III

Memorias Caídas

visibility

200.0

favorite

0

mode_comment

0


-Muy bien pajarito, ya lo intentaste con espadas, lanza, martillos, boleadoras... -la voz de Eruca parecía cansada de nombrar cosas. Sarcasmo, aprende rápido. No la culpo, di vueltas todo el día buscando un arma y nada me gustaba.
-No olvides las hachas. -añadí. Reímos.
-Escoge una y ya. Eres buena con cualquiera de esas, además ni siquiera deberías de usar una para empezar. Tus poderes son suficientes.
-¡Cuchillos! Quiero usar cuchillos. -había felicidad en mis palabras. Por fin la encontré.
-¿No escuchaste? Ignorada, de nuevo. -voleó los ojos.
-¿Ssas el cerebro? -amo el sarcasmo. Si me importara el dinero y me pagaran por cada vez que lo uso, sería millonaria.
-¿Es una afirmación? -no es tan divertido molestarla como a Victoria.
-Preferiría que fuera una pregunta. Piensa, cuando grito todo a mi alrededor explota o sale volando.
-¿Y las palabras? -añadió.
-No puedo usarlo por siempre. Incluso podría fallar de objetivo o decir algo de más y condenar a un inocente. -como si no lo hubiese hecho antes...
-Está bien, usa tus "amados cuchillos". -voleó los ojos. Otra vez.
Eruca me había preparado un pequeño estuche con unos cuchillos para lanzar. Realmente estaban filosos. Practiqué con el blanco. Me divertía. Sonreía como idiota.Era un poco obvio que los escogería, ya había usado mi daga para matar antes y mi puntería era muy buena.
-Estás muy alegre pajarito. -Ceres y Aquila hablaron al unísono.
-Supongo. -Me escogí de hombros.
-Por cierto, ¿cuándo la dejarás salir a ella? -preguntó Ceres.
-¿Ella? -es verdad. Lo había olvidado, su existencia. No lograba responder.
-Y dime, ¿cómo has dormido estas dos semanas? -imposible. Nada se le escapa a esta hija de perra. -tranquila, gracias a tus estupideces he ganado diversión en la cama con Sira. Deberías darte cuenta de una vez que él no está bien y no le importará matarte cuando tenga la oportunidad. -Victoria les dio una palmada en la espalda a las gemelas. Las animaba a practicar.
-Tori, todos en esta casa ya me lo han repetido más de una vez. No me importa, no me puedo negar, lo amo. -me obligaba a creerlo. Les obligaba a hacerlo. Entiendan.
Su mirada se iluminó. Mierda.
-Creo que sé lo que sucede. Repíteme lo que dice la maldición. -Aquí vamos de nuevo...
-"Te pesarán las alas para que no puedas volver, olvidarás todo lo que fuiste y no tendrás permitido recordar, tu cuerpo permanecerá sujeto a cadenas que no podrás quitar, arderán como el infierno, si intentas desobedecer; y cuando desees beber agua, esta se teñirá del color de mis entrañas ".
-La última parte...
-Mi descendencia estará destinada a darte final. Estás maldita.
-Si Caleb te matará, deberías averiguar por qué es así. ¿Qué fue lo que sucedió realmente?
-No quiero. Estoy cansada...
-Y yo harta. Sé responsable y soluciona esto. Todos estamos cansados. No sabes el miedo que siento cada vez que cierro los ojos...
-Yo no entiendo qué sucedió. No puedo recordar más que eso.
-Habla con Aramis. Tu cadena está por desaparecer gracias a su presencia.
-La misma que está provocando un desequilibrio.
-No he notado nada raro.
-Mira las flores del jardín y luego dime si continuas pensando igual.
Efectivamente, se estaban marchitando. Es imposible que ocurra, Reginna las había protegido con parte de su alma. Solo para tori. Había algo en el aire que gritaba muerte...Aramis debía morir. Victoria parecía molesta, no se rendía. Necesitaba encontrar una forma de mantenerlo con vida. Fui a verlo, tenía que decirle.
-Vendrán cosas malas si te quedas.
-Siempre te ocurren cosas malas.
-Auch. Heriste mis sentimientos.
-Sí, claro. Yo no me iré de aquí. Por fin logré encontrar...
-Felicidad en ella. Lo sé, pero una vida por otra o nada bueno saldrá de esto. -olía diferente. El aire no reclamaba muerte hacia él.
-Bien, iré a despedirme.
-No... sigue haciendo lo tuyo, creo que cometí un error.
Salí de su cuarto y caminé hacia el jardín. Victoria. Su hora se aproximaba injustamente. Mi corazón se aceleró con preocupación.
