Cap 50

Averno (YAOI)

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Habían pasado un par de días y Dan no sabía nada de Cóndor, no lo había visto en las comidas ni en su turno ni en ningún otro, por mucho que se quedara a vigilar desde que abrían el comedor Cóndor no aparecía y esto estaba empezando a molestar a Dan de diferentes maneras. Por una parte pensaba que quizás se había tomado ese inocente beso mucho peor de lo que Dan había planeado, no sería el primero en desaparecer del mapa por algo así... pero siendo Cóndor no lo veía muy probable. También existía la posibilidad de que hubiera muerto en el campo de batalla en alguna de las misiones de esos días... los mercenarios iban a parte de los soldados y sus muertes no las tenía en cuenta el cuartel así que todos los que perecían en el frente no eran notados más que por sus posibles amigos y compañeros entre los mismos mercenarios. Dan se llevaba comiendo la cabeza con cosas así esos dos días y ya resultaba casi tortuoso.
 
-¡Dante!- Carter se manifestó de la nada a paso ligero, sobresaltando a Dan con una fuerte palmada en la espalda.- El capitán Mcdawell te está buscando.- se puso a caminar a su altura pero Dan se detuvo de repente para mirarlo alzando una ceja.
 
-Joder que aún no he hecho nada... ¿Qué diablos quiere?
 
-A mí qué me cuentas...- Carter metió las manos en sus bolsillos y se puso a dar vueltas despreocupadamente, parecía un crío...
 
-Bueno, ahora voy... ah, si ves a Cóndor dímelo.- Dan comenzó a caminar por donde había venido.
 
-¿Aún no lo encuentras? Joder, es más fácil buscar a Wally.- Carter trataba de bromear pero también estaba preocupado.- ¡No te preocupes, si aparece me teletransportaré hasta donde estés para hacértelo saber!- Salió corriendo hacia algún lugar y Dan se encogió de hombros mientras buscaba la tienda de su amable y querido capitán.
 
Bueno, la verdad es que no era muy difícil diferenciar las tiendas, mientras que los soldados tenían unas tristes tiendas de campaña en las que apenas cabían de pie, los oficiales disfrutaban de unas malditas carpas personales apartadas del resto, por supuesto. Dan se las quedó mirando pensando en lo estúpidos que eran al hacer algo así... Se estaban señalando casi con carteles al enemigo diciendo que eran los que estaban al mando... en fin, Dan preguntó a los hombres que estaban por ahí haciendo guardia aparentemente y le indicaron la tienda del capitán que estaba algo más apartada de las demás y según le explicó el hombre, era así por petición personal del mismo capitán.
 
-Con permiso...- Dan entró en la carpita y al igual que por fuera por dentro no tenía nada que ver lo que tenían ellos con lo que tenía el capitán. Contaba con una cama medianamente decente, varios armarios con extras y una gran mesa en el centro, a demás de una radio rudimentaria y un pequeño televisor que sintonizaba las noticias nacionales.
 
-Dante... He tenido una charla larga y tendida con algunos de mis superiores que te pusieron bajo mi mando...- tenía una carpeta abierta sobre una pequeña mesa de metal que estaba algo escondida desde su punto de vista, el capitán miraba diferentes hojas y las pasaba de una en una.- La verdad es que tu historia es muy interesante, al menos lo que está aquí escrito... aunque creo que aquí solo hay una pequeña parte registrada del total, me encantaría escuchar todo de tu propia boca pero por si te lo estás preguntando he de decir que no te he llamado para eso.- su cara seria se mantuvo seria, solo que esta vez cambió su mirada penetrante de los papeles a Dan.- Realmente me sorprendiste con lo del otro día, bueno, a mí y a todos los presentes y he decidido ascenderte de puesto a mi guardia personal...
 
-Era de esperarse.- Dan se encogió de hombros, esa decisión tenía mucho sentido y era un movimiento inteligente... seguramente nadie valía más para ese puesto que él, era un maldito escudo humano infinito.
 
-Me alegro de que lo comprendas.- se levantó de su silla y se acercó a él con unos movimientos depredadores, aquel hombre imponía bastante físicamente y Dan admitía que era malditamente atractivo... pero la sensación de peligro estaba en el aire. Mcdawell se acercó a Dan hasta quedar a dos palmos de él mirándolo con interés, alzó su mano para tomar la barbilla de Dan y le obligó a levantar la cara para que lo mirara a los ojos, acercándose lentamente hasta que Dan pudo sentir la respiración caliente de ese hombre sobre sus propios labios.
 
-¡Dante! ¡Dante, lo he encontrado!- la voz no demasiado lejana de Carter sacó del trance a Dan, haciéndolo retroceder antes de cometer una estupidez... una tentadora estupidez sinceramente.
 
-Debo irme, es importante...- Dan mantuvo un tono casi solemne.
 
-Concedido.- El capitán retrocedió también pero no sobresaltado, se sentó elegantemente en su silla de nuevo.- Pregúntales a los demás guardias sobre tu nuevo trabajo, te lo explicarán todo.- se sumergió de nuevo en sus papeles y se olvidó de la existencia de Dan.
 
Salió de la carpa y se apresuró en seguir los estridentes gritos de su compañero, parecía una maldita ambulancia corriendo de un lado para otro y haciendo jaleo apartando a todos a su paso. Dan logró alcanzarlo por fin y Carter se detuvo en seco con una cara preocupada.
 
-¡¡Dante!!- lo agarró por los hombros y lo sacudió.- ¡Que lo he encontrado!
 
-Sí, si... ya te oí la primera vez...- gritaba mucho y parecía muy agitado.- ¿Dónde está exactamente?
 
Como toda respuesta, Carter tiró del brazo de Dan por todo el campamento en busca de la ruta más corta, atravesándolo hasta salir del mismo, llegando en pocos minutos al río cercano que hacía como muro natural contra posibles amenazas. El paisaje rallaba lo desolador, la poca naturaleza que había estaba casi destrozada por los vehículos que pasaban por ahí tan a menudo y la fauna... no se veía nada más que buitres surcando los cielos, lo que les recordaba constantemente a los soldados que la muerte les pisaba los talones... Carter llamó su atención al volverse para mirarlo un poco.
 
-He estado preguntando por todos lados y por suerte no hay mucha gente que encaje en la descripción de albino guaperas...- aceleró el paso, recorriendo la orilla del río como si fuera un perro de presa.- En fin, los del turno de cocina me dijeron que lo habían visto cuando vinieron a lavar los trastos... pero... ¡Ahí está!

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