Cap 45

Averno (YAOI)

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Dan caminó durante días en busca de civilización y cuando finalmente la encontró se vio en su pobre y mugrienta situación. No tenía más que su gastada ropa y por supuesto no tenía dinero así que no le quedó más remedio que pedir limosna en la puerta de la iglesia de la ciudad, dejando que la gente que pasaba se sintiera bien consigo misma a costa de su desgracia. Al final del día no tenía ni para pagar una triste posada, dedicándose a vivir en los callejones junto a los enfermos y abandonados en la podredumbre.
 
Al cabo de un tiempo se dio cuenta de que no había forma de alimentarse sin recurrir al robo y por suerte estaba en buena forma física así que jamás lo llegaron a pillar. Robaba la comida y se dedicaba a acumular su pequeña fortuna para poder conseguir algún tipo de arma con la que defenderse, comprando finalmente una espada a otro ladrón que la había robado a un caballero despistado.
 
Dan se fue moviendo por diferentes grupos con mala fama, pasando por grupos organizados de ladrones hasta bandidos, donde conseguiría finalmente una suma lo suficientemente grande como para mejorar sus condiciones, todo gracias a sus habilidades. Había aprendido rápido, era como una esponja que absorbía todo lo que le enseñaban y sabía aplicarlo a la perfección... se había convertido en una persona peligrosa que ni podías notar gracias a sus habilidades como ladrón y tampoco matar por sus rápidos y certeros movimientos... al igual que su genuina maldición de no poder morir.
 
Había sacado provecho de ella, podía ser todo lo temerario que quisiera, jamás sería vencido y sus enemigos salían aterrados o directamente se arrodillaban a rezar a su dios por ayuda. Era conocido por ser un guerrero despiadado y frío que disfrutaba con las carnicerías de la batalla. Tenía mucho poder y cualquiera con el que trabajaba mano a mano lo sabía, consiguiendo que nadie con un mínimo de inteligencia le tocara las narices, todos sabían las brutales consecuencias de hacerlo.
 
De ahí fue fichado para entrar a un grupo de mercenarios que se alimentaban gracias a la leyenda que se había creado sobre Dan, fueron contratados por numerosos nobles que eran atraídos por ella y esto beneficiaba a todos por igual pero Dan jamás se quedaba demasiado tiempo en ningún lugar por el simple hecho de que tampoco envejecía, no quería que lo quemaran por brujería o similares... ya era bastante no poder morir y no quería ser quemado constantemente... tras tanto tiempo incluso llegó un punto en el que dejó de contar los años que tenía y se dedicó a viajar por todas las partes del mundo conocido, aprendiendo idiomas y participando en numerosas guerras que en el futuro serían recordadas y estudiadas... Pero a pesar de su vida llena de experiencias Dan nunca estuvo satisfecho en ningún aspecto gracias a su maldita inmortalidad, sus amigos desaparecían en lo que parecían días, veía a sus amantes morir, reyes caer, civilizaciones desaparecer... Y Dan era testigo de absolutamente todo. Año tras año el mundo cambiaba, un día descubrían un continente y al otro se armaba otra guerra... eso sí, de guerras tenía para rato, las personas se peleaban por razones estúpidas en todos lados ya fuera por religión, territorios, recursos... tratando de justificarse como si fueran niños pequeños... así comenzó la primera guerra mundial en la que Dan participó, por supuesto, solo que ni sabía en cuál de los bandos... pero de todas formas el resultado era el mismo: muerte sin fin.
 
Y tras la primera llegó la segunda, harto como estaba de todo el asunto emigró a América, primero a Estados Unidos pero no tardó en abandonarlos por puro aburrimiento, pasando a lo que sería Hispanoamérica. Vivió unos años muy feliz por esos lares, dejándose llevar por el ambiente de aquellos nuevos países que no había podido visitar antes por vete tú a saber qué razón. Se quedó allí hasta que finalizó la guerra y poder volver a Europa pero el estado en el que se encontraba le hizo pasar de largo para quedarse un tiempo en Asia, aprendiendo tácticas de los guerrilleros y sus culturas... todo hasta que la guerra regresó al Oriente Medio y se vio obligado casi a luchar al lado del ejército estadounidense, los propios nativos lo echaron por desconfianza poniéndose en su contra aunque ya ni le dolían ese tipo de asuntos así que se pasó al bando enemigo casi sin pestañear.
 
Lo trasladaron a la base del ejército que se había situado allí junto al resto de personas que querían hacer dinero, entre ellas diferentes grupos de mercenarios bastante conocidos con lo último en tecnología, algo que por una parte fascinaba a Dan y por otra le hacía temer por el futuro de la humanidad... a ese paso acabarían autodestruyéndose todos.
 
Los recuerdos empezaron a ser mucho más detallados una vez se vio en la base militar, debía ser por el hecho de que no había pasado demasiado de aquello y por eso estaban más frescos... podía sentir el recuerdo a la perfección, incluso los pensamientos que tenía en ese momento mientras se paseaba por el campamento como si estuviera en su casa, recibiendo las miradas altaneras de los soldados y mercenarios quienes pensaban que solo era carne fresca... aunque seguramente Dan era más viejo que todos ellos juntos.
 
Llegó hasta su pequeña tienda asignada donde se encontró con su nuevo compañero.
 
-¡Hola! Mi nombre es Carter, encantado.-el chico se levantó enérgicamente para extenderle la mano.
 
-Yo soy Dante, encantado.- Dan se lo quedó mirando un momento hasta que finalmente se la estrechó.
 
- Ese es tu lado de la tienda y te sugiero que te apresures antes de que pasen revista, me han dicho que el oficial pelirrojo tiene muy mal genio...
 
El chico era castaño, con unos ojos azules similares a los suyos y no parecía tener más de veinte años, salió de la tienda no sin antes darle una buena palmada amigable en la espalda. Parecía un buen chico así que seguramente se llevarían bien, no trataba mal a nadie que no lo mereciera... fuera del campo de batalla. Colocó sus cosas de mala manera, sin ganas por organizar y salió para que no le cayera bronca el primer día.
 
Buscó a Carter con la mirada y se colocó a su lado mientras veía al mencionado oficial pelirrojo seguido de los buitres que buscaban un ascenso... pasara el tiempo que pasara eso nunca cambiaba. Miró al resto de soldados que estabas tiesos como un palo y contrastaban demasiado con el porte informal de los mercenarios que solo obedecían a su líder, como si fueran un clan y eso tampoco cambiaba. Lo que le sorprendió fue la aparente edad de los integrantes de algunos grupos de mercenarios, no parecían tener más de dieciocho físicamente pero en sus ojos podía verse su vasta experiencia. Revisó a todos con curiosidad hasta que se detuvo en uno en concreto, que lucía un pelo blanco como la nieve y un par de hermosos ojos grises que le devolvieron la mirada en cuanto notó la suya, Dan dio un pequeño respingo sorprendido y le sonrió hasta que pasó el oficial pelirrojo y no les quedó más remedio que desviar la mirada. Aquello se estaba poniendo divertido.

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