-Pajarito... -susurró a una gran distancia, en el prado, la colina. Me sonrió. Corrí tan rápido como pude. A tiempo. El clima de verano se oscureció por completo. Estaba frío, había viento y las nubes tronaban.Solo a unos metros de mí, nos mirábamos fijamente a los ojos. No teníamos expresión en el rostro hasta que ella se retorció del dolor. Su estómago sangraba, intentó detenerlo. Me miraba de una forma tan triste, suplicaba ayuda con la mirada. Escupía sangre por la boca. Corrí sin aliento hasta ella. Cuando intenté ayudarla, mis manos tenían tanta sangre y la daga estaba tirada a un costado de mí. Yo la había apuñalado.Desperté.  Me tambaleaba en el umbral del cuarto de Aramis. No podía respirar, estaba pálida.
-Scarlet, ¿qué ocurre? -se alarmó.
-¡Victoria! -grité con todas mis fuerzas. Se escuchaban pasos desesperados hacia la puerta. Eruca y Caleb me socorrieron. Pronto lo hicieron las gemelas.
-¿Qué ocurre? -Caleb no apartaba la vista de mí. Me tomó en sus brazos y me alejó de Aramis. Me sujetó con fuerza. Auch.
-¿Qué demonios pasó? -Victoria venía de la mano con Sira. Habían ido al mercado por comida.
Lloraba, ella estaba viva. No la había asesinado.
Respiré en paz y colapsé. Una visión. Yo nunca las tenía, ella sí. Temprano, muy temprano.
-No lo sé, hablamos y cuando se estaba yendo comenzó a gritar. Te llamaba a ti.  -nadie entendía lo que pasaba, se convirtió en una costumbre de mierda.
-Tranquila, estoy bien... -dijo dandome palmadas en la espalda. -Estamos todos estresados -suspiró. -No hemos descansado bien últimamente. -miró a Caleb. -Mañana iremos a la pradera a pasar el día. Y a la noche miraremos las estrellas en el cielo. Nos relajaremos ¿de acuerdo pajarito?
-Buena idea. Y Scarlet podría cantarnos. -Sira sonaba optimista.
-Le pregunté a ella. -decretó con fuerza.
-Sí... está bien. -¿qué me sucedía? Estaba diferente. De seguro si me mirara a un espejo no podría reconocerme.
Y así fue... terminamos en un día de campo. Ni que fuera una escena de película familiar, pero la pasaba bien. Necesitaba descansar un poco de todo. No había susurros, ni preocupaciones. Nos recostamos en el césped a ver el cielo tan oscuro y profundo. A mi parecer las estrellas lucían tristes, pero aún así estaba tranquila. Me levanté del suelo y fui a caminar, Caleb me vigilaba desde lejos, me temblaban las manos. Suspiré. Me calmé. Aramis vino detrás de mí.
-¿Qué quieres? -demandaba una respuesta con sentido.
-Nada, solo hablar. -dije en seco. La brisa movía mi cabello levemente. Tan fresco...
Se nota que no quieres. -bostezó aburrido.
-No es eso. Es incómodo. -afirmé con vergüenza. -La cadena arde cada vez que te acercas, duele. Está por desaparecer, pero creo que falta algo para que ocurra.
-Una disculpa, quizá. -algo le molestaba.
-¿Disculpa? ¿realmente quieres eso? -no entendí. Jamás lo hago con ese tipo de situación.
-Solo si realmente lo sientes. -contestó con decepción. Él sabía que no lograba comprender lo que deseaba.
Nos miramos fijamente a los ojos. Buscaba respuestas.¿Yo lo siento?, ¿pedir perdón?, ¿por qué? He suplicado, he gritado por clemencia cuando me torturaron y humillaron, pero nunca me escucharon. Ellos eran los malos. ¿Aramis era malo? Sí. No, no lo era. Intentaba distraerme siempre que me sumía en pensamientos solitarios y oscuros, trataba de sanarme las heridas e incluso jamás me dejó de lado sabiendo que ella estaba cerca. Me tenía miedo, sí. No lo culpo. Lo usé, sí. Lo usé mil veces sabiendo que yo le gustaba. Él estaba consciente que continuaba vivo solo para recordarme la poca cordura que se hallaba en mí, lo usé porque era el único que conocía el monstruo que habitaba en mí. No me importaba, jamás me importó alguien y si lo hizo, fueron los equivocados.Dio todo de él y a mi no me interesó porque para mí es normal actuar de esa manera. Estúpida...Actuar de esta forma se volvió parte de mi ser. A tal punto que no logro diferenciar cuando le hago daño a alguien. Lo lastimé.
-Por fin te das cuenta... -sonrió exageradamente. Había tanta diversión en su mirada -tanto tiempo llevo aquí sentada con estos grilletes en las manos. Veo que la estás pasando bien sola. -parecía de buen humor.
