VII

Memorias Caídas

visibility

61.0

favorite

0

mode_comment

0


Narra Lissandro.
Recuerdo ese fatídico día cada noche. Pienso en alguna excusa idiota que podría haberme puesto en esa nave y morir con ellos.
-Equipo alfa irá por tierra y ayudará a los civiles a escapar. Los demás suban a las naves y preparen la munición. -eso dijo el capitán... un simple hombre que creía recibir simples órdenes. Aquel día el clima estaba inestable, cenizas caían del cielo y se notaba la tensión del ambiente. El miedo a morir acompañado de la valentía por defender a los nuestros sería como una tragedia de telenovela.
-Muy bien liss -Mi mejor amigo -te veo de regreso. -Él no quería preocuparme, él sabía lo que podría llegar a ocurrir y se lo calló. Quedábamos pocos con las neuronas encendidas y el corazón en la garganta.
-Procura no acabar dentro de ellos. -le advertí. No se me ocurrió otra cosa para alivianar el momento.
-Pero qué dices, si mis gustos son más... apropiados. -respondió siguiéndome el juego.
-Ombécil -reímos a carcajadas. 
-Además no quiero ningún bebé deforme con ganas de asesinarme. -y pensar que esa idiotez fue lo ultimo que escuché de él. Lo único que me reconfortaba era su feliz sonrisa antes de subir a ese monstruo metálico.
  Nunca supuse que mi realidad, la de todos, daría un giro de 360° al conocerla... y nos haría apreciar lo poco que nos queda de nuestras memorias caídas.  
Ella se quedó dormida en mis brazos como si nada. Parecía tan tranquila, su rostro era suave y sus expresiones indescifrables. La verdad no sé qué me atraía de ella... era compleja en todo sentido. Quería saber más.El clima había cambiado y se acercaban nubes a la distancia. Pese a esa situación, la tomé en mis brazos y la llevé a casa.
Quién diría que una cara bonita podría causar tal destrucción... es difícil decidir si quererte u odiarte por quitarme a mi familia o amarte por haberlos salvado de dañar a quienes protegemos, de salvarlos de ese infortunado destino que ocupaban bajo el control de alguien más. Sé que es lo correcto, pero aunque lo intente... quiero pensar que debo odiarte aún sabiendo que estuvo bien lo que hiciste. 
Quiero odiarte, pero no puedo.
Salía de su habitación con mucho cuidado para no despertarla y me encontré a unos pasos con Eruca viéndome con una expresión cargada de incertidumbre.
-Eruca -cerré la puerta y tragué saliva. -, ¿están bien? -momento incómodo.
-Oh, liss... -su rostro se entristeció momentáneamente. -Sí, ya ha pasado antes aunque destrozó algunos aparatos y la mayoría de las ventanas... lo demás está todo en orden. Los heridos no podrán ir a ninguna misión hasta que mejoren y dormirán en el subsuelo pese a la tormenta que se aproxima. No queremos que se mojen ni nada. Empeorar la situación en este punto sería realmente una molestia. 
-Es lamentable, la sordera es algo -aclaré mi garganta evitando reír con todas mis fuerzas. -complejo.
-Y más cuando te sangran las orejas. -no se contuvo y rió. Maldita sea su humor tan oscuro y la capacidad que tiene de ocultarlo.
-Shh... la despertarás -dije tratando de mantener la seriedad.
-Lo siento. -tomó aire.
-¿Aramis está en... la biblioteca? -pregunté para cortar el silencio incómodo. 
-Si sigues buscándolo comenzaré a pensar que te gusta. -sonrió. -Sí, está allí. 
-Oye, no es que sea de mi incumbencia, pero ¿por qué está Aramis en la biblioteca a las tres de la mañana y tú dando vueltas por el corredor? ¿está todo bien entre ustedes dos?
-Me atrapaste. Discutimos hace un rato. -me sonrió aunque pude percibir cierto enojo detrás de aquella adorable expresión.
-No preguntaré a menos de que quieras que lo haga.
-No, tranquilo... ya lo resolverá pronto. Es un idiota cuando quiere, volverá una vez que le duelan los ojos de tanto leer el mismo párrafo. -me pregunto qué habrá hecho para hacerla enfadar. 
Me despedí con tranquilidad para encaminarme en línea recta sin mirar atrás. No es que ella no me agrade, sino que casi me incinera y no por ser un encanto. Literalmente es como el fuego, es decir, sus estados de humor son extremos y eso me asusta. Es explosiva.
