Saint Dan I, El Retorno de la Esperanza

Géneros: Aventura, Ciencia ficción, Fanfic

FANFIC BASADO EN SAINT SEIYA, STAR WARS, HARRY POTTER, DRAGON BALL, Z,SUPER , POKEMON, INUYASHA, MARVEL Desde tiempos mitologicos... no, incluso desde antes, ya existia lo que conocemos hoy dia como bien y mal. Han causado numerosas guerras intergalacticas, numerosas batallas entre demonios y angeles, numerosa confrontaciones entre humanos y dioses, entre muchas otras devastaciones. Ahora es el turno de Dan, un chico huerfano cuyos padres murieron a manos de Zalgo, Dios de la Oscuridad. Deberá de ser capaz de superar esas pruebas que la vida le colocará para ser un gran Caballero de Athena, demostrar que su ki romperá los limites, demostrar que sin importar que, la maldad será aniquilada por el bien. ¡Ardan el cosmo Caballeros, luchen por la justicia!

CAPITULO 1 Una Nueva Mitología

Saint Dan I, El Retorno de la Esperanza

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Un día, muy oscuro, ocurrió una batalla feroz entre unos extraños guerreros y un ejército que parecía salido del mismo inframundo. Era una batalla entre el bien y el mal.El bando del bien estaba constituido por unas personas vestidas con armaduras, otras con ropa de un clan de artes marciales, lo curioso era que de cada uno de ellos desprendían unas auras luminosas. Parecían que capaces de desgarrar el cielo con un puñetazo y romper el suelo de una patada. En cambio, el bando del mal tenía unos extraños seres oscuros con cuernos de color rojo sangriento igual que sus garras y sus afilados colmillos, a su vez, estaban acompañados de otros guerreros que portaban armaduras y, al igual que sus contrapartes, desprendían un aura, pero oscura.
—Llevate a nuestro hijo lejos de aquí— dijo un Caballero de armadura dorada. Era un adulto de cabello castaño, al igual que sus ojos, algo alborotado. Estaba armado con un arco.
—No te abandonare, cariño—dijo una mujer vestida con una armadura plateada con detalles dorados. Ella tenia un largo cabello que le llegaba a la cintura de color lila, con ojos azules y muy brillantes.
—Amor, tienes que entender, él es nuestra única esperanza, y tú lo sabes— dijo el Caballero abrazando a su prometida—.El tiene que vivir, sino todo estará perdido.—dijo mirándola fijamente.
—Bien— contestó la mujer mientras de sus mejillas resbalaban lagrimas—.Estaré en casa cuidando al bebé en su habitación.
A esto el guerrero dio su último beso a su amada y se despidió de ella.
—Te amo.— dijo el esposo.
—Lo sé, y yo a ti.—respondió la esposa.
Rápidamente, regresó a su casa para cuidar de su hijo donde escucho llantos del mismo.
—Dime que no... por favor.— suplicó muy asustada la madre. Pensó que alguien estaba en la habitación de su hijo a punto de hacerle daño. Entro a la casa y subió las escaleras.
—No...no...¡no!— decía mientras se dirigía hacia la habitación.
Afortunadamente el pequeño estaba a salvo y seguía llorando. La mujer lo tomo en brazos para calmarlo.
—Shhh... Aquí estoy hijo...— la madre consoló a su hijo- ....no te dejare solo...nunca...
La batalla había comenzado. Habían pasado varias horas desde que la mujer se retiró del campo de batalla y rezaba por el bien de todos, en especial de su prometido. A lo lejos se veían varias ráfagas de luz en el cielo que parecían proyectiles. El niño seguía muy angustiado y la madre lo siguió calmando. Lo colocó en la cuna y se quito un accesorio de su cuello.
—Hijo...te daré esto...—al oír a su madre, el bebé se tranquilizó-este collar que tendrás-agrego la mujer colocando el accesorio en el cuello de su hijo—...te protegerá y siempre estaré contigo mientras lo tengas puesto.