-Pensé que habías desaparecido. -miedo. Todo estaba saliendo bien. ¿por qué?
-Imposible. Soy tú. Era hora de que recordaras los problemas que te rodean, después de todo, tanta paz cuesta una vida. -rió desaforadamente.
-Alair murió. Él se queda. -afrimé con seriedad.
-Puede si otra vida se va en su lugar.
-Silencio.
-Déjame salir y él podrá quedarse.
-¡Nunca! -grité mirando al suelo.
-¿Otra vez ella?
-Sí...
-Bien, iré por una manzana. -se oscurecía. Las estrellas se iluminaban poco a poco en el firmamento. Hermoso.Me recosté junto a Aramis. Debía hablar con él.Caleb me observaba con atención. Mientras no me quedara sola a su lado todo estaría bien.
-He pensando en lo que me dijiste. Lo siento. Ser indiferente es lo que soy, tenía tantos problemas que no me importaba nada ni nadie. Estar atrapada de esa forma... debía protegerme.
-Lo sé, pero ambos estuvimos igual de mal.
-No. No lo estuvimos. Tu vida fue más fácil. A ti no te violaron, a ti no te golpearon hasta dejarte casi inconsciente por un trozo de pan, a ti no te hicieron un monstruo. Perdón, pero eso soy. Y no me importa cómo o a quién usaré para ser libre. Yo lo lamento, pero no lo siento de esa forma. Perdón por usarte, estuvo mal...
Miré mi cadena y seguía allí.
-No eres tan lista como yo creí. No es solo conmigo, es con todos aquellos que sufrieron por ti. Las otras vidas, las demás almas que ignoraste. No me pidas perdón solo a mí... De verdad no entiendes los sentimientos.
-Lo intento. -susurré con los ojos húmedos.
Me puse de pie, me estiré relajada y fui directo hacia la pequeña colina que estaba frente a mí. Crucé con cuidado para no pisar a nadie.
-¿Y ahora a dónde va? -le preguntó Aquila a su hermana. Nadie tenía respuestas. Simplemente observaban en silencio. La curiosidad es increíble.
Me arrodillé en el suelo, tomé mi daga con ambas manos. Ja, parecía una plegaria. La contemplaba, como nueva siempre. La clavé en la tierra. ¿Estaba realmente arrepentida?
-Perdón... -lloré en silencio. Nadie se dio cuenta. Orgullo.Las estrellas comenzaron a brillar con mayor intensidad y mi cadena se agitaba de un lado al otro. Se quebró en miles de pedazos que se desvanecieron en el aire. Tomé una gran bocanada de aire. Me sentía bien. El cielo estaba precioso.
-Bien hecho pajarito. -murmuró Aquila.
Sí, estaba arrepentida. Esa fue una de las razones por las que terminé aquí. Quería cambiar. Hacer bien las cosas. De una vez por todas. Volvimos caminando a eso de las dos de la mañana. Hacía calor.Al llegar, subí al segundo piso. Necesitaba ir al baño. Cuando abrí la puerta para salir, Caleb estaba afuera esperándome. Mi corazón se aceleró, no podía moverme o decir algo. Estaba enojado. Me dio una cachetada y me tomó del brazo con fuerza.
-No me lastimes. -dije preocupada. Me jaló del cabello.
-Que no se te olvide a quién le perteneces. Aléjate de Aramis o tu brazo no será lo único que te preocupe.
-Sí amo... -Me dio un beso en la frente. Me sonrojé. Se fue a su cuarto. Él me quería.Yo lo sé.
Suspiré y avancé lentamente a mi habitación, Chispitas ya estaba dormida. Amanecí como a las tres de la tarde. El calor estaba horrible. La alarma del radar comenzó a sonar. Sira se preparó junto a las gemelas y se fueron a patrullar, Eruca hizo lo mismo con Victoria. Yo me levanté adormilada.
-¿Y ahora qué? -bostecé.
-Derterios. Por doquier. -corrí hacia la ventana y vi ese horrendo panorama otra vez. El olor asqueroso que me provocaba ganas de vomitar, las plantas muriendo y el cielo negro. Di media vuelta con la intención de ir. -todos los equipos del país están patrullando.
Yo creí que eran las únicas. Idiota. Es obvio que hay más ayudando a combatir contra estos bichos extraños.
-Te quedas. No queremos que tus alas se peguen. -tori hablaba muy en serio.
-Pero necesitan ayuda, además no las necesito. No tienen excusa para que no vaya.
-La hay. -rió. Hija de perra. -Aramis se queda contigo y Caleb. -mierda.
-Cuida de ambos. -sonrió y se fue.
-¿Y quién cuida de mí? -pensé preocupada.
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo