Cap 42

Averno (YAOI)

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-Por fin te encuentro...
 
Dan se apretó más contra la pared mientras se ponía blanco como el papel... Reconocería esos rasgos y ese pelo en cualquier parte y si no era Mat solo quedaba otra persona sobre la tierra en la que pensar. Lo había visto en el internado alguna vez, siempre de lejos y por lo que habían rumoreado en el internado acerca de él... no traería nada bueno, especialmente siendo padre del degenerado de Mat.
 
Edgar se acercó, calculando las posibles vías de escape que le quedaban a Dan para bloquearlas todas en un instante, no tenía planeado dejarlo desaparecer.
 
-Aléjate de mí hijo de puta...- Dan lo miraba desafiante pero sin ideas, dispuesto a saltarle al cuello si así fuera necesario.
 
Edgar se agachó y le acarició la cara con la punta de los dedos con una expresión extraña y un atisbo de sonrisa provocándole un escalofrío a Dan que le recorrió la columna.
 
-Realmente llegué a pensar que no volvería a verte nunca...- Edgar se acercó más a Dan.
 
-No sé de qué me estás hablando...- Dan frunció el ceño, estaba un poco hasta las narices de no entender nada.
 
Mientras Edgar se acercaba Dan se vio cada vez más acorralado y optó por su última carta, se lanzó contra Edgar con la esperanza de desequilibrarlo y poder salir corriendo de allí pero este de tonto no tenía un pelo y lo sujetó por los hombros nada más impulsarse, lo miró a los ojos y lo besó por la fuerza mientras Dan trataba desesperadamente de separarse de él dándole puñetazos y patadas considerablemente fuertes pero poco a poco Dan fue perdiendo las fuerzas hasta que finalmente calló en los brazos de Edgar sin vida.
 
-Delicioso.- Edgar se lamió los labios mientras cargaba a Dan de la forma más cómoda posible y lo sacó de la habitación, debía salir de allí rápido antes de que todo volviera a la calma.
 
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-No Cóndor, ya hemos pasado por aquí como tres veces...- Hans se detuvo con el resto del grupo y se apoyó en sus rodillas agotado y sin creerse que aún ni hubieran encontrado a Dan ni una mísera salida.- Deberíamos cambiar de táctica o algo.
 
-Tienes razón... ya ni sé donde mierda estamos.- Cóndor tragó saliva, repasando el mapa mental que si pudiera tiraría a la basura.- Dorian...- lo miró con un atisbo de esperanza.
 
-Sigamos buscando, tarde o temprano daremos con algo y tampoco puede andar muy lejos.- Dorian estaba muy preocupado y solo quería encontrarlo de una vez, a punto estaba de ponerse a tirar paredes con la cabeza.
 
Corrieron de un lado a otro como posesos sin conseguir nada más que encuentros fortuitos con algún que otro descuidado guardia que eliminaban como si fuera un insecto, se habían convertido en un maldito tanque que recorría los pasillos con furia y sin compasión. Al rato llegaron de alguna manera al hall, ni siquiera ellos sabían cómo, simplemente aparecieron allí al cruzar alguna puerta que debió pasárseles por alto. La impresionante lámpara de araña acristalada que colgaba del techo era lo único que se mantenía en su estado habitual, nada más bajar la mirada se encontraron un una marea de gente asustada tratando de salir de allí rápidamente, aunque esto solo ralentizaba el proceso... Cóndor alzó su arma y disparó los dos cartuchos que contenía su escopeta provocando una atención inmediata en su dirección al igual que un momentáneo silencio que se convirtió en caos. La gente empezó a atropellarse, caminando sobre las personas que caían al suelo y probablemente matarían a golpes o por pura asfixia, podían ver a grandes figuras en la sociedad golpear o los que tenían delante para poder salvar su pellejo y otros no tan sofisticados haciendo exactamente lo mismo... Ni siquiera era necesaria su intervención, a ese paso se matarían unos a otros.
 
Unos disparos desde la otra punta del hall les llamó la atención, al igual que su objetivo... no era ni Cóndor, ni Dorian, ni Hans, sino las personas amontonadas en la salida que poco a poco fueron cayendo como un castillo de naipes.
 
Un grupo organizado y perfectamente armado se descubrió al tratar de apuntar al trío y... dispararon en cuanto los localizaron así que no les quedó otra que esconderse tras el trozo de mármol que servía como barandilla como si fueran presas de caza. Escuchaban el movimiento en la planta baja, los hombres se estaban movilizando tratando de arrinconarlos o al menos eso parecía.
 
-Despejado, señor.- Uno de los hombres habló en ese silencio tras la lluvia de balas y después le sucedieron unos pasos. Alguien estaba tratando de salir del edificio y estaba a punto de conseguirlo.
 
Cóndor se movió mientras Hans le hacía gestos para que se estuviera quieto, iba en busca de un agujero hecho por las balas que le permitiera ver de quien se trataba y no tardó mucho en encontrarlo... ese trozo de mármol estaba a punto de convertirse en un maldito colador. Cóndor se acomodó, tratando de no clavarse los trozos de piedra que sobresalían de forma amenazante y trató de orientar la trayectoria del agujero. Pudo ver a los hombres vigilando tanto a su zona como alrededor y entre ellos se movía una figura familiar que no tardó en hacerse del todo visible... Edgar. Cóndor apretó los dientes pero cuando realmente abrió el ojo por la impresión fue al distinguir la figura que cargaba, al principio pensó fugazmente que sería su hijo... pero no, llevaba a Dan o más bien, se estaba llevando a Dan.
 
La expresión de Cóndor alertó a los demás, Dorian consiguió terminar uno de los agujeros gracias a sus cuernos y observó también aquella desesperante escena. Sin decir nada se apresuró a volver por donde habían venido, dejando a Hans con cara de no entender nada pero volvió enseguida cargando con un par de armas automáticas que no hizo esperar para poner en marcha. Se levantó con el ceño extremadamente fruncido, creando una expresión que rallaba la locura y apuntando a los hombres que los tenían acorralados... empezó a correr, moviéndose a la vez que disparaba entre sus escasas defensas compuestas por grandes muebles y columnas deterioradas.
 
-¡Mierda, se me adelantó!- Hans lo siguió en su carrera, apostando por diferentes ángulos, creando la confusión entre aquella guardia y en cuanto Cóndor se unió empezó la auténtica fiesta.
 
El intercambio de balas era continuo, los hombres armados terminaban cediendo por falta de espacio y escondites y uno a uno fueron cayendo al suelo, acribillados o destrozados por las armas de los otros pero habían cumplido su función, Edgar había conseguido salir del edificio sin problemas, solo eran una carnada.
 
En cuanto el tiroteo terminó los tres salieron como pudieron del edificio, estaban heridos, agotados y en cuanto vieron el coche avanzar en la lejanía... desolados.

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