V

Memorias Caídas

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-¿En verdad lo amas? -me preguntó dándome la espalda.
-Sí. -contesté. Yo lo amaba. Él me lo dijo. Era lo correcto. Quería creerlo.El silencio reinó la cocina, nadie nos interrumpió más.
No podían echarlo de aquí porque se iría conmigo. No le hallaban el sentido a que permaneciera con nosotros. Muerte. Los permisos para explorar no valían golpes. Era injusto.Debía encontrar al culpable que me había hecho matar a tori.
¿No fue mi culpa?
Podía ver en sus recuerdos perseguir a Sira por la colina... parecía enojada. Sira me observó divertida y cayó al suelo. La había empujado. Tori se plantó en donde estaba, en la cima. Me vio sin entender lo que ocurría, iba desenfrenada. Me doy miedo. "Pajarito..." Sira gritó y yo reaccioné.Recuerdo voltear y ver a Caleb con esa expresión frívola en el rostro. Se parecía a mí. ¿Pero qué hacían ellas ahí si estaban en lugares diferentes?
Comencé a hiperventilar, no había respuestas. No pudo ser él, no tiene poderes.
"¡oooh! pero si esta vez yo no hice nada, ¿o sí?"
Caleb ¿por qué? No podía moverme, él estaba a mi lado, pelando una manzana. Yo estaba sentada en el suelo como un perro a su lado. Él permanecía en su silla junto a la ventana. Me dio una rebanada de la jugosa manzana roja.Tenía hambre. Parecía una mascota. Su cuarto estaba pacífico, no me sentía incómoda.
-¿Por qué la mataste? -mastiqué. Detuvo el cuchillo en mi cuello.
-¿No es lo que querías desde el primer día? -sonrió.
-No pienses por mí. -sentencié enojada.
-Ocurrirá algo grande pronto y quiero estar seguro de que esta cena sea perfecta. -otra rebanada. -tú serás la atracción principal.
-¿Qué te sucede? No eras así. -le acaricié la mejilla con cariño.
-Lo sé, pero te amo tanto que no puedo actuar normal. Tú tienes la culpa de lo que soy.
-¿Yo tengo la culpa de que... me hagas daño?
-Las palabras de uno condenan a muchos. -se puso de pie y me dejó la manzana sin cáscara junto con el cuchillo. -Ahora creo que deberías comer un poco más, sé que te gusta el whisky. -tomó la botella de su escritorio. -Luego date un baño y a la cama. Es una orden. -salió.
Asentí en el silencio de su cuarto.
Dormí como por dos días enteros, comí y tomé como si fuera un rey. Amo las manzanas y el whisky. Mi vida por momentos parece un cuento de hadas mientras que luego es un turbio torbellino espejado que me refleja al caer sin sentido alguno. Es una puta mierda.
El cielo crujía, miraba desde la ventana sumida en mis pensamientos. Él se me acercó con una copa de vino tinto.
-¿Cuándo? -me quedé allí sin moverme.
-¿Cuándo qué? -sonrió feliz.
-¿Cuándo me matarás? -la ventana  se cubría por las gotas de la lluvia. Que penoso paisaje.
-Yo no quiero matarte. Yo te amo. -se me acercó y me tomó de la cintura. Olía mi cabello.
-Si tanto me amas, ¿por qué me haces daño? -volteé a verlo. Estaba triste y su mirada también.
No respondió. Creo que no había respuesta... No soy la única con demonios en la cabeza. Besó mi frente y se fue.Pasaron cerca de dos semanas hasta encontrarme como nueva. De alguna forma, necesitaba esa huída. No he sido perdonada aún, las gemelas no me dirigían la palabra, Sira estaba más violenta y Eruca tomó el lugar de tori... la misma personalidad. El pobre Aramis actuaba como mediador entre ellas y yo, era una batalla constante, en especial en la cena... Caleb lo odiaba, siempre que él me hablara significaría un nuevo golpe o incluso más... Salí de mi habitación tambaleando, Eruca me sostuvo.Nuevamente herida.
Deberías morir. Puta. Nadie te quiere aquí, vete. Eres una miserable basura. Monstruo.
Esas sombras... ¿dónde están? ¿qué quieren?
-¿Cuánto más soportarás? -el odio se desvaneció y la preocupación la poseyó.
-Shh... ¿escuchas eso? -la chité mientras me limpiaba la sangre del labio con la manga de mi blusa.
-¿Qué? -estaba confundida.
Eres un monstruo. No te me acerques. Asesina. Mátalo. No pudiste protegerme. Me mentiste.
-¡Hagan silencio! -Grité. Me solté de su brazo y di unos pasos.
-Aramis, trae los calmantes. -habló por su comunicador. Ya me querían drogar. Al demonio todo. -Y llama a Caleb. Él puede ayudarla. -él me dejó en este estado, ¿por qué me ayudaría ahora?