De repente, se escucharon unos grandes estruendos a lo lejos y la mujer miro por la ventana. No lo creía las ráfagas de luz ya no estaban, ahora eran ráfagas oscuras. El niño quería llorar por un mal presentimiento, pero su madre le habló:
—Papá esta bien, cariño.—la madre cargó de nuevo a su bebé y ambos miraron por el cristal de la ventana muy preocupados.
Pasadas unas horas, de repente, ya no se escuchaba nada. No había ni una sola ráfaga de luz o de oscuridad. ¿Habría terminado la batalla? ¿Quién gano? ¿Murió aquel caballero? La mujer rezaba muy preocupada.
—Por favor...— suplicó la mujer mirando una foto del ella, su hijo y su esposo en un escritorio.
—Han fracasado—dijo una voz ronca y tenebrosa.
En el fondo del pasillo, de pie, un extraño ser, con una poderosa armadura oscura, se aproximó hacia la habitación mostrando una sonrisa muy macabra empuñando una espada.
—No...— gimió la madre cerrando la puerta inmediatamente y dejando a su bebé en la cama.
El extraño abrió la puerta de golpe y levantó su espada desprendiendo un aura oscura
—No hay donde esconderlo, Athena—exclamó—.Si me das al niño—mirando a la cuna—,te perdonaré la vida.
—No te entregaré a mi hijo, prefiero morir, maldito asesino.—dijo firmemente la madre colocándose como escudo humano para proteger al niño. Su cosmo aumentaba cada vez más y más.
—Si asi lo quieres...—el hombre se acercó rápidamente a Athena y estaba decidido a matar al que se interpusiera en su camino; sea hombre, mujer o niño.—Muere, Athena.—dijo e inmediatamente apuñaló el corazón de la madre, pero esta no gritó de dolor y hablo:
—Mi hijo...el... te derrotará...yo lo sé...yo...lo sé...— y finalmente Athena fue asesinada.
—Que conmovedor, Athena.—dijo el malvado enemigo y retiró su espada del pecho de su víctima, dejándola caer en la alfombra de la habitación.
Posterior a esto, se acerco al bebé quien lloraba desconsoladamente. Sus lagrimas parecían brillar.
—A...mi...ami.— decía el pequeño infante.
—Descuida, pronto estarás con ella.—exclamó y levantó su espada, pero algo lo dejo paralizado del miedo.—¿Y este cosmo?
Una luz emanaba del collar que Athena le entregó a su hijo. Conforme el bebé lloraba, la luz se hacía más intensa y parecía que salía como una esfera de energía.
—¡NO ES POSIBLE QUE ÉL...!—antes de que terminara de hablar, la esfera de luz lo atacó y este desapareció, dando un grito de dolor al recibir el golpe. El asesino de Athena fue derrotado por su hijo.
Después de eso, la luz se desvaneció y el pequeño Dan se quedó dormido como si hubiera utilizado toda su energía.
Pasaron varios minutos, y el cielo, que se torno oscuro y rojo al inicio de la batalla, se volvió de un azul profundo y oscuro lleno de estrellas, dando una sensación de paz y tranquilidad por todas partes. Sin embargo, no se puede decir lo mismo del campo de batalla pues todo estaba hecho trizas, había guerreros caídos y otros que terminaron muy mal heridos en el combate contra las fuerzas del mal. Mientras que en la casa donde se encontraba Dan, este se encontraba aun dormido en su cuna tranquila y profundamente, como si nada hubiera pasado.
De pronto, alguien entró en el hogar muy alarmado. Era el Caballero Dorado, el padre de Dan. Estaba muy hérido y su aramdura estaba muy resquebrajada.
—¡SAORI!—gritó el joven padre.
Se puso a buscar en toda la casa a su esposa e hijo. Revisó el sótano, el patio trasero, la alacena debajo de las escaleras, en todas partes y no encontró nada. Sólo cuando subió a la habitación del bebé. Allí encontró el cadáver de su esposa tendido y cubierto de sangre.
—Saori...No...por favor... ¡NO!—gimió el guerrero y abrazó por última vez a su amada.
Se sentía destrozado y furioso a la vez. Tenía ansias de venganza contra el que asesinó a uno de sus seres más queridos en todo el mundo.
De repente, un llanto llamó su atención, un llanto proveniente de la cuna a sus espaldas.
—¡DAN!—gritó muy acelerado y dejo el cuerpo de su difunta mujer y se acercó a la cuna.—¡Dan!
Tomó al bebe en brazos y lo abrazó mientras lloraba tanto por su pérdida como por el hecho de que su otro ser querido siguiera vivo. Se sentó con él en una silla tratando de asimilar lo ocurrido.
—Shhh...— exclamó el padre y tranquilizo a su hijo el cual, poco a poco, dejaba de llorar.—...ya está bien... ya terminó...ya estás a salvo, Dan...te protegeré... lo prometo...—miró una foto de él, Saori y Dan juntos.—Te lo prometo... Saori...—dijo y fijó la mirada en el collar que colgaba del cuello del pequeño.
Padre e hijo salieron de la casa tratando de olvidar lo ocurrido.
En la entrada de la construcción, los esperaban unos cuantos guerreros muy preocupados.
—Gracias a Dios.—exclamó una mujer de cabello negro y ojos azules tomando en brazos al pequeño Dan.—¿Y Saori?
Hubo un profundo silencio el cual fue roto por el padre después de dar unos pasos al frente y bajar la mirada.
—¿Canuto?— preguntó un joven con orejas de gato sobresaliendo de su largo y gris cabello y de ojos amarillos, pero el Caballero Dorado no respondió.
—No es cierto que...—se sorprendió un hombre de vestimenta azul y naranja con un cabello azul y ojos del mismo color.
—Canuto... ¿qué pasó?—cuestionó un extraño ser de piel verde con ropa morada.
—Saori... ella...—Canuto, el padre de Dan, no quería aceptar que su esposa había fallecido pero tenía que decir la verdad.-...No... no sobrevivió...
Todos se quedaron atónitos al oír esa terrible noticia. La Diosa de la Sabiduría, Athena fue asesinada.
—¡Imposible!—dijo una Amazona (Caballero femenino) de Athena, pero de armadura de Plata. Esta al oír tal cosa, se tiró de rodillas muy decepcionada de si misma.
—Ella no murió en vano—dijo Canuto y cerró sus dos puños—.Ella dio su vida por nuestro hijo.
—Canuto...—habló un Caballero Dorado de cabello verde y de ojos azules parecidos a un cielo nocturno.
—Amigo...—otro Caballero Dorado equipado con varias armas le tomó el hombro. Era un hombre de cabello largo hasta la cintura de un color azul muy oscuro.—...lo lamento.
—A nosotros también nos duele, Canuto.—dijo un Caballero Dorado de pelo rubio.
—Amigo, cuentas con nosotros.—le consoló otro de pelo güero y de ojos verdes oscuro.
—Si hay algo en lo que podamos ayudar...—continuó otro de cabello azul al igual que sus ojos.
—Si... hay algo...—respondió Canuto y camino hacia Inuyasha y Kagome, los que cargaban al pequeño mientras su padre hablaba con sus amigos.—...Inuyasha...
—¿Si?—dijo el joven de orejas.
—Ya que ustedes son sus padrinos, quiero que cuiden de Dan.—ordenó el padre.
—¿Estás loco?—se extrañó Kagome, la chica de cabello negro.—Es tu hijo, nunca has estado con él.
—Es mejor así...-aclaró—Zalgo no sabe que Dan es él.
—¿Aún piensa que tu eres él?-preguntó Inuyasha.
—Así es, pero pronto averiguará la verdad—replicó Canuto.—.Si Dan se queda conmigo, correrá peligro, estará más seguro con ustedes.
—Habría que decirle lo que pasó, ¿no?—preguntó Kagome.
—No todo...-sugirió Canuto.—solo que es hijo de Saori y un Caballero.
—Tú.—intervino Goku, un saiyajin (el de pelo azul).
—No, no puede saber quien fue su padre.—repitió Canuto.
—Comprendemos.—dijeron Inuyasha y Kagome a la vez.
—¿Lo cuidarán tanto de Zalgo como de la verdad?—preguntó Canuto acariciando la cabeza de Dan.
—Siempre.—contestó Kagome.
—Hijo... tú eres nuestra única esperanza— exclamó el padre.—.Dan, tú eres el que dará luz al todo...
 

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