II

Memorias Caídas

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Suspiré. Buscaba mi daga y podía sentirla en algún lugar de la casa. Era como un palpitar. Escaleras arriba, mi habitación, el cuarto de Sira, el armario de Caleb. Se escuchó un fuerte golpe proveniente del segundo piso. Un objeto plateado llegó a gran velocidad y se posó frente a mis ojos. La daga.
-No me obligues... -temblaba. Tenía tantas emociones contradictorias juntas que reclamaban salir.
-Tú me obligas a creer que eres un monstruo. -la frialdad de sus palabras hizo que mis ojos se cargaran de lágrimas. Exploté en llanto.
-No tenía opción. -Me defendí.
-Es curioso porque al final siempre terminas por asesinar a tu amo. -se acercaba con gran lentitud. -¿Qué estás buscando realmente? -me interpeló con rabia en la mirada.
-Yo... no lo sé. -solté la daga con asco de mi misma.
¿Qué quería? ¿Un amo?, ¿una buena vida?, ¿felicidad?, ¿amor?, ¿una aventura?
¿Qué?
No lograba responder. Di media vuelta y tori me tomó del cuello con ambas manos. No. No. No. Bajé la guardia.
-Me as... fixias. -tenía miedo, deseaba respirar.
-Lo sé. -afirmó con una cruel sonrisa. Nunca pensé verla de esa forma. La frialdad, si mirada no tenía vida.
-¡Pajarito! -Victoria apareció frente a mí. No entendía que pasaba. Los cuchillos de cocina flotaron. Todos se clavaron en el cuerpo de la farsante. Caí e inmediatamente busqué aire. Tosí, la garganta me ardía. -¿Estás bien?
-¿Quién era? -Me incorporé velozmente. El cuerpo se desintegró sin dejar rastro. -no tiene sentido. -¿Azar? -pregunté temerosa.
-No. Es otra cosa. -pensó. -Dormirás con Eruca de ahora en adelante.
-No fuiste tú... -sentí un gran alivio.
-Sus palabras no eran tan falsas. -me respondió casi como un triste susurro. Auch.
Al final terminé durmiendo con Chispitas. Estaba rendida. El cansancio mata más que el hambre...Me tiré en mi cama, sin aliento. De ninguna manera me iría al cuarto de Eruca, moriría ahogada en semejante desorden. Ella le llama arte, yo le llamo mierda.
Por otro lado, tori y Eruca se reunieron en la biblioteca a escondidas. Discutían seriamente sobre las cosas que habían sucedido.
-No tiene sentido. Una réplica exacta a mí apareció en la cocina. Trató de asfixiarla. -tori lucía pensativa.
-Lo sé. Es curioso que haya sido asfixia al igual como lo fue con Caleb... Incluso las muertes de Scarlet en sus otras vidas fueron de la misma manera. ¿Leíste su diario? No solo con Aramis, también con Aurelio. No son coincidencias.
-También asesinó a sus últimos dos amos. Dijo que no podía desobedecer. -correcto. No podía. Aurelio no me ordenó nada porque no podía hacerlo y el otro hijo de puta tenía tanto miedo que no lograba hablar. No hubo órdenes, no desobedecí en ningún momento.
-Aún así hay que admitir que sabe vengarse. -mal chiste. Tori no rió.
-¿Te estás escuchando? -No había más de dos gotas de paciencia en Victoria.
-Sí. Le tengo respeto como miedo. Azar no ha dado señal de vida desde que entró a la casa. Eso me da ideas de que algo grande va a pasar. -Eruca tenía razón, una palabra mía bastaría para destruirlo todo. Duele.
-Sí... algo trama. -afirmó.
-Es imposible. El azar nunca se planifica, ocurre porque sí y ya. -Eruca no quería aceptar esa idea.
-Excepto que ya dejó de hacerlo. -cuánta razón en sus palabras. Azar dejó de ser lo que era. El aburrimiento, su aburrimiento generaba destrucción en el mundo.
