo. Miraba a todos lados buscando, pero no había nadie.
-Tú sabes quien soy a la perfección, clamas mi nombre cuando tienes problemas, miedo, hambre de matar, pero no quieres hacerte cargo. Soy tú.
-¡Cállate! Sal de mi cabeza. -no lo creía, me negaba. Estaba desesperada, mis manos temblaban, me tapaba los oídos.
-Todos tus principios son una farsa, te han fallado desde el comienzo de todo. -reía desaforadamente.
-No, no, no, no... ¡No sabes nada! -grité con la garganta desgarrada.
-Tú me creaste para escapar del dolor que generas, esto es lo que eres, un monstruo y estoy cansada de no tener el control. -hundí mi cabeza en el agua helada, jalaba mi cabello con fuerza y sujetaba mi cabeza. No quería ceder.
Él se me acercó con lentitud sin dejar de observar lo que ocurría. Volteé al instante.
-Aramis, mátame. No lo soporto más, ella... va a destruirlo todo. -estaba empapada, sin rumbo, no tenía nada.
-Ven... -me abrazó suavemente -No lo haré.
-¡Lo haces o comdenaré a todos! -dije entre lágrimas.
-No puedo perderte...
-Muchos más lo perderán todo si yo me quedo. ¡Ah! -grité, las ojeras ocupaban mi cara lentamente -¡hazlo! No lo soporto más, este dolor es demasiado...
-Perdóname... -me empujó al agua.
Morí.
Los ángeles no pueden nadar, sus alas se vuelven muy pesadas. Si uno cae al agua por accidente, ese era su final, ese fue mi final.
Hizo falta solo un año para que me quebrara en mil pedazos, y una niña para darme cuenta de que estuve enferma de odio desde siempre.Feliz cumpleaños, Scarlet, fue el último pensamiento que rondó por mi mente un segundo antes de morir.
Trizte, pero cierto. Duele y no puedo hacer nada. Tranquila, nada de mostrar debilidad.Listo, todo lo que recuerdo está allí... Incluso los diálogos. Que mierda. Debía anotar mis "habilidades intergalácticas" para no sembrar el pánico en sus rostros.
-Volar. Gritar. Matar. Cantar. Esto es una mierda. Mis sentidos son más agudos que los de cualquier criatura.
Finalizada mi tarea, bajé del árbol de un salto. Arranqué la hoja donde había anotado mis "superpoderes Marvel" y los dejé sobre el escritorio de tori. Me quedé con el diario para mí, si alguien deseaba leerlo, lo haría, pero no me quitarían la carga de mis hombros con tanta facilidad.Caminaba por los pasillos con una particular sonrisa... Aquila me estaba siguiendo desde que subí por las escalera, aunque no decía nada.
-¿Cuál es el problema? -protesté impaciente.
-Déjala salir un día. Hice un trato y si no lo cumplo, ella me matará.
-Demasiada paz cuesta una vida, ¿no es así?
-Extraña manera de pensar... Y te preguntas cuál es tu error.
-Lo haré.
-Duele ¿no?
-¿Qué?
-La verdad y aceptar la culpa. No soy idiota como para no ver las cosas. Ellas se darán cuenta tarde o temprano...
-¿De qué se darán cuenta exactamente? - las ojeras prominentes, el ambiente tétrico que cambiaba con la presencia de aquella aura envuelta en la locura... ella estaba ahí. La única forma de callar a Aquila, era darle lo que exigía. -No desapareceré mañana, planeo quedarme un tiempo y solucionar esta puta mierda de una vez. Llévame con Victoria y Eruca.
-Bien.
Nos reunimos solo nosotras cuatro en la cocina, Caleb y Ceres se habían ido a caminar por un rato. Muy conveniente de su parte.
-Debemos encontrar a Aramis. Si necesitan respuestas, él podrá dárselas.
-Hazlo tú, ya que estás aquí. -decretó Victoria con voz imponente.
-No. No han cumplido su palabra. Ayúdenla y yo responderé.
-Es un trato.
-Hablen... -gesticulé con ambas manos y una sonrisa de oreja a oreja se posó en mi rostro.
