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Memorias Caídas

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Pasaron días de búsqueda y me quedaba poco tiempo, necesitaba encontrar a Aramis.Habíamos avanzado con mi recuperación... el único problema era que yo no era el problema sino mas bien, el demonio que se creía ángel. Echar la culpa siempre es fácil. Yo cooperaba, pero ella se negaba. Ya se me ocurrirá algo. Finalmente lo encontramos.Victoria recibió una llamada de Seguridad Internacional... ¿qué carajo pasa con esos nombresDa igual, detectó con uno de sus satélites anomalías en la antigua India. Por desgracia, se unificará con la actual Cambria.
¿Cómo un gobierno tan corrupto terminó por convertirse en una de las naciones más poderosas e importantes? Los humanos son idiotas. El poder está en la manos equivocadas.
Debíamos viajar como dos días, quizá más, la verdad no me importaba. Lo único que quería era encontrarlo. Lo necesitaba. No estuve pendiente de nada ni nadie, Caleb intentaba hablarme, pero sólo conseguía respuestas vacías de mi parte...
Divagaba completamente aburrida en mi habitación, daba vueltas sin sentido de un lado a otro. Aburrida y con preocupación por una sola cosa.Un viaje tan largo con un silencio de preguntas me hartaba, no quería ir, pero debía. Responsabilidades. Comencé a reír sin causa alguna. Sí, no lo negaré, estoy loca. Nadie me observaba, nadie preguntaba en voz alta sobre mi comportamiento desde que había comenzado a tratarme. Sabía que algo iba a ocurrir y me desesperaba.
Desde que aparecí Caleb no me dirigía la palabra y si lo hacía, me miraba con desprecio y su voz me rebajaba a pura mierda. No te enamores de un cuento rosa.
-¡Scarlet! -gritó con alegría. Me buscaba. Entró a mi habitación sin tocar. Me observó con cariño -ten. -tomó mi mano y me entregó la flor. ¿PERO QUÉ DEMONIOS?
-¿Cómo lo supiste? -ella desapareció bruscamente con una expresión de miedo en el rostro.
Las ojeras se fueron, podía decidir. Mentira. Me debilité y un grillete se formó alrededor de mi cuello, un enlace, una cadena. Deseaba que fuera él, pero sentía algo extraño. Ignoré mis instintos porque yo lo amaba. Me volvía loca, rondaba por mis pensamientos todo el tiempo, no me importaba obedecerlo sin replicar... Era extraño. Me sentía una muñeca. Tan controlada, de nuevo... No. Las voces me gritaban todas a la vez, pedían ayuda.
¿Qué hice?Me encontraba en el pórtico de mi habitación. Me cubría la piel. Estaba muy lastimada, en especial mi brazo izquierdo.Poco a poco recuperaba la consciencia con cada paso que daba en el vacío pasillo.
No sanaba. ¿Por qué estaba herida?
Ingresé a mi habitación e intenté curarme. Imposible. Me dolía mucho el brazo. De seguro estaba fracturado... volví a salir sin rumbo alguno.Me tambaleaba sin dirección por el pasillo y Victoria me sostuvo antes de caer.
-¿Qué te ha pasado? -preguntó extrañada.
-No lo sé. -miré mis manos rascuñadas. -casi pierdo el control de nuevo.
-Entonces tendremos que hablarlo  para estar pendientes de ti y cuidarte.
-Está bien, de igual forma terminaré sanando.
No sé por qué regresé a mi cuarto. Loca de mierda. Estaba alterada por algo...Tomé el libro de mi madre y busqué respuestas, pero nada.Mandé a la mierda todo y me enfoqué en buscar a Aramis. Había recordado que era mi principal interés. Bajé las escaleras para prepararme un bocadillo. Eruca estaba allí.
-¡Pajarito! ¿quieres una manzana? -Chispitas disparaba energía por los poros. Es bueno tener algo de alegría después de tanta mierda.
-Claro. -asentí.
-¿Qué sucede con tu brazo? -su rostro se contrajo. -está muy morado y feo. -lo sé, diu.
-Nada. -repliqué nerviosa. ¿Por qué?
-Muestrame ¿cómo pasó? -estaba preocupada, no comprendo cómo funciona eso con los humanos.
-Me caí. -respondí apresurada.
-No soy tan idiota como parezco. ¿Fue Victoria?
-No.
-¿Entonces?
-Me caí. Idiota. Aunque no recuerdo cómo...
-Tu enlace está completo ¿cuándo pasó? -me interpeló con una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Cómo supiste? -Estaba confundida. Otra vez. Mierda.
-Eeem... llevas una larga cadena en el cuello que va hasta el piso.
-Cierto... -dije con extrañeza. Me concentré y desapareció.
Luego de días de viaje por fin llegamos... todo había cambiado, nada era como yo lo recordaba. Emselení. La naturaleza agoniza, los árboles entraron en un sueño profundo y los animales se escondían para evitar su muerte. Descendimos con cuidado, pero me adelanté, podía sentir la mirada de Caleb en mi nuca. Estaba nerviosa, me sudaban las manos y mi brazo aún dolía.Mi olfato nunca miente. Algo andaba mal, lo podía oler en el aire. Mis ojos se oscurecieron por completo, mi aura comenzó a expandirse con rapidez absorbiendo la luz y los colores llenos de vida a mi alrededor... tan divertido. Reí con picardía.
-¿Cómo haces eso? -Caleb parecía asqueado de simplemente verme. Pensé que me quería. Desvié la mirada al suelo con pena.
-Pues a mi me parece genial, le da otra onda a todo esto. -la voz de Eruca no ocultaba el asombro por mis habilidades. Un sistema de defensa útil: si no puedes destruirlo, usa sus miedos.El aire estaba pesado, el suelo seco y cuarteado... La vida era absorbida por un elemento fuera de lugar. Seguimos el rastro de la maleza muerta hasta encontrarnos con lo que buscábamos. Muy fácil, demasiado para mi gusto. Me adelanté con las alas extendidas dejando a los demás detrás de mí, me acercaba con cautela. Allí en el suelo yacía Aramis, completamente herido e inconsciente, patético, aún así lo necesitaba con vida.
-Tanta paz cuesta una vida ¿no? -me incliné y con mi dedo índice le piqué la cara. - ¡despierta o La Parca te comerá! Tendré que cargarlo. -Reí.
-Tenemos camilla para llevarlo. -dijo Victoria acercándose. Noté que Sira tenía su mirada clavada en mí. Hace rato me observa y no ha dicho mucho desde que estuvimos en el desierto.
-Mi amigo, mis reglas. -repliqué molesta. -Andando. -lo tomé sobre mi espalda como un saco de papas.
-Sí es fuerte... -confirmó tori en voz baja.
-Puedo levantar el doble o triple de mi propio peso a menos de que entrene, si me pongo en forma podría levantar una catapulta. -presumí. Era verdad.
-Ya me parecía bastante ordinaria tu hoja con "superpoderes Marvel" ¿qué más puedes hacer?
-¿Y si no quiero responder? -algo me ocurría y de alguna manera me desquitaba con ella. Mierda.
-Tu amigo será reportado como traidor y tendrás que ver como lo fusilan. -¿asesinar? Imágenes pasaron por mi mente, el odio me llenó el corazón. No había vuelta atrás para Victoria. Me había amenazado sin duda. Nadie decía nada, la tensión subía y no pensaba apartar la mirada, sería una derrota.
-¿Todavía hacen eso? -pregunté incrédula. Esperaba que fuera una simple y molesta broma.
-Y cosas peores. -tú estás en mi camino... Ella sabía cosas de mí, no podía dejar que las soltara como si nada. Me amenaza sabiendo que puedo matarla. No me tiene miedo. ¿Por qué siento tanta alegría? Realmente estoy demente.
-Ya sabes lo importante, no molestes. Sé que tienes un expediente con toda mi información en él. Deberías esconder mejor ese tipo de cosas -dije con sarcasmo en mi voz -no quieres que la gente descubra que tienes un punto ciego debajo de la nuca; que Eruca fue responsable de masacrar a un pueblo entero por escuchar una voz en su cabeza; que las gemelas le temen a la arena o incluso pueden matar a sangre fría si se las separa a la fuerza. ¿Continuo?
-Sabes que nada de eso fue así.
-La gente no sabe lo qué pasó, da igual si es real o no. Creerán lo que les convenga. Así son los humanos.
-Haz lo que quieras.
-Eso haré. -gané.
En el camino de regreso no me aparté ni un segundo de Aramis, no podía perderlo de vista. Peligro, era la palabra que buscaba. Conocía las habilidades de Aramis mejor que nadie, sus debilidades, todo... sabía que no podría mantener una segunda pelea sin haber entrenado por un largo tiempo ¿cómo es que terminó aquí? Azar no sabes cuánto anhelo tu muerte.No puedo descartar la posibilidad de eliminarlo, el equilibrio se partirá en quien sabe cuántas partes si se queda aquí . Algo que no debe existir, existe. Dos opciones, pero ¿a quién eliminaré?
Aramis comenzó a despertar, abrió sus ojos. No podía moverse, estaba sujeto, aún así, no me confiaría de nada para retenerlo. Mi mirada se iluminó como advertencia y el aura oscura se expandió con rapidez.
-No sabía que te causaba tanto miedo Scar. -¿miedo? ¿Lo estoy sintiendo realmente? Una gran sonrisa ocupó mi rostro. GENIAL. Lo odiaba con mi alma. Cada vez aprendía más... a como ser humana. NO. Eso es algo del pasado.
-¿Miedo? -pregunté nuevamente sin entender su punto.
-Lo sabes mejor que nadie... -dijo con la locura saliendo por sus ojos.
-Te mataré. -respondí segura.
-No, no lo harás, por eso estoy aquí. Esa personalidad no te salvará. Él sabe que te importo... -rió lentamente.
-¿Puedo soltarte?
-¿Puedes permanecer en ese estado siempre? -lo sabía, todavía quedaba algo de su esencia, no estaba todo perdido. Debía matarlo.
-¿El cuervo? Aún te persigue... Me siguió todo el camino y luego se fue. Me dijo que te recordara una cosa, pero nadie más puede escuchar. -me acerqué con cautela para escuchar mejor. -¡Espero que mueras maldita puta! -me alejé rápidamente, mi corazón latía deprisa. Él reía descaradamente e intentaba liberarse.
-Duerme. -dicho y hecho. Corrí hasta el baño y vomité. ¿Nervios? Mis manos temblaban. ¡Mierda!Llegamos a casa y Victoria trasladó a Aramis a una selda de contención en el área de entrenamiento, junto a todas las armas, excelente idea tori. Vamos a morir. Me cubría la cara con ambas manos, estaba cansada. Una noche más y me iría.¿irme? ¿por qué? ¿Acaso no éramos una sola? Podría tomar el control...
Traté de comer pero no tenía hambre. La comida humana me da asco... prefiero una manzana o algo más fuerte. Me quedé leyendo el libro, que al parecer mi madre me había escrito en mi cuarto. Cerré con llave y me centré en la lectura.
Mientras tanto, Eruca debía encargarse de cuidar la celda de Aramis, era la única que se había ofrecido... cuántas ganas de matar había en esa mirada o quizá era otra cosa.
Eran las tres de la tarde y la temperatura se elevó a unos treinta y cinco grados. No había aire acondicionado, para Eruca, el clima y la temperatura eran completamente agradables en todo sentido, pero para el incontrolable Aramis era algo agobiante. Sí, algunos de nuestra especie no soportan temperaturas altas o el frío. No tenía suficiente conocimiento sobre eso, aún así había pequeños trozos de información en mi cabeza. Ella estaba sentada, con la espalda apoyada en la pared de enfrente a la celda sin apartar la vista de él; por otro lado, Aramis se encontraba sentado a un rincón sudando de manera exagerada. En un momento Eruca notó que algo no andaba bien y abrió la puerta sin darle importancia al posible peligro. Despistada.
-¡No entres! Es peligroso. -intentó pararse aunque su cuerpo le falló y perdió el equilibrio.
-¿Eres masoquista? Si no reduzco la temperatura de tu cuerpo empeorarás. Ahora quédate quieto sino no podré concentrarme. -se quitó los guantes y colocó ambas manos cerca de su cabeza -Tranquilo. No voy a tocarte, si lo hiciera probablemente tendrías quemaduras de tercer grado -poco a poco la temperatura corporal de Aramis descendía mientras que la de ella se elevaba al doble. Se alejó rápido de él con cuidado de no quemarlo. Estaba exhausta.
