Cap 52

Averno (YAOI)

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Dan se despertó al escuchar el jaleo mañanero que estaban empezando a montar todos sus compañeros antes de que sirvieran los desayunos. Estiró su brazo a un lado solo para darse cuenta de que Cóndor había desaparecido de su lado, Dan se incorporó y miró a su alrededor solo para ver a Carter tirado por el suelo con signos evidentes de estar todavía medio borracho... a saber lo que había hecho la noche anterior. Por el contrario, Dan se sentía estupendamente, su pecho latía con fuerza al pensar en lo que había ocurrido la noche anterior y no podía evitar que una sonrisa acudiera a sus labios continuamente pero eso era normal. Ya era oficial, estaba enamorado de nuevo y nadie podía arrebatarle esa ilusión...
 
Se vistió y dio una patada a Carter para que se levantara también pero sin perder la sonrisa, salió viendo todo hermoso, aunque todos los soldados le devolvieran miradas de perro viejo y lo evitaran como si estuviera apestado... Hasta que alguien lo detuvo en su mundo de arco iris. Dan se giró con pocas ganas de lidiar con algún amargado pero cambió de expresión al ver que no se trataba de eso precisamente.
 
-¿Tú eres el nuevo en el turno de guardia del capitán verdad? Hace rato que te están buscando así que más vale que vayas para allá.- Dan lo miró de arriba abajo, iba bien uniformado y tenía una cara seria que tiraba para atrás, parecía no haberse reído en su vida. Dan no quiso llevarle la contraria, es más, en ese momento recordó que había aceptado el cargo directamente del capitán... Un grandioso primer día, sí señor...
 
Corrió como alma que lleva el diablo hacia la tienda del capitán e irrumpió en ella sin llamar siquiera, quedándose quieto un momento apoyándose en sus rodillas para recuperar el aliento. No acostumbraba a correr, no necesitaba huir de la muerte así que lo que venía siendo la resistencia... pues la tenía un poco por los suelos pero eso sí, fuerza no le faltaba.
 
-¡Lamento llegar tarde, no sabía a qué hora tenía que venir!- Levantó la vista y por poco se le cae la mandíbula al suelo por la impresión. Ahí estaba su respetado capitán, tumbado en su cama cómodamente con un par de jóvenes soldados a ambos lados pegándose a él con lujuria como si fuera el único hombre de la tierra.-Esto... perdón por interrumpir... ya me voy.- se fue a dar media vuelta pero el capitán ya se había levantado, abandonando a sus amantes para ir al encuentro de Dan.
 
-Tienes agallas... no solo llegas tarde sino que entras en la tienda de un superior sin permiso... no sé si tienes los huevos bien puestos o simplemente eres imbécil.- se cruzó de brazos con el semblante serio.
 
-Si puedo elegir prefiero la primera opción.- El capitán finalmente sonrió y Dan no supo cómo interpretar esa sonrisa así que el sistema de su cerebro se bloqueó hasta que el otro mostrara alguna otra reacción.
 
-Bueno, te creerás muy listo pero tus acciones merecen un castigo...- Rodeó a Dan lentamente, tapando la única salida de la tienda para que no escapara. Lo empujó un poco para que avanzara y a pesar de la sutil resistencia por parte de Dan el capitán lo colocó donde quería.
 
Miró a los otros dos que seguían en su cama y estos comprendieron al instante lo que significaba ese gesto así que recogieron sus ropas y salieron sin decir nada. En la cabeza de Dan saltaban alarmas, sonaban sirenas y se encendían luces que le indicaban que saliera de allí por patas pero no podía hacer nada en ese momento... solo rogaba que volviera a aparecer Carter por gracia divina como solía hacer siempre.
 
Pero eso jamás ocurrió.
 
El capitán Mcdawell caminó hacia él haciéndolo retroceder hasta que chocó con la cama y cayó sobre esta, Dan sentía el peligro pero no entendía el por qué, tanto hombres como mujeres lo habían arrinconado de esa manera antes pero jamás había sentido algo como aquello con nadie así que estaba entre asustado e intrigado. No dijo nada cuando Mcdawell se subió a la cama y gateó hasta colocarse sobre el cuerpo de Dan, lo miró con sus penetrantes ojos ámbar y Dan notó como empezaba a formarse una fina capa de sudor frío sobre su piel. Era un hombre aterrador y fascinante, no podía apartar la mirada de él ni un segundo, era como estar bajo una potente hipnosis.
 
Mcdawell sonrió ante las reacciones de Dan y comenzó a acariciarlo sobre la ropa para calentarlo con toda la intención. Buscó sus puntos sensibles y lo movió por toda la cama en el proceso. Estuvieron así un buen rato hasta que Mcdawell se inclinó sobre él y le agarró la cara para que volviera a mirarlo.
 
-Como castigo, déjame saborearte...- se acercó a sus labios y en cuanto vio la oportunidad se lanzó a por ellos como si realmente fuera a devorarlos.
 
Dan trató de empujarlo lejos de su cuerpo pero lo tenía bien sujeto contra la cama, el espíritu de pelea de Dan se iba desvaneciendo conforme notaba la lengua del otro bailar en su boca, sus fuerzas disminuían y empezó a notar su cuerpo muy pesado... No se estaba dando cuenta pero su vida se estaba escurriendo de su cuerpo para pasar a Mcdawell. Y luego de sentir el frío inquietante de la muerte llegó la oscuridad.
 
Aunque pocos minutos después se incorporó de nuevo con brusquedad cogiendo una gran bocanada de aire en el proceso.
 
-¡¿QUÉ MIERDA?!- dan estaba sobre la cama de Mcdawell, miró a su alrededor y lo encontró vistiéndose con toda la calma del mundo junto a uno de los armarios metálicos de la tienda.- ¿CÓMO... POR QUÉ...?- Dan tenía demasiadas preguntas y su boca no decidía cual realizar primero. Acababa de tener una de las experiencias más extrañas y desagradables de su vida... y seguía confundido con todo ese asunto. El capitán se acercó de nuevo en cuanto se terminó de vestir y se sentó en el borde de la cama.
 
-¿Sabías que eres realmente delicioso?- se relamió.- Jamás había probado semejante manjar...- lo miró con intensidad un momento y sonrió.- Oye, ¿te interesaría ser mi pareja? Si te tengo cerca no tendré que buscar comida... y tú tendrías todo lo que quisieras... Piénsalo.- al ver la cara aún más extrañada de Dan se levantó de nuevo para esta vez salir de la tienda, deteniéndose en la puerta para volver a mirarlo.- Ah, si... a partir de ahora puedes llamarme Edgar si quieres.

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