Dura verdad

Memorias Caídas

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¿Qué pretendía? Ni siquiera sabía que hacer o cómo continuar... es decir, sí sabía, pero no cómo comenzar y eso me irritaba. Tenía tantas responsabilidades que no podía con la presión de que me miraran esperando a que las cumpliera. Prefería postergarlo. 
Él es igual a Caleb, lo sé. Todos los humanos lo son. No quiero confiar en su palabra... no quiero terminar las cosas como la última vez. Otra vez y otra vez. No quiero y no tengo tiempo para semejante novela romántica... 
¿CUÁNTO TIEMPO MÁS PLANEAS ENGAÑARTE?
Fui a casa en busca a Mica, la tomé del brazo con fuerza ignorando al resto y sus quejas que no dejaban atrás los insultos ni rasguños. La llevé conmigo a mi cuarto, la tiré en la cama. Me iba a desquitar de cualquier manera.
-¡Qué te ocurre ahora? -me gritó furiosa. Me coloqué encima de ella.
-Si te sano ahora te acuestas conmigo. -yo sabía que a Mica le gustaba, pero nunca supuse cuánto como para que aceptara una propuesta como esa. Por lo menos no era una loca como Sira y no me importaría matarla si debía hacerlo. Al final nunca me importa lo suficiente...
-Hecho. -la curé y tan pronto lo hice, me desquité con ella lo más que pude. Lo disfruté en el momento, pero la pobre chica no tenía resistencia a mis juegos y se rindió cuando ya no pudo continuar.
Me senté en el suelo con la espalda apoyada en la cama mirando la puerta. Ya pronto serían las siete de la mañana y ella no se había presentado a la toma de asistencia. Tocaron la puerta, venían a ver si estaba aquí. Él venía a ver qué es lo que había hecho.
-Adelante, está abierto. -la luz entró por la ranura de la puerta y lentamente iluminó una sección de la cama. Era Lissandro. Me vio en el suelo con mis bragas y la parte superior de mi pijama puesto; y a Mica tirada en la cama desnuda, con moretones y rasguños en todo el cuerpo.
-Ya la viste, ahora vete. -¿qué estoy haciendo? Sabía que él vendría y sin dudarlo lo hice. Cerró la puerta con una expresión que jamás olvidaré. ¿Eso se llama culpa? ¿qué es? no me detuve a pensar mucho sobre ello. Me incorporé rápidamente con una idea puesta en marcha -tú levántate, debes ir a desayunar. -le di una palmadita en la espalda. 
-¿Una vez que te diviertes te deshaces del muerto? -me sonrió medio dormida.
-Eso mismo. Vístete y sal de aquí. -Tenía que apurarme aunque por lo general debía desmembrarlos para evitar que otra cosa surgiera de ellos, aunque creo que no era más que una miserable excusa para no tirar todo a la basura, era como una terapia en la que evitaba enloquecer por completo, como romper platos. Tal vez. 
Me encerré con la intención de darme una ducha.                                                                                        Mientras me cambiaba trataba de buscar respuestas en el libro de mamá, pero era inútil, nada era suficiente como para guiarme. De algo sí estaba segura y era quitarme toda esa información de la cabeza y colocarla en un lugar seguro donde nadie pudiese tocarla; lo curioso fue que el rubí en mi frente palpitaba cada vez que me dolía la cabeza y eso me causaba cierta gracia. Parecía que iba a explotar de sabiduría, ja, ja...  
Ante tal resignación bajé las escaleras a la vez que abría un portal para cada uno en la casa. Dicen que la curiosidad mató al gato y de hecho lo confirmé una vez que ellos pasaran el portal reuniéndose en la sala uno por uno. 
-Hoy mismo me voy a Tábita. -Esa sensación de estar atrapada, quería quitarla a toda costa. -Algunos de ustedes vendrán conmigo les guste o no. -les advertí.
-¿Qué haremos allí? -no me cuestionaron y para mí eso fue como estar en la guerra. Obedeces o mueres. Para ellos las misiones eran eso, de vida o muerte.
-Quisiera saberlo. Por el momento solo tengo la sensación de ir a buscar algo. -Necesitaba sacarme la biblioteca de la cabeza a toda costa y encontrar parte de mi pasado allí. Estoy más que segura que estuve en Tábita. -¿quién se apunta? -no contestaron de inmediato, intercambiaron miradas ante la poca información que les aporté. 
-¿A dónde creen que van? -una voz se alzó desde las escaleras. Si yo era caos, él era orden... Dame un respiro de tu estructurada vida ¡maldición!