-Te gusta. -sentenció. -A ti te gusta. -dijo mientras pasaba de página. Estaba sentado en el suelo junto a los estantes.
-No. Ella no me gusta -Lo negué mirándolo a los ojos.
-Lissandro estás muy pendiente de lo que hace, entraste a su habitación -recalcó -, te dejó en cama por una semana y la perdonaste como si hubiese olvidado tu cumpleaños, ¿sigo?
-No me gusta. -reafirmé con fuerza en la voz.
-Lo que digas... -se quitó los lentes y me miró de reojo esperando a que lo admitiera.
-Está bien, me gusta la psicópata de tu amiga. -susurré para que nadie escuchara.
-Oye, no te pases de listo. -cerró el libro.
-¿Qué hago? -parecía un niño. 
-Es tu problema. Pero te advertiré que si la lastimas, te mataré. -mierda. La forma en la que me miró me hizo dudar por un segundo de su extraña amistad ¿Pasó algo entre esos dos?
-Tranquilo, aún no hago nada. -Di vueltas en círculos por todo el lugar, no había nadie allí.
-¿Aún? -arqueó una ceja inconforme con mi respuesta.
-No pretendo romperle el corazón. Además, ella me detesta.
-Dime Lissandro, ¿qué buscas de Scarlet realmente? Apenas sale de una relación y no ha terminado del todo.
-Yo no soy el tipo con el que estuvo.
-Para ella todos son iguales. No sabes nada acerca de Scarlet. Apenas llevas unas pocas semanas aquí.
-Entonces dime en lo que me estoy metiendo. -necesitaba saber a qué le hacían tanto circo.
-Bien, perfecto. -Aramis lucía enojado y cargado de remordimiento. -Ella... estuvo en coma por dos meses debido a ese imbécil. -cerró su puño. -Casi la asesina. -No pude contestar, simplemente lo miré incrédulo. -ella despertó poco antes de su llegada y el dolor al parecer la mantenía inestable, por eso...
-Yo la alteré y provoqué ese desastre de bienvenida.
-Sí. -se incorporó y dejó el libro en su lugar para tomar otro.
-Lo que le está pasando ahora es por mi culpa. -me dije pensativo. Yo le había causado dolor. Soy un imbécil.
-No, cálmate, no quise decir eso. -suspiró.  -No fue por ti, es decir, hay varios factores que la llevan a esos ataques. Pajarito está enferma. Es algo que no se puede controlar. 
-¿Por qué no hicieron nada? -intentaba digerir toda esa información al mismo tiempo.
-Es complicado... ¿recuerdas que hablé sobre lo impredecible que puede ser?
-Sí, lo recuerdo bien luego de pasar una semana en cama.
-No es una broma Lissandro. -me sermoneó -Puede ser peligrosa.
-No la considero así.
-Viste sus ojos y cómo anuló tu golpe. Eso dice mucho. -"Él le teme" pensé por un segundo. 
Trató de hacerme entrar en razón sobre la gravedad de la situación, pero yo no quería. Ese tipo de tratos "amistosos" la excluían o la hacían sentir un pedazo de basura. No era correcto. Ella era normal a su modo y ellos debían aceptarla como era para que ella pudiese aceptarse a sí misma. Eso creía firmemente.
-Yo la provoqué. -mi tono de voz parecía molesto.
-Voy a ponerlo en claro: ten cuidado con lo que harás.
-Nombra algo "despiadado" y lo tendré en cuenta. -dije con sarcasmo. Di la vuelta con la intención de irme.
-La masacre de Kölner Dom. -¿el desastre en Alemania?
-¿Qué? -fue lo único que salio de mi boca.
-Cuando supo que Azar era más fuerte debido a que las personas ya lo consideraban un dios, ella abrió sus alas y se fue como si nada. No nos dijo a donde iba.
-Espera un segundo ¿qué estás... -me corto el habla.
-La seguimos, estaba en Alemania, Kölner Dom. -recordó la imagen sangrienta tras pasar el portal.
-¿Y luego? -Yo conocía esa historia, estaba en los reportes y otros escuadrones prosiguieron con esa misión como se les ordenó, pero esperaba que no fuese responsable de aquel desastre.
-Cuando llegamos -suspiró nervioso. Recordar la escena le provocaba nauseas. - estaba empapada en sangre y en su mirada se podía ver el odio, la repulsión hacia los seres humanos. Le estaba arrancando la cabeza a una mujer. Todos apilados como si fueran basura. Nuestras miradas se encontraron y pensé que ya no había vuelta atrás. Tomó la cabeza, la lanzó al montón y se tiró encima de ellos a descansar. Todo un culto al azar destruido en minutos. Ella lo disfrutaba en el fondo, yo sé que sí. -tenía la mirada perdida y sus manos temblaban. -Un círculo de luz rojo rodeó los cuerpos deshechos y esas almas fueron directo al suelo. Se escuchaban sus gritos si no pensabas en algo rápido. Fue realmente aterrador.
