VI

Memorias Caídas

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A la mañana siguiente intenté hablar con pajarito, pero no estaba en su cuarto. La busqué en todos lados y nada. ¿A dónde carajo se fue? Bueno, ya que... Está peor que nunca.
-Aquila, ¿dónde está Scarlet? -pregunté curiosa. Me encontraba de buen humor.
-No lo sé. Pregúntale a Ceres -dijo sin interés, leía un cómic.
-¿Por qué no estás con ella? -eso es extraño.
-¿Acaso importa en este momento? -no quería que la molestara. Que mal humor el de esta niña, espero sea la pubertad. Fui en busca de Aramis, hora de despertar... otra vez terminó durmiemdo en mi habitación. Sonreí.
-Amor... -susurré con cariño -a desayunar. -siempre le hablaba con sutileza cada vez que despertaba, a veces tenía pesadillas y si intentaba levantarlo con normalidad reaccionaba mal y terminaba defendiéndome de él. Cosas de la vida, las secuelas. Supongo que es algo que comparte con pajarito.Al comienzo, cuando lo conocí había algo que me llamó la atención... pasé horas y horas junto a él en el subsuelo. Scarlet le tenía miedo, podía verlo en su comportamiento. Él sabe tantas cosas de ella que podrían hacerla quedar mal... más de lo que ya está. Hablamos demasiadas cosas aquella noche... Había completa sinceridad en él. Decidí creerle porque un corazón a medio destruir aún puede ser curado. Pasó el tiempo y correspondí, por poco olvido que una vez amé a Caleb, pero al parecer solo era una ilusión.La mansión se sentía tan vacía desde que tori se fue. Tomé su lugar y acepté la responsabilidad y carga que conllevaba. No pude llorarla, no podía por las gemelas y Scarlet. Sira continúa más agresiva que lo usual, las niñas se distanciaron y Caleb actúa de forma extraña. La locura y los problemas de Scarlet, han dominado el lugar... ahora entiendo a qué se refería con desgracias. Cuando desapareció me puse en contacto con el Consejo para traer nuevos reclutas a la casa, quería ruido y distracción para todos, pero mi petición se denegó. Nadie debía saber de la existencia de Scarlet a menos que ella quisiera, no entendía la razón.Fui a la cocina y tomé una enorme taza de café en lo que miraba unos diarios de tori. Amaba el café. Aramis me abrazó por la espalda.
-¿Me dejas probar? -dijo con picardía. Me presionaba contra su cuerpo.
-Sólo café, es muy temprano. -reí. Le di un beso en los labios.
-Sabes, leí algo que no me gustó. Era obvio, pero lo odié. -mencioné un tanto distraída, me hacía la idiota para que la pregunta no doliera mucho -¿te acostaste con Scarlet?
-Lo hice. -Me miró a los ojos con cariño.
-Oh, bien. ¿Cuándo? -continué. Si no lo leía en el diario de tori, no lo sabría.
-¿Para qué quieres saber eso? -me miró serio. -no te sientas celosa. Fue algo de una noche. -sentenció.
-Bien. -crucé los brazos y miré a un lado. Puede ser que esté celosa...
-A quien yo amo es a ti. -es cierto, no podía enojarme con él.
-Es solo que hay cosas que no sé y me está matando que ella retroceda. Aramis, ve cosas que no están e incluso habla sola. La pared está marcada con la mancha de agua seca.
-Aquila dijo que tiró un vaso contra la pared, era sangre de nuevo. -rió como si fuera algo típico. No era divertido.
-Y lo había vencido. -estaba un poco molesta. -Se fue por una semana y regresa peor de lo que estaba. ¿Qué pasa en su cabeza? Ya no puedo fingir ser una idiota para aparentar que todo está bien. -Me sujeté la cabeza con ambas manos. Mis guantes se estaban rompiendo un poco. La vejez les llegó.
-No tienes que fingir nada, ella entenderá. -Me tomó con ambas manos. -Es cuestión de hablar seriamente.
-No escucha. -refunfuñé.
-Es terca, pero al final ella siempre sabe que hacer. -dijo con preocupación en la mirada.
-Casi te asesina. -le repliqué.
-No lo hizo.
-Pero sí mató al tipo que era su amo.
-Según recuerdo, no sólo lo mató, el cuerpo de aquel hijo de puta jamás tuvo una luz, ella no lo envió al infierno. -rió como si fuera algo normal. Está medio loco, pero me gusta. He de admitirlo.
