VI

Memorias Caídas

visibility

156.0

favorite

0

mode_comment

0


-No necesito tu ayuda. -le importó una mierda lo que dijera y me levantó como una bolsa de papas. Íbamos a mitad de camino hasta que... -por favor, me siento atrapada en esas cuatro paredes. Si voy a descansar, que sea junto a las flores... -supliqué sin fuerza. No resistía estar encerrada.Se detuvo a pensarlo un segundo.
-Cuando hablas sin sarcasmo, odio y con amabilidad pareces agradable. -auch. Me llevó al jardín sin bajarme. Se divertía viendo como los demás me observaban en el trayecto. -incluso intentaría conversar un poco contigo. -No dije nada al respecto, simplemente me limité a escuchar el sonido de mi reloj.
-Si no fueras insoportable y no te hubieses metido en mi cuarto quizá no hubieses estado casi en coma. -no respondió. Se limitó a una media sonrisa.
Nos sentamos a ver el paisaje en paz.
-Gracias... -es todo lo que podía decir. La cabeza me iba a estallar.
-No debí haberte provocado desde el inicio. No te conozco como para decir esas cosas. -Se disculpó de la nada. A eso se debía su seriedad en la biblioteca, que tierno. Reí.
-Tranquilo, en este punto de mi vida, los comentarios ya no me afectan. -mentira. Me sujeté la cabeza con ambas manos al sentir una fuerte punzada.
-¿Qué ocurrió cuando llegamos? Me da la sensación de que eres como una especie de caja repleta de sorpresas.
-Debería explicarles en algún momento. -cerré los ojos y suspiré  -Ella es... un monstruo. No logro vencerla, si ella aparece quiere herir y matar. -¿y tú no? -Me vuelve loca. De igual manera, ya sabes eso, no tienes por qué fingir ser amable conmigo. -¿Por qué la gente siempre lo hace? Ah... tonta, es el temor.
-Lo siento, creí que sería incómodo decir algo como "oye, nos dieron una clase sobre lo poco que se sabe de ti hasta el momento durante el camino por lo que espero que no quede resentimiento sobre la paliza que me busqué" -trató de hacerme reír con un tono de voz extraño. Es un idiota. No tiene cura. -intenté lastimarte, pero eres muy fuerte. -su mirada se oscureció por momento.
-No-soy-e-lla. -aclaré molesta.
-Son la misma persona. -¿qué pretende? -no creo que debas destruirla o vencerla... es parte de ti. Es lo que te hace especial. -parecía un niño por como lo veía. No es tan fácil.
-¿Qué hizo? -lo corté. Odio que terminen en lo mismo de "debes aceptarlo".
-Pues... me dejaste caer más o menos desde la estratósfera. -rió divertido.
-Algo hiciste para que ella te lanzara. Jamás hace algo a la deriva.
-Realmente eres lo opuesto a Azar. -me miró fijamente tratando de descifrar mis pensamientos.
-¿Qué les dicen de él?
-Que es un dios -¿QUÉ? Mantén la calma. -, que nació cuando nada existía junto a su otra mitad que fue absorbida: la buena suerte. No puedes tocarlo. Y que de alguna manera está obsesionado contigo porque le recuerdas a ella o eso. 
-Primero que nada, él no es un dios. -el enojo me cubrió la voz. Y las punzadas me partían la cabeza. Las lágrimas de dolor salían sin permiso, pero él simplemente lo ignoró para no incomodarme.
-No tiene sentido creer en uno. -suspiró.
-¿No crees? -Más y más interesante...
-¿Para qué? Le rezas por algo bueno y no ocurre, pero puedes hacer algo malo y rezar por perdón. Al final, te conceden la absolución y el mal que hiciste se borra por completo de ti a pesar de arruinar todo a tu alrededor.
-¿Crees que es así de fácil? Si supieras... 
-¿Tú qué piensas? -me sequé los ojos.
-Yo lo he visto. -dije con asombro mientras movía mis manos asombrada. Buscaba su atención y al parecer la obtuve. Él quería saber más sobre ese ser que nos había creado. Ciertamente creía en él, pero una combinación de sentimientos encontrados le cegaban. -¿esperas a que te cuente de Él siendo que acabas de negar su existencia?
-¿Cómo es? -Sonreí mirándolo a los ojos. Su interés por el tema se debía a que yo olvidara ese dolor, funcionó. 
