II

Memorias Caídas

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Las pintas que traía eran peores que las de ellos, después de todo están más que acostumbrados a este tipo de enfrentamientos. Si llego a ver a Aramis en una sola pieza me mato, sería irónico que esté sano y salvo siendo que soy más poderosa que él. Me tuve que arrancar el ala derecha sin ayuda de nadie ya que no habían llegado aún. Espero que los portales no se hayan notado mucho... odiaría tener que explicar cosas obvias; además no comprendo por qué La Parca tiene que ir dando explicaciones de a quién salva o a quién asesina sin escrúpulos. Chillé del dolor ¡puta madre! Podía escuchar el ruido de mis huesos separándose. Listo... Respiré profundo.Tomé la botella de alcohol que estaba de pie en el suelo del baño y me lo eché sobre la herida. Quizá haya perdido la oportunidad de volar... pero gané una vida. La puerta rechinó suavemente permitiéndole a Chispitas entrar a mi cuarto, lograba oír sus pisadas acercarse al baño y la verdad no me interesaba si me veía en ese estado ¿o sí? Ella no dijo nada, no hallaba expresión ni sentido oculto a su mirada, no había emoción de ningún tipo, simplemente me observaba a los ojos en busca de las palabras correctas. Recordé que Caleb había hecho lo mismo y automáticamente redirigí la vista al suelo con sentido a su sombra. Real, ella era real.
-¿Ahora qué, vas a encerrarme en el calabozo por haber ido? -Sonreí levemente, el dolor me impedía continuar bromeando. Una de mis alas sanará por sí misma ya que no estaba en mal estado... del todo; por otro lado, la derecha debía ser removida sino se mi cuerpo se infectaría con impurezas que contaminarían mi alma y la dejarían en desequilibrio. Sería imposible restaurar el "error espiritual" y bla, bla, bla. La verdad no sé que ocurriría exactamente si se diera la situación, no he buscado en los libros sobre aquello en concreto, pero lo peor que podría pasar sería algo así como una Scarlet versión derterio. Nadie quiere a Scarlet matando gente y nadie quiere a los derterios tragando gente, sería fatal.
-Gracias. -no dijo más. Se acercó a ver mi deplorable estado.
-¿Puedes repetirlo? -reí adolorida.
-Ni en sueño. -me tiró más alcohol. Auch. Perra.
Guardé mi ala al tiempo en que sanó ya que no quería que me vieran de esa manera, la lástima es despreciable si viene de ojos ajenos. Bajé a la sala y los reuní para hablar... era el momento de soltar la verdad.
-¿Dónde está Caleb? -pregunté nerviosa.
-Luego de la misión su grupo fue seleccionado para montar guardia. -dijo Aramis. Siempre sabe dónde está él... ¿celos o cuidado? Jamás lo sabré, tampoco me interesa mucho.
-Fui a su casa a escondidas antes de que regresara aquella noche. No sé cómo explicar el que lo hiciera tan rápido, pero lo vi.
-¿Qué tratas de decir? -Chispitas ajustaba sus guantes sin perder la calma.
-Él asesinó a sus padres y a todos en su casa... vi la pila de cuerpos pudriéndose y la sangre seca de los pasillos indica que fue hace más de dos semanas. Bajé por las escaleras y me encontré con ese montículo de personas y en la esquina con un jarrón de vidrio repleto de ojos.
-¿Qué? -Ceres no me creía, se mofó.
-Es cierto. Me desconcerté al ver que estaba frente a la puerta cuando comía mantequilla y fue entonces que algo no encajaba. Si él se fue supuestamente a casa de sus padres hace un mes, ¿cómo es que los encontró muertos allí y no se supo nada?¿y cómo llegó aquí en menos de una hora?
-Sabía que algo te ocurría... -susurró Aramis pensativo.
-Y hay más, Sira habló antes de matarla. Él...
Ojalá eso hubiera ocurrido...
Abrí los ojos y allí estaba yo en el suelo con las rodillas sangrando y el brazo cubierto de moretones. No había razón para llorar o quizá sí, pero no era el momento indicado, necesitaba guardarlas y dar lugar a lo importante... pelear por mi vida o al menos intentarlo.
-¿Por qué tan nerviosa? Pensé que estabas acostumbrada a la muerte. -rió. Sus ojos eran completamente negros y la oscuridad se marcaba como venas del mismo color alrededor de sus cuencas.
Hoy sería el día final.
-¿Por qué? -susurré. Hay piezas que no encajan...
-"Porque te amo" -o quizá sí. Su voz distorcionada era acompañada por una descarada sonrisa cargada de locura y sed de sangre. Esa sensación de nuevo, miedo. Él avanzaba y yo retrocedía. Choqué contra alguien que me tomó del pelo con fuerza.
-¿Qué hacemos con el angelito? Más bien, el medio angelito ya que está ala -ese olor putrefacto. La arrancó. -no sirve. -Grité del dolor. En las ilusiones el sentido de dolor varía según el recuerdo más cercano. La sensación fue idéntica a la del desierto.
-Leviatán... -murmuré dificultosa.
-Cuidado, no recuerdes o te puedes lastimar. -hablaba en mi oído. -Esas cadenas deben pesar mucho ¿no crees? -estaba tan débil que no las lograba ocultar.
-Vete o te matará de nuevo. -él no había visto mi puñal.
-Ella jamás me asesinó. No tiene el valor para hacerlo en el momento correcto. -se burló el demonio.
-Vete o tú sigues en su lugar. -bociferó furioso. Su voz se distorcionaba, parecía otra persona o poseído... pero no era así. La maldición quería aplastarme a toda costa.Su rostro se contrajo de odio y oscuridad; Leviatán se fue volando con sus descompuestas alas hacia quién sabe dónde. Ahora quedábamos Caleb y yo.
Uno debía morir.
Me levanté con la poca fuerza que me quedaba en una búsqueda discreta de mi daga.
-Si te mueves, haré que mates a Ceres. -Me advirtió sonriente. Las venas de su cuerpo se marcaban y tomaban un color oscuro acompañado de las runas rojas en su brazo. Mi cuerpo se iluminó con las mismas. 
-No puedes. -protesté.
-Pero si tú querías esto. -rió. Ese de allí no era el chico que me gustaba... o tal vez nunca existió y aunque hubiese querido evitarlo el destino decretó lo contrario. Cada vez que él se me acercaba sentía aquella sensación... Se confunde con amor la obsesión o la dependencia, tal vez un deseo interno de libertad reflejado en los ojos de otro, la solucion para que acabe de una vez este bucle sin fin, cuando en realidad todo lo que hice al acercarme a él fue hecho inconscientemente debido a lo que una vez se dijo sin que pudiera evitarse.
-¿Era mentira? -susurré para mí. Miraba al suelo tratando de encontrar alguna respuesta que no llegaría. Ya sabía la verdad, aceptarla es lo que necesitaba. Tomé mi puñal con ambas manos.
-¿No deseabas ser feliz? -bociferó aquella desquiciada voz repleta de locura. Nada de lo que decía tenía sentido.
Las cadenas ardían, las runas se marcaban en mi piel contando la historia de un trágico final. Al diablo con todo. Realmente al diablo con todos. Me levanté con dificultad.Tener paz en este miserable mundo es imposible.
-¡No! -grité. Me sujeté la cabeza con ambas manos intentando encontrar una explicación, la verdad. Miraba al suelo perdida sin reaccionar mientras Caleb se acercaba paso a paso con cautela. Me sujetó del brazo y luego me golpeó en el estómago. Escupí sangre al caer nuevamente, no lograba defenderme, temblaba... Me sentía indefensa ante él. Los monstruos debajo de la cama son aterradores. Volví a sujetar mi daga mientras recuperaba una postura de defensa.
¡Reacciona de una maldita vez! Te matará si no lo haces.Me avalancé sobre él lista para atravesar el puñal en su cuello, pero me sostuvo con mayor velocidad la muñeca sin apartar la mirada de mi expresión de dolor. Presionaba mi brazo con tal fuerza que en cualquier momento sentiría como se partía.Algo que le encantaba era ver un rostro repleto de dolor y angustia junto a lágrimas que lo acompañaban. Brotaron como intentó de que aflojara el agarre y terminó por funcionar. Lo golpeé por debajo de la costilla derecha con mi rodilla causándole una fractura. Me solté y retrocedí.
-Te odio. -dije furiosa.
-Pero si ambos sabemos que no importa lo que hagas, siempre volverás a mí. -Me extendió su mano con la esperanza de que accediera a su trato.
Estaba tentada a regresar, es como una adicción con la cuál no se puede respirar. Mi corazón palpitaba a gran velocidad y no lograba detenerlo, para cuando me percaté, ya me encontraba a mitad de camino. Esto no es lo que quiero ¡Detente!
-¿Por qué los asesinaste? -necesitaba información. ¿Cómo terminó envuelto en esto?
-Es divertido, ¿acaso no es esa tu respuesta a este tipo de situaciones? Matar por gusto y la necesidad de satisfacer tus deseos es una fuerza mayor que no puedes controlar no importa cuanto lo intentes.
-Basta... por favor. -dio un paso al frente. Se acercaba con hambre de más, no le alcanzaba solo con el daño físico.
Me tomó de la cintura con delicadeza y me acarició la mejilla. Nuestros ojos se encontraron.
-Ojalá ardas en el infierno. -le clavé la daga en la herida que le había hecho anteriormente.
Chilló de dolor seguido por un golpe en mi cabeza que me hizo perder el equilibrio. Intenté retomarlo aunque fue en vano. Él continuaba golpeándome y yo no conseguía acertar ninguno. Me debilitaba, ya no quedaba gota de resistencia en mi cuerpo. Caí de rodillas con la vista nublada mientras él me mantenía erguida al sujetarme del cabello manchado de sangre. Caleb estaba más que preparado para acabar con lo que una vez se inició. Levanté mi brazo izquierdo sujetando su mano mientras que con la otra me aferraba a mi colgante.
-No eres... un monstruo. -eso fue lo que me dijo aquella vez, traté de creerle y terminamos es este embrollo.
Mi colgante cedió y cayó al suelo abriéndose listo para concederle permiso a la melodía que me perseguía para apaciguar el dolor. Caleb pareció reaccionar, peleaba consigo mismo. Me soltó de inmediato al escuchar el dulce sonido del reloj de cuerda que lo trajo a la realidad de sus acciones y yo caí por completo mientras observaba con dificultad lo que ocurría a la distancia no muy lejana.
-No puedes... ¡Déjame! Debemos destruirla. -su voz se distorcionaba y de repente regresaba a la normalidad. Alguien más o algo lo controlaba. Regresó repleto de rabia y me pateó en el centro del estómago. La sangre brotaba sin permiso, no me dejaba respirar.Allí estaba de nuevo aquel sonido en blanco que me impedía deleitarme de la melodía que me acompañó por tanto tiempo, era señal de la muerte en cercanía. Iba a morir. Lo estaba viendo todo ante mis ojos mientras que las ultimas cenizas de la helada tarde bailaban hasta tocar la gélida y moribunda tierra cubierta de un desastre que no tendría final.Miraba a las nubes tronar en el cielo, que hermoso hubiese sido volar por encima de ellas... 
 

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