II

Memorias Caídas

visibility

169.0

favorite

0

mode_comment

0


Me negué a dormir en todo el camino esperando llegar de mala gana al dichoso Coliseo... genial. Odio el polvo en mi piel, aunque amo el lodo.Ignoré aquel ruido cercano, el de sus bocas y me limité a escuchar el roce del aire con el jet. Extrañaba sentir mis alas tocar las nubes.Algo más estaba allí, me levanté de prisa y en silencio. Abrí los ojos y Aramis me miró con el mismo presentimiento en la cabeza. Mi corazón latía, sonreía de alegría, algo nos podría atacar y no sabía qué. Me temblaban las manos ¿es eso lo que ellos denominan como miedo? Es tan emocionante y humano. Comencé a reír.
-Ni se te ocurra. -Me tomó de la muñeca. "No me toques o te fracturo el brazo" pensé al instante. -si gritas nos vuelas en pedazos a todos. -susurró cerca de mí. Me solté de un tirón.
-Yo no grito, canto. -aclaré seria. Mi voz es hermosa, jamás me compares con esa perra. -Hay algo afuera. -miré a todos lados en busca de una respuesta.
-No es algo, es alguien. Su olor me irrita. -me sujeté las manos, Aramis me consume la paciencia al igual que Eruca. -Caleb nos está siguiendo.
-¿Está aquí? -sonreí impaciente.
-No te alegres demasiado, te echará la culpa si nos encontramos. -la voz de Aquila resonó en el lugar. ¿Cuántos días faltan para que dejes de fastidiar?
-Lo sé. -respondí pellizcándome el brazo.
-Llegamos al gran Coliseo romano. -esa voz que me estremecía hasta los huesos estaba allí. El sarcasmo jamás lo usaba a menos de que estuviera enfadado. Lo veía en sus pupilas. -¿pensabas viajar sin mi permiso? -sus ojos eran jélidos. Me mataría si pudiera hacerlo en este momento. -Nos regresamos. -gritó sin titubear. -Es una orden.
Di un paso al frente. Tanto poder en esa voz que no podía asesinarlo. Órdenes, es cruel. Ángeles obedeciendo caprichos humanos. Pronto su sangre caerá del cielo y limpiará mis pecados.
-¡En serio! ¿No puedes negarte? -me fastidian. Sus voces son irritantes.
-Eruca... -Ceres por fin dijo algo. Ya me parecía muerta de tanto silencio.
-Ven con nosotros. -dije impulsiva. Lo sujeté del brazo. -por favor... -yo suplicando, qué asco. Él creía que me tenía. Ansiaba despedazarlo.
-Bien. Sólo si luego me das algo a cambio. -tragué saliva. Sentí como si el alma se me saliera del cuerpo. Miedo, otra vez... que peculiar sensación. La odio.
-Entonces andando. -Me sonrió mientras me sujetaba del brazo. Dolía. Ingresamos al antiguo lugar.
-Si sigues haciendo cosas como estas, te ordenaré que los asesines -su tono de voz era frío, me tentaba -uno por uno de la forma más despiadada y retorcida que imagines. Será tan divertido ese espectáculo y muy entretenido para ti, sé que amas la sangre. -él tenía un excelente punto de vista. No. ¿No? Sólo podía sonreír, mientras las voces me aconsejaban, peleaban entre ellas. Molesto. No puedo aceptar. La culpa es tan grande... De repente me sentí débil y nos desvanecimos por un momento. Caí de rodillas en la arena.
-Hay algo aquí... -Me llama, pero con qué necesidad absorbe toda mi energía. Me rascuñé los brazos en busca de tranquilidad. Las voces, reclamaban hablar con enojo, las ignoré como ella lo hacía. El dolor me partía la cabeza... -Las personas tienen humildad... -no era yo, el demonio deseaba volver, se manifestaba y casi no podía controlarlo. -los lleva a tomar decisiones, -detente. Reí con desesperación -sí, estúpidas decisiones que desembocan en acciones. -las lágrimas resbalaban por mis mejillas -Causan daño dejando un rastro de consecuencias repletas de ira y tristeza que se mezclan, se unen y potencian en su interior. Se transforman en algo diferente que nos cambia... Monstruos, aquello en lo que se convierten. Esa es la causa de toda culpa, la razón de todo pecado. -mi voz recaía lentamente. La controlé ¡No iba a irme de ninguna manera! Eruca escuchó con atención. Todos lo hicieron. Aquila sabía, ella logró descubrirme. Quizá también Aramis... No quiero que lo sepan. Debería matarlos. Los pensamientos sin orden ni sentido me enloquecían, sudaba, mi corazón se aceleraba de los nervios. Reí. Jalaba mi cabello en busca de paz y tregua con ellas. El ruido en blanco no me dejaba pensar con claridad.
-¿Estás bien? -regresé a la realidad. Ceres preocupada, se me acercó extendiéndome la mano. La miré a los ojos y logré ver en ellos la paz que mi alma gritaba desear tanto.
No hubo tiempo, el suelo se agitó tal ola salvaje. Nos hundimos en él como si fueran arenas movedizas. No lograba respirar. Me desesperaba la falta de aire. Grité y cuando abrí los ojos estábamos en un lugar completamente diferente.
-Sí, estoy bien. -reí nerviosa mientras jugaba con mi cabello. Salté con falsa felicidad.
Me sentía ¿preocupada?, era la primera vez que no había nada familiar a mis vidas pasadas. Tomé la daga con fuerza para lograr calmarme, me daba control de toda vida, segura. Los olores, colores y entorno, no los reconocía.
El lugar era como estar dentro de un enorme dodecaedro dorado si es que no había más caras, me había cansado de contar... como sea, era translucido de tal forma que al mirar en sus blandas y extrañas paredes, se reflejaban recuerdos de todo tipo... No me atreví a ver. Eruca se vio tentada a hacerlo y se acercó a la particular "burbuja poligonal" que reflejaba mi imagen, como un espejo, descaradamente. Parecía en pausa ¿play? La tocó y se pudo escuchar en todo el lugar como suplicaba piedad, gritaba de una forma tan desgarradora que ella comenzó a llorar, Aramis la abrazó con fuerza. Él también lo recordaba, pero por alguna extraña razón no podía apartar la vista de la burbuja. Mis manos temblaban al saber lo que ocurrió aquel fatídico día... por un trozo de pan, fui brutalmente golpeada hasta quedar casi inconsciente y violada. Yo había desobedecido una simple orden. Fue injusto, quitar vidas por comida. Pese a que lo superé a medias, las pesadillas y secuelas no me permitían dormir y me llevaron a una guerra interna.No quedaban cicatrices físicas, pero psicológicamente había de sobra... yo podía verlas, en todas partes de mi cuerpo aunque siempre las ignoraba. Ellos no lograban ver esas asquerosas marcas que cubrían mi piel, un engaño incluso a simple vista.Miré al suelo con pena. Lo odiaba. De repente el recuerdo se detuvo y desapareció... Se escucharon pasos provenientes de alguna parte, volteamos mirando a todos lados en busca de alguien.De la nada su presencia ocupó el centro del lugar, frente a nosotros. Lo rodeábamos. Él usaba un traje de vestir negro, parecía un mayordomo ¿cola de pingüino? Reí divertida. No tenía moño. Lo curioso era que lo seguían cinco relojes flotantes mientras se nos acercaba. Cada uno marcaba una hora distinta. Él no tenía rostro, pero su voz cambiaba a medida que trataba de descubrir qué edad tenía. Imaginaba. Niño, anciano, adulto, adolescente, el patrón cambiaba.
-Soy Tempo. Irónico nombre, lo sé. -me agrada. Parecía amable y alegre a pesar de recordarme un poco a Azar. -Todos en cada realidad y mundo me han nombrado de diferentes formas, la más común, Tiempo. Aunque prefiero ser llamado por mi verdadero nombre, Alejandro -nos vio de la cabeza a los pies, nos analizaba.
-Soy... -intentó hablar. El tiempo le comió la lengua.
