II

Memorias Caídas

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Ellas no se habían dado cuenta. Estaba fuera. Mirando a los ojos a Aramis que lo sostenía del cuello, igual que a Eruca. Una muerte tortuosa. Ahorcar. Tragué saliva como si mi cuerpo recordara algo.Alair se hizo presente en la rama de un árbol seco, a unos metros de Aramis. Victoria y Eruca no tardaron en llegar. Las gemelas no aparecieron, estaban en el segundo piso sin escuchar ni saber nada de lo que ocurría.
-Scarlet... tranquila. -no escuché. Mi atención estaba en Alair. Una mierda todo lo demás, ese puto cuervo debía morir, pero una palabra en falso y Caleb estaba frito. De alguna forma, no me importó. Mis ojos se iluminaron y mientras miraba a Aramis, señalé al asqueroso pájaro negro con mi mano en forma de arma.
-Bang. -y al revolotear, su ala fue herida por una bala que no existía. Se incorporó en el suelo, graznando de odio. -poom. - su cuerpo se infló con gran velocidad y explotó. Sus tripas cayeron del cielo, la sonrisa en mi rostro no podía ser más grande y enfermiza. Una semana se cumplió y sin darme cuenta, ella regresó. Mierda.Tenía el cabello y la ropa llena de sangre y tripas, no me interesaba... Las caras de tori y chispitas jamás las olvidaré, podía verlo en sus ojos: el miedo, la sorpresa y la preocupación. El sol salía poco a poco detrás de Aramis quién sostenía con fuerza a Caleb. Tan real como tú quieras.Aramis no tenía sombra.
-No eres real... -se desvaneció entre risas psicópatas y Caleb cayó al suelo. Eruca corrió nuevamente a la celda y vio que continuaba cerrada. Él seguía allí.
-¿Qué hiciste? -lo interpeló con odio.
-Nada. -sonrió.
-La única manera para que deje de controlarlo es darle una fuerte descarga eléctrica en el sistema nervioso central... -La voz de Sira hizo eco en todo el lugar.
-O que Scarlet use su poder para curarlo. -habló Aramis haciendo una mala imitación de Eruca. A pesar de estar bajo su control, lograba responder con cierto grado de verdad.
-¡Hizo explotar a un cuervo con la mente! -gritó chispitas. -Quiere matar. Todos sabemos lo que significa un elemento fuera de lugar en el tiempo. Ella quiere equilibrio. Una vida por otra o muerte a lo que se ha manifestado sin permiso.
-No sabemos si cumplirá, pero hay que intentarlo. -contestó sorprendida Victoria. -Creo que ya está entrando en razón por sí sola... ¿notaste que sus cambios de personalidad se entremezclan sin que ella lo note? Eso es bueno.
-Se está aceptando. Aunque hoy en el pasillo estaba herida... No me voy a confiar con algo tan delicado. Su brazo no sana con tanta rapidez como de costumbre.
Pasaron dos putas horas planificando algún magnífico plan para que accediera a curar a Aramis.Al final no llegaron a nada y simplemente me preguntaron de la manera más directa posible. Gracias. Por perder mi tiempo.
-¿Lo harás? -preguntó Victoria con un tono casi dulce.
-Si no lo hago me volverán más loca de lo que ya estoy. -respondí con sarcasmo.
-De igual forma, deberías. Nos mentiste. Otra vez. Él habló con verdad. -Eruca estaba hirviendo del enojo.
-Lo siento...
-No lo digas si no lo sientes realmente. -pillada. -No entiendes los sentimientos, los imitas. Para ti no somos nada.
-Yo... no hay excusa.
-Lo sé.
-Hay algo que Aramis no sabe. Cuando ella murió, corrí hasta la colina más cercana y le grité al cielo. Necesitaba hablar con el hombre de las nubes. Le pedí que cambiara la prueba para obtener mi enlace. Estaba cansada de ser violada. Mi esperanza murió con esa niña. Él accedió. Una flor tan bella, pero siempre olvidada. Como yo.
-¿Otra vez con ese disparate del Señor de las Nubes? No vuelvas a hablarme nunca más. ¡Deja de mentir!
Pero era cierto. Y si mentí, es porque la vergüenza de mis actos me domina.No estaba del todo triste, Alair ya no aparecería para torturarme y Aramis podría vivir. Una vida por otra. Finalmente algo a mi favor.La felicidad ocupó mi rostro en un instante.A la mañana siguiente bajé a verlo, debía solucionar su problemita de bobo mental y me encontré con la sorpresa de Eruca durmiendo en el suelo. Había estado hablando con él toda la noche, de nuevo...Ambos se atraen. Espero que su cuento termine bien. Sonreí. Empatía. Punto para mí. Basta de juegos. Cerré mis ojos en busca de concentración, mi cuerpo levitaba a pocos centímetros del suelo. Abrí los ojos que brillaron con intensidad. Ambos despertaron y se alarmaron.
-Despierta. -mi voz era extraña. Aramis comenzó a retorcerse del dolor, su cabeza le ardía. Gritaba con fuerza en el suelo y lágrimas caían por sus mejillas.
-Lo lastimas... -Eruca estaba preocupada.
De repente todo se detuvo y él, volvió en sí. Aramis había regresado. Que gran problema sería para mí. Leviatán...
Estaba cansada, necesitaba dormir. Le pedí a todos que no me molestaran y me fui directo a mi cuarto que casualmente estaba al lado del que ocupaba Sira. Le daba vergüenza dormir con tori. Se sentía observada. Yo no le quitaba el ojo, algo le ocurría. Me recosté en la cama y cuando desperté me dolía todo el cuerpo, mis ropas estaban rotas y mi ojo estaba morado. Esto no tenía sentido. Traté de sanarme, pero nada. Exactamente igual a ayer. ¿Será una especie de advertencia? No creo que ella actúe así a menos de que pelee conmigo por el control. Tenía sangre en mis piernas y cortaduras en mis brazos. Era un cuchillo. Busqué mi daga por todos lados y nada. No la hallaba. ¿Qué demonios me pasaba? Traté de encontrar respuestas en la biblioteca de Tarjaman, pero nada. Caminaba por los pasillos mentales en busca de un libro que se me escapaba de las manos. No lograba atraparlo. A la mierda los estantes. Que mala guardiana soy. Trepé en ellos como si fuesen escaleras y los salté persiguiéndolo. Sentía que había algo en él que me pertenecía. Brinqué y caí al suelo con él en las manos. Cuanto polvo... Su tapa era negra sin ningún título por el estilo, nada. Lo abrí...Lágrimas caían. Un recuerdo. Mi recuerdo. Podía recordar sin miedo ni dolor. De repente brilló y desapareció. Volví a la realidad y tomé mi diario con rapidez, no quería olvidar nuevamente así que escribí hasta el más mínimo detalle.
Lo leí. Volvió a ocurrir. Pensé que querer amar me ayudaría...Bajé las escaleras con miedo y tal cual estaba. Necesitaba ayuda. Corrí rápidamente hasta escaleras abajo. Caleb me tomó del brazo con fuerza. No había sanado lo suficiente y grité con miedo. El candelabro explotó junto a los vidrios y los oídos de Caleb sangraban. Mi corazón latía velozmente, las manos me temblaban junto a mis piernas, sentía el sudor frío caer por mi espalda. Traté de huír nuevamente y me tiró del cabello. Para cuando lo hizo, Victoria y Sira trataban de separarnos.
-¿Qué mierda les sucede?
No podía hablar, tenía la garganta seca.
-No se metan. Después de todo ella me pertenece. -vociferó con odio. Sus palabras se encontraron con una bofetada de Sira.
-¿Quién te crees para golpearla?
Por momentos entró en razón, su respiración se normalizó y no entendía lo que había hecho. Parecía mareado y vomitó a un costado de la escalera.
-Pajarito, te encanta meterte en problemas...
-¿qué me pasa? Yo no soy así... -dijo confundido. No creía ninguna de sus palabras.
-Mi daga... ¿dónde... está?
-No lo sé.
-Muy bien, hay que hablar. Antes debes limpiar tu vómito. Apresúrate porque hay olor. Sira, lleva a Scarlet con Eruca y que permanezcan en el jardín, tú te quedas conmigo y las gemelas vigilarán a Caleb. No quiero contratiempos.
Quizá fue mi culpa y deba ir a disculparme con él. No creo que me haga daño, digo, él es diferente. Pensé y pensé en como hablarle.Miraba al suelo mientras Chispitas me colocaba alcohol en las heridas. Dolía, no me importaba.
-Ni se te ocurra acercarte. Caleb está mal de la cabeza.
-Él dijo que me quería.
-Tú también lo estás. Entiende, te volverá a golpear si se le da la ocasión.
-¿Cómo sabes que fue él?
-Despierta, gritaste por ayuda en el salón. Tenías miedo. -¿miedo? -¿por qué no nos dijiste antes? Esto no puede ocurrir de nuevo.
-No lo sabía... creo. Busqué respuestas en mi mente, la biblioteca y un libro apareció... un recuerdo. Recuperé parte de la memoria. Eruca se repite. Él hizo lo mismo.
-¿Me dejarás leer? De verdad quiero ayudarte, pero si no me dejas, no podré hacer nada. Entiende que tú eres tu propia cura.
-Bien.
Me fui a dar un baño. Abrí el grifo de la tina. No lo soporté más... entré en la helada agua y me sumergí sin tomar aire. Roja, dulce y asfixiante sangre. Toda el agua se convirtió en el color de sus entrañas. Tal cual las palabras que retumbaban en mi mente. Otra vez. La maldición.Salí en busca de oxígeno. Y me vi al espejo... Caminé hasta él contemplando mi reflejo. Quizá sea cierto. Las palabras me condenaron porque yo lo quise así. La sangre se escurría por mi cabello... comenzó a transparentarse lentamente. Agua. Di vuelta hacia la tina y la sangre abandonó mi mente. Terminé por darme una ducha rápida. Estaba emocionada por haber vencido algo tan molesto. Me vestí apresurada. Me sentía observada. Bajé las escaleras nerviosa y fui hacia la cocina. Victoria tenía mi diario en la mesada.
-Yo...
-Está bien. No tienes nada que explicar. -había decepción y tristeza en su mirada.
-Sí, tengo qué.El agua ya no es roja. Eso es bueno ¿no?
-Scarlet... ya basta. -su voz sonaba cansada. -Te seré directa, todo lo que ocurrió fue tu...
-¡No lo es! No es mi culpa. -grité con lágrimas en los ojos. -nada de lo que sucede es mi culpa.
-Cálmate porque las lágrimas no me generan lástima ¿Quieres acabar con tu maldición? Acéptalo. Ya descubrí quién eres realmente.
 

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