Cap 44

Averno (YAOI)

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¿Eh?
 
Dan se vio envuelto en la completa oscuridad, no podía moverse y tampoco articular palabra, todo sonaba en su cabeza y poco a poco como si estuviera en alguna clase de cine ultra envolvente las imágenes empezaron a rodearlo, permitiéndole contemplar sus recuerdos como un simple espectador.
 
El primer recuerdo que se encontraba en su sepultada memoria y se dignó a mostrarse parecía totalmente irreal, se vio a sí mismo en una versión mucho más joven, no tendría más de cinco años. Estaba encogido en una esquina mientras era observado por sus hermanos a los que ya ni ponía cara y recibía los gritos de su madre histérica, lo estaba llamando por su nombre pero solo escuchaba su voz como ruido blanco desde la otra punta de la casa... una casa campesina hecha en su totalidad de madera y algo de piedra... por las ropas viejas, desgastadas y antiguas que llevaban podría adivinar que había pasado muchísimo tiempo de aquello, lo que lo confundió.
 
De repente saltó entre un montón de pequeños flashbacks en su infancia, viéndose crecer en cada uno en aquella vida sencilla y pobre que había llevado. Los recuerdos le transmitían una pequeña parte de los sentimientos que había disfrutado o sufrido en ese momento y Dan terminó fusionándose con ellos en perfecta armonía, expectante por todo lo que vería de ahora en adelante.
 
Un Dan más mayor se movía por la vieja casa tratando de arreglar los desperfectos que les habían dado problemas, estaba solo, sus padres estaban trabajando en el campo y sus hermanos ayudaban en la granja de al lado si es que no los necesitaban también en el campo, a Dan casi le tenían restringida la salida y jamás le llegaron a explicar el por qué aunque suponía que era por el inusual color de sus ojos, era muy extraño ver a gente con los ojos azules y los pueblerinos los trataban como símbolos de mala suerte. A pesar de todo Dan era optimista y trataba de contentar a su familia con las pequeñas acciones que podía realizar. Salió para reparar la valla del escaso ganado que poseían y de paso echarles de comer a los animales pero al rato, cuando se detuvo a descansar vio a lo lejos como unos hombres encapuchados se acercaban al galope en su dirección, en un principio pensó que simplemente estaban de paso pero al ver que no cambiaban la trayectoria de sus caballos Dan empezó a inquietarse, empezó a caminar apresuradamente hacia su casa, creyendo que todo eran imaginaciones suyas pero cuando escuchó los caballos frenar justo a su lado se asustó de verdad. Trató de correr pero ya era tarde, uno de los hombres lo agarró y golpeó, subiéndolo a su caballo como si fuera un saco de trigo. Dan perdió el conocimiento en alguna parte del trayecto. Lo siguiente que vio fue el cielo nocturno sobre su cabeza y el bosque de alrededor, estaba en el suelo con la calidez de un fuego a su lado, un gran fuego. Trató de levantarse pero se encontraba atado y en cuanto las personas encapuchadas se dieron cuenta de que estaba despierto gracias a su forcejeo comenzaron sus extraños cánticos, alzando cada vez más la voz mientras Dan sollozaba asustado. Uno de ellos lo arrastró hasta el centro de un círculo dibujado con sangre, rodeado de cadáveres de otros chicos de su misma edad. Lo dejaron ahí, ignorando sus súplicas y uno de ellos se adelantó con un grueso libro entre sus manos, lo abrió y todos los demás callaron comenzando así un nuevo cántico grave ante el fuego. Dan empezó a sentirse extraño, tenía un calor sofocante y no estaba preparado para el dolor que lo propagaría como si fuera una ramita entre el fuego. Gritó en plena agonía y todo se volvió negro. Una voz profunda sonó en su mente como si se tratara de una pesadilla, quedándose en lo más profundo de su alma.
 
"Dolor eterno"
 
Se despertó con el amanecer, dolorido y en muy mala condición pero al abrir los ojos se encontró con una auténtica masacre, grandes charcos de sangre surgían de los cuerpos sin vida de sus captores, empapaban el suelo del bosque dejando una imagen bastante perturbadora. Dan se miró a sí mismo, parecía como si se hubiera revolcado en esos charcos... no le quedaba ni un centímetro de piel sin cubrir de sangre. Se levantó y dando pasos temblorosos consiguió salir de aquel bosque hasta dar con uno de los caminos que conocía, lo recorrió tropezándose consigo mismo pero sin encontrarse por suerte a nadie, era temprano y tan solo tenía la luz mañanera acompañándolo en esos confusos momentos.
 
Subió los escasos escalones hasta la puerta de su casa, llamando a la puerta, esperando que su familia lo recibiera con los brazos abiertos... pero al ver a su madre abrir la puerta pudo observar su cara deformándose en una mezcla de cólera y espanto al verlo bañado en sangre, sus gritos despertaron al resto de la familia, el padre de Dan apareció con una pala en la mano, preparado para lo peor y quedándose de piedra al verlo al igual que sus hermanos cuando salieron. Dan cayó de rodillas mirando al suelo, tembloroso y sin poder articular palabra mientras que las voces de sus padres y hermanos sonaban distorsionadas, haciéndose imposibles de interpretar. Sus hermanos lo agarraron por los hombros en silencio y lo sacaron de la casa mientras Dan veía a sus padres en el umbral de la puerta, observándolo con seriedad.
 
Lo llevaron por varios caminos secundarios que había recorrido juntos innumerables veces en su infancia hasta que se detuvieron junto al río en el que se habían bañado y jugado todos juntos en los calurosos veranos que azotaban la zona todos los años, muchos buenos recuerdos le llenaron la mente y le hicieron mostrar una cálida sonrisa mientras miraba a sus queridos hermanos rodeándolo, uno de ellos se alejó para ir a coger algo que les pasó a los demás por la espalda... Sus hermanos intercambiaron unas miradas y se abalanzaron sobre él, tirándolo al suelo y no dudaron un segundo en empezar a golpear al indefenso Dan con las piedras que acababan de alzar sobre sus cabezas. Dan se revolvió como pudo pero los golpes no tardaron en dejarlo inconsciente y a pesar de no estar oponiendo resistencia alguna, los demás continuaron golpeándolo un buen rato hasta asegurarse de que lo habían matado del todo. Cogieron entre todos el cadáver y lo lanzaron al río, sin siquiera detenerse un segundo para pensarlo, observando cómo se llevaba el cuerpo la corriente... todo aquel tiempo Dan había sido una carga para ellos.
 
 
Dan abrió los ojos, sintiendo sus pulmones llenos de agua y comenzando a sacarla a base de fuertes ataques de tos que le hicieron expulsarla tanto por la boca como por la nariz. Miró a su alrededor, no sabía dónde estaba ni cómo era que seguía vivo pero de una cosa si estaba seguro... le había traicionado su propia familia y si no podía confiar en su familia no podría hacerlo en nadie nunca más.

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