Capítulo 9: "Navidad"

Soy un temerario mi amor ©

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Aunque dije aquellas cosas, debo admitir que la soledad es terriblemente dolorosa. Cuando pienso que ya está a la vuelta de la esquina aquella festividad, me entra una gran amargura que no puedo siquiera describir, y se siente como si me clavaran mil tachuelas en el pecho, y en consecuencia, tu ausencia se convierte en un pecado que no tiene consuelo. ¿Cuántas navidades más tengo que sufrir sin tu presencia?; esta va a ser la sexta vez. Sé que ocurrirá lo mismo, a pesar de estar rodeado de las más dulces sonrisas, sé que tu no estarás, y que al momento de abrir mi regalo, vendrá la sensación de vació seguida de una desalentadora pero a la vez fingida sonrisa, y ésta estará dedicada especialmente a mi familia.
 
“¿Acaso debería empezar a incluirte en nuestro círculo familiar?”, pensé mientras me encontraba en mi alcoba apoyado en una de mis manos, y aproveché ese instante en que mi codo estaba descansando sobre mi escritorio para ponerme en esa posición. Quizás tenía razón, después de todo, no quería revivir navidades pasadas.
 
—Bien, está decidido: aprovecharé que ella me ha invitado a hablar, y buscaré el momento para llevarla a mi habitación. Allí conversaré con ella —asentí decidido. Entonces tomé el teléfono que estaba no muy lejos de mí para marcar su número, el cual ya me sabía de memoria al igual que su documento; había que ser precavidos, tenía que estar bien preparado si algo le llegaba a pasarle.
 
De cualquier forma, el tono del teléfono se dejó escuchar, y mientras esperaba me llenaba de entusiasmo, pues imaginaba que aceptaría por completo mi oferta.
 
—Hola, ¿cómo estás Dalton? ¿Por qué me llamas tan temprano? —eran las seis de la madrugada de un día viernes, y mañana teníamos que encontrarnos, pero yo no podía dormir por lo que había pasado el jueves, así que me quedé despierto, de allí que la llamé a estas horas.
 
—Bueno, veras… es que me quedé despierto por un asunto que no podía sacarme de la cabeza, así que ya que estaba, decidí llamarte para hablarte sobre algo importante —dije algo nervioso.
 
—Entiendo. ¿Y qué es lo que pasa? —volvió a interrogar con cierto tono de intriga.
 
—Sí, quería hablarte sobre la festividad navideña. ¿Por qué no pasas navidad con nosotros?, es decir, con mi familia y conmigo —le consulté. No soy de esas personas que se la piensan demasiado, eso… aunque haya esperado cinco largos años para empezar a entablar una relación con la mujer de mis sueños.
 
—¡Oh, no me esperaba semejante invitación! Debo agradecerte Dalton, pero yo y mi familia habíamos quedado para… —la interrumpí.
 
—No hace falta que destruyas tus planes por los míos, es más, podemos hacer que ambas familias se junten  así pasarla todos unidos. Vamos, aprovecharemos para también hablar sobre lo que querías —le insistí, no aceptaría un no por respuesta, por eso tenía una idea para cada cosa que ella fuera a plantearme.
 
—¿Qué? —se pausó un momento. Al juzgar por su reacción, parecía algo sorprendida—.  Bueno… tendría que consultar con mi familia primero, y no sé si realmente quieran hacerlo, es decir, no te conocen.
 
—¡No te preocupes por ello! Tú diles que cuando me conozcan querrán que pase todas las navidades con ellos, incluso el resto de los días del año —le aseguré, y ella carcajeó.
 
—Me haces reír con tus ocurrencias, Dalton. Pero está bien, consultaré con mi familia al respecto. ¿Pero porque pensaste que era lo ideal que habláramos durante esa fecha? ¿Acaso no sería mejor hacerlo en otro momento? — Parecía algo preocupada.
 
—No, no, simplemente me parece que es más provechoso —y esa era la verdad—. Además, no estaría mal para que nuestras familias se conozcan, y así, mejorar nuestros vínculos, ¿no te parece?
 
—Eres un poco raro Dalton hablando de esa manera. Sin embargo, me pareces un chico divertido —dijo entre suaves risas.
 
—Gracias, creo. Pero vas a hablar con ellos, ¿no es así? —quería estar seguro de que ella cumpliría lo que me estaba diciendo.
 
—Sí, hablaré con ellos lo antes posible, así que no te preocupes. Luego te llamaré al respecto, aún tengo algunas cosas que hacer para mañana.
 
—Se me olvidaba decirte algo. ¿Qué tal si lo celebramos en mi casa?
 
—¿En tú casa? —dijo algo sorprendida.
 
—Sí, quiero que conozcas mi cuarto… —no me dejó terminar porque ella respondió exaltada.
 
—Dalton, por favor, no me mal intérpretes, no voy con esas intenciones… —no la dejé terminar tampoco ya que me dio un ataque de risa. ¿Ella pensaba que quería hacerla mía ahora?, bueno… no estaba equivocada, pero primero deseaba que ella me conociera y luego dar los siguientes pasos. Primero quiero demostrarle el verdadero caballero que puedo llegar a ser, otro día le demostraré la bestia que llevo oculta en mi ser.
 
—¡Por dios Lili, no sé de qué me estás hablando! —exclamé. Seguramente mis padres me escucharían por estar gritando tan fuerte—. Quizás otra personita es la que está mal interpretando todo —sonreí de lado. Para el momento siguiente escuché como ella tragaba y trataba de excusarse. Era una pena que no pudiera verla en ese momento, seguro que sus mejillas estaban ardiendo de una forma muy prometedora.
 
—¡Perdona, no quería decir eso!
 
—Pero lo has dicho.
 
—¡Bien, bien!, tú ganas —un pequeño silencio se instaló entre ambos. Yo no sabía que decir, por lo que ella fue quien contesto—. ¿Por qué iremos a tu habitación? —su voz ahora se escuchaba más baja, quizás estaba algo avergonzada, pero… ¿por qué?
 
—¿No recuerdas que tenemos que hablar?
 
—¿Entonces quieres que hablemos en tu habitación?
 
—Sí, eso es lo que quiero.
 
—Sí es eso, entonces está bien.
 
—Entonces ya está dicho, vamos a encontrarnos.
 
—Espera. Yo no dije que podía aún.
 
—¡Lo sé, pero eres tú Lili, seguro que puedes convencerlos! —afirmé.
 
—Si tú lo dices —dijo con un tono de inseguridad.
 
—Ya debo irme Lili, tengo que planear bastantes cosas para esa fecha. Te haré muy feliz. ¡Nos vemos! —en ese momento no la dejé ni respirar para que pudiera responderme, y finalmente, terminé la llamada.
 
Sin dudas había muchas cosas que hacer ahora, y en primera instancia era informarles a mis padres sobre lo que había hecho.
 
Bajé entonces las escaleras de mi cuarto a toda velocidad, y en el último tramo, me deslicé por el barandal como si lo hubiera hecho durante toda mi vida. Tuve la suerte de no haber perdido el equilibrio o quizás no hubiera podido pasar la navidad con mi dulce Lili. Al llegar a la planta baja, encontré a mi madre que apenas se estaba levantando.
 
—¡Mamá! —la llamé.
 
—¡Oh por dios! —exclamó llevándose una mano al pecho y me miró con desconcierto—. ¿Qué haces despierto a estas horas Dalton?, que yo sepa, ya estás de vacaciones, no es necesario que te levantes temprano —sí, era raro que me vieran a esas horas a esas fechas, pero para mí no era nada extraño, después de todo tenía mis razones.
 
—Bueno, no podía dormir. Por cierto, ¿papá ya se fue a trabajar o acaso sigue durmiendo?, porque si es así, puedo ir a despertarlo —señalé con mi dedo hacia su habitación, enseguida giré el cuerpo a medias, y me preparé para echarme a correr.
 
—No, tu padre se fue a trabajar hace media hora —me dijo mientras se iba a encargar de hacer el desayuno, y allí fue cuando yo me acerqué para hacer el exprimido.
 
—Entiendo. Por cierto madre, invité el veinticuatro a venir a una amiga con su familia a la casa para que festejaran con nosotros. No tienes que preocuparte de los regalos o esas cosas, yo voy  a encargarme de todo —mi progenitora me miró con gran sorpresa.
 
—¿Pero qué dices hijo?, nunca antes habías traído a alguien a casa, aunque me extraña que invitaras a una familia entera —opinó ella, y agregó—. ¿Estás seguro de querer reunir a tanta gente? —me preguntó, pero yo estaba más que convencido, además, lo más indicado era que los futuros suegros se conocieran.
 
—Por supuesto, ya dije que me iba a encargar de todo, no te preocupes.
 
—Bien, entonces por mi parte está bien, pero mira que debes avisarle a tu padre.
 
—Sí, eso haré. ¿Vuelve a eso de las doce, no?
 
—Sí, vendrá a esa hora. Por cierto, ¿a quién has invitado? —parecía que las dudas estaban carcomiendo el alma de mi madre.
 
—¡A mi novia, se feliz madre, conocerás a mis futuros suegros! —la vi hacer una mueca y suspirar.
 
—Pero si tú no tienes novia… llevas diciendo eso más de cinco años, ¿y hasta ahora dices que se te ocurre traerla? —fruncí el ceño ante su comentario, pero no dejé que me afectara del todo. Sabía que sus palabras se volverían contra ella en algún momento, puesto que yo no estaba mintiendo. ¿Por qué todos se apañaban en demostrarme que era un vil estafador cuando no lo era?, no podía comprenderlo; no llegaba a entenderlos. A pesar de todo, no dejaría que me afectaran, era un joven fuerte, y más que nada decidido.
 
—¡Si la tengo! —exclamé con fulgor, lo que hizo que mi madre se sobre exaltara en su lugar y casi se cortara con el cuchillo. Mi rostro estaba formando una mueca desequilibrada, pero no es como si pudiera controlarlo ahora. Sabía bien que ella era mi madre y que había hecho todo por mí, pero esas palabras hacían que mi faz se encendiera en una amarga expresión de puro odio. La expresión no iba dirigida directamente para mi progenitora, pero en realidad era por todos los recientes enemigos que me había hecho: mis “amigos”, ese sujeto, y ahora, mi madre. ¿Cómo debería sentirme? Pues la salida más concreta que encontré fue el resentimiento para expresar de la manera más coherente lo que me ocurría.
 
—Está bien. Si dices que vendrá entonces te creeré, sólo espero que esta vez no mientas — parecía algo asustada, no la culpo, si mi hijo mayor reaccionara de esa manera, sin dudas yo también lo estaría. Después de eso prosiguió con sus demás tareas, y yo la ayudé en el proceso, al terminar desayunamos, y mientras lo hacíamos, un suave silencio que habíamos creado entre nosotros hizo que mi humor fuera mejorando, en consecuencia en el rostro de ella empezó a mostrar poco a poco rastros de alivio, y fue así como volvimos a la habitual calma de siempre.
 
Después de desayunar me tomé la molestia de lavar los platos por mi madre. Fue un acto que principalmente era para disculparme, pero a su vez, de agradecimiento. Sabía que la había hecho pasar un mal momento, pero también ella me dio permiso de hacer la fiesta navideña con la familia de Lili, así que al mismo tiempo representaba una muestra de reconocimiento.
 
Más tarde llegó mi padre, venía solamente a almorzar, ya que luego tendría que retirarse a ver a unos compañeros de trabajo, por eso aproveché el almuerzo para explicarle lo que tenía planeado hacer, y que mi madre ya me había dado permiso, pero su reacción no fue la esperada. Él se echó a reír muy fuerte, y señalándome con el dedo me dijo.
 
—¿Tú, trayendo a tú novia a casa?, no me lo creo hijo —calmó las carcajadas y tomó algo de jugo. Yo por mi parte fruncí el ceño, y ya cansado de tanta estupidez, le respondí.
 
—No me importa si me crees o no, vendrá su familia y ella misma a la casa, así que por favor, dame también autorización. Me encargaré del resto de los preparativos —le aseguré.
 
—Bien, bien, pero si esa chica no viene, no quiero esperar que te encierres en tu cuarto como lo has hecho estos últimos cinco años luego de la entrega de regalos —me indicó—. Y ya que tienes el permiso de tu madre, no era necesario que me preguntaras.
 
—Quizás, pero tenías que saber que no la pasaríamos solos —sonreí ante eso y mi padre respondió con el mismo gesto.
 
—Bueno, a eso llamo responsabilidad. Y cuando la chica arribe a nuestra casa, tendrás que presentármela como corresponde —asentí, y poco después de almorzar con mis padres recibí una llamada; era Lili.
 
—Hola Lili. ¿Cómo estás? ¿Cómo ha resultado todo? —pregunté algo apresurado.
 
—Hola. Pues… veras, al parecer mis padres están encantados con la idea. Les comenté que eras el chico al que salve, entonces dijeron que estaba bien.
 
—¡Genial! Entonces los esperaremos a partir de las siete, así podrán hablar con mi familia y conocerse mejor —después de decir eso, noté que ella se quedó callada de repente—. ¿Ocurre algo, Lili?
 
—¡Oh, no, no, nada! Disculpa, me distraje un poco —mencionó con algo de nerviosismo. Luego de eso seguimos platicando aún más sobre las cosas que a sus padres y a ella se les antojaba para ese día, y después de terminar finalizamos la llamada.
 
—Es hora de ponerse a preparar todo —me tomé el resto de la tarde del viernes para alistarme para ese día: compré la comida, un par de juegos de mesa, y el postre lo haría con mi madre, pues no se me daba bien hacer cosas dulces, tampoco podía olvidar el regalo de mi bella Lili.
 
En cuanto llegué a casa revisé que no me faltará nada, incluso había separado los adornos más viejos de los más nuevos para redecorar mi casa esta navidad, y por ahora, todo estaba en su lugar.
 
Pasé el sábado con una gran emoción que desbordaba mi espíritu, luego llegó este ansiado domingo en dónde puse todo en su punto, por lo mismo tanto mi madre como mi padre se apiadaron de mí y me ofrecieron ayudarme para que no llevara a cabo todo solo. Parecía que habían notado mi emoción por tener todo a la perfección, así que acepté, más que nada en la cocina. Y finalmente se hizo la hora, por lo que el timbre sonó.
 
—Iré a abrir —dijo mi padre, pero yo me opuse para luego ofrecerme; quería ir yo, y antes de irme les mencioné lo siguiente—. Por favor, cuando entre Lili, no le digan que es mi novia, ya que es mi futura novia y ella aún no lo sabe —sonreí con picardía y luego me retiré dejando a mis padres estupefactos. Seguramente ellos en ese instante se dieron cuenta que quizás yo no estaba del todo en mis cabales, o más bien, probablemente lo interpretarían de la misma forma en que lo hicieron mis amigos, pero ellos eran mi familia, no iban  a hacerme lo mismo, o al menos eso creía por el momento.
 
Me acerqué a la puerta principal y abrí ésta, a continuación, mi decepción fue grande, pues no tenía un bello vestido como lo había calculado: había venido con una blusa amarilla clara y una pollera color uva; a pesar de no era lo que esperaba, se veía muy linda. Respecto a la vestimenta de sus padres, eran tan simples como la de ella, es decir, me causaron la misma impresión, pues parecía como si hubieran venido a la casa de un amigo de confianza.
 
—Muy buenas noches, yo soy el hijo único de mi familia, Dalton Alvey, mucho gusto —le extendí mi mano a sus padres, quienes me la estrecharon animados, luego les di permiso de entrar. Detrás de mí estaba mi familia esperando, y claro, también los saludaron.
 
Mientras nuestros creadores se conocían, ambos intercambiamos unos segundos las miradas, pero mi bella dama desvió la suya. ¿Acaso esa acción indicaba que esta navidad sería igual de amarga que de costumbre?, bueno, esperaba que no fuera así, pero esa reacción un poco inapropiada de un encuentro de noche buena no era algo alentador—. ¿Quieres pasar Lili? —le pregunté con un tono más suave y dulce, pues quería que sintiera la calidez con la cual la recibía.
 
—Claro, lo siento, estaba pensando demás —se adelantó para dar un paso dentro de la casa. Quizás se había quedado meditando respecto a lo que teníamos que hablar; en verdad esperaba que no fuera nada malo.
 
En cuanto ella entró cerré la puerta y la acompañé al salón donde estaban nuestros familiares. Para mi fortuna, mis padres me siguieron el juego, y  no hicieron bromas más allá de decir que era una linda chica y que hacía una buena pareja conmigo; la verdad eso hacía que me ruborizara. No obstante, ahora tenía que crear el momento para llevarla a mi habitación, así que, puse en marcha mi siguiente estrategia—. Madre, padre, quiero mostrarle algo que hay en mi habitación a Lili. ¿Podrían quedarse en la sala con su familia en lo que estoy en la habitación con ella? —les pregunté y ellos asintieron sin problemas, lo único malo era que Lili me miraba con cierta desconfianza, pero aun así me siguió.
 
—¿En verdad es necesario ir a tu habitación? —me preguntó, y yo asentí mientras subíamos las escaleras.
 
—Sí, además, es el único lugar de la casa en el que estaremos tranquilos —le informé y entramos a mi cuarto, el cual estaba más impecable que nunca, ¿y cómo no?, iba a llegar una hermosa visita a ésta, y tenía que estar preparado.
 
—Tú cuarto es muy ordenado —me dijo en lo que le echaba un vistazo algo sorprendida.
 
—Sí, sé que no todos los chicos pueden serlo —me avergoncé un poco, y naturalmente me pasé una mano por entre mis cabellos algo nervioso a la vez que desviaba la mirada.
 
—Lo siento, no es como si generalizara, sólo que es la primera vez que estoy en el cuarto de un chico —parecía que estaba algo nerviosa, y por esa razón fijaba su rostro al suelo mientras aferraba sus finas manos a su ropa, más específicamente hablando, a su falda.
 
—No te preocupes. Por cierto, ¿de qué querías hablar? —yo me senté en la cama lo más relajado posible, y contradiciendo mi estado de paz, ella respondió con las siguientes acciones: levantó de repente el rostro como si recordará algo de forma repentina, luego se giró con brusquedad, y en su afán por hacerlo rápidamente perdió el equilibrio, y como era de esperarse, yo reaccioné con velocidad y la atrapé antes de que se accidentara, quedando ella así sobre mis piernas.
 
Nuestras miradas se cruzaron en ese instante; la mía era tan profunda que llegaba a traspasarla, y ella hizo lo mismo con sus claros ámbar que llegaban casi a acariciarme el rostro. Mi manos la sostenían de una forma que no era posesiva, si no delicada, era como si en mis dedos estuvieran sosteniendo una muñeca de porcelana que en cualquier momento podría romperse, y yo lo que menos quería era eso. Llegué a notar que sus mejillas se coloraron de un bello rosado, y como el tonto que fui me vi embelesado. ¿Y ahora que se supone que debería hacer?

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