Cap 40

Averno (YAOI)

visibility

212.0

favorite

2

mode_comment

0


El público estaba encantado con aquel encuentro, habían dejado a los luchadores escoger sus propias armas y aquello se había convertido en uno de los combates más prometedores que se había visto en la arena. La pelea estaba demasiado equilibrada y las apuestas subían y bajaban con unas cifras indecentes, prácticamente todos los clientes estaban concentrados allí para verlo con sus propios ojos.
 
Cóndor salió por la puerta armado con sus cuchillos, haciéndolos girar en sus hábiles manos como si carecieran de peso. Miró a su alrededor con disimulo hasta que Hans entró por la puerta situada frente a la de Cóndor y no se quedaba atrás, sostenía un gran martillo metálico corroído un poco por la sangre que no había sido limpiada, dándole un aspecto bastante terrorífico. Ambos se miraron, esperando al usual anuncio ruidoso de Aaron.
 
-Eemm, damas y caballeros...- Aquella era una voz completamente diferente.- El señor Aaron tiene otros asuntos que atender... ¡así que yo mismo daré el comienzo de este combate!- la voz se animó de repente.- ¡Bienvenidos al combate que probablemente se convierta en el evento del año!, sin más dilación.... ¡Qué comience el espectáculo!
 
La campana sonó y poco después le acompañó el sonido metálico de las armas al chocar. Cóndor se movía con agilidad, evitando los potentes golpes de Hans que hacían templar las paredes de la arena, a saber la cantidad de vidas que se había tomado aquel martillo... Intercambiaban golpes sin parar, algunos incluso difíciles de ver para un ojo inexperto, dejando a todo el mundo boquiabierto. Mientras que Hans trataba de derribarlo con golpes laterales y barridos desde el suelo, Cóndor apenas podía acercarse a él para hacerle unos cuantos cortes superficiales en piernas y brazos.
 
El combate se estaba alargando demasiado, así que Cóndor le lanzó uno de sus cuchillos pero Hans lo desvió rápidamente, con fuerza, mandándolo hacia arriba y terminando clavándose en el cristal que separaba al público de los luchadores. Varios espectadores se alarmaron pero muchos otros los animaron para que continuaran, sin dar importancia a ese gran cuchillo que apenas se había quedado a unos cuantos centímetros de sus cuerpos.
 
Cóndor continuó luchando con un solo cuchillo, desplazándose poco a poco hacia una de las paredes, evitando los golpes de Hans paso a paso... Calculando las distancias y preparándose para el momento.
 
-¡Ahora!- Cóndor gritó mientras saltaba lejos de Hans y se cubría la cabeza con la chaqueta de cuero.
 
Hans lanzó el martillo con todas sus fuerzas, impactando en el mismo sitio que el cuchillo de Cóndor que le había lanzado, provocando una lluvia de cristales que no tardaron en inundar el lugar junto a los primeros gritos horrorizados. El público entró en pánico, atropellándose unos a otros tratando de salir mientras Cóndor y Hans trepaban por los pequeños apoyos que disponían en aquellas paredes, alcanzando no mucho después la zona del público.
 
-Lamento los cortes.- Cóndor ayudó a subir a Hans y le pasó el cuchillo que estaba tirado en el suelo.
 
-Me lo pagarás con unas cervezas cuando salgamos de aquí, así que vayamos a por tu amigo.- Le dio una palmada en la espalda amistosa y empuñó el cuchillo con seguridad.
 
-Muy bien.- Cóndor sonrió cómplice, de forma sincera, quitándole algunos cristales que habían terminado clavándose en su ropa.
 
Empezaron a correr, arrasando con todos los clientes que se ponían por delante, dejando un rastro de cadáveres de la mejor clase tirados por el suelo mientras avanzaban, no se arrepentirían jamás, tan solo les estaban dando aquella violencia de la que tanto disfrutaban... Evitaban y atacaban a los guardias aprovechándose de su confusión, arrebatándoles las armas de fuego y haciéndose prácticamente invencibles por momentos. Tenían una ventaja abrumadora, contaban con el factor sorpresa y su vasta experiencia en combate real, por no mencionar la sangre fría con la que podían acabar con una vida.
 
Registraban los pisos sin descanso, entrando en todas las habitaciones y sorprendiendo al resto de los clientes que se habían mantenido en la ignorancia sobre su pequeña fuga pero no hubo piedad, habitación por habitación, iban liberando a los pobres chicos y chicas que fueron agradeciéndoles en diferentes idiomas pero ninguno de ellos era Dan.
 
Cambiaron de piso saltando casi por las escaleras y nada más doblar la esquina se toparon con Dorian, cabizbajo, escoltado por dos guardias armados y empapado.
 
-¿¡Qué mierda hacéis vosotros aquí!?- Unos de los guardias alzó el rifle, apuntando a los fugados con rapidez.
 
Pero Dorian fue más rápido, agarró el rifle antes de que el guardia llegara a disparar, evitando el terrible final y dándoles el tiempo suficiente para reaccionar. Cóndor se lanzó contra el otro guardia, acabando con su vida y Hans hizo lo propio con el que quedaba. Ambos se le quedaron mirando a Dorian, algo impresionados.
 
-¿Y tú qué haces aquí?-Hizo una pequeña pausa.- ¿Y por qué estás empapado?- Hans le preguntó realmente curioso. Dorian lo miró un segundo, no sabía si le estaba vacilando...
 
-Fui solicitado.- Y con esa contestación se quedó tan ancho, ignorando adrede su segunda pregunta.- No me hace falta preguntar lo que hacéis aquí. Os ayudaré, solo soltadme.
 
Por un momento dudaron de aquel extraño con mala reputación pero finalmente lo liberaron de sus ataduras, todos eran víctimas en aquel lugar. Le ofrecieron un arma pero Dorian la rechazó con la mano, podía valerse con sus propios puños.
 
Los tres volvieron a las interminables carreras por los pasillos, buscando al personal para hacerles a todos exactamente la misma pregunta.
 
-¿¡A dónde han llevado al chico inmortal!?
 
------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------
 
Dan ya no tenía más lágrimas que derramar y si había alguna forma de honrar a su amigo era saliendo de allí y destapar todo aquello... Su determinación subió como la espuma y volvió a su búsqueda para liberarse de las esposas, lo más natural era que las tuviese Mat así que se acercó a él y tanteó sus bolsillos, hallando al fin la maldita llave. Con sus ágiles dedos logró abrirlas y mientras se frotaba sus doloridas muñecas buscó algo para ponerse de forma que no levantara tantas sospechas. Se preparó para salir de la habitación, respirando hondo y armándose de valor.
 
Nada más abrir la puerta pudo escuchar el escándalo a lo lejos, no era muy inteligente involucrarse, se limitó a correr en dirección contraria con la esperanza de dar con alguna salida de emergencia que lo sacara de aquellos pasillos infernales.

Este sitio usa cookies para tu sesión de usuario y mostrarte publicidad.

De acuerdo