-¿Y qué con eso? -no captaba el mensaje.
-Su alma está en la Tierra. Continúa vagando. Es su venganza. Ella siempre termina vengándose. -hizo énfasis en siempre, lo remarcó con tanta verdad en sus ojos que me quedé sin habla por unos segundos.
-Sería genial que por fin ganara la guerra...
Me di un baño de agua fría, nada como relajarse un poco. También era una buena manera de esperar a que ella se dignara en aparecer. Me vestí con prisa, la emoción de estar viva me pone feliz. Noté que Ceres estaba sola en el jardín. Salté desde el balcón con elegancia. Cosa extraña porque siempre soy bruta. Reí.
-¿Qué haces?
-Riego las plantas. -la notaba más relajada y feliz.
-¿Y Aquila?
-Leyendo en la biblioteca. Otra vez.
-¿Están peleadas?
-No. Es bueno algo de espacio. -Sonrió.
Han madurado bastante.
-Entonces, ¿has visto a Scarlet? -estaba comenzando a quebrar la paz de la pobre niña, pero me daba igual, siempre la molestaba y era divertido.
-No lo sé, no siento sus pisadas por ningún lado. -contestó con tristeza. -De seguro está en el segundo piso con Caleb. -trató de ser optimista, pero eso no generó tranquilidad en mí.Se me aceleró el corazón. Corrí y abrí la puerta de su cuarto.No estaba allí. Y Caleb me observaba sorprendido.
-¿Dónde está? -lo interpelé con odio.
-Pensé que estaba contigo. No bajé en toda la mañana. -sonrió tranquilo, luego miró al suelo como si le faltara algo, estaba vacío. A mi me parecía otro de sus juegos mentales. El cordero degollado.
-Ceres dice que no siente sus pisadas. Si me entero que le has hecho algo, te quemaré vivo. -lo amenacé con verdades.
-¿Por qué la lastimaría? La amo. -parecía una persona completamente diferente de a momentos. Y no le creía ni una sola palabra.
-Estás enfermo. -Le di una cachetada. Salí de allí furiosa. Me ardían las manos por quemarlo vivo.
¿Qué mierda le sucede a ese idiota? Cada vez es peor.
Por la tarde, recibimos una alerta de derterios atacando la capital. Una frívola sensación me recorrió el cuerpo y un pensamiento me dejó sin respiro por un segundo: está comenzando.Fuimos hasta allí con cautela. El olor era insoportable, el clima me causaba escalofríos. Me recordaba aquel fatídico día... lo que una vez fue mi hogar, ya no lo era.Caleb tomó un arma de contención y se separó junto a otro grupo especial que no tenía poderes ¡Gracias Dios!Me quité los guantes. Despejaron un gran perímetro para que yo pudiese jugar en paz. Esto me ponía de buen humor, parecía una niña.
Recuerdo ese día cuando ella cayó, el Consejo la había detectado y nos ordenó protegerla debido a las influencias de tori... en aquel entonces no sabíamos sus intenciones. La única razón por la que permanece en casa es para que no destruya lo que conocemos. Es peligrosa. No me imagino a un grupo de personas como el Consejo doblegarse ante otra autoridad. Ella los humillaría sin pensar, lo disfrutaría. Aún no lo admite, pero ella siente curiosidad por nuestra raza.
Oí disparos, señal de seguridad. Una enorme red de luz amarilla se levantó del suelo al dispararse las armas. Al comienzo eran redes de un metal que parecían hilo, frágil, luego se tencionaban y elevaban liberando una intensa descarga eléctrica amarilla. Nos separaba de las personas, los mantenía asalvo. Di un paso a la tranquila y silenciosa zona.
-A la derecha, detrás de la florería. -dijeron al unísono las gemelas.
-¿Cuántos?
-Tres. -respondió Ceres moviendo los deditos de sus pies.
Caminé como si no hubiese nada ni nadie, tranquila. Salieron a gran velocidad dejando escuchar de sus deformes bocas un grito tan agudo que me hacía sangrar los oídos. Scarlet, pensé. Me los cubrí. Ella no estaba aquí. Aplaudí con agresión y extendí los brazos.Me cubrí en una inmensa esfera de fuego que se expandió con precisión a mi alrededor. Explotaron en segundos. Ni una sola gota de ellos me rozó. Por alguna loca razón si ellos me tocaban al explotar me quemaban, es irónico, soy energía calórica pura.Continué caminando. Aramis estaba seguro en casa y gracias a Dios, Caleb no se encontraba allí. No podría imaginar lo que pasaría si sus alas se pegaban y accidentalmente lo quemaba. No me perdonaría.Me centré en mis pensamientos y olvidé el peligro que me rodeaba.