-¿Por qué los mató? -se sumió en sus pensamientos. Ignoró por completo el comentario de Eruca.
-Estúpida pregunta. Le hacían daño, no aguantó más. Sira pasó por lo mismo y tuvo suerte de que estuvieras allí para salvarla. A pajarito no le fue igual.
-Eruca ¿por qué? -repitió.
-Porque le tocaban personas malas supongo. -dijo desinteresada.
-No todos son malos. ¿Y si los escogiera a propósito? Sin que se de cuenta de lo que hace...
-La maldición... -ambas habían caído en la misma respuesta.
-Exacto. Todo ocurre al pie de la letra. Ya venció a la sangre, recuperó recuerdos... solo quedan dos cadenas y su muerte.
-La pregunta es ¿quién?
- Ni siquiera ha logrado sanar su brazo, ¿cómo hará para defenderse de ese modo? -ambas sospechaban, pero no se animaban a decirlo. Lo ignoraban. No aceptaban lo que ocurría.
-Hablamos de un ángel de la muerte. Puede usar otras palabras para terminar con ciertas cosas...
-Correcto.
-¿Cómo está Aramis? -Victoria necesitaba cambiar de tema, no había ido a verlo desde que llegó.
-Aún continúa en rehabilitación. No puedo sacarlo de la celda -suspiró -, cree que es un peligro para ella. Aunque trato de reunir todo tipo de información antes de que la mayoría de sus recuerdos desaparezcan.
-¿Cariño? -una voz tierna resonó detrás de Eruca. 
-Sira, ¿qué haces despierta tan tarde? -tori lucía preocupada. Se acercó a ella con los brazos abiertos.
-Pesadillas. -dijo con la mirada clavada en el suelo.
-Bien, vamos a la cama. -susurró con cariño Victoria.
-No. No quiero. La habitación de Caleb está cerca. -balbuceó con miedo.
-¿Qué sabes tú con exactitud? -Eruca quebró su bella burbuja de telenovela.
-Desde que llegué noté algo en él. -se sumió en recuerdos. -Está impaciente, ansioso. Cada vez que entra a su cuarto golpea la puerta, luego grita y tira cosas. Nadie lo escucha porque sus habitaciones están en el primer piso. Después de unos días Scarlet entró a su cuarto, la vi confundida... de seguro peleaba consigo misma. Ella estaba alterada, soltaba un aura oscura más de lo normal... siempre miraba hacia la habitación de él. Era como si un animal marcara su territorio. Vi a Caleb entrar al cuarto de ella con una flor... Estaba apurado, nervioso y forzaba su alegría, estaba psicótico. Pronto no se escuchó más nada. A los pocos minutos había sollozos y gritos bajos. Ella los callaba a propósito. Primero pensé en algún juego sexual, pero no lo fue. Desde ese día ella ha estado perdida y mareada. Sus heridas no sanan con rapidez. He visto que camina un paso atrás que Caleb y mirando el suelo.Él la trata mal. Yo... -sus ojos se empapaban de lágrimas, asimilaba mi situación como suya con la diferencia de que yo ya estaba acostumbrada.
-Tranquila... -tori la abrazó con delicadeza.
-No quiero que alguien más pase por lo que yo pasé. Tori, Scarlet está en peligro. -dime algo que no sepa... Sira.
-¿Por qué no dijiste nada antes? -Eruca parecía no creerle. ¿Por qué?
-Quería asegurarme de que algo sucedía. Por eso he estado callada, no dije nada para mantenerme segura. Caleb la golpea. Ella no se protege.
-Está bien, lo hiciste bien hermosa. -le dio un beso en la frente. -Es hora de dormir, mañana tengo que comprobar algo. Vamos a la cama.