-Aramis... -mierda.
-No crean que pueden irse sin avisar.
-No todos pueden ir papá. -me excusé. No lo quería junto a mí, sería peligroso si se enteraban de su presencia. Debía mantenerlo al margen de la situación.
-Exacto. Lissandro, Alex, Ceres, joel y Eruca -la miró con arrepentimiento. Algo había pasado entre esos dos y no querían evidenciarlo. -irán contigo. No vuelvas a menos de que hayas encontrado tus bragas. -rió divertido.
-Admitiré que no tengo nada ofensivo que contestar, aún así, eres un tarado. -hice una reverencia.
-¡Scarlet! ¡Aramis! -Chispitas se había molestado tras nuestra amistosa pelea.
-Él empezó. -me quejé. -idiota. -Reí. Abrí un portal. -muy bien, ustedes, tómense de las manos y prepárense para saltar.
-¿Saltar? -dijo Ceres incrédula.
-Sí, eso mismo. -afirmé.
-Pero no hemos preparado provisiones ni tampoco algún plan. -Eruca la segundeó.
-Esta vez dejaremos que el dichoso azar nos guíe. -aclaré seriamente a lo que Joel rió.
Y cruzaron. Esperé unos segundos y pasé a través de él con total tranquilidad pues me estaba divirtiendo. Del otro lado ellos caían sin control desde el cielo que apenas contenía nubes a su alrededor. El idiota de Alex gritaba de miedo sabiendo que podía volar, miraba a sus compañeros aterrado y al verme cerca comenzó a reír. Que chico tan raro, me agradaba. Lissandro estaba justo debajo de mí, presumía su manera de caer, ya tenía experiencia... Já.Nos acercábamos a tierra con gran velocidad por lo que abrí un gran portal debajo de ellos. Lo atravesaron y nuevamente al reabrirse a un metro del suelo cayeron sin poder detenerse. Una pequeña nube de arena y polvo se levantó para dar indicio de su "delicada" caída. Por otro lado yo aterricé bien, las lecciones de Alex habían funcionado mejor de lo que esperaba, por lo menos ya no me estampaba contra el suelo.
-¿Qué ocurre? ¿Pensaron que sería tan fácil? Aún sigo molesta por lo de antes y alguien se bebió mi whisky -realmente mi humor no era el mejor, pero admitiré que ese fue un gratificante momento que no quería olvidar.
-Scarlet, cuando regrese te voy a matar. -dijo Eruca mientras se incorporaba con una mano en su estómago.
-Haz fila entonces. -se quejó Joel. -tic-tac.
-Veamos el lugar. -me distrajo la voz de Ceres combinada con otro murmullo.
-¿Escucharon eso? -me puse alerta. Las aves que posaban en la copa de los árboles en en centro de la isla comenzaron a revolotear mientras chillaban. De un lado a otro, de árbol en árbol.
-Son gritos. -Ceres no apartaba su atención de ellos. Estaba atónita.
-¿Qué ocurre en este lugar? Se supone que está deshabitado. -me interpeló Alex quién me sujetó el hombro para llamar mi atención. Estaba perdida, no escuchaba ni distinguía sus voces, simplemente mi atención estaba en las aves y los gritos de la lejanía.
-¿Scarlet? -no podía respirar. Esas voces yo las conocía. Me estaban reclamando paz que no podía darles. Ellos me lastimaron. -No pasará nada. -Alex trataba de calmarme, pero sus intenciones no funcionaban.
-Hey... -Lissandro se paró delante de mí -mírame... a los ojos como acostumbras, ¿lo haces?
-Sí. -es lo único que logré decir con la voz temblorosa.
-Ahora dime, ¿qué observas?
-Nada... -había calma, solo estaban sus profundos ojos y nada más. Cerré los ojos y suspiré, mis manos dejaron de temblar y aclaré mi garganta.
-Ven. -me abrazó como si fuese el objeto más delicado en el mundo. -cálmate, todo está bien. No pasará nada. -Asentí en silencio.
Ceres y Eruca intercambiaron una particular mirada que no logré divisar, pero pronto me lo harían saber.
-¿Qué debemos buscar? -dijo Joel ansioso ante la situación incómoda a su parecer. -me aparté de los brazos de Liss al percatarme de lo que había hecho y caminé en círculos buscando una respuesta.
-Un lugar plano y grande donde el agua no llegue. -dije.
-Isla adentro. -afirmó Ceres señalando hacia los gritos.
-Nos dividiremos en grupos de tres. Ceres, Joel y yo iremos juntos por la derecha; Alex, Scarlet y Lissandro por la izquierda. En una hora enviaré una señal por el comunicador para regresar aquí. Y recuerden, este lugar es sagrado, cada hoja en su lugar ¿entendido? -afirmaron con la cabeza. Chispitas daba órdenes como toda una líder aunque me alarmaba la composición de los grupos.
-Si algo llega a pasar -miré a la copa de los árboles de reojo, las aves se movían y revoloteaban sin parar. -No duden en correr. Tábita es un lugar... interesante de conocer.
-Nos encontraremos en la playa. -Alex dio la iniciativa de regresar a este punto con gran entusiasmo. Al parecer tenía un poco de miedo ante la gran selva.
-No, la marea sube en unas horas, olviden la costa. Lo más conveniente sería enviar una señal al cielo cuando se encuentren en peligro. Iremos de inmediato a través de un portal. Traten de buscar un lugar llano sin nada que obstaculice la vista. Sea lo que sea que viva en este lugar se divertirá con los visitantes. Manténganse alerta y disfruten el paseo. -sonreí.
-Está bien. -dijeron al unísono .Su actitud me daba la sensación de que no entendían del todo el peligro de Tábita. Se suponía que este lugar estaba vacío y era una "reserva natural", el pulmón de todo lo que conocíamos, pero olvidaban que nadie logró regresar de las expediciones realizadas con anterioridad. Nos separamos con la cabeza repleta de sugestión ante mis palabras. Obviamente no sería sencillo.
-¿Y qué sabes de este lugar? -preguntó Lissandro buscando conversación mientras caminaba detrás de mí.
-Tu amigo musculoso juntó las hojas aquel día. -no quería hablar con él, no sabía cómo verlo a los ojos. Sentía vergüenza... algo que creí jamás tener.
-No las leí.
-Curioso. No haces bien tu trabajo. -sonreí -A decir verdad, no estoy segura de este lugar en absoluto. Los libros apenas tenían algo de información al respecto. Las hojas que escribí eran un recopilado de diferentes cosas como vegetación, clima, animales, leyendas y lo poco que había sobre Tábita en distintas partes del mundo, pero todo era muy redundante y jamás se afirmaba con seguridad.
-Buena manera de darnos una guía...
-¿Ah? No lo hice para ustedes.
-Quizá lo hiciste inconscientemente -trató de dar una explicación a ello. -para no dejarnos a la deriva aunque olvidaste compartirlo. -fue lo más absurdo que había escuchado en días. Me detuve sin voltear la mirada.
-Jamás se me escapa nada sin que yo quiera. Sé perfectamente quien tiene las hojas. -Alex me miró como si lo supiera, tenía los ojos cargados de nerviosismo. -correcto, mi idea no era que tú vinieras en mi grupo. -le dije con una sonrisa forzosa mientras extendía mi mano. -¿qué esperas? 
-No... las tengo. -tartamudeó.
-Alex, si él te las dio podría ser de utilidad para Joel. -trató de persuadirlo. Levantó su camiseta y allí estaban, pegadas con cinta adhesiva.
-Eres un rarito. -Me las dio y abrí un pequeño portal hacia Eruca quien tomó las hojas sorprendida.
Las horas transcurrían tras cada paso que dábamos en la fértil y húmeda tierra que nos rodeaba. Pasamos a una zona muy pantanosa donde las lianas de los árboles apenas nos dejaban avanzar. Nos dificultaban el paso a tal punto que comenzamos a creer que nos sujetaban de las extremidades para evitar que siguiéramos adelante.
-¿Qué mierda está pasando? -me quejé.
-¿Con esa boquita dices mamá? -y Lissandro no tardó en molestar.
-Con ella puedo hacer muchas cosas más. Y en este momento... -mordí una liana. Y como si el lugar tuviese vida propia, otra cubrió mi boca con mayor fuerza.
-Rápido, toma el cuchillo y córtalas. -Alex se desesperó ante la situación.
Muy tarde. Las lianas los habían sujetado y algo detrás de nosotros se aproximaba con cautela. No quería morir en manos de una cosa que no conocía por lo que mi daga se elevó y cortó la soga de todos. Mis ojos brillaron con intensidad y los tramos verdes se alejaron de nosotros. Alex y Lissandro se mantuvieron detrás de mí y cubrieron sus oídos cerca del suelo. Esa cosa que rondaba... no quería saber qué era y me limité a dar un grito que destruyó todo delante de mí.
-Vámonos de aquí. -temblaba. Quería correr lejos a toda costa. No sabía qué me causaba tanto miedo.
 

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