Preguntas que nunca tendrán respuesta

Extraño mi casa

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Hay un montón de gente alrededor, pero
me siento tan solo que
duele.
El pecho me duele, la vida me duele,
el alma me duele por
tantos golpes que le han ido dando, y
está tan rota ahora que
me cuesta creer que aún sirve
—si es que lo hace, claro,
y no dejó de funcionar hace tanto
que ya ni puedo recordarlo,
que ya ni me doy cuenta.
 
Los ojos me queman,
el pecho se me encoge;
las lágrimas que no logran salir
me escuecen más de lo que
lo harían si ya no estuvieran en mí,
pero se quedan ahí porque no encuentran
la forma de salir de su tormenta
—así como yo, aunque
con un poco menos de gris y, en cambio,
con un poco más de lluvia.
 
Hablo, grito, lloro,
pero nadie se da cuenta.
me estoy muriendo, ¿no lo notan?
¿No notan mi río hacia dentro
y mis estrellas sin brillo?
¿No notan que me marchito como
una flor en medio de un desierto?
¿O tengo que gritar más alto,
tengo que romperme incluso más,
tengo que quedar en el suelo como
si nunca hubiera conocido otra cosa que
la infelicidad y…?
 
¿Y de verdad no ven lo muerto
que me siento
por dentro?
¿No ven que mi sonrisa se ha ido hace siglos,
que no ha regresado,
que ahora no es más que una ilusión?
¿No ven que los ojos
ya nunca me brillan?
¿No ven que la esperanza
ya nunca está conmigo y…?
 
¿Y de verdad no notan que he pasado
a ser un muerto
en vida?
 
¿O prefieren ignorarlo
            (ignorarme)
porque
no saben cómo repararme,
así como yo no sé cómo
dejar de estar tan roto?

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