-¡No tú de nuevo! Aléjate. -entré en pánico, podía verlo. Él de nuevo. Me miraba con tristeza. ¡Un demonio como él no podría juzgarme! Ellos de nuevo. No.Todas esas personas me rodeaban, podía verlas. Tenían odio en sus ojos. No sabía quiénes eran. Estaba hiperventilando, sentía el sudor frío caer por mi frente.
-¿Qué quieren? -miraba a mi alrededor lista para enfrentarme a cualquier ataque.
-Scarlet, ¿a quién le hablas? -ella no lograba ver lo que yo.
-Están ahí -señalé en posición de defensa. Abrí mis alas. Una de ellas golpeó la pared.
-No hay nadie. Guarda tus alas. -estaba en lo cierto. No había nadie. Todo estaba en mi mente y en ese momento no lograba discernir lo real de lo falso. Jugaban conmigo.
-Allí están. Me ven con odio. -dije agitada y con miedo.
-¡Scarlet! -él gritó. Aramis igual. Aquél demonio que me juzgó una vez en otra vida gritó mi nombre. Aramis me tomó del brazo con fuerza. Di la vuelta. Mis alas tiraron un par de cuadros y un jarrón del pasillo.
-Estás asalvo. -habló con tranquilidad. -Ellos ya no existen. -Me inyectó un calmante. Me relajé y caí al suelo lentamente.  Desaparecieron. -tiene fiebre. Eruca... -se miraron preocupados.
-Tranquilo, yo me haré cargo. ¿Esto no te trae recuerdos? -sonrió mientras bajaba mi temperatura. -está alucinando.
-La niña de ojos de sangre... quemenla. -Susurraba perdida en la nada. -Ella es un monstruo. Los ángeles no gustan de la sangre... No la bebas.
-¿Está recordando? -ambos estaban más confundidos que nunca. Era una maldita caja de Pandora.
Las cadenas aparecieron e hicieron su trabajo nuevamente. No recuerdes, no puedes. Los monstruos como yo están condenados de por vida. Mis alas desaparecieron. Vomité algo de sangre, el estómago me quemaba.Me incorporé tambaleando con la mirada sin vida en el suelo. Ellos intentaron ayudarme, pero no los dejé. Caleb no había aparecido, como esperaba. Fui a la cocina por un poco de agua. El vaso transpiraba.Las gotas tocaron mi mano. Sangre. La miré con desprecio. Lo tomé con fuerza y lo lancé contra la pared. Grité con tal poder y tristeza que las flores de Victoria danzaron con la brisa. Sujeté mi cabeza con ambas manos y tiré de mi cabello, miré la pared empapada del líquido carmín. Decepcionante. Me acerqué a los trozos de cristal y agarré uno cuyo filo cortó la palma de mi mano. Apunté a mi cuello. Mi corazón latía tan rápido... ya estaba cansada. No le hallaba sentido a todo esto. ¿Por qué yo? Aquila tiró de mi ropa, apareció por detrás.
-¿Y si mejor me cuentas otra historia? -No sabía que hacer para evitar que hiciera semejante idiotez.
-¿Eso te hará feliz? -pregunté caso sin voz.
-Mientras no hagas ninguna estupidez, sí. -dejé caer el cristal y como si nada hubiese pasado, la seguí.
Caminamos en el prado de flores blancas hasta llegar a las rojas, a las de tori. Nos sentamos a su lado para conversar, mas bien distraerme.La vi directo a los ojos, una flor marchitándose. Procedí a contarle la historia que deseaba oír aunque nunca supe si realmente le gustaban dichos cuentos...
-Había una vez dos hermanas llamadas Shi y Ro. Jamás se habían separado desde que nacieron. Shi cuidaba siempre de Ro, la sobre protegía del mundo y de sus monstruos. -Me recosté y cerré los ojos. Dejé que mis palabras cobraran vida en la imaginación. -Un día Ro sintió curiosidad por salir "Nunca salgas sin mí. El mundo es muy cruel", esas fueron las palabras que su hermana le repetía todos los días. Pero Ro ya estaba harta, quería ser libre. Se escabulló en una noche de Luna llena, se aventuró en ese cruel mundo. Descubrió que nada era como realmente pensaba su hermana, estaba fascinada con las cosas que había visto. Shi se percató de que su pequeña e indefensa hermana no estaba en su cama y corrió desesperada en su búsqueda. Ro permanecía embobada por la solitaria luna, pero no vio que las cosas hermosas también pueden ser peligrosas... Las nubes taparon la luz de la enorme y redonda piedra blanca  y como si nada, un enorme lobo la acechaba desde los espinosos arbustos. Shi corrió. El lobo atacó. Shi murió. Ro jamás había sentido semejante dolor y sed de venganza en su vida. ¿Qué crees que hizo?
-Lo mató para sobrevivir. -respondió sin pensarlo dos veces.
-No. -abrí mis ojos. -Lo mató por venganza. Ro lo asesinó y usó su piel como capa. Le recordaba las palabras de su hermana muerta. Desde ese día, la menor, tomó el nombre de la mayor para siempre, así no la olvidaría. Shiro a partir de entonces admiraría la Luna llena para revivir el odio hacia aquel animal que le arrebató a su hermana.