-¿Cómo detenemos a Azar? -me interrogó con miedo. Aquila cumplió su parte del trato, ¿por qué duda de mí? Extraño sentimiento. Lo odio. Duele.
-Increíble como la última preocupación se convirtió en la primera -me deleité con su desconfianza ante la situación.
-El cuervo, ¿cómo lo eliminamos? -dijo Eruca.
-No es algo fácil de hacer para ustedes, aunque para ella sí, solo debe decir una palabra y puf, problema resuelto.
-Sí, lo sabe, aún así se niega. -protestó Aquila.
-Abusar de un poder tan grande te convierte en lo que quieres destruir. Hay que encontrar a Aramis... algunos recuerdos del pasado, dan fuerza en el presente y también respuestas que yo no tengo.
-¡Estás loca! Casi me mata. -gritó con fuerza Eruca. No me temía... son diferentes... ¿qué las volvía de esa manera? No, ¿qué les daba fuerza para no caer en un abismo oscuro como en el que yo estaba?
-¿Y cómo se sintió casi morir? -mis ojos se iluminaron, hambrientos de una respuesta.
-Muy bien, no nos vayamos por las ramas. Buscaremos a Aramis, ¿y luego qué? -interrumpió Victoria.
-Las cosas mejorarán. -sonreí con seguridad.
-¡Cuánta confianza! -exclamó con sarcasmo.
-¿Por qué noto cierto odio hacia mí, Eruca? Aún no te amenazo con un cuchillo en el cuello.
-Lo siento. Estoy estresada, tenerte aquí nos da una oportunidad antes de que todo se ponga de cabeza nuevamente.
-Ustedes son raras. -Dije con duda en el rostro. -Aquila, ven, vamos a dar un paseo.
-¿Escuchaste lo que dijo? -murmuró tori.
-Shh... sólo calla. -dijo Eruca entre risas.
Caminamos por el extenso jardín de flores bajo la noche estrellada.
-¿Me tienes miedo? -la interrogué con una sensación extraña en mi estómago y en la garganta.
-Amenazaste con matarme, ¿tú qué crees? Al comienzo sí, sé que lo notaste... Ahora no, solo no lo hagas de nuevo si quieres que la gente confíe en ti más seguido.
-Necesito ayuda. No puedo soportarlo más.
-Lo sé
-Quiero dormir en paz una noche, solo una.
-Estamos planeando algo, pero no puedo decirte. Lo arruinarías.
-Eres igual de rara que ellas... Te contaré un cuento. - dije, ignorando sus palabras. Tenía trabajo que hacer. La parca jamás descansa. -Era un palacio en el cielo, donde las nubes blancas resguardaban las almas que deseaban paz y descanso antes de su último destino. Sí, allí, en el firmamento más allá de todo cúmulo, donde intentamos contarlas con la esperanza de obtener respuestas eran colocadas, en la lejanía de todo mal y miedo.Brillan por siempre... Sí, lo hacen para recordarnos que siguen presentes, que no nos olvidan y cada día cuando el sol se oculta nos observan con la esperanza de que recordemos lo que nos mantiene pensando en ellas. Allí, estaba el Palacio en el cielo, escondido tras las nubes, a la espera de aquellas almas que desearan reunirse con quienes amaban.
-Muy bello. ¿Es cierto que los ángeles tienen una hermosa voz?
-Así como los demonios gritan y lo destruyen todo con sus poderosas voces, los ángeles alejan el dolor y traen paz... Ella no me deja salir porque se niega a quitar el dolor.
-¿Y las muertes? ¿has matado como ella dice?
-No me juzgues por las decisiones que he tomado para sobrevivir.
-¿Y el hombre que asesinaste en el bar? -atrapada y sin salida. Niños, cada vez desconfío más de ellos.
-Cuando veo los ojos de alguien, quien sea, puedo ver sus miedos, alegrías, pecados, todo lo que es. Matar es demasiado fácil, la razón, es lo complicado.
-¿Qué hizo? -no lograba comprender mis acciones. No la culpo, ni siquiera yo me entiendo.
