V

Memorias Caídas

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-Ya basta Lissandro. -susurró regañándole. -No la molestes, ¿no te alcanzó con la bienvenida? No tienes por qué seguir con esto. -Ella estaba enferma ¿Qué hacía aquí? Se cubría la cabeza con un turbante.
-Por favor Julia, no hará nada aquí. -me miraba con superioridad. Un crío. -La controlan como a una cachorra. -buscaba provocarme aunque mi completa atención estaba en la chica del turbante violeta. De repente ella se sintió débil. Mala señal, lo que me faltaba ¡mierda! Me fastidiaba que ocurrieran estas situaciones mientras trataba de... ¿hacer sociales? ¿eso quería? ¿agradar y tener una conversación con otras personas sería algo lindo? Ah... pero ella no tiene mucho tiempo. Eso era lo irónico de estar cerca mío cuando les llegaba la hora, esa energía que recorría su cuerpo se drenaba hacia quién sabe dónde, la abandonaba y su debilidad era señal de hacer mi dichoso trabajo. Estaba frustrada y mi rostro me delataba a kilómetros. -¡Gabriel! -gritó el idiota de lis preocupado ao chico que practicaba puntería detrás de mí. Él buscaba al dueño de esa voz que no tardó en reconocer. Pensar que era el malcriado hermano mayor de la joven. Lisandro se limitó a sostener la cabeza de la chica antes de que cayera.
Levanté mi mano hacia delante y mi daga se elevó con lentitud. Él lo observó al igual que Gabriel. La tomé con firmeza y me acerqué a ella en paz. Julia me vio a los ojos con una angustia pasajera, me reconoció en un segundo. "La Parca" pensó un tanto desorientada ¿Por qué es muy obvio para ellos?
-¿Tan pronto? -sonrió.
-Estás cansada -hablé con tranquilidad, ella parecía una buena persona. Una maravillosa sorpresa. -¿quieres continuar cumpliendo con sus berrinches? -la mirada se le marchitaba, pero eso no le quitaba su bella sonrisa. Me hubiese gustado conocerla mucho antes.
-No... -asintió tranquila. Lisandro no comprendía nada de lo que hablábamos, pero su hermano sí. Ese bastardo fue la causa de esto. Le ayudé a incorporarse sin ayuda de aquel idiota y le atravesé el corazón sin dudar. Julia murió en el acto.
-¿Qué... -fue lo único que logró decir, Lisandro vio como la maté sin pestañear.La sangre brotaba. Quité el puñal de su cuerpo mientras la sujetaba y recostaba en el suelo. El idiota quedó helado y no lograba asimilar lo ocurrido.
-No... -Gabriel se aproximó envuelto de odio y rencor mezclado con tristeza... contaminado. Traía su arma consigo. Parecía no caer en la realidad de los hechos.Mis ojos se tiñeron de rojo listos para dar presencia de mi poder.
-Quieto. -el cuerpo de Julia se desvaneció en ese instante junto con la luz que se elevó rápidamente sin preocupaciones y las lágrimas de su hermano se derramaron de la impotencia. Me acerqué a él serena. -tú arriesgaste la salud de tu hermana por venir aquí ¿qué buscabas con exactitud? -No me iba a dar una respuesta fácil.
-Te mataré. -ellos siempre dicen lo mismo... No comprenden que hay cosas peores que la muerte.
-Así como tú la mataste a ella. -odio. Buscaba más en él.
-Le clavaste un puñal. -estaba quebrado, no lograba encontrar una manera de desquitarse. - Asesina. -su voz era suave, repleta de culpa. CULPA. Esa asquerosa palabra.
-Si respondes mi pregunta esto se soluciona. -tomé su rostro dulcemente con ambas manos como si fuera un niño asustado. Lo pensó con remordimiento. -viniste sabiendo que estaba enferma... ¿qué era tan importante como para arriesgar su vida de esa manera?
-Tú. -Dijo sin fuerzas. -pero ahora ella... -trataba de no creerlo.
-¿Sabes quién soy? -pregunté sin entender el sentido de su desesperación.
-La chica de los portales... -se negaba a ver el panorama que le rodeaba. Oscuridad, se limitó a no pestañear.
Así fue como luego abrió los ojos y me vio frente a él con mi dedo pulgar sobre su frente. Realmente estaba confundido y las lágrimas comenzaron a brotar al contemplar a su hermana con Lisandro.
-Así que te dignas en aparecer. -iba a pasar si no hacía algo.
El joven estaba asustado. Su hermana estaba aún con vida.
-Ve a un hospital y pasa todo el tiempo que puedas con ella a menos de que quieras que ocurra y continues con el fin de tu vida. -No importaba si se lo decía, él moriría de igual forma. Destino es destino.
-Sí. -es lo único que salió de su boca. Él sabía quién era... las cosas no son lo que parecen. Tendré más cuidado.
Me fui, él debía digerir ese problema y no tenía ganas de matar a un idiota arrogante como él en ese preciso instante cuando mi prioridad era descubrir un pequeño secreto en esta casa.
-¿Ya te vas? No tienes el valor de enfrentarme. -lo ignoré. Algo me sucedía, ayudar a prevenir una muerte, no querer descuartizar al puto de Lisandro e ir a la biblioteca en busca de un consejo.
-¿En serio hiciste eso? -al enamorado le costaba creerme. Fue conveniente, me deshice de dos en el primer día. A veces soy genial... sí, claro. Al carajo.
-Sabes que puedo ayudar de vez en cuando. -dije. Reí, ni yo me lo creía.
-Como digas.
-Como sea, se irán. -¿por qué me sentía tan agobiada? Suspiré y me marché a mi habitación. Mis heridas habían sanado por completo y debía retirar las vendas.
Me quité la ropa y luego continué con las vendas. Alguien se aproximaba por el pasillo, de seguro estaban curioseando por el lugar. Me recordaron a mí en la primera noche. Sonreí mientras cantaba en voz baja con una extraña felicidad. De repente la puerta se abrió con un supuesto cuidado del cual no me "percataría".
-Oh y yo que pensé que eras fea, acabas de multiplicarlo a infinito. -lo miré con las ganas de matarlo desbordándome de la piel y él salió del cuarto con tranquilidad los primeros cinco segundos y luego comenzó a correr.
-¡Voy a matarte hijo de perra! -me coloqué la camiseta de mi pijama y salí detrás de él en bragas. Al carajo con todo lo demás.
-Esto tiene que ser una broma. -suspiró Ceres al vernos correr de un lado al otro desde escaleras abajo.
-¡Lisandro! -grité.
-Y allí van de nuevo... -Aramis parecía resignado o divertido ¡dile algo imbécil!
-¿Cuánto apostamos a que ella lo deja en el suelo? -rió ese chico, creo que su nombre era Joel.
-No más de lo que él termina ocultándose. Mira, va hacia el jardín. -esos dos siempre estaban juntos. Alex y Joel...
-Hecho. -trato cerrado.
Abría un portal tras otro, pero él siempre lograba evadirme. ¿Cómo conseguía hacerlo? Cuando el imbécil corrió por el pasillo en dirección al jardín casi tropieza con varios reclutas; por otro lado, yo decidí saltar desde el barandal de las escaleras. Ese hijo de puta me sacaba de quicio y ni siquiera llevaba un día completo aquí.
Lisandro llegó al patio trasero bajando con cuidado por la ventana, él pensó "creí que me seguiría... pero la vi subirse al barandal antes de salir por la ventana".Nunca salí de casa. Simplemente salté para engañarlo y nuevamente subí. Al final terminé atravesando una ventana desde un segundo piso ¿para qué? Desquitarme por su "cumplido"claro está.
-Solo puede venir de dos direcciones... -"¿qué demonios estoy haciendo? ¿dónde estás?"- ¿acaso me ignoró? No creo, es muy temperamental y con la bienvenida que nos hizo -sonrió divertido -, supongo que eso la hace impulsiva. -oh, me leyó taaaaaan bien. Espero que quede en coma.
Él estaba apenas a unos metros debajo de una de las ventanas esperando con cuatela algún sonido o ruido que le advirtiera de mi presencia. Parecía un niño asustado a mi parecer... algo tierno. Las escondidas se me daban bien. Se dio por vencido al cabo de unos  segundos y bajó la guardia.De repente el cristal de la ventana se fragmentó en una cantidad incontable de pedazos que le obligaron a cubrirse el rostro. Caí sobre él sin ningún toque de delicadeza listo para golpearlo en la cara. Ambos nos miramos directamente a los ojos sin expresión alguna. A decir verdad, fue divertido, a la mierda con todo lo demás.Comenzamos a reír y me quité de ensima extendiéndole la mano. Se incorporó con una sonrisa estúpida en el rostro.
-Sí, muy divertido. -lo golpeé con tal fuerza en el centro del estómago que cayó nuevamente retorciéndose de dolor y vomitando sangre. Quedó inconsciente sobre el pasto al cabo de unos segundos. -espero que no despiertes.
-¡Scarlet! -mierda. Eruca me atrapó. Voleé los ojos. Siempre detrás de mí... está comenzando a fastidiarme. -¿qué demonios sucedió? -di la vuelta lentamente con las manos en alto. Ella estaba parada al lado de la puerta trasera de casa, la que casualmente nunca vi y jamás se me dio por usar.
-Lisandro rompió la ventana. -me fui caminando con tranquilidad dejando atrás al idiota en coma y a Chispitas limpiando mi nuevo desastre. 
-Sí, claro... ¿y esos cortes en tu cuerpo? -se dijo resignada.
Regresé adentro y me encontré con Joel y Alex.
-Págale Alex. -dije mientras bostezaba.
-Anda, hazlo ¿o quieres terminar como Lisandro? -se mofó su amigo de orientales rasgos mientras contemplaba la hora en su reloj.
-Los dos terminarán igual si no se callan. -sentencié. -Me fui a la cocina completamente hambrienta, diez minutos persiguiendo al idiota y este fue el resultado... Mis heridas me reclamaron descanso con intensidad... al parecer no habían sanado como creía. Tomé una manzana y me fui a dormir.
A la mañana siguiente quedaban ocho reclutas, pero diez de ellos aún seguían vivos. Fue increíblemente conveniente quitarme dos pesos de ensima en un día aunque supongo que fue en vano con ese tarado jodiendo cada dos parpadeos. Bajaba las escaleras con mejor humor y descansada, incluso pordría afirmar que mis heridas sanaron casi por completo de una puta vez, ya solo quedaban rasponsitos pequeños.Lo irónico fue ver a Aramis dando otro discurso mierdero sobre la paciencia y no el no temer... literalmente estaba dirigido hacia mí. No soy tan idiota como lo parezco aunque estos chicos no me temían sino más bien me observaban con atención y a cada uno de mis movimientos. Creían que no me daba cuenta ¡No sean tan obvios!
-¿Eh? ¿Les estás enseñando sobre mí? No estoy muerta aún, bueno un par de veces sí, pero eso no te da excusa para hacerlo. -algunos de ellos mostraron una mueca, de esas que se hacen cuando vas a reír, pero no puedes; otros simplemente no pudieron evitarlo y rieron en voz baja. Eso significa que conocen parte de mi pasado.
-Muy bien pajarito -nos alejamos un poco del grupo. Habló en voz baja. -, es eso u ocho nuevos posibles problemas para ti.
-No pretendo atacarlos. -sonreí incómoda.
-Dile eso a tus braguitas y a la ventana rota. -Se mofó.
-No olvides a Lisandro en coma.
-¡¿Qué?! -gritó furioso.
-Okey, ya es suficiente. -mierda. Me alejé rapidamente. Miré a los reclutas que parecían estatuas de seriedad pura ¿qué les sucedía? -¿podrían relajarse de una maldita vez? Esto no es una prisión, es una casa. -esos ojos buscaban algo. -lo diré una sola vez, si me llego a enterar que hacen algo para joderme de una u otra manera más... oculta o me molestan, no me dudaré en matarlos. No quiero perder tiempo en una confianza de plástico ¿lo entienden? -sus pupilas reaccionaron, el brillo de sus ojos los delató. Había algo que buscaban con intensidad de mí. Sonreí. -bien, como quieran. Es bueno saber que puedo confiar en ustedes. -reí. Aramis me siguió nervioso. -ahora dejen de escuchar las idioteces de este zoquete -lo abracé. -y hagan algo productivo con sus vidas.
Y así fue, su ardua semana comenzó de una manera intensa. No todos iban al mismo tiempo. Algunos regresaban heridos, otros bien o asustados... era un aroma familiar, simulaba casi por completo a la guerra. No lo disfruté por una sencilla razón: esos chicos tenían miedo a algo y no era a mí. Me incursioné en averiguar qué mientras observaba a los posibles candidatos en arribar Tábita. Alex y Joel son inmaduros, niños que deben vivir por largo tiempo contando idioteces y apostando. Reí un tanto alegre al pensar en ello. Había cuatro chicos que siempre se mantenían juntos... Mica, Tyler, Jacob y Sam. Mica y Sam eran amigas de la infancia, fueron llevadas a Pandora cuando eran muy pequeñas como para recordar a su familia. Mica podía leer mentes y era muy inteligente mientras que Sam tenía gran fuerza y podía romperte los huesos con su meñique. Luego estaban Jacob y Tyler con sus cortes de cabello y peinados extravagantes... todos los días con algo nuevo. Tyler podía congelar cosas y controlar el agua... algo que tori no había conseguido; por otro lado, el musculoso y sexy Jacob que siempre se fijaba en el otro chico que estaba solo, Marco, podía crear campos de fuerza y atacar con ellos... energía pura en movimiento. Y Marco, la princesa, controlaba el aire constantemente... era molesto; lo hacía para mantenernos alejado de él. Creo.
Una tarde me quedé en la biblioteca a escribir lo que más pudiese de Tarjaman en un cuaderno que encontré, me quemaba la cabeza. Necesitaba encontrar un lugar pronto. Sentí el rechinar de la puerta y dejé de rayar la hoja, cuando levanté la mirada repleta de cansancio, vi a Jacob y Lisandro entrar. Ambos se miraron por un segundo como si estuvieran buscando las palabras adecuadas para entablar una conversación.
-¿Te encuentas bien? -preguntó el grandote. Podría acostarme con él si no fuera que le encanta Marco.
-Sí, estoy fantástica ¿por qué preguntas? -me levanté cansada.
-Pues... -miró todo el lugar repleto de hojas escritas por completo e incluso las paredes y la mesa de lectura ¿Cuándo rayé la ventana? Lisandro comenzó a juntar las hojas en silencio, ocultando su dolor de estómago. Había pasado esa semana recostado en la enfermería sin poder ir a ninguna parte.
-¿Tú no deberías estar en coma? -me burlé. Realmente lo deseaba con ansias.
-Soy más resistente que eso. -estaba serio. Resistente... no uses palabras que me confundan idiota.
-Iba a matarte. -dije en seco.
-Pero no lo hiciste. -exacto. Tú sabes más de lo que tus tonterías hacen.
-Soy idiota a veces, pero no tanto como para ver que ustedes buscan algo de mí y si no me lo dicen en estos días, encontraré mis propias respuestas. -sonreí impaciente, pero no duraría mucho esa amenaza sin salida. Sentí una punzada en mi cabeza y perdí el equilibrio. Caí de rodillas.
-Termina de recoger las hojas, la llevaré a enfermería. -dijo el idiota con seriedad al verme caer. Calma, ambos mantenían la calma. Eran conscientes de mis cambios y no querían problemas.
 

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