Crecí en un país corrupto

Extraño mi casa

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Roban los ladrones y también la policía (de hecho, la mayoría de las veces ellos son los peores ladrones). No hay justicia a la que acudir cuando ocurre algo incorrecto, porque está vendida y sobornada, o simplemente no le importas. Cosas que en otros países son normales aquí son un lujo que muy pocos pueden darse. Las elecciones siempre han sido el formalismo de una decisión que no tomó el pueblo, un grito con muchos adornos al vacío, una gota más de desesperanza en un pozo sin fondo de desilusiones.
(…)
Es ilegal vender dólares a su precio real, pero tú también lo haces y nadie te dice nada por ello. Me prohíbes hablar de lo que ocurre aquí, decir la verdad, y me amenazas con una cárcel si me atrevo a hacerlo, o con torturar y perseguir a mi familia. Me quitas las oportunidades de vivir bien y triunfar aquí, pero también me cierras las puertas cuando digo que quiero vivir bien y triunfar en otro sitio. Presumes a tu pueblo cuando hace cosas que te dejan en orgullo internacionalmente, pero tu pueblo se queja de que pasa hambre, que se muere por falta de alimentos y atención humanitaria, y haces oídos sordos y le dices al mundo que no son más que mentiras.
(…)
Dices que nos amas, pero actúas como si lo que amaras fuera vernos sufrir.
Dices que nos darás soluciones, pero lo único que has hecho es crear miles de problemas.
Dices que mentimos, pero todos sabemos que el mentiroso eres tú.

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