¡Oh! Había dormido como un bebé, mi brazo sanó. Ya podía moverlo, ahora sólo quedaban moretones. Alegría. Yo no lo encuentro malo, no me da miedo y tampoco creo que deba alejarme. Sé que el me ama, me lo dijo. Hoy lo busqué por toda la casa y no lo encontré, finalmente decidí bajar al subsuelo. Aramis. No lo había querido ver desde aquel día. Si me acercaba mucho, nacería un deseo incontrolable de eliminarlo. No podía, no a él.No hallaba sentido a desear matarlo, Alair ya no estaba.
-Scar, ¿cómo estás? -se me erizó la piel.
-Bien... -No sabía que decir. -tú igual. -sonreí nerviosa.
-Escucha, ya estoy mejor, pronto podré salir. -este chico sigue buscando mi aprobación. No lo entiendo.
-Estás equivocado, ya puedes hacerlo. -dije segura. -Tranquilo, si intentas hacerme algo, te mato. 
Abrí la celda con cuidado. Mostraba mis movimiento con lentitud. Él miraba atento a cada uno de ellos.Parado en el umbral me miraba fijamente a los ojos. Dio un paso hacia delante. Salió... al igual que mucha decepción en sus ojos.
-Bien hecho. -me dio un largo y caluroso abrazo. Sí, me gustaban sus abrazos, era lo más real del día.
-Debemos hablar. -susurró.
-Sí...
Caminamos hacia el jardín en silencio. Sabíamos que una palabra de más provocaría problemas con todos allí. No quería una bomba de preguntas otra vez.
-Siempre te ha gustado ver el atardecer. -nos sentamos en la rama más alta del árbol. -Has cambiado mucho. Sonríes más, caminas segura y las voces no parecen molestar.
-Sí molestan. -lo contradije.
-¿Cómo se escuchan? Jamás lo supe. -si curiosidad sigue siendo la misma.
-Son susurros oscuros, gritos. Es inquietante. Con el tiempo lo controlas. -respondí sin mirarlo.
-Eruca me contó que tus heridas no sanan. -él lo sabía. Mi pecho dolió.
-Lo hacen. Sólo que... -me cortó.
-Caleb. ¿por qué le permites... -le corté el habla.
-Aramis, yo sé que Caleb me matará. Es obvio. Mis heridas no sanan cuando él me lastima, pero no puedo alejarme... lo amo. -Aseguré sin pensar.
-¿Qué amas de él exactamente? -odiaba la idea de que fuera Caleb y no él. Lo sabía, pero Aramis no me amaba, solo amaba a la persona que él idealizaba.
Se fue sin dejarme contestar. No fue justo. Resignada a guardarme mis palabras decidí caminar a la cocina, tenía hambre. Una manzana y un wiski. Sí. Para mi suerte, Victoria me esperaba. Mierda.
-¿Scarlet me prestas tu mano? -sacó una navaja de su bolsillo.
-Sigues preguntando... -voleé mis ojos. -¿Para? -cortó -¡auch! ¿qué mierda te pasa? ¿por qué hiciste eso?
-Preguntas demasiado. -cierto. Ahora todos usan mis palabra en mi contra. -No te quejes, sanará en minutos.
Y así fue. Ya debe haberse dado cuenta de lo que significan mis heridas. A pesar de tenerlas no puedo recordar qué ocurrió en esa habitación.
-¿Por qué los escoges a ellos? -me miró a los ojos buscando una razón.
-Otra vez con eso... Solo me decían que todo iba a estar bien y a los minutos ya era prisionera. Eso es todo. -respondí de mala gana.
-Yo sé que hay algo que no nos dices. -dio un paso hacia delante. -Voy a descubrirlo. -retrocedí uno.
-Si continúas, acabarás muerta. -protesté seriamente.
-¿Cómo sabes eso? -me cuestionó desinteresada. Levantó una seja.
-Creí habértelo dicho en algún punto, preguntas tanto que ya no sé si lo he mencionado o no. -¿por qué preguntan tanto los humanos? Es estresante. -Puedo ver la línea de vida en una persona. El tiempo que le queda. Estás tomando decisiones que no te salvarán.