-¿Cuánto me queda? -ella no era tonta. Me cortó el habla.
-Poco. -respondí en paz. -Déjala ir o matará por venganza.
-Será como tú. -aseguró con tristeza.
-No lo será si haces las cosas bien. -sonreí tratando de darle algo de tranquilidad.
Me quedé allí toda la noche mirando al cielo. Aquila había regresado a su cuarto a descansar una hora después de narrar su cuento.Contemplé al cielo en silencio, escuchaba los grillos cantar, la brisa sacudir levemente las hojas de los árboles y el perfume de las flores. Que buen perfume tienes tori. Sonreí. Levanté la vista. Creí ver en el firmamento la desaparición repentina de una estrella. Titiló dos veces, cerré los ojos y al abrirlos, desapareció. Me alteré, me incorporé rápidamente como si pudiese hacer algo, pero nada. Continué mirando sin entender lo que había ocurrido. Las cuatro de la mañana y Aramis se me acercó volando.
-Ve a la cama. Es muy tarde. -notaba su preocupación.
-¿Crees que tengo cura? -dije sin interés. Aparentaba sarcasmo.
-¿Eh? No soy doctor. -jamás fue bueno interpretando mis indirectas. Incluso en la cama... sí, nos acostamos varias veces en ese entonces y era muy bueno conmigo, eso ya no me gustaba. Ser bueno no alcanzaba.
-No la tengo. Nadie vio a esas personas en el pasillo. Quise ahuyentarlas al abrir mis alas, pero continuaban allí... -le daba la espalda, sequé mis lágrimas sin que se diera cuenta.
-Golpeaste las paredes. -rió divertido.
-Sí. -reí. -Aramis, no lo lograré. Él me matará tarde o temprano y si no lo hace, Azar vendrá por mí. No puedo arreglar algo tan desastroso. -dije seriamente.
-Ya no te diré lo que sabes. La culpa no fue de nadie. Acéptalo y ya.
Se fue y me dejó sola. La culpa, jamás será mía.
Tomé mi diario y me empeñé en hacer una línea de tiempo con los recuerdos que tenía.
17 años. Victoria XXI 16 años. Aramis X 13-15 años. Aurelio XV
Y pensar que un a tipo de treinta como Aurelio le gustaban jóvenes y albinas.Catorce años... hijo de puta. Aramis me vio convertida en un monstruo y tori sufrió las consecuencias.Estaré bien mientras me mantenga en control... ya no quiero herir a nadie.
-¿Así se siente estar libre? -miré a la derecha. Ella estaba frente a mí. Cerré los ojos por un momento. ¿Estaba alucinando? Los abrí. -no desapareceré con cerrar los ojos. Soy muy real. -dijo con esa perturbadora sonrisa en el rostro, esas ojeras oscuras bajo esos ojos claros y ese tono de voz tan chillón.
No lograba hablar.
-¿Te comió la lengua el gato? -abrió más los ojos, muy exagerada, como platos. Deja de mirarme.
-¿Qué haces aquí? -interpelé nerviosa.
-"Eres un monstruo. Deberías extinguirte" ¿cuánto más lo soportaremos? -Me dijo con odio. Su voz se distorcionó.
Miré al frente. Quería que desapareciera.
-¿Y qué si lo soy? Aguantaré lo más que pueda por él. -no había vida en mis palabras.
Volteé a verla. Ya no estaba. Me estoy volviendo loca... más de lo que ya lo estoy.Hora de dormir, la falta de sueño me afecta. Estaba frente a la puerta de mi cuarto, extendí mi brazo para abrirla. Eruca me habló desde las escaleras. La lejanía no era un problema para mí, podía escucharla a la perfección, ella lo sabía. Mierda, están demasiado pendientes a mi rareza.
-Pajarito -susurró. Empujé la puerta. Mire a Chispitas un tanto distraída. Ella no apartaba la vista del suelo, parecía preocupada, otra vez...Sentía que alguien me jalaba con fuerza hacia mi habitación y me vi obligada a dejar de lado mis preguntas. Tropecé con mis pies. Estúpida. Caí en medio de la oscuridad de mi cuarto. Desaparecí. -bien, hablaremos cuando despiertes...
La puerta se cerró con fuerza.De repente esa oscuridad se convirtió en luz. Sentía el viento chocar fuertemente contra mi cuerpo. Estaba cayendo y no tenía una puta idea de en dónde. Todo lucía diferente. Había colores, vida. Iba en el aire y me acercaba con más velocidad al suelo, abrí mis alas para nivelarme. Admiré el paisaje desde arriba en plena caída... montañas verdes, colores rojos, rosados y azules en las llanuras. Flores, a montón, eso eran. Las nubes rosas y esponjosas, únicas una de otra. Estaba atardeciendo. Tan hermoso.No podía volar y menos a esta altura por lo que las usé para planear. No quería hacerme mierda contra el suelo... de nuevo.¿Dónde demonios estoy?
 

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