-Yo sé quién eres, Eruca, los he visto desde antes que nacieran y murieran. A cada criatura, su evolución, su pasado, presente y futuro. Lo hago y lo haré siempre, es mi trabajo.Como verán, estos relojes muestra el tiempo exacto de cada realidad alternativa a la suya, porque Tiempo solo es uno. Excepto este -señaló -que es de su realidad. Pero algo no tiene mucho sentido, ¿qué hacen aquí? Alguien cambió el curso de la historia. Felicidades, ganaste tiempo. -Me dijo la extraña cara sin rostro. Tragué saliva, ¿salvada?
-Tenemos un problema de azar, si es que así se puede llamar -voleó los ojos -, Scarlet necesita información sobre el libro para darnos un indicio de dónde comenzó todo este alboroto.
-¿Y dónde está Scarlet que no logro verla?
-Allí -me señaló.
-No, no, no, no. Pero si ella no se llama Scarlet. -Eruca frunció el seño por falta de entendimiento. -Niña, ¿cuánto tiempo más planeas seguir con esto? -levantó una seja o eso dio a entender, su frente se movió. No le hallaba rostro -Tu nuevo nombre lo comprueba. -afirmó seguro. Tenía un acento extravagante. -No veo que aceptes quién realmente eres. Luego de siete caídas consecutivas creía que ya lo habrías logrado.
-No sabes el costo a pagar por ser un monstruo.
-¿Y tú sí? Ambos sabemos lo que hiciste, pero ellos se mueren por tener esa información en sus manos, porque el culpable siempre regresa a la escena del crimen. -Me sonrió. -es la última oportunidad como creías. Lo que logro ver en mis relojes, a quién más tiempo le queda para respirar... es a ti. -sonreí divertida. Ver sangre correr era tentador, pero no. No podía. Eso no es lo que un ángel hace ¿amar? ¿equivocarse? ¿sentirse vivo? Todo aquello va en contra de mi raza. Me llena de ira o quizá otro sentimiento de un color más claro, gris.
¿Qué demonios? Una burbuja me separó del resto. Ellos no notaban lo que pasaba. Intenté rasgar la extraña pared, pero nada. Se hundía como si fuese una especia de chicle.
-No pueden verte. -él estaba detrás de mí.
-¿Qué hace? -respeto a quién mayor poder tiene, pero es absurdo que intente herirme, no puede interferir.
-te pongo a prueba. ¿quieres tus recuerdos? Adelante, enfrentalos.
-¿Qué sucede? ¿qué les haces? -no era la única. Todos estaban en una burbuja diferente, enfrentando a sus demonios.
-No te preocupes, estarán bien. Ahora presta atención, tu alrededor se convertirá en recuerdos del pasado, partes de tu vida entera hasta hoy.
-Ya dije recordar todo.
-Mentiras. Creía que eras una mejor mentirosa, pierdes el toque. Me divertiré viendo lo que sucede si se agita la jaula del "monstruo".
-No me digas así.
-Oh, pero tú sí.
No necesito esto ahora.La burbuja se convirtió en un espejo. No importaba hacia dónde mirara, me reflejaba, ellas me observaban, se burlaban.
-Eres un monstruo. No mereces vivir.
-¿Qué quieren? ¡Sáquenme de aquí! Detenlo ¡detenlo! -Grité tan fuerte que mis oídos sangraron.
-Llora y patalea como cobarde, después de todo ella siempre es la víctima.
-Cállate.
-Anda, insulta como lo haces con todos. Eres puro ladrido.
-Puta. Nunca haces nada más que huir, eres un monstruo que pierde la conciencia mientras se deja golpear y violar por un tipo al cual no amas. Quieres volar, pero te da miedo abrir las alas. -reían.
-Adelante, mátame, quitame la poca cordura que tengo. Jamás aceptaré la culpa de nada y menos por mis pecados. Los odio a todos y sus vidas son tan insignificantes que los mataría con un pensamiento. No me importan, los quiero muertos.
-Sigues mintiendo -rió a carcajadas. -sus vidas, te importan más que la nuestra. Porque no eres nada, no vales nada.
-¿Nuestra? Tú jamás serás mi reflejo. JAMÁS. De todas las desgracias que me rodean, tú, eres la peor ¡Quiero que mueras! -grité otra vez con la voz desgarrada. Mi garganta ardía a no más poder.
Rió de nuevo -eso no es lo que deseas ¿Te da miedo decirlo? Me das lástima. Tanto poder es una maldición ¡Qué mierda es lo que quieres! -gritó con rabia.
-Quiero saber tantas cosas -caí de rodillas -, que no me alcanzarían las palabras para explicar aquello que pasa por mi mente... -mi voz se quebró, las lágrimas desbordaban mis mejillas. -¿por qué me hiciste este monstruo? -me senté en el suelo. Ya no lograba sonreír. Los ángeles no tienen permitido llorar. -Que alguien me diga que debo hacer porque ya no veo más la luz y eso los matará a todos.
-Oh querida, ya los estás haciendo.
-No. No lo hice. -protesté casi sin voz.
-Pregúntale a Victoria, o deberías hacerlo a Aquila antes de que se le acabe el tiempo o tal vez al bebé de Eruca, o quizá a Caleb. -esos reflejos, se distorcionaron, se volvieron más oscuros y llenos de ira, no eran demonios ni ángeles, eran otra cosa. Maldad.
-No los metas en esto. -me levanté, cerré mi puño y golpee con gran fuerza la burbuja refractaria que se quebró en una pequeña parte. Que consistencia tan extraña, se tornó rígida como el cristal. Ellas, continuaban allí.
-Te matará y no lo dudo puesto que vales poco. ¿Y que hay de Aramis? Acostarse con él fue un deporte muy interesante, debió de ser muy aburrido para ti. ¿Qué se siente estar acostumbrada a la violencia y que de repente de traten bien? ¿o contarle parte de una historia falsa? Asesinar te gusta, lo disfrutas. Ver la sangre correr por el suelo te vuelve loca, la anhelas. Pero odias pensar que los demás te tengan más miedo del que tiene ahora.
-¡Hagan silencio! -golpeé una y otra vez el cristal, continuaban allí.
-La vida no vale nada si no tenemos sangre. La sangre por la que tanto jadeas. ¿Por qué te controlas? ¿De dónde surge esa necesidad de no herir? Siempre lo has hecho. No nos engañemos, no desapareceré con tus gritos porque el monstruo se queda hasta ver la luz encendida.  -El vidrio se quebró y la esfera me mostró todo. No quise ver. Si lo hacía dolería... Cerré los ojos con fuerza, estaba tentada, pero al abrirlos, no había nada. Estaba sola en aquel lugar brillante. Aún continúan en sus burbujas pensé.
-Eso es lo que ella es. A pesar de no escuchar lo que dice, puedes ver lo que es capaz de hacer. Ella los matará si es necesario para salvarse. La vida de esa joven vale más que la suya aunque ella no lo vea así. El equilibrio se está perdiendo. -Eruca los vio. No lloró, no se inmutó. Creo que la imagen que reconocía de mí se convirtió en ceniza junto con el poco cariño que me tenía. No la culpo.
-Es curioso pensar que esto ocurrió por culpa de un libro viejo...
-¿Libro viejo? Se llama destino. Para ella está terminando. ¿No comprendes de quién fue la culpa aún? Negarlo no servirá, mira a "Scarlet" y te darás cuenta -él tenía un rostro avejentado, grandes arrugas y un bigote blanco. Tenía poco cabello y estaba despeinado. Curioso, para mí, él no tenía rostro.
-No confundas al destino con mala suerte. -refutó chispitas. La burbuja comenzó a desaparecer.
-Creí que no existía. -sonrió con cariño. Él veía a los humanos como niños inmaduros. Los trataba con respeto, jugaba con ellos e incluso hablaba sobre sus gustos... pero eso acabó en cuanto aquel día se cerró un trato con sangre. La nostalgia lo había invadido al hablar con Eruca, era de esperarse, hacía tanto tiempo que no hablaba con ningún humano.
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo