Capítulo 6: "Frustraciones"

Soy un temerario mi amor ©

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Después de ese tan esperado encuentro, nos quedamos charlando el uno con el otro, tomamos algo de té y nos conocimos un poco; creo que no podría haber salido mejor. Mucho más tarde me fui a casa, y antes de retirarme ella me dio su teléfono por si alguna cosa llegaba a necesitar. Más precisamente sus palabras fueron: “Por favor llámame, no lo dudes.”, eso fue exactamente lo que me dijo.
 
Al siguiente día, no sabía qué hacer. Me encontraba sobre la cama observando el papel con los dígitos que me había dado, y sus palabras resonaban en mi mente. ¿Cómo es que las cosas ahora estaban pasando tan rápido?, yo no podía llegar a comprenderlo, después de todo, había esperado tanto para este momento. Sin embargo, muy a mi pesar, me daba cuenta de que no estaba ni un poco cerca de lo que me había propuesto. Las cosas al parecer se habían complicado gracias a ese idiota con el cual me encontré ayer. ¿Ahora que debería hacer? Las clases ya habían terminado para mí, y el próximo año debía empezar la universidad, pero en realidad ese detalle (por ahora) no me preocupaba, ya que mi atención se encontraba fijada más en los hechos que habían sucedido últimamente. Antes de poder seguir meditándolo, mi teléfono sonó, eso hizo que me diera un pequeño pre infarto, y al mismo tiempo, el papel que tenía voló por alguna parte de la habitación.
 
—¡Diablos, qué susto! —me llevé una mano al pecho y luego de calmarme un poco tomé el teléfono—. ¿Hola?
 
—¡Amigo! ¿Cómo qué hola? ¿Acaso no sabes qué día es hoy? —no llegué a reconocer la voz del otro lado de la línea por lo distraído que estaba, y a continuación, dejé escapar un largo “Ah” hasta que respondí.
 
—¿No? — Dije con duda.
 
—¡Tonto, es el primer día de vacaciones, ven a jugar al fútbol con nosotros! —Por fin reconocí la voz, era Marco; me invitaba a pasar el rato con unos amigos. Había olvidado que les prometí presentarles a mi novia en vacaciones, y que además la llevaría al primer partido que hiciéramos. Para mi suerte, al parecer, no recordaban ese trato, lo cual me salvaba por ahora.
 
—¡Por cierto, no olvides traer a tu novia! —¡los subestime! ¡Maldita sea!
 
—Si… claro… —me habían atrapado. No podía pedirle a Lili que viniera conmigo ahora, seguro que estaba ocupada con los preparativos de su graduación y yo sería, una vez más, un estorbo para ella. Tendría que inventarme una buena excusa.
 
—¿Por qué ese tonó? ¿Te ha pasado algo? —me puse aún más nervioso.
 
—No, no, no pasa nada. Haré que vaya, ¡te lo aseguro! —le respondí y luego colgué el teléfono; ya estaba en aprietos.
 
Eran las tres de la tarde, así que decidí cambiarme de ropa, pues tenía que usar algo viejo, tampoco muy nuevo, es que sino mi madre luego se enoja si llego todo embarrado después de un juego, así que prefiero aparentar ser un poco responsable, por eso usaré algo que no sea tan bisoño. Al terminar de cambiarme, busqué mis botines y me los puse, pero ahora que me daba cuenta, no sé a dónde fue a parar el papel que me dio Lili, por lo que empecé a buscarlo desesperadamente. Después de un rato, lo encontré, estaba debajo de la cama, así que tuve suerte de que no desapareciera. Hay veces que siento como si mi cuarto fuera una especie de hoyo negro debido a que he tenido la experiencia de que ya se me han perdido varias cosas, y eso que no soy desordenado.
 
Pasó un lapso de tiempo antes de que me decidiera que hacer con el trozo de papel que ella me había dado, así que lo acomodé pegándolo sobre la pantalla de mi computadora para no perderlo de nuevo. Por otro lado, me senté sobre la silla y entré en el debate de si llamarla o no; estuve un buen rato así hasta que negué con la cabeza.
 
—No puedo llamarla —entre los nervios y a sabiendas de que ella en un futuro sería mi novia pero que ese no era ahora el caso, dejé pasar el momento. No podía simplemente presentarla y decirles que ella era mi pareja, aún a pesar de todo, tenía algo de coherencia en mi mente. Bueno, sabía qué era ella para mí, no obstante, era todo lo contrario respecto a mi amada. ¿Y si se negaba?, no podía negarse, ahora estaba seguro de que el destino quería que nos juntáramos después de ese mágico reencuentro. Pero antes de eso, tenía que declararme, aunque aún no lo podía hacer, así que volvería a mi anterior plan, el de la graduación, y esta vez debería conseguirlo.
 
Media hora más tarde me encontré con los chicos en un parque cercano a mi casa. Todos me dieron la bienvenida, pero al poco se quedaron confundidos al ver que llegaba solo.
 
—¿Dónde está tu novia? —preguntó Marco resaltando del grupo conformado por cinco personas.
 
—Lo siento, ella hoy no puede venir, ya que está ocupada con lo de su graduación —les informé.
 
—¿Pero su graduación no fue ayer? —sí, les había comentado al respecto; les suelo contar cosas que hace Lili, entre otras que deseo hacer con ella a futuro, como situaciones que no han pasado, pero que sé que van a pasar en cualquier momento, por eso no me resulta aterrador que se enteren de que les miento.
 
—Sí, lo era, pero le surgió algo a su comité, por eso tuvieron que retrasarla para la siguiente semana —les había contado que asistiría con el permiso de mi novia, y casualmente, ha ocurrido, estoy seguro que lo mismo pasará con lo demás que les he contado.
 
—Es una pena. Nos has hablado tanto de ella y aún no podemos conocerla. Será para la próxima vez, quizás luego de su graduación.
 
—Sí, le preguntaré si puede luego de eso —me rasqué la cabeza y les sonreí, los demás rieron y empezaron a moverse hacia el campo, y así igualmente los seguí. Jugamos hasta bastante tarde, hasta que se hizo de noche.
 
Había sido un buen partido, mis ropas estaban manchadas y mi cabello estaba un poco alborotado, pero ahora que lo recordaba, hoy mismo tenía que encontrarme con alguien.
 
—Lo siento chicos, tengo que irme, he quedado con una persona —me despedí de ellos, y a su vez, mis amigos también lo hicieron conmigo.
 
Eran las ocho de la noche, y llegaba algo tarde a mi encuentro. El que me estaba esperando en la esquina de un barrio poco conocido era mi informante personal, así como lees, es quien (aparte de mí) el que forma parte de una de mis herramientas para obtener ciertos datos de ella. Hasta ahora sólo le había pedido que la siguiera a sitios que yo mismo no podía acceder, y me ha sido de gran utilidad.
 
Hace un año atrás lo conocí. Pude acceder a él desde una página de espionaje; sus servicios son bastante baratos, y la verdad es que son muy buenos, además con el trabajo de medio tiempo que hago, es más que suficiente para mí para pagar aquellos favores que me hace. Los encargos que le había hecho hacer hasta ahora eran de seguimiento, pero necesitaba algo más importante, de ahí que le pedí algo más atrevido, y eso era su correo.
 
—Lamento llegar tarde, pero traje la paga —afortunadamente había traído dinero conmigo en mi mochila por si cualquier cosa, así que simplemente saqué un sobre, el cual le iba a entregar, pero antes, quería saber si tenía lo que le había hecho de encargue—. ¿Lo has traído?
 
—Por supuesto que lo hice —sacó un papel, el cual formaba parte del intercambio, y yo lo verifiqué. No parecía ser ninguna estafa, así que por ahora le daría la mitad del dinero.
 
—Si no te has equivocado te daré el resto más tarde.
 
—¿Cómo verificaras que es de ella?
 
—Fácil, ya la conozco, ahora sólo tengo que ver sus reacciones —sonreí y le entregué el sobre, ahora sólo me tocaba a hacer mi parte.  

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