-¡Eruca! -gritó Ceres. Una enorme bola negra me golpeó con fuerza. Me cubrí con ambos brazos en llamas. Casi caigo al suelo. El derterio tenía una altura de dos metros y medio. Un olor fétido salía de su boca. Había alguien descomponiéndose en su interior. Nadie sabe como se crean estas cosas... millones de experimentos sin respuestas.Estaba enojada, mis zapatos se derritieron, al igual que mi ropa. Mi piel era como un foco de luz. Me acerqué dejando un rastro de lava. Mis pisadas eran profundas.
-No hagas volar todo de nuevo. -Aquila habló con seriedad. Aveces parecía no tener sentimientos.
Las gemelas levantaron tres paredes que rodearon a la criatura. Toqué el suelo con la palma de mi mano. A mi alrededor, el asfalto se derritió, se cuarteó de tal forma que se podía ver lava salir de allí. Golpeé con fuerza el suelo antes de que el derterio volviera a atacar. Se hundió en él ardiente pozo. Explotó.
-¿Queda alguno aquí? -suspiré. 
-No.
Mi cuerpo volvió a la normalidad.
-Entonces regresemos.
-Te quemaste de nuevo. -Sonrió de lado.
-Sí... esta vez me alcansaron unas cuantas gotas. -Reí con diversión, ella me miraba enfadada. -Está bien, fueron más que un par de gotas. -¡no me mires así! Me atrapó. -te enojaste de nuevo.
-¿Acaso alguna vez te darás cuenta? -cuánto hielo en sus palabras, ¡es una niña!
-Okey, ya entendí... -¿quién es el adulto aquí? Ja,ja,ja creo que yo no.
-Toma algo de ropa. Olvidé las zapatillas. -Me entregó los guantes primero. Me los coloqué.
-Es mejor que ir desnuda por todos lados. -Reí.
Emprendimos la vuelta a casa y el ambiente continuaba frío. Aramis dijo no haberla visto. Caleb parecía despreocupado mientras que Sira cada vez se hundía más y más en odio y dolor. Aún no entiendo qué es lo que ella hacía allí con tori. Ambas estaban separadas... ¿en qué momento se escabulló?Llamé al Consejo y la desplazaron a otra área sin darle una explicación razonable. Ya no podía luchar con dos terribles desastres, no necesitaba un tercero. Nos miró con frialdad al cruzar el umbral.Sentí un gran alivio al saber que ya no estaba. Pasaron dos semanas y Scarlet no aparecía. ¿Habrá huido? No creo que haya hecho algo tan cobarde.
-Sigues pensando en ella. -Aramis se me acercó mientras veía la puerta de salida cerrarse.
-Sí...
-¿Qué pasó la última vez que la viste? -preguntó confundido. Él sabía que el comportamiento de Scarlet no era así.
-La vi balbucear sola por el pasillo a eso de las cinco de la mañana. Le quise hablar y me ignoró por completo. Cerró la puerta con fuerza. Solo eso.
-Entonces no tendremos de otra más que esperar a que regrese o ver si alguien la reporta. -dijo un poco ofuscado.
-El Consejo no puede atraparla. Si lo hacen, no sé que pasaría con todo lo que conocemos... -creí imaginarlo... el resultado más posible. Lo vi todo muerto e incendiado, el cielo roto, las estrellas apagándose y ella sentada en una pila de muertos... arrancando sus ojos.El llanto de niños.
-¿Tan malo es el Consejo? Pensé que ayudaban -Me regresó a la realidad.
-Ah... lo harán a la fuerza. Ellos desconocen los problemas de Scarlet. La presionarán. Victoria no quería que la molestaran con tratamientos que de seguro terminarían mil veces peor, eso y que su plan original era revivir a alguien ignorando las leyes de la naturaleza y de criaturas sobrenaturales como en este caso lo es Scarlet. -dije tratando de olvidar el llanto abrumador de esas almas. Hablaba rápido.
-Tranquila, no la encontrarán. Respira un poco. -me abrazó fuertemente. Rió suavemente.
-Eso quiero creer... -sólo lo imaginé, y fue horrible. ¿Así será la cabeza de pajarito todo el tiempo?
Me fui a dormir con esperanza de que al despertar, ella estuviese asalvo y en casa. Pero no. Abrí los ojos a las seis de la mañana. Fui a su habitación, vi en su escritorio el diario que tori le había dado. Tenía tantos secretos frente a mí que no me detuve a pensar dos veces en abrir el pequeño cuaderno.Ella dibujaba bien. Se pintaba siempre en negro debido a no tener colores. Parecía una niña perturbada, pero ya me parece normal. Sonreí. No había mucho escrito, eran solo dibujos y una línea del tiempo. Si ella pudiese recordar, no imagino la cantidad de historias que podría contar. Tantos lugares en poco tiempo...Di la vuelta y tenía a Caleb a no más de diez centímetros de mi cara. Me asusté.
-¿Qué haces aquí? -preguntó con enojo en la mirada. No me intimidaba. Me surgían ganas de golpearlo.
-Pensaste que era ella. -reí con burla. -¿Qué estás buscando exactamente? La lastimas y debes matarla por culpa de una maldición. -escupí lo que tenía para decir.
-No voy a matarla. -miró al suelo con tristeza.
-Pero sí vas a lastimarla. -afirmé. Estaba que escupía fuego por la boca.
-No te metas. No es asunto tuyo. -se me acercó.
-Se convirtió en mi asunto desde el primer momento en el que ella pisó esta casa. -lo tomé de su camisa.
-¿Qué pasa Eruca? ¿Tienes miedo de que la asesine? ¿De que la torture mientras suplica por piedad? -Sonrió. No le importaba realmente nada de ella. Está loco.
Lo golpeé sin mi guante. Gritó. Lo quemé y realmente lo disfruté. Mi mano quedó marcada en su piel.Aramis llegó de prisa. Se acercó con gran velocidad y lo encerró en el subsuelo. Sus poderes eran impresionantes, no llegué a parpadear que él ya estaba aquí.
-¿Estás bien? -se me acercó y revisó.
-Sí. Sé cuidarme sola. -sonreí.
Y como si fuera poco... alguien tocaba la puerta. Bajé en pijamas. Me daba igual, después de todo, eran las seis de la  mañana.
-¿Qué haces aquí Sira? -¿qué demonios?
-Al parecer no tengo nada malo en mí. -sonrió queriendo aparentar felicidad. Ella lo sabía, me odiaba. Entró a la fuerza. -tranquila, vengo por mis cosas. Me envían a entrenar a un nuevo grupo de novatos. Al parecer hay más como ustedes y los están cazando. -rió divertida. -qué cambio tan brusco...
-Buena suerte. -le respondí.
Se fue en eso de una hora. No tenía muchas cosas aquí. Pasaron horas y llegó el momento del almuerzo. Noté que Aquila y Ceres se estaban distanciando más y más... extraño. Quizá sea la pubertad. No me entrometí. Asunto de hermanas.Al rato fui al baño, ellas se quedaron en la mesa esperando a los demás.
-¿Ceres, eres feliz? -Aquila por fin habló. Cerró su libro y lo dejó a un lado del plato.
-¿A qué viene esa pregunta?
-Responde. -insistió.
-Sí. -se miraban a los ojos.
-¿Lo serías aunque ya no estuviera aquí? -bajó la mirada, ella nunca lo hacía. Ceres se percató de que algo no estaba bien.
-¿Te irás? -suspiró, cerró los ojos y al abrirlos tomó la posición de Aquila. La seriedad la dominó. Estaba ocurriendo lentamente la historia de Shiro y Aquila lo sabía.
-Algo así. ¿Pero lo serías? -buscaba un sí a toda costa.
-Tal vez. -Tomó un poco de agua. Era tarde.
-¿Eso es bueno o malo? -insistió.
-¿Qué te dijo ella? -Ceres se dio cuenta. No era tonta, ella sabía que Scarlet le había dicho algo.
-Eso no importa. -respondió con tristeza.
-Al igual que mi respuesta. Eres mi hermana. Te amo. Si me dejaras, dolería más que una puñalada. Hemos perdido mucho, no quiero seguir haciéndolo. Si te vas, ¿qué pretendas que haga? -la frialdad continuaba en ella.
-Que vivas. -sentenció. Aramis se sentó en silencio, había escuchado algo y no quería molestar.
-Muy bien, ya está lista la comida. -Caleb se sentó en la punta de la mesa, solo. 
-No tengo hambre. -dijeron al unísono.
Ambas se levantaron y huyeron en diferente dirección la una de la otra. Comimos nosotros tres en silencio. De nuevo. Realmente lo odio.
 

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