Libertad entre barrotes

Extraño mi casa

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Parte VII: Te extraño tan jodidamente tanto

Libertad entre barrotes
 
Ya eres libre, me dijeron.
Puedes ir a donde quieras,
hacer lo que quieras,
ser quien quieras
ser.
 
Y lloré, joder, lloré amargamente porque
podía ser lo que quisiera y
            solo quería ser de ella,
podía hacer lo que quisiera y
            solo quería abrazarla,
podía ir a donde quisiera y
solo quería ir a casa,
porque ella era mi casa y…
 
Y ahora no hay nada.
No soy de ella,
no hay abrazos,
no hay casa y, sobre todo,
no hay nada más que eso:
            el no sentirme realmente libre porque
si no puedes ir a casa,
            ¿de qué te sirve la libertad?

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