IV

Memorias Caídas

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Me quedé quieta en ese mismo lugar, me cubrí con mis alas des frío mientras esperaba su llegada. Pasaron horas y me decidí entrar.Me decidí por hacerle caso a las voces que solía ignorar... ingresé a la que una vez fue su habitación. Busqué algo que me diera un indicio de por qué ambas estaban juntas aquel día. Tori estaba enojada y Sira divertida, pero de otra manera, como una loca.Busqué y busqué por toda la habitación y nada. Moví las almohadas, el colchón, los floreros y cuadros. Busqué bajo la alfombra y entre la tela de las cortinas... nada. Esperando un rayo de luz miré al techo y noté algo extraño en una de las tapas del foco. Quité el panel de vidrio cuadrado y me encontré con una fotografía de Reginna y tori, solo que Reginna no tenía rostro, estaba cortado. Continué mirando el techo y me di cuenta de que estaba remodelado con yeso. Traté de moverlos para ver si alguno de ellos estaba flojo. En la esquina, justo al lado de la puerta. Lo quité. Un diario.Bajé con cuidado y coloqué el cuadrado de yeso en su lugar. Huí con prisa a mi cuarto.
-Muy bien Sira... ¿Qué escondes?
El diario era viejo, tenía la letra de tori. Hablaba de Reginna y ella. Aunque cada vez que pasaba las páginas su nombre estaba tachado con fuerza a tal punto que rompía las páginas. En el medio del diario estaba la cara de Sira recortada. La tomé junto con la foto que había encontrado. Había entendido, Victoria encontró la verdad. Salí de mi habitación y llamé a Caleb, le dije que regresaran a Roma de inmediato, luego les enviaría mis coordenadas. Abrí un portal y me fui.
-Toc-toc. -dije al golpear la puerta de su apartamento. Ella abrió.
-¿Qué haces aquí? -me hizo mala cara. Estaba diferente, no era la Sira que conocí aquella vez. Sus ojos me mostraban frialdad, me atraían. Entré sin permiso y ella automáticamente cerró la puerta con llave. Me acerqué a su ventana, tenía una bella vista desde allí. Ella estaba a pocos centímetros de mí.
-¿Qué quieres?
-Tú mataste a Reginna. -conservó la calma, su rostro no se inmutó, al contrario, se me aproximó más y más. Me pegó contra el vidrio.
-Sí, ¿y qué? -susurró en mi oído. -Son cosas que uno hace por amor. -comenzó a manosearme.
-O quizá estás enferma o loca, voto por la segunda opción. -posó una de sus manos bajo mi camiseta, jugó con mis cenos. Ella no tenía intenciones de parar.
-Dime, ¿él te trata así de bien en la cama? -me negué a responder. Metió su otra mano en mi braga. Me tocaba suavemente. -responde. Gemí de placer.
-No... -él no era amable conmigo. Él era dominante y me hacía lo que quería. El sexo es delicioso.
-Qué bueno que estés acostumbrada porque algo que me encanta, es hacer gritar a las putas. -me mordió el lóbulo de la oreja. Me jaló del cabello y me alejó un poco de la ventana. -mira tu rostro. Eres una digna puta. -volvió a empuname contra él. Arqueé mi espalda y mi trasero le rozaba su pelvis. Quería más. Mucho más. Me quitó la ropa mientras me besaba, mordía y me hacía venir sin piedad. Terminamos en la cama, ella sobre mí. Me dio la vuelta y golpeó mi trasero hasta que quedó rojo y con algunas gotitas de sangre. Continuó haciéndolo hasta que pedí que parara, ella amaba que le suplicaran. 
-Basta... ah... -estaba agitada. Mis ojos estaban húmedos. Pasaron dos horas y mi cuerpo cayó sin energías, acabada y sumisa ante ella. Sira me observaba recostada a mi lado. Ella se parecía a Caleb.