-Nada, no hay excusa. Lo maté porque cuando veo miseria y miedo en ojos ajenos, no es suya, sino mía. -respondí con una triste voz.
-No eres tan mala. -sus ojos se posaron en los míos.
-No, soy mucho peor de lo que piensas. Ten cuidado, porque haré lo que sea para sobrevivir.
Tan complicado mantener separada las voces y mi locura, tengo poco tiempo... Sé que tengo problemas, lo intento, pero no logro que ella me escuche, peleas y más peleas en nuestra mente... Me tiene encadenada porque se resignó a una vida de mierda. Lo odio, la odio... Me odio. Ya ni sé por qué quiero seguir viviendo, estoy cansada... quiero ir a casa. Realmente lo quiero.
A la mañana siguiente me encontré a Caleb en la sala de máquinas, observaba el radar en busca de alguna señal de Aramis. Órdenes de Victoria. Yo por otro lado, decidí salir a caminar sola, hacía tanto tiempo que no sentía la brisa en mi piel...
-¿Cómo es morir para los descendientes de ángeles? -preguntó Aquila a tori.Le afectó, muerte, morir, esa palabra cambiaba de significado en cada persona, era diferente, pero a la vez, siempre lo mismo.
-¿A qué viene eso? - exhaló sin ganas.
-Quiero saber.
-No deberías pensar en esas cosas.
-Como están las cosas, mientras más sepa, mejor.
-Bien... -puso cara mala. -Cuando uno de nosotros muere, su cuerpo deja de ser lo que fue, se ilumina, se transforma en nueva vida. Cada parte se desvanece lentamente y de la manera más bella en la que nuestro creador pudo haber hecho a cada criatura. La luz que desprende el cuerpo sin vida genera pequeños insectos, luciérnagas... Hermosas... que se compenetran en una inigualable armonía, danzan en el aire, se elevan con tanta gracia que si prestas atención a una de ellas, puedes ver un recuerdo de esa alma que se dirige al firmamento. Y al llegar a lo más alto del cielo, desaparecen sin dejar rastro de su presencia, llevándose el último suspiro de vida que dicha persona dejó en la tierra.
-Es hermoso. -la piel de gallina le invadió el cuerpo. En su imaginación de niña parecía un cuento de hadas con un final feliz.
-Lo es. -volvió a lo que estaba haciendo.
-Debo ir a buscar a Scarlet, está sola. Le di su espacio, incluso ella se lo merece.
-Avísame si ocurre algo.
Caminaba en la soledad de los altos pastizales en cuanto me percaté de lo mucho que me había alejado de casa. Vi a unos niños gritando muy divertidos, felices, sus rostros irradiaban paz y serenidad. Lo odiaba. Sentí ira, la necesidad de extrangularlos con ambas manos aumentó progresivamente, el aura oscura que absorvía los colores se hizo presente y la calidez de alrededor lentamente desaparecía. Mis ojos se oscurecieron en su totalidad. Me acerqué sin hacer ruido, como un león vigilando a su presa. La noción de todo lo demás quedó en el olvido. Abrí mis alas y tomé la daga de mi bota. Los niños voltearon extrañados ante la situación y se petrificaron al mirarme directamente a los ojos.
-¡NO! -gritó Aquila. Se interpuso entre los mocosos y yo. -No hagas nada estúpido.
-Ellos...
-Son niños, no tienen la culpa.
Reaccioné.
-Ayúdame. -solté el puñal con miedo.
Regresábamos en silencio, sumidas en nuestros propio pensamientos. A diferencia de ella, yo combatía demonios.
-Te dije que esto acabaría mal si te dejaba salir. Libérame y podras quedarte en paz.
-No me hagas reír. Voy a ayudarte aunque me lleve años.
-¿Quieres ayudarme? Ja, ¿quién te ayudará a ti? Todos te temen, estás loca, no te controlas y lo peor es que hablas con la verdad. Tan fácil de manipular.
-¡Silencio!
La noche llegó y consigo el sueño. No podía dormir, si lo hacía, ella regresaría. Medité toda la noche sobre cómo afrontar mi problema. Aquila era muy joven como para ayudarme con tanto... Victoria lo haría.
 

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