III

Memorias Caídas

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-Despierta... -oía murmullos de una voz conocida. Me llamaba desesperada sin fuerzas -Scarlet ya tienes que despertar. Han sucedido muchas cosas en tu ausencia -sí, Eruca estaba agotada. -Ceres ha crecido unos centímetros más y se ha acostumbrado a luchar sin su hermana; Aramis traerá a los nuevos reclutas en dos días y me gustaría que pudieras verlos y de seguro tú los humillarías un poco con tus comentarios sarcásticos... algo de tu estilo. -rió por su comentario final, me imaginaba en dicha escena con total familiaridad.
Sí, ella vino todos los días durante dos meses a hablarme, me contaba cosas, desde las más insignificantes hasta las de mayor importancia. Caleb fue confinado a una prisión de máxima seguridad en Najiv en la periferia de la ciudad, pero fue en vano y terminó escapando. Esos viejos con poder se dieron cuenta que si no interferían para alejarlo de mí no lograrían "paz". Nadie sabe en dónde está. Aramis se dirigió personalmente al Consejo y pidió por los reclutas para mantener a Eruca distraída. Ceres cambió y se convirtió en una niña más madura de lo que debía de ser a su edad. El mundo me conoció finalmente como la chica de cabello blanco que abrió los portales aquel día aunque nadie vio mi rostro. Pero maldita sea, ¿cuántas albinas hay cada kilómetro cuadrado? Ah... saben que existo, pero no me identifican entre el montón, eso es bueno. Al parecer generé un sentimiento nuevo en las personas, hubo marchas, protestas y nuevos partidos políticos que buscaban una verdadera solución a semejante problemática.¿Eso ocurrió en dos meses?  Ahora saben de la existencia de dos ángeles... los pusimos alerta y eso significa una piedra en mi zapato ¿por qué los humanos juegan a ser Dios cuando apenas saben las reglas de ser humanos? Algún día lo entenderé... eso espero.No sabía si abrir los ojos y regresar; por primera vez pude dormir sin preocuparme ni tener miedo de cerrar los ojos aunque el impacto que causé en sus vidas fue demasiado. No me conocen bien, les he mentido y lastimado... y aún así esperan a que regrese ¿de eso se trata amar? ¿eso es a lo que llaman ser parte de una familia? Ese vacío extraño que sentía cada vez que perdía a alguien, esta vez es mayor y no logro ignorarlo. Era momento de volver con ellos, sí, lo era. Me hacían falta...
-Chispitas... -susurré.
-¿Si? -se aproximó sorprendida. Fue como si todo lo malo que la nublaba desapareciera.
-El whisky... pásame el whisky. -bromeé.
-Tú eres una... -las lágrimas de felicidad recorrieron sus mejillas. -no vuelvas a hacer algo como eso jamás. -suplicó.
-Tranquila, ya pasó. -dije con la intención de darle paz.
No había pasado nada... Los derterios desaparecieron sin explicación y las cosas transcurrieron con normalidad, de esa que es inquietante y te recuerda cada día que nada ha terminado.Primavera, el perfume de las flores era exquisito. Me incorporé torpemente.¿Cuánto tiempo ha pasado desde que vine aquí?
-¿Qué demonios son estos cables? -Me tambaleaba mientras me los quitaba de los brazos.
-Oye, no te precipites. -dijo preocupada.
-Tranquila, estoy bien. -remarqué con sutileza en mi voz. Mi completa atención fue desviada a una fragancia exquisita. -Ese olor ¿qué es?
-Pastel de manzana. -Dijo mientras me ayudaba con la ropa.
-Dime que no has estado horneando cosas de manzana por dos meses porque sino me asustaré. -Mantén el buen humor... Ella está alterada. Chispitas fue afectada por dos pérdidas seguidas, no creo que soporte una tercera.
-No... -rió. -tal vez un poco. Supuse que despertarías al sentir el olor de las manzanas. -es muy tierno de su parte o ¿no?. -He vuelto loco a Aramis con tanta fruta e incluso inventé cuatro recetas.
-De seguro me odia por eso. -reí adolorida. Traté de caminar sin tambalearme.
-¿Quieres estirar un poco las piernas? Veo que lo necesitas.
-Sí. -sonreí impaciente, quería largarme del cuarto.
Caminábamos por los pasillos mientras Chispitas me mostraba las habitaciones de los reclutas.
-¿Estás de acuerdo con que vengan? -preguntó insegura. -Aún no hemos ido a Tábita y no te encuentras al cien por ciento.
-Ya has soportado mucho, creo que lo correcto es que vengan. Yo iré por mi cuenta allí. No tienen que cargar con esto siempre.
-De acuerdo. -sus ojos me dejaban ver lo afligida que se encontraba.
Bajé las escaleras con lentitud y me dirigí a la cocina para comer algo de ese llamativo pastel de manzana y me encontré con Ceres lavando los platos, en verdad estaba más alta.
-Y yo que creía que no viviría para ver este momento -reí. Ella dejó caer un vaso al suelo y corrió hacia mí.Me abrazó con fuerza.
-Hey, no tan fuerte, aún no me recupero. -chillé de dolor.
Al final nos sentamos a comer un poco, a decir verdad, estaba delicioso. Ceres me contó lo que estuvo haciendo durante mi ausencia y me mostró lo fuerte que se encontraba gracias a su entrenamiento. Por otro lado, no vi a Aramis hasta la noche y no se me acercó, simplemente se alejó. ¿Qué le ocurría?Fui tras él hasta la sala de entrenamiento.
-¿Cómo has estado? -pregunté aliviada de verlo bien.
-Despertaste. -su tono era frío aunque lo ignoré.
-Eso creo ¿Ya me dirás que te pasa o debo hacerme la psicóloga? -reí.
-No tengo nada que decirte. -bien, la paz y buen humor que me rodeaba estaba desapareciendo gracias a él.
-Estás enojado... Lo entiendo, pero no pienso disculparme. No de nuevo, siempre soy yo la que debe hacerlo y tú nunca lo haces. -Me expliqué tranquila.
-Quizá porque no soy una idiota que va detrás del primer psicópata que promete amor eterno. -golpeó la bolsa de boxeo. Nunca antes la había visto.
-No te atrevas. -afirmé mientras fruncía el seño progresivamente.
-¡Casi te mata! -gritó. Dio unos pasos lejos de mí.
-¡No lo hizo! -al carajo, grité. Y las heridas del estómago me reclamaron tranquilidad.
-¿Acaso no entiendes? Es tu vida, tuya y de nadie más. Ese hijo de puta te golpeaba y te violaba y no podíamos hacer nada. -¿me culpa a mí o a él por no haber hecho algo al respecto?
-Eso no es mi culpa. -reí ¿o sí? No lograba discernir qué estaba bien y qué no en esa relación. Me daba jaqueca pensarlo.
-¡Lo es por permitirlo! ¿sabes lo que fue estar dos meses sin saber si lograrías despertar? Eruca no comía ni dormía, Ceres no hablaba y dejó de ser la niña alegre que era antes y tú pretendes que nada sucedió... que las cosas están bien porque despertaste.
-¿Y tú? -lo corté.
-Sabes, a veces me pregunto si todo hubiese sido más sencillo si nunca te hubiera conocido. -dolió. Por un momento me quitó todas las armaduras que tenía en mí para protegerme de este tipo de cosas. No sabía que cara poner, pero no me iba a dejar ver, tomé aire y reí como si no me importara.
-¿Ya te desahogaste? Háblame cuando el período se te vaya. -imbécil. Me di la vuelta con la intención de largarme. El estómago me ardía y podía sentir cómo la sangre manchada poco a poco mis vendajes.
-Vete a la mierda. -Me frené en seco.
-Sabes -quería llorar y gritar al mismo tiempo, hacer un enorme berrinche. -, si tanto les preocupaba mi seguridad, lo hubiesen asesinado antes de que me dejara moribunda en el suelo ahogándome con mi propia sangre. -no levanté la voz ni coloqué una expresión cargada de odio... algo era diferente, simplemente la frialdad se hizo cargo de la situación y se entremezcló con el tono de mi voz.
-Esa no era la solución. -se dijo, me dijo ¿a quién trataba de convencer?
-¿Solución? Oh, pero verme herida y rota por él estaba bien. -Me acerqué a paso firme y coloqué mi mano en su garganta. -Lo que tú tienes miedo de hacer es lo que una vez hiciste para sobrevivir. -Me aparté. A todos en esta casa nos atormentaban los fantasmas del pasado.
-¡No! Lo que yo no quiero es terminar como tú. -¿eso lo justifica?
-Siempre lo supe idiota -ya no me importaba... -¿quién querría ser igual a mí? -reí divertida, pues era cierto.
-Te odio por haber dejado que te hiciera esto. -¿y?
-No seas un bebé, ya estoy acostumbrada. -intenté creerlo entre risas. -¿acaso debo también limpiarte las lágrimas como antes? Eres prácticamente mi hermanito. Debes aprender a no esperarme porque puede que un día de estos no regrese a casa. -lo abracé con cariño.
Al final las cosas no se solucionaron ni tampoco continuaron, se quedaron en pausa indefinidamente. Él suspiró cansado buscando paz momentánea para cambiar de tema.
-Debes traer a los reclutas... Eruca está mal. - hablé en voz baja como si alguien pudiese escucharnos. Aramis dejó sus pensamientos y me observó con preocupación.
-¿Cuánto si no los traigo? -me interpeló con nerviosismo en la mirada. Él la amaba, realmente lo hacía... Nunca antes lo había visto de esa manera por alguien.
-Días. -dije cansada. Toqué mi estómago, necesitaba cambiar las vendas y descansar un poco.
-Está bien. -asintió con la cabeza. Me tambaleé y me sostuvo antes de caer.
-Vamos, debes recostarte. -Me cargó en sus brazos, me llevó hasta la enfermería y luego se marchó... Ceres entró cuando desperté ocultando su preocupación nuevamente, ella había cambiado mis vendajes hacía un rato.
-Debemos irnos a una misión. -dijo en seco, sin dar vueltas.
-¿Puedes quedarte? -pregunté con la voz casi quebrada. Ella abrió sus ojos con sorpresa.
-Lo siento, pero nos necesitan en la capital. Ellos no pueden protegerse. -se explicó. Lo entendí ¿Esas cosas habían regresado?
-De acuerdo... procura ser más cuidadosa. -sonreí aprobando su decisión. Al final quedé tirada como un perro, solitaria y con hambre. Tardarían horas en regresar. Al carajo todo, ni siquiera podía abrir un portal a la cocina.
Me levanté y caminé un poco en mi cuarto y leí algo de la biblioteca... algo sobre bucles temporales. Bastante interesante. Salí al pasillo tarareando en paz hasta que terminé junto a la puerta de tori... no me atreví a entrar y seguí mi camino con normalidad. Regresé a mi cuarto y miré a mi alrededor... ¿estos aparatos eran para mantenerme con vida? Son demasiados. Me dejé caer en el suelo con las piernas cruzadas y noté que al hacerlo la cadena de mi cuello había reaparecido. Él estaba cerca y la tensión fusionada con el nerviosismo jugaron en mi mente otra vez.
-¿No vas a saludarme? -esa voz sombría, Caleb estaba parado detrás de mí.
-¿Debería? -reí sarcástica. Mantuve la calma y neutralicé mis expresiones.
-Pasé a saludar, escuché que despertaste. -hablaba con total normalidad, como si nada de lo que hizo fuese grave.
-¿Qué mierda quieres? -pensé en gritar, pero sería inútil. Luego se me ocurrió abrir un portal y de igual manera, estoy débil. Simplemente quedaba velar por mi seguridad.
-Creí que querrías esto. -sacó del bolsillo de su chaqueta mi reloj y extendió su brazo. -tómalo. -sonrió con ternura.
Mi respiración se agitó dando vida nuevamente a esa sensación, la adicción de ir con él sin importar qué. Mis manos comenzaron a temblar y aquel sudor frío bajaba por mi espalda. No debería. Es muy tentador...¿realmente esparaba a que me pusiera de pie y corriera a sus brazos? Me incorporé tambaleante. Di un paso sin consentimiento y me detuve.
-¡No! -bociferé furiosa. Le lancé algunas de esas máquinas y cables que estaban cerca de mí. Nadie me escucharía gritar por ayuda.
-Al parecer no te lo dejé en claro cuando estaba golpeando tu cabeza contra el suelo... -su rostro se contrajo. Avanzó furioso y yo caí sobre mi cama al tratar de retroceder.
-Aléjate. -Reacciona, no puedes dejarle hacer lo que quiera. Me sostuvo las manos sobre mi cabeza con fuerza. Dolía.
-Si vuelves a decir algo, te prometo que ellos sufrirán. -se me acercó con la intención de besarme. Era posesivo, siempre lo fue.
-Ve-te-al-de-mo-nio hijo de perra. -lo desafié. Pero sus ojos mostraban tal confusión que lo hizo perder fuerza en el agarre y lo empujé. Me puse de pie lista para hacer una locura. -¿qué más quieres? Sólo déjame... -susurré. Esto está mal. -No haré nada para detenerte. -mis ojos comenzaron a llenarse de lágrimas. Ya no sabía cómo expresarme, hacerle entender que no haría nada más para interferir en sus planes o con su vida. -Si quieres destruirlo todo, solo hazo ¡Ya no lo soporto más! Si quieres matarme hazlo de una maldita vez ¡Deja de jugar conmigo! -ya no tenía autocontrol. Perdí la paciencia y la cordura con él en mi mente. -Porque a diferencia de ti yo sí te amé imbécil y lo continuo haciendo a pesar de toda la mierda que me hiciste pasar. -lo terminé admitiendo de la peor manera. Uno no imagina confesarse así a menos de que la cosas se estén quebrando en mil pedazos pues realmente lo estaban desde hacía tiempo. Tomé mi daga y me apunté al cuello -si tú no lo haces, yo lo haré. -Pero él simplemente se limitó a verme con tristeza desde el otro lado de la oscura habitación.
-Amor... baja la daga. -su voz cambió ¿era él? Realmente parecía sumergido en dolor ¿era debido a mí? No, fingía.
-¿Eso quieres realmente? -pregunté confundida. -Continuas jugando conmigo. -las lágrimas no me dejaban hablar con claridad. La posé sobre mi piel con más presión. No pensaba lo que hacía sólo quería verlo sufrir por todo lo que me hizo y aún así no hallaba la forma, el miedo me poseía por completo.
-¡Bájala! -gritó. Mi cuerpo tembló al escucharlo enojado. Debía obedecer aunque no podía, no quería. Vio en mis ojos la duda y la aprovechó para saltar sobre mí y quitármela.
-¿Por qué lo haces? -no tenía voz. La lanzó lejos y así evitó que hiciera otra estupidez.
-Porque te amo y no hay otra manera. -Me abrazó con calor, como antes de que todo esto ocurriera. Así nos quedamos por un rato largo y la situación se mezcló por completo. Al final nos acostamos, por última vez. No fue malo ni bruto ni tampoco posesivo, esta vez pude sentir ese amor que siempre busqué por un momento y para cuando desperté a la mañana siguiente Caleb ya no estaba. Solo dejó mi reloj en el escritorio como recordatorio de que la próxima vez no habría una tercera oportunidad para huir.
-Es suficiente... 
El suave golpe de la puerta me trajo de nuevo a la realidad. Era Ceres.
-pasa. -dije con los ojos cansados. Debía explicarle lo sucedido.
-¿estuvo aquí? -¿tan obvia soy? Supongo que estar envuelta en sábanas y el olor a perfume masculino ayudó a resumir lo ocurrido la noche anterior. No se inmutó. Ella supuso que él vendría, pero no imaginaba que inmediatamente.
Aún así, ya es suficiente.
 

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