-Conocí a Victoria cuando apenas tenía dieciocho. -jugaba con mechones de mi blanca cabellera. -Ella no sabía quién era yo. Su personalidad era imponente. La amé al instante. La deseaba con todo mi ser... Pero ella se interpuso desde el inicio. -me jaló del pelo y yo me quejé, pero apenas podía modular, me había dejado exhausta. -No podía dejar que se entrometiera. La estudié por dos años, tal vez más. No recuerdo bien, pero cuando los derterios habían atacado a las grandes familias supe que era mi oportunidad para recuperarla, ella me pertenecía, yo lo sabía. Tori enviada junto con esa perra perra y sus amigos raros a China occidental... Había demasiados. Él me dijo que si yo esperaba allí, en el jardín, ella aparecería. Tomé una lanza de la armería y le apunté desde la colina. Azar no me había engañado, el tiro fue certero, justo a su corazón. La había atravesado. -Me rascuñaba la espalda, sus uñas se clavaban en mi pálida piel. Placer, detente, no me llenas lo suficiente.Estaba feliz. De pronto, derterios aparecieron a mi alrededor, fui un señuelo. Uno de los imbéciles que se había quedado allí, me vio. Fue una casualidad haber caído al suelo y gritar por piedad mientras el idiota me amenazaba con un hacha. Tori levitó unas ramas y lo atravesó. Conté mi versión de la historia y me creyó al instante porque después de todo, intenté "evitar" que la matara.
-Eres una desgraciada. -dije gimiendo ante sus palabras y uñas en mi cuerpo.
-Y tú una puta, pero no me quejo. Al final hice lo que debía -se sentó sobre el respaldo de la cama -, actué como Reginna en todo sentido, me convertí en su reflejo y tori cayó en mi red.
-¿Cómo se enteró? -pregunté apartando el pelo de mi cara.
-Eso fue tu culpa, idiota. Ella estaba confundida por tu culpa. Tú la hiciste pensar, la gente que piensa debe ser controlada y eliminada, no importaba cuanto la amara.Encontró la foto y su diario en mi bolso un día antes de la misión, pero al parecer no terminaba de unir los cabos sueltos y por eso no dijo ni hizo nada al respecto. -rió con aires de haber ganado. -Nadie podía saberlo, me fusilarían. Así que él me dijo que la guiara a la colina. Ella quería matarme, corrí por mi vida, aunque fue divertido. Él cumplió, tú estabas allí y la mataste.
-¿Cómo es que estaban juntas? -algo no parecía tener sentido... volteé volveré a verla.
-Fácil, de eso él se encargaría, no me dijo cómo, pero me infiltré en la nave sin que se percataran y antes de despegar, ella me vio y salió en mi búsqueda sin dar explicación alguna a nadie de su equipo. Comprendió lo que hice aquel día y sus ojos gritaban con furia "te mataré hija de puta" -carcajeó.
-Eres mala -me arrodillé en la cama, Sira me miraba deseosa. -eso es muy excitante... -Me tocaba de la forma más obscena posible. Ella se me acercó tentada.
-Sin duda alguna, eres una puta de las más baratas. -Me pegó a su cuerpo mientras me mordía el cuello. Me tocaba con tal precisión que casi se me cae la daga al llegar al orgasmo. Clavé el puñal en su espalda.
-¿Qué? -la sangre salía sin permiso de su boca. Casi cae a mi lado, pero la sujeté del cuello con firmeza.
-Me toca divertirme. -Me lamía los labios. -quiero que sepas, que te haré sufrir antes de que te vayas al infierno. Si es que te envio -sonreí desquiciada. Mis ojos brillaron - ahora, quieta. -ordené divertida.
La coloqué en medio de la cama, ella no podía moverse y de sus ojos caían lágrimas. Le temía a la muerte o a La Muerte. Jamás lo sabré ya que no podía ni hablar, solo darme gemidos de dolor. Los disfrutaba. Comencé a cortar su delicada piel, desde el centro de su pecho hasta debajo de su ombligo. La sangre brotaba lentamente.
-Tú no mueres hasta que yo lo diga. -reí traviesa.
Le abrí el estómago, podía ver sus órganos, ella gritaba y nadie la podía oír, las personas del edificio dormían. Mis palabras son realidad. Dejé mi daga a un lado y comencé a remover su interior. Esto no sirve, esto tampoco ni esto otro. Sujeté su intestino y lo fui sacando sin cuidado de su interior. Ella ya se encontraba moribunda. Le quedaba poco, pero no se iba hasta que yo lo permitiera. Me acerqué a su rostro y le manché con su propia sangre la cara.
-Anda, prueba tu interior. Sabe a mierda, estás putrefacta al igual que tu alma. -a Sira le costaba respirar y sus lágrimas no paraban de caer. Reí. -odio probar sangre que sabe feo. -mi rostro se oscureció y mi sonrisa se transformó en una seriedad enfermiza. -Me aburriste. Tomé mi daga con ambas manos -Sira gritaba con las pocas fuerzas que le quedaban, tan placentero, más... Le clavé el puñal en el centro de su pecho. El chillido de su voz cesó. Su boca estaba repleta de sangre. Toda la cama lo estaba. Me puse de pie y le arranqué los ojos. Los aplasté en mi mano y luego la sacudí. Mientras admiraba mi bello desastre, se me ocurrió darme un baño. Me limpié la sangre del cuerpo, pero al recordar todo lo que me había hecho me excitó. Pensé en Caleb. Salí de la ducha y me cambié... con su ropa, después de todo, jamás la volvería a necesitar. Había enviado mis coordenadas antes de entrar al edificio, ellos llegarían en breve. Me arreglé e intenté peinar mi cabello, imposible. Continuaba rebelde y despeinado como siempre. Alguien tocó la puerta. Era Caleb, que entró al empujarme, seguido de Aramis y Eruca quién evitó que las niñas también lo hicieran. Admiraban el desastre que hice.
-¿Qué mierda... hiciste?
-Nada importante ¿nos vamos? -sujeté del brazo a Caleb y lo llevé a la nave mientras los demás se ocupaban de informar lo ocurrido al Consejo. Las gemelas se quedaron sentadas en el suelo, afuera del apartamento. Llegamos a la nave y estaba mojada. Tenía lujuria en los ojos y Caleb lo notó. Sira no me satisfizo. Lo provoqué, sabía que ellos tardarían como una hora en llegar.
-¿Sabes lo que hice? -Reí divertida. Parecía un niña traviesa.
-¿Matarla? -él permanecía serio, lo que había hecho no le gustó para nada.
-Me acosté con ella y me vine muchas veces. -su rostro se contrajo. No le gustaba lo que mi boca decía. -me tiró del cabello y me hizo gemir como prostituta. -Me acerqué a él mientras le indicaba el camino a su mano. -él me soltó furioso. Me tiró del pelo y me golpeó con fuerza en el estómago. Caí sin aire al suelo. Él me empujó y mi trasero quedó pegado a su entrepierna.
-Si tanto quieres ser violada, aquí tu premio. -me penetró una y otra vez sin piedad. Intenté cambiar de posición, pero cada vez que trataba de moverme, él me golpeaba. Tanto placer. Él era lo que quería en ese momento. Pasó la hora exacta como lo había supuesto y ellos regresaron. Nos vestimos y sentamos en nuestros respectivos lugares. Nadie notó nada raro, Caleb se aseguró de no dejar marcas visibles. Regresamos a casa en unos días.
-¿Qué ocurrió allá? -preguntó Caleb mientras me abrazaba con ambos brazos.
-Nada de lo que debas preocuparte.
-Está bien. -fue comprensivo. Me dio un beso en la cabeza. -¿te duele el estómago? -susurró cerca de mi oído -Creo que me excedí.
-Un poco. -respondí en voz baja. Nadie debía escuchar.
-Lo siento, pero fue tu culpa. -me acarició el estómago para calmar el dolor.
-Lo sé... siempre es mi culpa. -dije sin remedio.
-Llegamos a eso de las cuatro de la mañana. Los grillos tocaban su música para el baile de las luciérnagas. Los demás decidieron ir a dormir, estaban exhaustos. Caleb y yo nos quedamos en la colina admirando las estrellas. Él estaba cariñoso, más amable. Tal vez, había cambiado.
-Te noto cansada, deberíamos ir a dormir. Prometo que no te tocaré mientras duermes. -rió divertido.
-Pervertido. -no  aguanté la risa. -a decir verdad, estoy cansada de involucrarme en la red de sus vidas. -él no habló, esperaba una explicación con la mirada centrada en el firmamento. -las cosas se complican conmigo a su lado y no puedo evitar que me importen, yo no puedo. Es demasiado tarde para eso.
-No puedes alejarte de nosotros aunque quisieras. -me vio directo a los ojos. Mi enlace con él evitaba que me fuera por mucho tiempo, al final volvería como perra en celo.
-El amor es una enfermedad mental muy grave... -murmuré.
-Sí que lo es. -Me colocó encima de él. -mírame, me vuelves loco.
Comenzamos a besarnos mientras me frotaba contra su entrepierna. Él se tragaba mis gemidos de placer, Caleb me tenía bajo su completo poder. Lo terminamos haciendo hasta las seis de la mañana. Luego abrí un portal a su cuarto. Dormimos juntos hasta que el sueño nos dejó abrir los ojos.
 

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