-¿Algo más? -me miró extrañado. Tenía la sensación de que él intentaba alejarme de ella a toda costa. Yo mismo debía averiguar la razón de sus acciones.
-Ella se levantó y fue hacia Eruca y "La confianza es algo que está sobre valorado" fue lo que dijo.pajarito lo supo desde un inicio, nos llevó allí para hacernos ver que hablaba en serio cuando se trataba de quitar una vida. Luego el Consejo se enteró de lo ocurrido y prosiguió con los demás cultos. Aún seguimos debilitándolo.
-Ella es perfecta. -afirmé.
-No lo entiendes. -se desesperó.
-No, tú no logras ver... mejor olvídalo. -me marché sin darle oportunidad de hablar. -ya deja de joder con ese estúpido libro y arregla la idiotez que hiciste. -Di un portazo.
Realmente me había metido en algo complicado. Tener esa conversación me había dejado estresado y como no habría misiones en un par de días me propuse a una noche de borrachera. Bajé las escaleras apurado, tomé el Whisky que oculté en la despensa y busqué algo para comer. Ya estaba harto del pastel por lo que me llevé una cuchara y la mantequilla de maní que al parecer habían cambiado de lugar, era entendible, aquel plumero vivía comiendo esta cosa, podría hacerle mal.Subí a mi cuarto y me refugie en el balcón a ver las estrellas mientras pensaba idioteces.  Ella hablaba de Evren con tanta facilidad sabiendo que la había abandonado ¿por qué haría algo tan tonto?¿por qué confiar en algo que jamás logrará responder con certeza ni defenderte de tus peores miedos?
Narra pajarito.
Desperté en mi habitación toda despeinada y con hambre recordando el desastre de la noche anterior. Me vestí y salí a desayunar con vergüenza de mis acciones. Eso era nuevo. En plena caminata hasta la cocina pude ver las ventanas rotas y algunos jarrones en el mismo estado, no los moverían por ningún motivo hasta que lo reparara. Los fragmentos esparcidos en el suelo me punzaban la piel dejando salir pequeñas gotitas rojas que desaparecían con cada paso que daba. Suspiré buscando darme ánimos al encontrarme de pie frente a la escalera con la intención de descender hasta la cocina. 
Al final lo logré. Avancé.
-¿Cómo dormiste? -dijo Eruca abrazándome de espaldas. Me quedé quieta por un segundo esperando a que se sintiera bien. Era muy curioso como yo no mostraba nada de lo que sentía y ella me entendía como si llorara a la par de un río acaudalado.
-Bien... una vez que desayune repararé lo que... ya sabes. -extendí mi brazo al refrigerador en busca de mantequilla de maní. No había.   
-Me parece lo mas apropiado -respondió mirando al suelo pensativa mientras le daba un sorbo a su taza de café. No quería confrontarme. Nunca lo hacía.
-No quiero que ellos lo vean -murmuré.
-¿Ver qué? -mierda, Sam estaba detrás de nosotras. Venía con su pijama puesto.
-Nada que les importe o ¿también van a anotar cuando voy al baño a cagar? -fruncí el ceño.
-Luego de dejar a mis amigos en la enfermería, lo mínimo, sería una disculpa. -Ella entrenaba por las noches en el subsuelo por lo que no estaba herida cuando eso pasó.
-¿No es un poco altanero por no decir excesivamente estúpido pedir una disculpa cuando son ustedes quienes se entrometen en la vida de otros? . -me reí. Debería ir a matarlos a todos. Lo consideré.
-Sam, vete a tu cuarto -Eruca ya no sabía qué hacer, estaba preocupada mientras la empujaba fuera de la cocina. Quería sacarla de mi vista a toda costa. Pasé a su lado con la rabia apunto de salirme por las orejas -¡Scarlet ven aquí! -me gritó, pero no hice caso.
Bajé las escaleras furiosa hasta el área de entrenamiento y los vi... Estaban reunidos hablando alegremente como si nada hubiera pasado y por un momento al observar esa escena logré contemplar una hermosa familia feliz que se desvaneció al notar mi presencia. Me descolocó. Suspiré porque había entendido lo que temían perder en cierto modo.
-Esto tiene que terminar... Que continúen jugando al detective terminará en algo peor a lo que pueden imaginar porque ya no los involucra solo a ustedes sino a todo aquello que pueda respirar. Sé que tienen miedo a lo que sea que les hayan dicho o hecho, pero darles lo que quieren empeorará las cosas más de lo que ya lo están. No tengo paciencia para lidiar con otros problemas.  -ya no sabía que hacer para que mi cabeza estuviera tranquila. Lo único que estaba a mi alcance era... mostrarles lo que creían querer ver. Mis ojos cambiaron de color y mi cabello flotaba. Extendí mi brazo en señal de llamado a mi daga que no tardó en entrar por la puerta a gran velocidad hasta tocar mi mano. Incluso mi voz era diferente. -No estoy para juegos... -ellos se levantaron con extremo cuidado sin perder de vista mis movimientos. Realmente estaba furiosa, harta de que jugaran conmigo. Sonreí complacida con su reacción. -Si hubieran venido cuando llegué aquí e intentaran hacer lo que hicieron, la mayoría, estaría nueve metros bajo tierra.
-Fue mi culpa... -le temblaba la voz. -No debí meterme en tu cabeza. No está bien, siempre me lo dicen y jamás aprendo. -Mica se disculpó con lágrimas en los ojos. Estaba aterrada de lo que el Consejo pudiera hacerle si se enteraba de lo ocurrido, si se enteraran de su fracaso. Pensé por un momento la situación y al final me relajé un poco.
-Está bien. -suspiré y volví a la "normalidad" por un momento. No se iba esa molestia que tenía... de verdad los odiaba. -pero si eso no alcanza -mis ojos brillaron nuevamente y todo aquello que había destruido volvió a su estado natural -anoten esto en sus malditos cuadernos de mierda "una palabra los borrara del mapa a todos".
Salí con mucha frustración disfrazada de ira. Necesitaba aire.
-Oye, ¿qué fue eso? -Lissandro venía detrás de mí. Siempre inoportuno.
-Déjame en paz -abrí un portal al jardín.
-¿Hice algo malo? -saltó por la ventana. ¿Qué mierda quiere?
-Todo lo que tiene que ver contigo es algo malo. -vete.
-¿Tanto te gusto? -volteé a verlo con la mirada confundida.
-No estoy para juegos amorosos. Idiota. -se me acercó. Yo simplemente quería llegar al árbol.
-Entonces detente y hablemos. No me dejaste hacerlo con ellos como lo prometí.
-¿Cumplir una promesa? -me detuve en seco.
-Sabes, no deberías guardártelo todo. A veces es mejor hablarlo no importa si es con la pared, pero es mucho mejor que dejar que crezca y se convierta en una hierba mala.
-¡Ay, pero me encantan las hierbas malas! -exclamé cargada de sarcasmo. -Es un poco tarde para esos consejos de libro. -protesté.
-No te estoy atacando. -se detuvo como si le hubiera dolido mi indiferencia, lo noté en su voz. -He sido un cretino, lo sé... pero hablarme de esa manera no solucionará nada. -Terminé sentada en la rama más alta mientras que él se mantuvo quieto al pie del árbol.
-Lo siento. -miraba el paisaje mientras meditaba. Suspiré cansada, él tenía razón -Confiar es algo difícil para mí -gesticulé con las manos.
-Lo sé -deja de hacer eso...
-No quiero confiar en ti. -recalqué.
-Está bien. -basta. No quieras entenderme ¿Qué le ocurre a este chico? Estaba desconcertada, aparte de Eruca, nadie más lo había intentado realmente.
-Pero... ¿puedo? -algo en él me generaba paz y calma. Esperé su respuesta en silencio. Tuve un impulso por intentarlo.
-No. Aún no debes. -y se quebró. Parpadeé sorprendida ante la sinceridad de sus palabras.
-¡Eres un idiota! -le grité. Bajé enojada por alguna extraña razón y lo encaré -¿qué quieres de mí? ¿por qué insistes tanto en... -Y calló mis quejas con un beso. No mentiré en que lo disfruté, que él me hacía sentir extraña y que desearía que fuera tan fácil, pero le tenía miedo. Ambos nos miramos por un momento y luego lo aparté.
-No vuelvas a hacer eso de nuevo. - abrí un portal y me alejé lo más que pude.
 

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo