Sueño profundo

Memorias Caídas

visibility

162.0

favorite

0

mode_comment

0


Ya pasó un mes y cinco días desde que desaparecí. Las cosas han cambiado bastante en poco tiempo. La casa se ha vuelto gris...Aramis actúa como si hubiese sido ayer que partí "ella volverá, no es una cobarde"; las gemelas se ignoran, ahora tienen habitaciones separadas; Caleb lleva todos los días una cesta, de manzanas rojas, las más grandes y jugosas con unas botellas de alcohol a su habitación. A decir verdad, había manzanas y whisky del más caro en toda la casa. Una trampa para el albino ratón.
Eruca había decidido tomar una larga siesta bajo el sol, justo al lado de las flores rojas, junto a tori. Soñaba con una enorme hamburguesa y patatas fritas con una gigantesca coca-cola bien fría... alma comilona, cuerpo de atleta. No podía comer nada de eso por gusto, ella contaba con una rigurosa rutina de entrenamiento y una dieta que seguir. Deseaba ser como yo, que comía solo manzanas y un buen vaso de whisky. Abrió los ojos y vio un bello atardecer. Se levantó del suelo y caminó a casa. Abrió la puerta y al entrar, se sorprendió al presenciar un portal abierto en pleno salón. Gritó de la emoción aunque no sabía quién pasaría por él. Todos corrieron con prisa. Rodearon el gran portal. Pasaron dos horas y nada ocurrió, continuaba allí, abierto.
-¿Y si vamos nosotros? - dijo Aramis con curiosidad.
-Esperen, algo ocurre. -gritó Eruca. Dicho y hecho.
El portal brilló de rojo y alguien cruzó. Los cegó unos segundos y luego desapareció. Estaba allí.Había vuelto. Por fin en casa... regresé a mi hogar.Estaba herida, golpeada y tenía el ojo morado. Me tocaba las costillas del lado derecho. Sangraba. Chispitas me miró a los ojos y caí de rodillas. Vomité sangre. Me socorrieron, pero por un lado, ella estaba tranquila de que estuviese en casa, a salvo. Tenía fiebre, las heridas no sanaban, y las cadenas me quemaban. Me dejaron inconsciente para que no sufriera tanto. Los analgésicos no ayudaban mucho. Pasaron tres días sin dormir hasta que desperté.
-Sed... -susurré. Ya estaba bien, las heridas sanaron lo suficiente como para permanecer de pie. Tenía ganas de molestar a Chispitas. La extrañé.
-¿Quieres agua? -Eruca no se había apartado de mi lado. Logré ver en sus ojos el alivio.
-No. -Me negué con una sonrisa.
-¿Qué te traigo?
-Un whisky... -murmuré.
-Maldita hija de perra. Me tenías preocupada y ¡me pides un whisky! ¿En dónde mierda te metiste? -aquí vamos... Lo sé, había desaparecido sin una puta explicación y sé que tenían una avalancha de preguntas que me volarían la cabeza como un balazo, pero necesitaba descansar y había prometido no decir nada a nadie de lo ocurrido.
-No quiero hablar de eso. -miré al techo.
-Bien... pero me lo debes, a todos. -indirectas, cómo las extrañé.
-¿Por qué no sanaste? -Caleb parecía preocupado. Permanecía alejado, en el umbral de la puerta. En este momento no quería hablar con nadie.
-Me duele la cabeza y preguntas. -suspiré, vi que esa respuesta lo hizo enfadar. De alguna forma, su enojo ya no me causaba tanto miedo.
-A mi me duele desde hace un mes y no me quejo. -habló Chispitas impaciente. Te estás comenzando a parecer a tori... Eso no es bueno.
-Eruca, no la molestes. -Aramis al rescate. -Ten. -extendió su brazo, un vaso bien cargado de la fuerte bebida, pero tomé la botella entera de su otra mano. -en donde había estado, el alcohol era una ilusión. Cómo sufrí la pérdida de este manjar. -Aramis me miraba más allá de los ojos, buscaba una respuesta. Desvié la mirada, él lo descubrió.
-Tú no estuviste aquí... -dijo en voz baja para que nadie nos escuchara. -¿dónde estabas? -auch. El angelito se dio cuenta. Le dije que se acercara y susurré en su oído.
-Las reglas no aplican en dimensiones paralelas. Anotado. No voy a hablar de esto. No puedo romper mi palabra. -lo empujé. Eruca y Caleb nos vieron. Bostecé. -Estoy cansada, jamás había luchado tanto. Quiero dormir... -dije con la esperanza de que me dejaran tranquila.
-Sira se fue. -sonrió Eruca. No hubo resultado, me puse de pie con un poco de dificultad.
-Lo sé. Noto el silencio a kilómetros. Eso es bueno, si se quedaba moriría. -bostecé otra vez, ¿acaso no comprenden más indirectas? Los tres se miraron sorprendidos. Secretos, les comen la piel, los carcome.
-Aquila y Ceres pelearon.
-Lo sé. -afirmé de nuevo.
-¿Qué hacemos ahora? -¿qué quiere? Me comenzaba a irritar el sonido de su voz.
-No sé, tú eres la líder. Decide.
-¿Así de fácil?
-¿Qué pretendes que haga? Eruca, yo no puedo tomar el mando si es eso lo que esperabas. Lo sabes a la perfección. A menos de que desees enviarnos a nuestra propia aniquilación, con gusto, pero no creo que quieras eso. En realidad, nadie. Yo tampoco.
-Tienes razón. -pensó con seriedad. Cayó en cuenta de mi salud mental. Es cierto, la gente ya no aprecia mi sarcasmo... Los buenos tiempos siempre acaban. Miró al suelo mientras se mordía el dedo pulgar. -Lo próximo será recuperar tus recuerdos.
-Está bien... pero ¿has pensado en cómo lo harás?
-Yo no, ella sí.
-¿Segura? -mierda. No quería dejarla salir.
-Sí. -retumbó en toda la sala.
Caminé a mi habitación en silencio. Él estaba allí, lo supuse. Las  obviedades se suelen omitir. Tenía un martillo en la mano. Mi corazón se aceleró, abrí los ojos sin perder la atención en el objeto que sostenía en su mano. Mis heridas estaban sanando, no necesitaba esto. No ahora.
-Entra. -habló.
-Mejor me quedo aquí. -donde mis manos y vagina están asalvo.
-No te haré daño. -parecía preocupado, no sabría decirlo, su mirada era tan intensa. Reclamaba una explicación, quería saber si estaba bien... quizá.
-Dejaré la puerta abierta. -entré. Di unos pasos y me detuve.
-Está bien. Estuve haciendo una pequeña caja para ti. -dio un paso al costado. Dejó ver una hermosa pieza de madera negra tallada a mano, la tapa tenía el dibujo de un ángel con solo un ala. -No sabía cuando volverías, pero pensé que allí podrías guardar cosas que te ayudaran a recordar en un futuro... -intenté acercarme, apretó el mango del martillo. Me detuve al instante. -oh -miró su mano -, el martillo es porque me faltaba un pequeño clavo que se salía. No quería que la vieras hasta que la terminara, pero llegaste con prisa hasta aquí. -relajé el rostro. Suspiré y entré en paz, le di un beso en la mejilla y le quité el martillo. Lo guardé en la caja de herramientas que se encontraba en el suelo.
-Es algo lindo. -dije estirando los brazos. -pero necesito descansar.
-Perdón... -murmuró. Cerró la puerta al salir.
¿Eso fue por estar en la habitación o por otra cosa?Da igual... Me quedé en la soledad de mi cuarto, lo necesitaba.
-Él no te ama. ¿Cuándo lo entenderás?
-¿Qué quieres? -Me acerqué al espejo.
Déjame matarlo. Una palabra lo solucionaría todo.
-No. Él no. Y aunque quisieras, sabes que no tienes permitido hacerlo. Él dio una orden.
-Que planeo desovedecer. Deja de engañarte, ya no tengo fuerzas para defendernos cada vez que nos golpea o viola.
-Dame un respiro, ¿no te alcanzó con todo este mes?
-Fue divertido. -sonrió fríamente.
-No. Fue agonizante. -Me cubrí la cara con ambas manos.
-Muy bien, hagamos un trato. -quiere negociar... algo tiene en mente. -Yo tomo el control por una semana, no me acerco a tu veneno y les indico el camino a tus recuerdos. -parecía bastante sensata.
-Acepto. -me resigné. Le permití tomar el control absoluto. Las prominentes ojeras aparecieron junto con esa sonrisa enferma. Parecía más loca que de costumbre con ese cabello despeinado.
-Muy bien. Sira...
¿Qué es más divertido que sorprenderlos con mi bella presencia? Sonreí.Me quedé en mi cuarto por unos días pensando. Le mentí, no sería en una semana que ya había pasado en un parpadear. Mi ojo sanó al igual que las demás heridas. Bajé a entrenar un poco con Aramis que intentaba buscar respuestas de lo que pasó.
-¡Ya te dije! Estaba frente a la puerta de mi habitación y algo me jaló. Terminé cayendo no sé dónde y no pude volver.
-Eruca no te vio cuando eso pasó. -reí.
-No. Ella miraba al suelo, algo la preocupaba. Como siempre.
-¿A dónde fuiste?
-No molestes. Todo está bien. Si te lo digo, tendría que matarte.
-Bien. Veo que ahora puedes esquivar mis movimientos.
-A ti no te molesta que tome el control. Interesante... pensé que me odiarías, salpiqué sangre más de una vez en tu ropa.
-¿Descubriste algo sobre los Derterios? -ignora mis provocaciones... divertido.
-Nada de importancia. -sonreí con los ojos despiertos. Los cuerpos absorbidos entran en descomposición al instante. Nadie sabe como surgen...
-Bien, vamos a crear uno. -cuánta curiosidad, me dan ganas de golpearlo. Entrelacé mis dedos con la esperanza de detener ese hambre de muerte. Tuvo suerte.
Fuimos a unos cinco kilómetros de la gran fortaleza donde había una pequeña cabaña junto a la siembra. Un hombre de unos ochenta años, demacrado, pero cansado. Lo veía en sus ojos.
-Guarda tus alas. -le pedí con amabilidad.
Y espera aquí si no quieres mancharte la ropa. Él me vio, abrí mis alas y no se sorprendió.
-Te he estado esperando. -el solitario hombre se me acercó con un crucifijo. Somos seres libres, no enviados, pero los humanos son ciegos ante nuestra delicadeza y belleza física.
-¿Por cuánto? -no dejaba de ver mis ojos. Le daba algo de miedo... normal, la muerte lo genera en masa.
-Diez años. -mmm... Mentir es malo, no son más de cuatro.
-Ella te espera. -reí. Di un paso. ¿Cómo me reconocen las criaturas? ven cosas que yo no. -está llorando de felicidad. -Él sonrió. Le clavé la daga en el cuello. Se desangró. Reí. Ensició mi cabello y rostro. -aún no la verás, necesito tu ayuda primero.Le arranqué los ojos sin titubear.
-¿Qué haces? -no se acostumbra a las monstruocidades. Idiota. Me agradabas más cuando te paralizabas del miedo y vomitabas. Me están aburriendo. Lo odio.
-Al hermano de Caleb le faltaban sus ojos. Algo tiene que ver. El alma queda atrapada y no puede salir. Entra en estado de descomposición. Debemos quedarnos hasta que algo ocurra. Pasaron horas y horas interminables. Las hojas de los árboles caían con delicadeza en el suelo húmedo.Fue muy extraño ver un cuerpo descomponerse a gran velocidad y tomar un color azul, morado, luego negro. Se pudrió. No llegaba a comprender el por qué el alma superior no ascendía... se quedaba con la inferior. Los ojos son las puertas al alma... ¿funcionará con otros seres?
-Aramis, trae alguna ardilla o conejo. -repetimos el proceso y de igual forma ocurrió.
Una masa vizcosa se formó. La pequeña, era absorbida por la más grande que reclamaba comida. El control, los ojos. El Derterio intentó absorberme varias veces, pero lo esquivé. -quieto. -bingo. Obedeció.
-Si él tiene a tantos bajo su poder, ¿dónde los oculta?
-Con qué derecho las tomó. -estaba furiosa. Él sabía que lo descubriría. Apreté mi mano y los ojos reventaron. El derterio se deshizo al segundo. Sacudí mi mano. -vámonos. Canté aquella canción de cuna que mamá una vez me enseñó. Me pregunto si aún se divierte viendo mi miseria. La, la, la, la. Nos fuimos caminando sumidos en pensamientos mientras que detrás nuestro, un círculo de luz envió a ese espíritu azul al firmamento.Abrí un portal, lo atravesamos y llegamos justo para la cena.
-¿Dónde estaban? -ella piensa que algo pasa entre nosotros. Que personaje tan simple.
-Haciendo Derterios -respondí en seco.
-¿Qué? Lo descubriste... -
-Sí. Ahora si me disculpan, iré a desquitarme con algo. -estaba furiosa ¿por qué? ¿desde cuándo me interesaba hacer mi trabajo?
Salí a la colina, a caminar en la noche. Caleb apareció a mi lado en algún momento. No me decía nada, pero estaba inquieto, no le gustaba que me acercara a nadie.
-¿Qué sucede? -me di la vuelta.
-Devuelvemela.
-Aquí estoy.
-No eres ella. Hazlo. -Me tomó del cuello.
-Anda, hazlo -gemí.
Me tiró al suelo y rompió toda mi ropa. Me dio la vuelta y allí comenzó su juego favorito. Ya cansado se levantó, cerró su pantalón y de la furia, me dio una patada en el estómago. Otra vez herida. Esta vez fue más agresivo...
-Lo diré tantas veces hasta que se te grabe en la cabeza, ME PERTENECES. No quiero verte sonreír con él ni con ellas, que las veas a los ojos ni que estés a más de dos pasos de cercanía ¿entiendes? -Me jaló del cabello -o esto será peor. -Me tiró con fuerza al suelo. Me quejé del dolor. A él le gustaba verme llorar, pero muy pocas veces le daba el gusto.
-Así me gusta, llora. Eres una chica buena cuando lo haces.
-Cállate maldito. -lo desafié. El rió. Se sentó a mi lado y golpeó mi cabeza contra el suelo varias veces hasta quedar inconsciente.
Desperté allí, tapada de pétalos rojos. Una imagen muy particular. Parecía una gran sabana de pétalos que era rodeada por las flores blancas.Traté de levantarme, imposible. Ya no puedo seguir así...Aquila se acercó con un bolso con mi ropa.
-¿Qué haces aquí? -reí mientras las lágrimas caían.
-Sabía que esto pasaría de nuevo. ¿Cuánto más planetas soportarlo?
-Lo suficiente como para quitarme la siguiente cadena. -levanté mi brazo. Miré mi mano. Los moretones sanaban muy lento. -ya no se ven las marcas, pero aún duele.
-Vamos a comer.
-No quiero. Ya comí manzanas. -Me incorporé tarareando. La paciencia es una virtud. Abrí un portal y terminé en mi cuarto encerrada de nuevo.
-Van a sospechar si no bajas. -era de mañana ¿acaso los niños intentan darle órdenes a La Parca?
-Bien. -refunfuñé. Si no fuera que los pequeños me agradan, hubiese uno que otro miembro esparcido en el lugar y un moribundo rezando.
Fui de mala gana. Todos sentados a excepción de Caleb. En la mesa solo había un plato con una manzana cortada en rebanadas.Quería un trago.
-¿Qué sucede? -peligro, hay muchas miradas sobre mí. El aura oscura se expandía de a poco.
-Él se fue. -¿qué? El silencio en blanco no salía de mi mente. Permanecí atónita por unos segundos.
-¿Ah? No. No pueden. -grité furiosa.
-Debemos concentrarnos en recuperar tus recuerdos. Mañana saldremos hacia el Coliseo.
-Él ya no... está. -Me sujeté del cabello con ambas manos. Miraba al suelo perdida en pensamientos hablados. Comencé a reír como una psicópata. Estaba desquiciada. -lo alejaron y ahora pagaré las consecuencias por su culpa. -reía a carcajadas. Mañana acaba la segunda semana -¿qué harán cuando ella regrese y tenga que enfrentarse a ese demonio?
-Lo harás bien. Te apoyaremos. -esa irritante voz. Debí matarla aquel día.
-Estúpidos. Esas palabras falsas, no me las creo. -levanté la voz con desprecio. Nadie escucha las palabras de un loco.
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo