Las Lágrimas del Mar

Géneros: Aventura, Fantasía, Romance

Scarlet es un joven solitaria, pero animada. En su decimoctavo cumpleaños recibe una visita de su querida abuela, contándole una historia que no creería por nada en el mundo. Pero... ¿qué ocurriría si un acontecimiento hiciera que Scarlet tuviera que creer en la magia?

Capítulo 1

Las Lágrimas del Mar

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Estaba dormida muy profundamente, soñando con un montón de cosas divertidas. Seguramente se me veía en la cara que disfrutaba con el sueño, pero por desgracia me desperté al escuchar la alarma del móvil. Miré la hora y salí corriendo de la cama, en mi mente desesperadamente sonaba una frase: ¡llegas tarde al instituto!
Tomé el desayuno corriendo, y salí de casa sin despedirme de mi madre. Cuando llegué a la estación del autobús. Ya era demasiado tarde, el autobús comenzó a arrancar.
-Mierda- dije furiosa por no haber podido llegar a tiempo.
Con una mueca en mi cara decidí ir andando hasta el pueblo. Cuando llegué, pedí un taxi para que me llevara a la puerta del instituto.
Mirando por la ventana del coche, observando las casas del pueblo, empecé a pensar cómo llegué a ese lugar.
Cuando mis padres se casaron, decidieron trasladarse a un pueblo a las afueras de la ciudad ya que mi padre tenía un problema pulmonar llamada sarcoidosis y necesitaba aire puro para poder respirar. Unos cuantos años después de que yo naciera, mi padre murió.
Cuando llegué al instituto. Le di el dinero al taxista y este se fue. Entrando a la parcela del instituto, me miré en el reflejo de la puerta.
Soy como cualquier chica normal a su edad. Tranquila, con ojos azules y un largo pelo de color castaño claro.
Cuando conseguí entrar, la clase estaba por comenzar. Gracias a Dios, la profesora de Historia no había llegado todavía -me he librado de una buena- pensé y rápidamente me senté en mi sitio.
Cuando acabó la clase de Historia, la seguía la asignatura que más odiaba en todo el mundo: Lengua. La profesora era una bruja a la hora de entregarle los trabajos o al preguntarle las dudas que tenías. Me las apañé como pude y así acabaron las dos primeras asignaturas del día.
Cuando fue la hora del patio, cogí el libro que estaba leyendo actualmente y me puse a leer por donde lo había dejado la noche anterior. De repente un grupo de chicas se acercó y la “líder” del grupo empezó a hablarme sin ninguna razón.
-Hola, Scarlet te has librado de una buena eh.
-Sí, Amber - contesté continuando con la lectura
-Oye, ¿has oído la fiesta que doy en mi casa este sábado por la noche? Ah no, que no estás invitada – dijo ella con malicia.
Las chicas de su alrededor empezaron a reírse y después de un rato se marcharon.
-Así es Amber, siempre metiéndose conmigo o con la gente que piensa que está por debajo de ella- pensé, era imposible cambiar a una persona así.
Suspiré y me metí en la lectura. Al terminar las clases, cogí el móvil y los auriculares y me puse a escuchar un poco de música.
Una vez que llegué a casa. Entré y una fragancia de galletas recién hechas inundó toda la casa. Nada más oler, sabía quién era.
Abuela- dije con alegría- ¿Cuándo has venido?
-Vine esta mañana cuando tú ya estabas en clase- dijo alegremente acercándose para darme un cariñoso abrazo.
- ¿Por qué has venido?
-Ya no te acuerdas, ¡por tu cumpleaños!
Es verdad. Cumplía 18 años ese mismo viernes. No me gusta celebrar mi cumpleaños porque es un momento de mi vida que no quiero recordar ya que mi padre murió ese mismo día en mi noveno cumpleaños.
-Ya sabes que no me gusta cumplir años y aún menos celebrarlo.
-Cariño, sé que es un día muy duro para ti- dijo ella dándome otro abrazo cariñoso- pero es tu decimoctavo cumpleaños, eso no pasa todos los días.
Después de una larga charla, sonó el ruido de un motor apagándose y el resonar de los grilletes de la puerta. En ese momento entró alguien muy apreciada por todas las personas que estaban en la casa.
-Hola mamá, ¿qué tal el día?
-Muy ajetreado, como siempre.
Instantáneamente descubrí como le había ido todo por su expresión. Mi madre trabajaba en una agencia de vuelos y su trabajo no era moco de pavo.
-Hola Beatriz- dijo mi abuela.
-Hola Amalia- contesto ella con una gran sonrisa- al parecer has llegado bien.
 Dejando los saludos de lado, mi madre se fue a cambiarse y mientras tanto nosotras poníamos la mesa. Cenamos una rica cena hecha por mi abuela. Recogí la mesa y puse los platos en el lavavajillas. Después de eso me fui directa al cuarto. Terminé los deberes y a continuación me puse a ver un par de películas que tenía pensado ver desde el principio. Cuando terminé de verlas, mi abuela entró.
-Scarlet, tengo algo que contarte.
-Dime, ¿de qué se trata?
-Antes de morir tu padre, él me envió una carta para que te la diera el día anterior a tu decimoctavo cumpleaños, pero quiero dártela ahora.
Durante un momento nos callamos las dos y hubo un silencio incómodo. Cuando oí eso, mi pecho empezó a doler mucho y los ojos empezaron a picarme porque querían expulsar lágrimas. Mi abuela me miraba con cara triste como si también estuviera sintiendo lo mismo.
Salió de mi cuarto haciendo un gesto con la mano. Poco después de que se fuera, abrí la carta para saber por qué mi padre me la había enviado. Mientras abría el sobre con mucho cuidado recordé como era. Mi padre era increíble en todos los aspectos, fuerte, leal, enérgico, inteligente, etc. Había escrito a mano esa carta. A él le encantaba escribir documentos con una antigua pluma suya, esta misma la había escrito con aquel objeto.
Scarlet, cuando estés leyendo esto, yo ya no estaré ahí contigo. Sabes que desde un principio yo te inculqué que fueras una buena chica, estudiosa y siempre sonriente. Pero cuando entraste al colegio y volvías con esa cara de alegría falsa y con esos preciosos ojos tuyos hinchados por haber llorado, no podía verte de esa manera. Yo necesitaba que te hicieras fuerte por eso te enseñaba a como serlo emocionalmente, pero sé que eres frágil como una flor. Te dejaba pasar algunas cosas por alto. Seguramente ya no sigas así, porque yo sé que al crecer te has hecho muy fuerte, pero te digo una cosa. Sigue sonriendo y ya verás cómo cosas buenas pasan. Sobre todo, recuerda estas palabras: En nuestra vida nosotros no somos lectores, somos escritores.
PD: hay un regalo para ti en la dirección que está más abajo, por favor no vayas hasta que no sea tu cumpleaños.
Te quiere, papá.
Tenía unas ganas horribles de llorar, después de casi nueve años que murió, me sigue apoyando desde la tumba. Lloré durante un buen rato sobre la cama y me quedé dormida.

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