Alguien se va y se lleva un pedazo de ti

Extraño mi casa

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No tienes idea de cuánto me duele
no que te hayas ido,
sino saber que probablemente nunca nos volveremos a ver.
Te fuiste tan rápido
(huiste con tanta urgencia)
que no nos dio tiempo de reunirnos.
(No pudimos despedirnos.
Del otro.
De esa parte de nosotros mismos
que ya no estaba en nuestros propios cuerpos.)
 
Me dolió que se fueran otros, pero tú me dueles más
(a ti te quiero más.
Siempre fue así y ambos lo sabemos).
 
Me gustaría decirte que nos queda la internet,
pero no es y nunca será igual a
vernos en persona. A abrazarnos. A
tenernos cerca y sonreír bajo
la misma luz de la misma luna.
A bailar, reír, contar chistes tontos y,
sobre todo, a enfrentarnos a la vida hombro con hombro,
como durante tantos años hicimos.
 
Te fuiste hace tan poco y ya te extraño tanto.
Desearía no extrañarte tanto.
Desearía que no fueras tan importante para mí
(pero lo eres.
Eres una parte de mí.
¿Cómo no me vas a importar?).
 
Odio a este gobierno por habernos separado.
Por habernos obligado a decir adiós
cuando solo queríamos decir hola.
Por alejarnos cuando que nos queríamos.
Por quitarnos tanto y
en lo más profundo del alma.
 
Desde hace tiempo digo que vivir en este país,
en esta época,
es aprender a vivir con agujeros en la existencia.
Porque alguien se va y se lleva un pedazo de ti.
Ese hueco queda en tu vida, y realmente nunca sana.
Es una cicatriz que aprendes a evitar,
a no tocar, pero que cuando por accidente lo haces
duele tanto como el primer día
(me dueles tanto como el primer día.
Me duele tenerte lejos porque
sé que nunca más te tendré cerca.
Me duele no haberte abrazado ese día porque
sé que ya no habrá ningún otro abrazo jamás).
 
Vivo con el agujero que dejó tu partida.
Vivo con el agujero que dejaron otras personas
—tantas, que ya no parezco yo.
Quizá de verdad dejé de ser yo hace tiempo,
cuando me quitaron mis esperanzas, sueños y metas,
y solo me dejaron hambre y vacío.
 
(…)
 
No quiero extrañarte, pero lo hago.
No quiero que me duela que te hayas ido, pero me duele(s).
No quiero desear haberte abrazado más, pero lo hago.
 
No quiero desear haberte dicho más a menudo cuánto te quiero,
cuánto significas para mí, cuánta falta me heces siempre, pero…
ya es demasiado tarde como para eso.
 
(Lo siento. Espero que estés bien, que te vaya bien.
Y que no me olvides, porque yo no te voy a olvidar.)
 
(Te quiero. Aunque pocas veces te lo dije.)
 
(Aunque desearía tenerte de nuevo aquí, espero que
no regreses. Que te vaya bien donde estás, que
la xenofobia no te obligue a irte, que
consigas trabajo y puedas comer.
Mereces mucho más que la miseria que este país podía ofrecerte.)
 
(Mereces más que este amigo que no te quiere lejos,
que solo quiere que lo abraces
aunque sea una última vez).

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