-No tengo mucho en mis recuerdos -Mentira, por alguna extraña razón a Él lo podía recordar a la perfección... cada súplica y cada charla que aún no tenían sentido sin las otras piezas de mi memoria. -, pero siempre que lo intento... -suspiré. - veo que se forma en el cielo, repleto de cúmulos y estrellas una imponente figura. -¿Por qué lo recuerdo? Dándome sermones, ayuda y consolándome como si fuera mi padre. Lo odio porque sé que todo eso es una cruel mentira. -Su voz se escucha de cada rincón como una sonata y el viento detiene su curso... -si tan poderoso eres ¡ayúdame! -Sus ojos son como dos gigantescas estrellas que lo iluminan todo en la Tierra, de lado a lado, hasta donde ya no puedas ver ni distinguir ninguna figura más por sobre la de Él -me temblaba la voz -y... y uno espera a que te vea, que no te olvide y gritas su nombre alto para que no lo haga, pero Él lo sabe, siempre sabe que estás allí y no te pierde de vista nunca a pesar de lo que creas. A pesar de cada pecado que te persigue... No importa qué tan furiosa esté, cuánto lo insulte o cómo lo trate... Él siempre está y eso me enfurece más. -Porque sé que tiene razón al decirme el por qué de todas mis estupideces. "Es tu culpa".
-Lo recuerdas bastante como para no tener memoria. -rió. Me veía como una niña fascinada por algo como un dulce o un peluche.
-Tú no sabes lo doloroso que es gritar el nombre de Dios cuando te encuentras destrozado.
-No porque no creo en él. Para que rece tendrá que caer un meteorito. -se recostó entre las flores.
-¿Quién reza? -levanté una ceja.
-Por favor, hablaste de él como si estuvieras en un convento. -me recosté a su lado.
-Solo lo he hecho una vez. -sonreí. -si lo hago de nuevo será cuando realmente estemos en problemas o algo peor.
-Sí, definitivamente rezaré cuando caiga desde el espacio exterior.
-¡Oye! Tampoco fue tanto. -le golpeé el brazo. -Eres muy idiota como para hacer algo así frente a un alado. -no compartía su humor. Los ángeles son el doble de fuertes que los demonios. -Solo no la provoques y aléjate.
-Lo sé. -me miró de reojo tratando de entender cómo me diferenciaba de ella constantemente.
-Así como yo sé que ustedes buscan algo de mí. -dije cortando la diversión mientras me encimé a su rostro. Todo mi cabello calló a un lado evitando que apartara la mirada. No se inmutó por mi reacción.
-¿Fuimos muy obvios? -abrió sus ojos mirándome de arriba hacia abajo. Imitaba a sus compañeros de manera exagerada.
-Entraste a mi habitación tarado, eso es un bónus extra. -bajé la guardia por un momento. -¿qué buscan en Pandora sobre mí? -Me quité de encima de él y pregunté curiosa.
-Ese lugar es lo peor. Nadie se merece una tortura como la que nos dieron. -¿tortura? Más, necesito más que palabras al aire.
-Supongo. -fingí desinterés. -Sus problemas no me importan... aún. -¡controla tus palabras mujer! -sabes, espero que cuando me digas lo que ocurre no sea demaciado tarde para todos. -pensó lo que dije por un segundo.Nos quedamos en silencio por un momento mirando el paisaje a lo largo de todas las flores.
-¿Alguna vez has pensado que genial sería si el pasto brillara con cada una de nuestras pisadas? -¿qué carajo acabas de decir? me recosté a un lado.
-Que manera radical de cambiar el tema. Creo que podrías agradarme. -¿eso salió de mi boca?
-Habló la loca del aura oscura -reímos.
Nos mantuvimos charlando de cualquier babosada por unas horas, pero sin perder de vista nuestra misión: ambos queríamos información del otro.
Durante la siguiente semana estuve practicando usar mis portales para saltar de un lugar a otro... fue una pesadilla. Terminamos regañados por Chispitas y entrenando en el patio trasero.
-El equilibrio Scarlet ¡no lo pierdas! -gritaba Alex desde la suave y rígida tierra.
-Es fácil decirlo cuando tus pies están en el suelo. -crucé uno. -maldito. -y otro. Ese chico podía volar a gran velocidad y atravesar objetos sin dañarlos... debería tomar sus consejos.
-Es como volar solo que sin alas.
-Si las usara seguido ¡lo sabría! -al demonio, me es imposible escuchar.
-Si vas a seguir quejándote mejor haz otra cosa -esa irritante voz.
-No gracias, no quiero lastimar esa carita de bebé que tienes. -caí. -Además -hablé adolorida -, recién te recuperas... -me puse de pie y sacudí mi ropa.
-Te cortaste. -cada vez parezco más frágil. Mierda, contándome con pequeñas rocas del suelo.
-No siento nada en mi brazo. -sanó. -¿qué quieres?
-Necesito un favor... -susurró. Llamó mi atención y me alejó de Alex quién no tardó mucho en irse a parlotear con Joel cerca del árbol.
-Mañana es el cumpleaños de Mica y Sam.
-Ve al grano. -algo me estaba jodiendo con esta situación. Tiré de mi cabello.
-Ellas siempre han querido escuchar a los ángeles cantar... -le corté el habla.
-No. -di un paso al frente. -si quieres matarte salta de un acantilado. -nos mirábamos fijamente sin pestañear.
-¿Por qué? Es sólo una canción. -se desesperó en busca de una explicación aunque su rostro no lo dejaba visible.
-Yo no canto. -dije con la voz helada.
-Pero eres un ángel. -refutó con esperanza ¡No soy ella!
-Ves la otra cara de la moneda. -su rostro se entristeció por un segundo.
 -Ser amable no lastimará a nadie. Tampoco a ti. -sentí su tono más frío que el mío ¿dolió? ¡ah! Eres irritante.
-Si quieres una canción debes convencerla. -"podría golpearlo de nuevo" pensé. Que más da, al final nadie escucha lo que digo.
-¿Cuánto me costará? -preguntó con una sonrisa traviesa en el rostro. Lo miré molesta, creo que lo juzgue mal... Me adelanté a dar confianza sin tener en cuenta que pediría algo tarde o temprano.
-No cuánto sino qué. Además, no me acostaría contigo -aclaré nerviosa. -Ella no canta para que la disfruten, lo hace para que sufran. -recordé la guerra por un segundo.
-Correré el riesgo. -sonrió confiado. Me desagradó. Ese es un buen inicio para una tragedia.
Luego ocurrió... Ella apareció con una expresión seria, muy diferente a lo de costumbre y el aura que la rodeaba desaparecía lentamente.
-Los culpables mueren con la voz de la verdad. -cayeron lágrimas. Ella hablaba siempre sin sentido -sigo aquí. -dijo mirándose las manos con ¿miedo? Ella temía desaparecer para siempre. Eso pasa cuando miente diciendo que somos una, pero teme a lo desconocido sabiéndolo todo antes de que ocurra. Es estúpido. Los ángeles no lloran ni temen, ellos son perfectos. Yo no lo soy. Ella... ¿sí?
-Está bien... -trató de no dar pasos en falso. Todos hacían lo mismo aunque él se acercó -No tienes la culpa de nada -me tomó en sus brazos ¿Qué? Él lo hizo porque sintió un impulso ¿quién no? Maldición, o sea, es un ángel llorando, ¿qué más puede ser así de "adorable" o "hermoso" que eso?¿Por qué estoy tan molesta?
-Te equivocas. -se limpió los cansados ojos. -Lo que ocurre es mi culpa desde el inicio. -él pensó sin entender nada en absoluto. Realmente Lissandro no me conocía y aún así... sentía como si toda la mierda de su vida cobrara sentido al verme admitir algo que quizá nunca fue así.
-Debería odiarte por eso -suspiró cansado -, pero con todo el peso que cargas -dio un paso hacia atrás y su calor se desvaneció -no hay nada de lo que yo diga que pueda superar la tortura que te provocas constantemente a ti misma. -me esquivó la mirada aunque pude sentir esa desbordante energía e impotencia, esas ganas de hacerme daño retenidas ¡por qué no haces nada! ¿Por qué? ¿quién es este chico?
-¿Realmente quieres esto? -la voz se le quebraba y él asintió sin pensar a lo que realmente se refería. -cantaré para ellas, pero te advierto... si son culpables, morirán. -sentenció. Abrió un portal y se marchó como si nada al igual que la luz del atardecer que fue secundada por un festejo. Yo no estaba presente. Habían colgado guirnaldas hechas a mano, regalos comprados con lo poco que tenían entre ellos... amor y calidez sobraba en ese lugar. Me causaba nostalgia. No podría soportar estar allí. No podríamos. 
-Por un momento creí que cumpliría con su palabra... -susurró Lissandro molesto.
-Tranquilo, ella dijo que lo haría. Aramis siempre nos dice que pajarito suele ser impredecible. - lo calmó Alex tratando de animarle.
-Vamos, ya tenemos parte de lo que queríamos. Recuerda que fue una excusa. -alardeaba Jacob de mala gana.
-Para ti lo fue. Vivir encerrados como ratas de laboratorio toda tu vida... Lo hice por ellas. -parecía molesto por el comentario.
-¡Es hora del pastel! -gritaron desde la mesa.Celebrar un cumpleaños feliz... sería lindo algún día.
Ya era el momento de acabar con este desastre.
Y se escuchó desde cada rincón una dulce melodía. Era perfecta, de tal forma que la humedad de sus ojos descendía en forma de gotas a través de sus mejillas, y con ello, una sonrisa repleta de felicidad por parte de las cumpleañeras.
-¿Ves? Alex tenía razón. -Joel le dio un pequeño golpe con el codo a Lissandro.
Desde el salón, Aramis y Eruca, se dirigían hacia las escaleras.
-¿Ocurre algo cariño?
-Aún no. -respondió el alado con el rostro envuelto en preocupación. Se detuvo y levantó a chispitas  como si fuera toda una princesa. -te amo. -la miró a los ojos.
-Yo también te amo.
-Oh, pajarito... tienes una hermosa voz, pero traes la muerte contigo. -se dijo el enamorado en silencio mientras sujetaba a su amada para no perderla en esa melodía.
La madrugada me atrapó desprevenida y pensativa, nada nuevo. El festejo había terminado tan feliz como inició aunque mi hambre seguía molestando. Me quedé sin manzanas. Bajé resignada por mantequilla y ¡NADA! Tampoco había alcohol. Maldita sea ¿quién no hizo las compras?
-Hay pastel en el refrigerador. -una voz que me costaba reconocer. Encendió la luz. Era Mica.
-No me gusta el pastel. -salió el mejor gesto de desagrado que podía tener guardado.
-¿Lo has probado? -me dijo descontenta. Al diablo, la hice feliz y saqué el maldito pastel. Tomé un tenedor, no sabía qué cubierto usar. Le di un mordisco.
-Es desagradable. -respondí entre náuseas.
-Lo hizo Sam. -se molestó.
-Pues no me gusta. Por lo general la comida humana me hace vomitar. -lo escupí en el bote de basura. -¿qué haces despierta?
-Oh, no sabía eso. -su molestia se esfumó como si nada. -Solo... no me dejabas dormir. Hablas mucho.
-Cierto que lees la mente. Acostúmbrate.
-No lo hago con gusto, a veces ocurre y ya.
-¿Es mi culpa que estén compitiendo por algo que no les incumbe? -se quedó en silencio. -sé que has tratado de saber que hay en mi cabeza desde que nos vimos en el pasillo el primer día. No es fácil allí dentro ¿cierto? -sonreí divertida. -Ni siquiera sé para qué les serviría.
-Nosotros...
-Quiero entender. Tengo muchos problemas como para sumar otro con unos niños.
-¿Niños? Soy más grande que tú.
-No lo entiendes aún.
-Que hayas estado con criaturas antiguas o en los inicios de la pólvora no te da derecho. -ese fue Aramis.
-¿Por qué no piden ayuda? ¿qué les hicieron en ese lugar? Hay cosas que están más allá de lo que pueden manejar los humanos. -¿por qué quiero ayudarla? ¿qué me ocurre? Reacciona Scarlet...
-No puedo. -miré el marco de la pared y lo recordé.
-Bien... -la tomé del brazo y la besé. Al inicio se sorprendió, pero comenzó a pedir más. -¿vienes? -le sonreí esperando a que entendiera.
-Sí... -subimos a mi cuarto y cerré la puerta con llave.
-Ahora habla. Aquí es seguro, a menos de que quieras continuar con lo de hace un momento. -me mordí el labio.
-No... -me desvió la mirada. Ella quería. Los humanos son tan débiles ante el placer. Me acerqué de a poco mientras ella recitaba para mis oídos.
-Pandora es un lugar peligroso. -se puso pálida. -nos llevan de pequeños y nos alejan de nuestra familia. Nos crían con un propósito... -la tomé de la cintura y le besé el cuello lentamente. -ser soldados. -me detuve. -Pero sé que hay más, algunos de nuestros amigos dejaron de ser ellos, su personalidad cambió. Parecen muertos en vida. Nos fueron separando poco a poco como si nada y no nos dieron explicación al respecto. Al tiempo notamos lo que ocurría, pero ya era demasiado tarde.
-La mayoría de ellos ya debe ser controlado por el Consejo. -ella afirmó con la cabeza -¿Y por qué ustedes no?
-No lo sé. Victoria había pedido por nosotros.
-No querían levantar sospechas. -pensé. -Aún así, no tiene sentido que ustedes sepan todo esto y lo cuenten como algo normal. No es lógico.
-Tenemos miedo y la única solución es darles lo que quieren. Nos amenazaron. Nuestra familia morirá si no obedecemos.
-¿Piensas que me creeré ese cuento con la mitad de la verdad? -si tuviesen verdadero miedo no podrían dormir ¿qué es lo que no me estás diciendo? ¿familia? Los separaron al nacer.
-Hubo veces en las que no nos daban de comer ni beber por querer ver del otro lado de la ventana. -inventado.
-Ajá. Ahórrate las mentiras porque no te creeré.
-No sé qué decirte para que me creas.
-La verdad. ¿Qué buscan de mí? tan simple.
-Información. Todo lo que se pueda para armar un buen expediente. -tori tenía uno... si lo encuentran estaré en otro problema. ESTOY COMENZANDO A ODIAR ESA ESTÚPIDA PALABRA.
-Supongo que no te dijeron para qué.
-No.
-¿Y qué hacen estos "soldados zombies"?
-En el ataque a la capital, las mejores tropas en combate murieron. -Mierda. Fue en ese momento en el que realmente odié ser yo. Impulsiva, idiota ¡Qué demonios hiciste! -se les dio la orden de atacar, matar. -abrió los ojos dolida. -Por otro lado, los demás escuadrones controlados eran inútiles... muchos de ellos terminaron absorbidos por los derterios sin dar pelea, parados y esperando a morir.
-Fue mi culpa. -Alguien en el Consejo está trabajando para Azar. "Debo decirle a Eruca..." pensé nerviosa.
-La pondrías en peligro. -habló como si nada.
-¡No vuelvas a hacer eso jamás! -perdí la calma. -¡No vuelvas a meterte en mi mente! -grité furiosa y todo el cristal que había en ese cuarto y en los otros cercanos explotaron a la vez. Ella se cubrió justo a tiempo y se arrinconó en el suelo llorando con sus oídos sangrando. El polvo que reposaba entre las uniones del encastre de la madera del suelo se había levantado, la puerta se había caído y la lámpara de mi cuarto estaba destrozada. 
Jacob entró alerta en el mismo estado que Mica e incluso con un par de cortes en sus brazos. Su cama estaba debajo de la ventana. Auxilió a su amiga de inmediato. Huí. Corría mientras veía el pasillo repleto de ellos ¿la calma? No hay silencio.
No deberían estar aquí. Ellos buscarán venganza. Los mataste, murieron por tu culpa, ¿recuerdas? Asesina.
-¡Hagan silencio! -las voces se cobraron mis acciones. Hacía tiempo que no las escuchaba... ¿debía pasar esto para no olvidar quién soy?
Corrí directo a la puerta y allí estaba Aramis esperándome, pero abrí un portal un metro antes de llegar a él y lo dejé solo y con la preocupación desbordando de sus manos. 
Silencio, lo necesitaba con urgencia.Terminé en ese extenso campo de flores que tanta paz me traía.
-Hey tori, te acompañaré esta noche... -hablar sola es algo normal ¿no? quisiera poder traerla de vuelta, pero sería muy egoísta de mi parte.
-Que buena noche para dormir bajo las estrellas y con los insectos debajo del trasero. -esa voz.
-Vete. Quiero silencio. -oculté mis ojos llorosos.
-Vine a acompañarte no a hablar.
-Déjame sola... -lo hice de nuevo lastimé a otra persona.
-Sabes, yo creo que fue un accidente.
-No estuviste ahí. -estaba alterada. Lissandro al parecer estaba bien, estaba buscando algo para beber en la cocina cuando eso pasó.
-No fue tu culpa que ella no respetara tus límites. 
-¿Cómo te fue con la canción? -cambié de tema. No lo quería cerca de mí en este estado.
-Tienes una hermosa voz. Aún así, ella me dijo que fue su culpa... todo lo que ha pasado hasta ahora. -¿su culpa? ¿por qué mintió? -Al inicio no comprendí, pero cuando hablé con Aramis al respecto lo único que respondió fue "ella lo está intentando".
-No es suficiente. Nunca lo será si continuo así. -sujeté mi cabeza entre ambas manos. -¿cómo arreglas algo que está roto?
-No lo sé ¿Qué es?
-Yo. No sé cuánto más resistiré fingiendo y evitando... -Caleb. -ustedes no dejan de vigilarme y no hay silencio, esas voces vuelven. -me cubrí los oídos con ambas manos.
-Está bien -me secó las lágrimas. -, me encargaré de ellos en la mañana, pero trata de respirar con calma. -me acurruqué junto a él poco a poco. Lissandro parecía diferente a Caleb, pero no podía confiar en nadie acerca de lo que pensaba o debía hacer. 
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo