Cap 54

Averno (YAOI)

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Dan se despertó sintiendo un peso sobre él, abrió uno de sus ojos y pudo ver con absoluta felicidad el brazo de Cóndor rodeándole el estómago en un abrazo de lo más tierno. Dan ladeó la cabeza para mirar su rostro, Cóndor dormía plácidamente con una expresión tranquila sin saber que estaba siendo observado tan temprano en la mañana. Tras unos minutos así Dan con mucho cuidado levantó el brazo de Cóndor para quedar libre a pesar de no querer salir de la cama pero debía llegar a tiempo a su turno de guardia si es que no quería sufrir las consecuencias.
 
Se vistió rápidamente dando vistazos fugaces a Cóndor comprobando que seguía durmiendo y en cuanto terminó de alistarse se acercó a él en silencio buscando sus labios para besarlos superficialmente casi como si se tratara de una caricia.
 
-Nos vemos luego...- le susurró y con esto salió de la tienda.
 
Aún era muy temprano, ni siquiera había amanecido y por supuesto nadie se había levantado todavía. Dan fue al mismo lugar que el día anterior caminando con una felicidad rayando lo estúpido y con una cara a la misma altura.
 
-¡Heeeey!- Dan se giró en dirección del grito encontrándose a Anton cargando unos tablones hacia el punto de reunión.- ¡Dante, va, no te quedes ahí parado y ven a ayudarme!
 
Dan fue hasta allí trotando con curiosidad, bueno, realmente no sabía lo que tenía que hacer como guardia así que no le quedaba alternativa que hacer lo que Anton le decía... Anton dejó los tablones en el frío suelo y le lanzó un martillo que Dan atrapó al vuelo por pura suerte, sacó un par de cajas con clavos y le señaló los tablones.
 
-Hoy nos toca hacer tarea de carpinteros... Se han cargado un par de bancos en el comedor, no me preguntes cómo porque ni yo lo sé.- se encogió de hombros y empezó a colocar tablas y unirlas a martillazos con los clavos.
 
-Espera, pensé que éramos guardias...- Dan le siguió la corriente y colocó tablas también pero no pudo evitar fruncir el ceño a lo que pensaba era una broma.
 
-Lo somos pero en lugar de estar de pie sin hacer nada de vez en cuando nos dan tareas como esta.- Anton trabajaba increíblemente rápido, parecía una máquina que se movía automáticamente sin hacer movimientos innecesarios.- Ah, ahí viene Jasper.- Dan se giró para ver al otro llegar con una cara de sueño que no se aguantaba, soltó un terrible bostezo que sonó hasta donde estaba el otro par.
 
-Buenos días...- dijo soñoliento mientras los miraba adormecido.- Ah sí, Dante, el capitán quiere verte.
 
-Ah, pues toma.- le pasó el martillo y se levantó del suelo sacudiéndose el uniforme de la tierra, se alejó de allí no sin antes escuchar a Anton echarle la bronca a Jasper por empezar a meter la pata ya en los pocos segundos de trabajo que llevaba.
 
Dan fue hasta la tienda del capitán... o más bien Edgar, la tienda de Edgar. Se quedó en la puerta en silencio con una sensación extraña en su interior de lo más inquietante, tragó saliva y se decidió a descorrer la débil puerta para ver a Edgar sentado calmadamente trabajando junto a una pila de documentos.
 
-¿Quería verme, señor?- Dan le hizo un saludo militar y se quedó rígido en la entrada.
 
-Te dije que podías llamarme Edgar...- dejó la hoja que tenía en la mano a un lado y se levantó de su silla para acercarse a Dan.- De todas formas... ¿has pensado en mi propuesta?- no dejó de avanzar hasta quedarse a un palmo del cuerpo de Dan.- ¿Y bien?- Dan se puso blanco.
 
-A..ah, ¿sobre lo de ser tu pareja...?- Dan trataba de poner distancias pero Edgar llevaba la dirección de sus pasos resultándole imposible dicho propósito. Movió sus ojos inquietos al no verse capaz de mirarlo a la cara.- Esto... debo rechazar esa oferta.- Se encogió un poco pero no dudaba de su respuesta, estaba con Cóndor y pensaba mantenerse así.
 
-¿Huh?- Edgar lo agarró por los hombros y lo lanzó al suelo sin previo aviso.- Estaba tratando de ser amable dándote la ilusión de que tenías alguna clase de alternativa pero en ningún momento pensé en dejarte marchar.- Se arrodilló y colocó una de sus piernas sobre el pecho de Dan para inmovilizarlo, se quedó mirando la cara furiosa de Dan y finalmente sonrió con un toque de locura.- ¿O es que acaso tienes alguna razón para rechazar esto?- Inquirió.
 
-¡¿Qué dices?!- Dan le gritó.- ¡¿Quién en su sano juicio aceptaría algo así?!
 
-Más de los que crees.- le dijo muy serio taladrándole con sus fieros ojos ámbar.- El ser humano está lleno de debilidades, tú también deberías saber esto muy bien.
 
-Estás loco.- apretó los dientes mientras trataba de revolverse sin éxito.
 
-Solo sobrevivo... pero parece que no estás dispuesto a cooperar así que tendré que soltarte.- Edgar se levantó, dejando totalmente libre a Dan quien no tardó en ponerse en pie también con una expresión de lo más incrédula ¿por qué ese cambio de opinión tan repentino? Dan se encaminó a la salida de la tienda mientras se sacudía la ropa.- Ah, espera un segundo.- Dan se detuvo y se giró lentamente, por supuesto que no lo dejaría ir así sin más, ya lo había dicho.
 
-¿Qué quieres ahora?- le dio una mirada cargada de odio y apretó los puños exasperado.
 
-Como no vas a ser mi pareja tendré que reemplazarte de alguna manera... mmmm- se llevó la mano al mentón pensativo. Oh, he oído que hay alguien muy atractivo que frecuenta el campamento últimamente...- le lanzó una mirada significativa e intensa.- un mercenario si no me equivoco.- Dan dio un respingo y lo miró con el odio más profundo que podía generar en sus ojos.
 
-Ni se te ocurra tocarlo...- se acercó a Edgar amenazador.- Como le hagas algo...
 
-¿Lo conoces? Vaya sorpresa... - lo miró astutamente sin vacilación afrontando su amenaza de cara.- Sería una auténtica lástima que él tomara tu lugar, ¿no crees?
 
-¡Maldito gusano, no puedes hacer eso!- le tomó de las solapas del uniforme con furia y lo sacudió un poco.
 
-Claro que puedo, ¿a quién le importa la vida de un mercenario del montón? Ni siquiera su propio grupo notaría su ausencia... y en caso de hacerlo se soluciona con unos cuantos billetes sueltos.- Edgar sonrió y Dan le dio un puñetazo que no consiguió borrarle la sonrisa engreída.
 
-Eres un hijo de puta.
 
-¿Qué tal si hacemos otro trato?- Cambió su expresión a una de negocios, se separó de Dan y fue a apoyarse en su mesa con elegancia.- Yo no tocaré al mercenario pero tú aceptarás ser mi acompañante... bueno, más bien mi comida.
 
-Ya me lo he preguntado antes, ¿por qué utilizas ese tipo de palabras...?- Dan frunció el ceño, de verdad le extrañaba esa elección de vocabulario.
 
-Oh, no es ningún juego, es totalmente literal... verás pequeño, yo me alimento de la vida de los demás.- sonrió de nuevo provocándole un escalofrío a Dan. Se quedó helado, ahora no podía rechazar aquella oferta, si lo hacía... Cóndor... Chasqueó la lengua y lo miró irritado.
 
-Muy bien, acepto... pero más vale que cumplas tu parte del trato y ni te acerques a él.- Dan se dio la vuelta y salió de la tienda pisando fuerte, Edgar sin embargo estaba completamente satisfecho al haber conseguido lo que quería.
 
-Siempre cumplo mis contratos.

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