VI

Memorias Caídas

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-Las vi muy serias cuando llegaron, ¿pasó algo? -Eruca nos interpeló.
-Ah... -me hice la idiota como de costumbre y tomé un poco de jugo. Demasiado temprano como para responder preguntas incriminatorias.
-No, sólo se distrajo y se alejó de aquí como unos cuatro kilómetros al sur. -¡GRACIAS! salvada.
-Tanto en unas cinco horas... impresionante.
-¿Cuándo te irás? La quiero de regreso. -la frialdad en sus palabras me causaban náuseas. Estúpido Caleb, te mataré un día de estos.
-Entonces no me amas como dices, soy solo un ideal que creaste para torturarme. -bociferé con odio.El desayuno terminó en silencio, nadie quería meterse en una discusión "romántica". A final de cuentas, me levanté de la silla y me fui con Victoria y el libro en mis manos al jardín, junto al árbol.
-Por lo que entiendo, el libro me rebela la información según lo que me ocurre. -traté de explicar.
-Tú puedes. -es extraño que me dé confianza. Ella me odia con su alma, puedo verlo en sus ojos. Falsedad usada para salvar el pellejo de muchos. Estás en un limbo. Mordí un pedazo de mi sándwich.
-"Cuando el sol se ponga, un amor que no amó te matará. Si buscas salvarlo, otra vida debe ser tomada en su lugar". Eso es todo lo que dice.
-No logro descifrarlo. El tiempo lo hará por nosotros. Ahora enfoquémonos en ti. ¿Qué recuerdas?
-Todo. Ella no lo hace.
-Sé que no me contarás, lo entiendo. Todos tenemos un diario con nuestros pecados escritos en él. Leí como conociste a Aramis. Creo que ahora te comprendo mejor.
-Son memorias caídas. Lo que fuimos, lo que nos hizo el destino. Nos aterra. Se cayeron por el peso de las monstruocidades que hicimos en el pasado.
-Quizá sea cierto...No lo leeré de nuevo. Es tuyo, pero necesito que me ayudes a ayudarte. Te daré tu tiempo para que lo superes. No es mucho, Azar no lo va a permitir.
-¿Qué hago ahora? -pregunté sin saber cómo seguir. Ser curada sin plumas o cantar me resulta raro e indescriptiblemente incómodo.
-Cuéntame como apareciste tú y ella.
-No lo sé... yo lo recuerdo todo; ella por otro lado, no. Le afectan las palabras. Lo primero que recuerdo es que aparecí cuando teníamos diez años apróximadamente. La atormentaba por no ser capaz de seguir adelante, al inicio intentaba ayudar, pero me desesperaba como ocurrían las cosas, sus decisiones, quienes la rodeaban... hasta que tomé su lugar. Peleábamos por el control, quería venganza, tenía odio, no lograba dormir por las noches, dejé de ver los colores de la vida, deseaba matarlos a todos.
-Aún lo quieres. -afirmó con seriedad.
-Sí. Las cadenas son lo único que me afectan. No puedo volver a casa...
-¿Recuerdas algo de allí?
-Sólo una cosa, la canción de cuna que mi madre solía cantar para hacerme dormir. Siempre que ella o yo enloquecemos, tratamos de cantarla aunque no queramos oírla. No tienes idea de lo que se siente cuando las cadenas comienzan a arder. Me queman desde la piel hasta tocar mi alma. No sé como logro soportarlo. ¿Qué hice para merecer esto? -estoy bajando la guardia muy rápido... creo que a pesar de su odio, puedo confiar en ella.
-Tranquila, no te sobreesfuerces.¿Puedes cantar la canción? Me gustaría oírla. -sabía lo que estaba haciendo. Recopilar información para interceptar cualquiler fallo o problema conmigo. Si enloquecía, bastaba con una melodía para mantener al monstruo dopado. Aún así, accedí. Tengo una debilidad por los humanos, lo admito.
-"En una ausencia de Lunaun bosque muy frondoso, ramas enredadas se distraen..."
Las lágrimas usurparon mis ojos, no lo entendía. Me dolía tanto el pecho. No pude continuar y me resigné a contemplar en mi mente el conocimiento de todo lo que me rodeaba. Necesitaba ganar a papi.
 

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