-Te has quedado sin energía. No debiste hacer eso. -se incorporó con lentitud. -Ahora apenas puedes estar de pie y yo podría irme tranquilamente sin que nadie lo note. -sonrió.
-Adelante. -señaló la puerta. -Huye, pero cuando me recupere y te encuentre pasarás de ser carne y hueso a solo humo y cenizas.
-Muy bien -cerró la puerta y luego regresó a sentarse junto a ella.  Eruca permaneció junto a él durante toda la noche hablando de una gran cantidad y tipo de cosas, incluso de mí. No sabía si me continuaba agradando Aramis en esa situación...
-No deberías estar aquí dentro, él me controla. Puedo lastimarte en cualquier momento.
-Cuéntame sobre Scarlet. ¿sabes algo que ella no nos haya dicho? -preguntó ingenua -A veces tengo la sensación de que no puedo confiar en ella.
-Pues tienes razón, está enferma. -lo admitió con sinceridad. -Nunca olvidaré cuando la conocí. -se sumió en recuerdos por un momento. -Sabes, llegué a amarla, estaba enamorado... de una mentira. Sobrevivir es la primera palabra en su diccionario. -se sujetó la cabeza con ambas manos. Le dolía. -Azar aún me controla, es difícil mantenerlo alejado de mi mente, creo que ahora la entiendo mejor. Escuchar voces, atormentarte, no sé como lo hace...
-Ella dijo que tú mataste a una pequeña familia que les había dado comida y bebida. -dijo sospechando.
-Así funciona su mente. Yo no podía desobedecer a las órdenes que nos imponía ese hijo de puta, pero yo no maté a esa gente. Scarlet comenzó a perder el control por si sola luego de que le quitaran la daga y cuando regresaba en sí, no recordaba las atrocidades que hacía. Si hay algo a lo que le temo es a ella. -balbuceó. -Comíamos y luego pregunté la hora, sus ojos brillaron y un aura oscura emanaba de su cuerpo, era inexplicable la sensación que causaba. Luego dijo "toma el cuchillo y entiérralo en tu cuello" el hombre lo hizo con lágrimas en los ojos mientras que la cara de Scarlet expresaba una sonrisa diabólica. De repente volvió a la normalidad y me vio como si fuera un monstruo. Desaparecí de ahí, tenía miedo. Al final del día, ella había acabado con un pueblo entero. No diré que no asesiné porque es mentira, mis alas están muertas debido a eso. Ella regresó luego de un día o unas horas, no recuerdo bien. Le dije que se detuviera, era demasiado tarde. Ese bastardo había conseguido lo que buscaba... ya no era la misma. Me ahorcó hasta casi dejarme inconsciente, en realidad seguía observando, pero sabía que un movimiento en falso me llevaría a la muerte.
-¿Luego?
-Vi algo hermoso. La Muerte tiene derecho a enojarse. Comenzó a gritar "muere, muere, muere..." unas diez veces. Podía oir las articulaciones y los hueso de él romperse cada vez que lo gritaba. Clavó la daga en el suelo y lo demás fue un espectáculo.
-Lo sé, tori vio lo de las luces azules, eso es real. Entonces quien está ahora no es quien debe mandar en su cuerpo...
-No, ninguna de las dos. Simplemente tiene que ser Scarlet de nuevo.Esa daga le hace hacer cosas inimaginables. Nunca me dijo como la obtuvo. Cuando nos conocimos ella decidió contarme todo acerca de su vida anterior, me habló de avances y cosas así. No le pude creer una sola palabra hasta que lo vi con mis propios ojos. Ella es un peligro inminente.
-Azar quiere provocarla. Por eso estás aquí... es una trampa. -se fue corriendo a buscar a tori. Una gran sonrisa ocupó el rostro de Aramis. Rió. Nuevamente en su control.
-Aramis escapó. Está afuera con Caleb. -gritó Eruca desde la puerta.
-¡Pero qué! Estaba hablando con él hace unos segundos.
-No tengo idea de como lo hizo. -tori  estaba alarmada -Caleb activó su comunicador en busca de ayuda. Ve por Scarlet, que no se altere...
-Tarde, su plan es ese. -respondió nerviosa quitándose los guantes mientras corría hacia afuera.
 

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