-Pero quizá a ti sí. -dio otro paso adelante. Estábamos a centímetros. Me sonrojé ¿qué? Tomó mi brazo y lo revisó. -ya está curado. -sonrió. -Eso es bueno. -dio la vuelta y se fue.
Quedé sola de pie junto a la heladera... Necesitaba meditar, pensar en mis decisiones.Caminé hasta el jardín nuevamente, obviamente me gustaba estar al aire libre, y me recosté en el césped. Libertad.
¿Cuál es la razón de mi existencia? ¿Nacer para morir una y otra vez? Ella tiene razón, hay cosas que no he dicho. Es una mierda. Victoria, te odio. Lo hago inconscientemente. No puedo ganarle...Las casualidades no existen y eso lo tengo más que claro.Todo está escrito desde el principio, entonces ¿por qué sigo cayendo? ¿está escrito realmente?
Ya que al final soy solo una miserable basura...
Eruca me gritaba desde el balcón. Hora de dormir. Miré a la distancia esperando a Caleb. Estaba en su cuarto, podía ver una leve luz salir de la ranura de su puerta. Deseaba verlo, lo necesitaba. Pasaron dos horas y los ronquidos de Chispitas me dieron a entender que se encontraba en un profundo sueño. Me levanté con cuidado, no quería despertarla. Cerré la puerta y me fui.
El pasillo estaba completamente oscuro. Me adentré en él con la esperanza de llegar a su cuarto y verlo. No me importaba si saldría con rasguños o moretones en la piel. Yo lo amaba. Caminé a hurtadillas por el pasillo con tranquilidad hasta que un ruido, proveniente de alguna de las demás puertas, me detuvo. Nervios. Parecía una niña de seis años buscando galletas en la cocina. Para mi suerte, nada sucedió. Di la vuelta y la luz en el cuarto de Caleb estaba apagada. Supuse que se acostaría o miraría las estrellas en su balcón. Observé por la cerradura y lo vi sentado en la esquina de su cama, parecía frustrado y cansado. No toqué. Entré lentamente, no quería que se alterara como la última vez...
-¿Qué haces aquí? ¡Es peligroso si te quedas! -me vio confundido. No me había reconocido al entrar.
-¿Tú me quieres? -pregunté con miedo. Me sudaban las manos y mis piernas temblaban.
-¿A qué viene esa pregunta? -estaba cansado. Se incorporó y cerró la puerta. Me quedé quieta, no podía moverme. Suspiré.
-Solo contesta... -susurré intranquila.
-No, no te quiero. -¿Qué? -Yo te amo y me está matando no poder estar a tu lado. Esta cosa, no sé que es. -no lograba leer su mirada. No podía. -Está oculta en lo más profundo de mí... cada vez que te veo tengo deseos oscuros mientras que yo solo quiero amarte. -acarició mi mejilla con cariño. El calor de su palma me sedaba.
-¿Me harás daño si me acerco? -quería besarlo, abrazarlo, tocarlo, estar con él.
-No... No te haré daño. -me aseguró. -Te amo Scarlet. No logro entender cómo o por qué, pero te amo. -me abrazó con delicadeza.
-Yo también te amo. -respondí a gusto. No quería dejar lugar a las dudas.
Nos quedamos juntos hablando y riendo a susurros. Nadie podía saber de nuestro encuentro.Me fui antes de que el primer rayo de sol tocara la tierra. Así fueron las próximas dos semanas. Si él intentaba herirme, me escondía en su baño hasta que su respiración se normalizara. No me golpeó. Quizá estábamos superando ese problema.
Me sentía débil, pero tenía fuerza... Necesitaba entrenar. Fui a practicar arco y flecha, pero a la cuarta flecha mi arco se quebró. Estaba viejo y se había vuelto obsoleto. Necesitaba una nueva arma. Practiqué con todas las del armario y nada. Si bien sabía y conocía a cada una de ellas a la perfección, ninguna era lo mío. He de admitir, soy buena haciendo daño.
 

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